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Luego de haber tenido una infancia muy pobre en una ranchería en Chichicuautla, Hidalgo, este gigante de apenas 152 centímetros de estatura es hoy en día una de las grandes celebridades en el deporte de Estados Unidos; antes de ser el jinete ganador de la Triple Corona, Víctor fue mozo, microbusero e ilegal

—Soy el mexicano más suertudo de la tierra.

—¿Más que Carlos Slim?

—Sí —dice el jockey Víctor Espinoza.

—¿Por qué?

—Porque yo puedo hacer muchas de las cosas que él puede hacer con ese dinero, pero ellos no pueden hacer lo que yo hago. Especialmente, ganar tres derbis de Kentucky. Esa es la diferencia. Eso es por lo que soy el mexicano más suertudo que ha existido jamás.

 Pocos días después de decirle esto a los periodistas de la cadena ESPN, Víctor Espinoza obtuvo la Triple Corona del hipismo estadounidense —Derby de Kentucky, Preakness Stakes y Belmont Stakes—, algo así como el Grand Slam en el tenis o el triplete (tres campeonatos de futbol en una misma temporada) del Barcelona. Aunque a decir verdad, lo que él concretó el pasado 7 de junio no tiene parangón. Hubo que esperar 37 años para que alguien volviera a ganar la Triple Corona; además, es el décimo segundo jinete en conseguirlo en los 96 años de historia del evento, y el primer latinoamericano que lo hace. Eso lo tiene, literalmente, en los cuernos de la luna del deporte norteamericano, pues se trata de un espectáculo que mueve millones de dólares en hipódromos y centros de apuestas, donde los protagonistas principales son caballos valuados en cantidades difíciles de imaginar: American Pharoah, el ejemplar con el que Víctor ganó la Triple Corona, cuesta 50 millones de dólares, según una estimación de la revista Forbes. Con esa cantidad casi alcanzaría para comprar a los 22 jugadores del equipo Tigres, el más caro del futbol mexicano. Ese es el precio American Pharoah, el “Cristiano Rolando de los Pura Sangre”, que para ir a las carreras más lejanas viaja en el llamado Air Horse One (en  alusión al Air Force One, el avión presidencial en EU), un Boeing 727, a un costo de unos 3 mil 500 dólares por cada 50 minutos de vuelo.

El mexicano es uno de los consentidos en la carrera de Preakness Stakes. 

 Montado en el equino, este hombrecito —mide 152 centímetros y pesa 50 kilos 800 gramos— ha hecho cosas impensables que lo tienen convertido en una celebridad, quizá la única de origen mexicano que haya alcanzado tal relevancia en el deporte estadounidense en décadas: más allá de los más de 400 mil registros suyos en Google, con notas, fotos y videos de los principales medios de comunicación —desde The New York Times y The Washington Post hasta ESPN o Forbes—, Víctor realiza obras de caridad, participa en desfiles y alfombras rojas, lanza primeras bolas en estadios de béisbol, y ahora, a sus 43 años de edad, ya también lanzó al mercado VE, su propia marca de ropa deportiva.

 Bajo estas circunstancias, conseguir un espacio en su agenda para charlar en privado —sin admiradores pidiéndole selfies y autógrafos— no es fácil. Conseguirlo resulta algo casi épico (e hípico, porque fueron dos días de cruzarnos en su camino antes y después de competir en diferentes carreras).

 Sucedió en el Hipódromo de Del Mar, al noroeste de San Diego, California, justo el lugar en donde comenzó a convertirse en leyenda. Pero antes de llegar ahí, viajamos primero a la parte de su historia —esa que todavía no se cuenta en Wikipedia— a la hacienda en el estado de Hidalgo en donde nació y en la que todavía encontramos a algunos de sus familiares, amigos, patrones y hasta ex novias; ahí donde aprendió a caminar y a montar; incluso, visitamos la clínica en donde lo revivieron cuando, hace 28 años, la muerte lo fue a visitar pero no quiso llevárselo.

 

Por cada carrera en la que participa, Víctor cobra, en promedio, 8,4000 dólares.

*****

Podría pensarse que las biografías de Víctor Espinoza mencionan a Tulancingo, Hidalgo, como su ciudad de nacimiento, porque ahí lo revivieron. Pero no, ahí no fue. Tampoco en Jaltepec, un pueblito cercano y al que hacen referencia algunos reportajes que le han hecho en Estados Unidos. En todo caso, en ese pintoresco lugar uno puede recolectar pistas con el barrendero, con el hombre que arregla impresoras y con el mecánico para llegar finalmente con la ex esposa de Abraham Salomón Hernández, un hombre que, años atrás, cuando participaba en carreras parejeras, necesitaba de un mozo para cuidar y alimentar a sus caballos y Jesús Vera, su herrero de confianza, le recomendó a Víctor, un chamaquito de Santa Ana Chichicuautla.

 Lejos estaba Abraham Salomón de saber en ese momento  que él sería el primer patrón de quien hoy es considerado el mejor jockey de todo el mundo.

Santa Ana Chichicuautla es una pintoresca ranchería de no más de 500 habitantes que se ubica a unos 35 kilómetros de la ciudad de Tulancingo. Su mayor atractivo es su hacienda y la iglesia con la que está integrada. Ahí nació Víctor y sus once hermanos mayores. Ahí, junto al Cerro de La Burrita —vaya paradoja—, comenzó su relación con los caballos.

Alejandro Espinoza, el tercero de los seis varones, es el único que sigue viviendo en Chichicuautla. Para mantenerse, el hermano de Víctor se dedica a criar borregos, entrenar caballos ajenos y a rentar un pony que tiene para que los niños lo monten en fiestas y eventos infantiles. “Cuando dejo de verlo por un tiempo, relincha; y es porque extraña el cariño que le doy”, dice.

 Cuenta también que el amor por los caballos es de familia, y que fue don Agustín, su padre, quien se los inculcó. “Era un amante de las suertes charras con reata, de las carreras parejeras y del entrenamiento equino de alta escuela, de esos que se hincan, caminan con elegancia y hasta bailan”, recuerda. Todos heredaron esas habilidades, pero sus tres hermanos menores: Leobardo, José Luis y Víctor se especializaron en carreras de velocidad.

Cuando niños, los Espinoza vivían en la hacienda, pero un buen día los dueños los echaron y tuvieron que construir dos cuartitos a unos metros de ahí, en donde los 14 miembros de la familia hacían cada día circo, maroma y teatro para acomodarse. Víctor no tendría más de 10 años. Tiempo después, cuando su hermano José Luis se hizo jockey profesional, tuvieron dinero para levantar dos cuartos más. Fueron años muy duros. Don Agustín falleció de un infarto hace 21 años. La madre de Víctor vive en Pachuca.

Abraham Salomón, primer patrón de Víctor, con el sillín que utilizaba en las carreras parejeras. 

En la hacienda aún es posible ver los rústicos cuartos donde vivían los Espinoza. Techos altos con paredes muy desgastadas. Ahora vive ahí Julián Ruiz, un amigo de Víctor de la infancia al que le prestaba su bicicleta con tal de que le encandilara a su hermana Brenda. El trueque funcionó y “fuimos novios como cuatro meses”, confiesa ella, quien también sigue viviendo en la ranchería.

“Ahora, en lugar de una bici, le pediría a Víctor que me prestara su Ferrari”, bromea Julián, quien no recuerda con precisión cuándo fue la última vez que Víctor visitó su lugar de origen, pero considera que con lo que su amigo ha logrado en la Unión Americana, “ya podríamos hasta gestionarle por acá una calle con su nombre… Víctor es una inspiración, un ejemplo para los jóvenes de que cuando alguien se propone algo lo hace, y mira, de un lugar como éste”.

Alejandro, por su parte, calcula que la última visita de Víctor a Chichicuautla fue, quizá, hace diez años. Cree que ya no regresa ahí porque siente pena y porque le recuerda la época en que sufrió por ser humilde.

Y no está tan equivocado, cuando le preguntamos en Del Mar, California, al hoy millonario jinete sobre por qué no regresaba más a su pueblo natal, sin pensarlo mucho nos dijo: “No me gusta ir, recuerdo cuando estaba ahí bien pobre… para qué voy para atrás. Son malos pensamientos, mejor hay que estar donde está lo bueno, en el presente… Además, ya ni tengo tiempo de ir”.

—¿Fue muy difícil tu niñez en el pueblo de Santa Ana Chichicuatla?

—No, la verdad no… Cuando está uno niño no es difícil, es divertido.

 

En la casa de Chichicuatla aún vive su hermano Alejandro con su familia; para sobrevivir entrena caballos ajenos y renta un pony para ser montado por niños en fiestas infantiles.

Víctor Espinoza estaba inconsciente y tieso cuando su patrón lo encontró en el baño del rancho Los Sabinos, en Jaltepec, Hidalgo. Se había alcanzado a vestir casi por completo —el botín izquierdo era lo único que le faltaba— cuando el gas que salía del calentador al que se le había apagado el piloto lo intoxicó hasta hacerlo perder el conocimiento. El frío le había obligado a cerrar las ventanas, lo que impidió la ventilación del cuarto.

Abraham Salomón, su primer patrón, lo encontró cuando buscaba a una perrita que se le había extraviado. De inmediato, él y sus hijos lo cargaron, lo subieron a su camioneta y lo llevaron a la Clínica Tulancingo. Después de tres horas, y contra sus pronósticos más pesimistas, Víctor resucitó y salió sin ningún tipo de secuelas.

Cuando se le recuerda al jockey ganador de la Triple Corona ese pasaje en su vida, éste parece retroceder en el tiempo y nos dice que en esa ocasión hasta se quedó con las agujetas del botín izquierdo entre los dedos. “Además —agrega Víctor—, ese día me salvé dos veces de morir, porque cuando me llevaban de emergencia al hospital, mi amigo iba manejando tan recio que, en una glorieta, por poco y nos volteamos en el auto. Yo iba inconsciente, pero me platicaron cómo estuvo, y luego vi el auto raspado y con el espejo colgando”.

Este incidente fortaleció los lazos entre Víctor y su ex patrón. “Desde ese día dejé el cuarto del ranchero, es decir, el gallinero donde dormía, para vivir en la casa del rancho. Tendría como 15 años”, dice el jinete. En los dos años que trabajó ahí, pasó de cuidar los caballos de Abraham a montar en las carreras parejeras. Desde entonces demostró ser un ganador. “Lo veías montar y lo hacía ver tan sencillo, sin ningún esfuerzo. Ahí nos demostró su empatía y entendimiento con los caballos”, recuerda Abraham.

En esos giros extraños de la vida, Víctor Espinoza dejó el rancho Los Sabinos para probar suerte como jinete en el Hipódromo de las Américas, en la Ciudad de México. Pero como no tenía muchas oportunidades de correr y necesitaba ganar dinero, comenzó a manejar un microbús. Un buen día juntó sus pocos ahorros, sacó su visa de turista y se fue a Estados Unidos, pero sin boleto de regreso.

Equibase, uno de los sitios en Internet con la base de datos más confiable del hipismo en Estados Unidos, tiene registrado 1993 como su primer año de competencias dentro del circuito profesional. Desde entonces, y hasta julio de 2015, el mexicano suma más de 21 mil carreras iniciadas, 3 mil 229 primeros lugares y ganancias generadas por casi 179 millones de dólares. En la actual temporada está ranqueado dentro del Top 5 de entre mil 414 jinetes de carreras registrados.

“Si uno hace las cosas que le gusten o no le gusten para sobrevivir, pero con mentalidad positiva, es posible hacer lo que otros hacen —dice Víctor—. Yo me decía, por qué si otros jinetes son famosos yo no puedo serlo también si tenemos lo mismo. ¿Cuál es la diferencia…? Pues la diferencia es: dedicación”.

 

Aficionados de todas partes siguen a Víctor y guardan recuerdos de él. 

*****

La temporada hípica en el Hipódromo de Del Mar inició el pasado jueves 16 de julio. La tradición dicta que en el día inaugural se realiza un concurso de sombreros estrafalarios. Lori Shelton, de unos 50 años, porta uno en homenaje a la Triple Corona lograda por la dupla Víctor Espinoza / American Pharoah. Lo confeccionó con las mismas flores con las que hacen los collares que entregan al campeón en cada una de las tres carreras; le puso una corona dorada al centro y la bandera de México al frente formada con chaquiras. “Víctor es un fenómeno; verlo ganar la Triple Corona fue grandioso, lo mejor  que he podido ver después de 37 años”, dice Lori, quien es fan de las carreras de caballos desde que era niña.

Es día de fiesta en Del Mar y apenas si se puede caminar. Abundan los cazadores de autógrafos y selfies. Víctor es, sin duda, uno de los objetivos más cotizados. Y él no se hace del rogar. Siempre trae la sonrisa a flor de piel. Ese es su distintivo más característico; y en eso coinciden las personas que lo han tratado durante mucho tiempo.

A lo que el jockey rehuye un poco es a las entrevistas exclusivas. Y si las llega a conceder son, cuando mucho, de entre 10 y 15 minutos. Nosotros tenemos suerte y acepta una entrevista con Domingo de 40 minutos.

En el Jockeys Guild —una especie de camerino en donde se preparan, comen y se relajan los jinetes antes de salir a correr— Víctor por fin logra estar cómodo; no niega sentirse abrumado por tanto trabajo. “La Triple Corona, además de mayor exposición mediática, me dio más chamba”. Cada vez son más los dueños de pura sangres que lo quieren a él para montar a sus bestias. Si se concreta o no, es algo de lo que ya se encarga su agente.

Justo la noche previa a nuestra cita, Víctor había recibido el premio ESPY —galardón que otorga anualmente la cadena de televisión ESPN a lo mejor del deporte mundial— como Mejor jinete del año. Es la segunda vez en su carrera que lo obtiene. Nunca pensó que a sus 43 años de edad podría esta viviendo este sueño, sobre todo cuando siete años atrás su carrera estuvo a casi nada de terminar.

Los dueños, dice, dejaron de tomarlo en serio, de ayudarlo, y le hicieron sentir que ya no servía para nada. Un golpe emocional fuerte cuando venía de ganar más de 10 millones de dólares en siete de los ocho años previos.

“De un día para otro me levanté, porque ya no quería hacerlo, y todo cambió porque me dije: ‘Si decidí ser jinete tengo que ser uno de los mejores y no voy a terminar mi carrera estando en el piso, me voy a levantar’. Y así fue que sucedió”, dice Víctor.

—¿Qué fue lo que hiciste para levantarte de esa mala racha?

—Cambié… Cambié de estrategia, cambié manera de pensar, cambié de agente, cambié de todo…

—¿De todo..?

—Cambié de todo, menos de novia.

 

Luego de ganar la Triple Corona donó 80 mil dólares para ayudar a niños con cáncer

Entre risas, también evoca lo que como inmigrante tuvo que padecer para salir adelante. “No quería terminar mi carrera tan abajo, me dije: yo como latino no voy a representar a nadie estando abajo, en el piso”.

En este renacer deportivo Víctor Espinoza lo ha ganado todo: En 2014, su segundo derby de Kentucky, montando a California Chrome, aunque se quedó a un triunfo de la Triple Corona. En este 2015 tomó revancha y con American Pharoah por fin pudo conseguirlo.

Hoy, Víctor ya es leyenda. Hizo lo que ningún otro jinete en el mundo pudo hacer en 37 años. También demostró que ser latino, mexicano en específico, no lo hace menos y que si lo critican “es de coraje, porque nosotros lo hacemos mejor que ellos”.

—¿Eso lo dices por el multimillonario Donald Trump?

—Bueno, de entrada, hay un mexicano que es mucho más rico que este señor. La verdad, Donald Trump es un payaso y está equivocado, porque tendrá todo el dinero del mundo, pero hay cosas que no puede tener, por eso los millonarios hablan mal, porque tienen coraje de lo que no pueden tener. Como dice el comercial, hay cosas que el dinero no puede comprar.

Según Equibase, el jockey hidalguense se embolsa, en promedio, 8 mil 400 dólares por monta, y como además en muchas competencias se entregan importantes premios en efectivo al ganador, su fortuna también debe ser considerable. Sin embargo, el jinete también se caracteriza por sus donativos a obras de caridad. Por ejemplo, los 80 mil dólares (casi un millón 400 mil pesos) que ganó en la última carrera de la Triple Corona, los donó a City of Hope, organización que ayuda al tratamiento de los niños con cáncer. También aporta fondos para apoyar a jinetes lastimados y retirados —su hermano José Luis sufrió una lesión en la cabeza el año pasado que lo obligó a retirarse, pues una caída más podría ocasionarle mayores daños en el cerebro.

Ser soltero y sin hijos le permite apoyar diversas causas. Aunque se le ha relacionado con diversas mujeres —la mayoría bastante más jóvenes que él— Víctor no reconoce relación alguna. Al Hipódromo de Del Mar llegó solo y se fue igual, y en sus redes sociales —80 mil seguidores en Facebook y casi 20 mil en Twitter— sólo comparte su vida en las caballerizas, en el paddock, montando o departiendo con alguno de los millonarios dueños de los pura sangre que lo contratan.

—¿Qué es la vida para ti?

—La vida es como una carrera de caballos; hay que seguir adelante y pasársela bien y muy alegre, porque es una carrera corta.

El jockey nunca le niega a nadie un autógrafo o una selfie

carreras ganó Víctor Espinoza en un mismo día, para establecer un nuevo récord en el Hipódromo de Del Mar, California; fue el 4 de septiembre de 2006.

3,229 veces ha ganado el primer lugar en las más de 21 mil carreras en que que ha participado en Estados Unidos; tiene 3,079 segundos lugares y 2,865 terceros lugares.

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