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Zemmoa, la reina de la noche chilanga

¿Quién es esta ladyboy a quien le pagan por reventarse? Un periodista la siguió de noche y de día. Descubrió que además de bailar hasta morir y posar para revistas, es empresaria y grabó un disco. Sin embargo sufre porque no ha llegado el verdadero amor :(
Por Óscar Balderas. Fotos de Luis Alfonso Anaya
| domingo, 13 de mayo de 2012 | 00:10

Camino sobre una alfombra negra iluminada a media luz de un club privado de la colonia Roma, en la Ciudad de México. Avanzo entre la multitud que baila entre las paredes de madera fina. A empujones me abro paso hacia el salón principal, donde acapara la escena una mujer de piernas lagas, melena negra alborotada y maquillaje de concurso de belleza. Lleva tacones de aguja que la elevan 1.90 metros, mallas plateadas, falda negra unida a una estrafalaria blusa y un saco con grandes hombreras e incrustaciones de brillantes. Bebe un trago de vodka con la mano derecha, estira el dedo meñique de la izquierda y sonríe para las cámaras de los teléfonos celulares. Iba en busca de Zemmoa y no hay duda de que la morena despampanante que tengo enfrente es Zemmoa. Será la primera vez que la vea en persona después de varias llamadas de saludos y sonrisas, de agendar-reagendar, agendar-reagendar. Una noche por fin nos íbamos a ver y no pudo ser: tuvo que viajar a Europa para un asunto que me pidió no contar. Se lo prometí. Zemmoa, como la noche, también tiene sus secretos bien guardados.

Un amigo me había advertido: Zemmoa es como si a una fiesta le salieran colmillos, piernas y tacones. Tenía razón. Ahora mismo baila entre la larga barra principal y el escenario del DJ. La rodean decenas de grupos de amigos que se entregan extasiados a la suerte del hip-hop-rap que canta la inglesa M.I.A. De cuando en cuando los invitados sacan sus teléfonos para capturar algún movimiento de la veinteañera que desde 2006 se ha ido adueñando de la noche. Cada vez que advierte una cámara indiscreta que pudiera sorprenderla en un mal ángulo se congela en una pose estilo María Félix. Sigue danzando envuelta en la neblina artificial, los estrobos y las copas de martinis a su lado.

"¡Ahí está, es ella!", grita una mujer con facha de haber pasado tres horas frente al espejo para parecer perfectamente despeinada, señala a esa joven delgadísima, enjoyada con varios collares de plata alrededor del cuello, de movimientos cortos y finos, que desprende un olor a fresa con cada azote de cabello. Las revistas de sociales en México la muestran como "la socialité más inn" de la Ciudad de México.

—¡No mames, goooey! ¡Te ves increíble! ¡Te amo, Zemmoa! —vocifera la mujer.
—Ya lo sé, me veo muy 'perris' hoy —responde ella mientras modela su atuendo inspirado en el diseñador Jeremy Scott. Enseguida mira con vanidad a los invitados a la fiesta a través de su espeso cabello negro que se le pegó en la cara, y sigue en lo suyo. ¿Y qué es lo suyo?

En un país como México, con 8.7 millones de desempleados, el trabajo de Zemmoa es único: sin ser conductora de tele, actriz de telenovelas o actuar en largometrajes, logró un jugoso contrato de exclusividad con el club M.N. Roy, uno de los lugares más chic del país. Tiene que hacer dos cosas: encender la fiesta, que para eso se pinta sola, y decidir quién entra. Ella es una cadenera top. Le pagan por beber cocteles, pasearse con las celebridades que acuden al lugar. Por estos aires suelen pasearse León Larregui, el vocalista de Zoé o la guapérrima actriz Bárbara Mori. Zemmoa baila si se le antoja, enfundada en sus atuendos estrafalarios de diseñadores como Mancandy o Calvin Klein, marca con la que ha trabajado. Es la atracción del club al que hay que llegar con varios billetes de 500 pesos para vivir la experiencia de una fiesta exclusiva y bien chic. Lo suyo es estar en constante movimiento. Ella lo define como un "constante aprendizaje".

Pero la cadenera glamorosa del M.N. Roy no siempre fue famosa, fiestera sí, pero no tan popular en este mundo de las noches chilangas. Erigió una reputación de travesti socialité desde los 18 años, cuando se dedicó de tiempo completo a ser una presencia frecuente en los antros y clubes del Distrito Federal. Se fastidió de ser sólo cliente de pequeños lugares en el Centro Histórico, como el Pasagüero o Pasaje América. Se hizo de muchos amigos que la acompañaron en su debilidad por las lentejuelas y la ropa hipercara, en sus escándalos y su inagotable aguante para ir de fiesta en fiesta. Así, de reventón en reventón, un día le avisaron que su vida alocada le había ganado un boleto de entrada a los premios Grammy Latinos de Nueva York, donde no fue como nominada ni música, sino como invitada especial para pasear su fama de fiestera y ese aire misterioso de sus delicadas facciones.

***

He llamado a casi toda mi lista de contactos para obtener el número de teléfono celular de Zemmoa. Me dicen que es una misión imposible, que sólo unos cuantos tienen acceso rápido a ella y que, aunque lo tuviera, es muy difícil que la PR te conteste en el primer intento.

Un amigo fotógrafo de moda me pasa un número. Marco. El teléfono suena dos veces hasta que contesta Zemmoa con una  voz pastosa, de alguien recién levantado. Es la una de la tarde.

—¿De qué medio eres? Ahm… ok, está bien. Márcame en la noche para ver cuándo platicamos, ¿tienes que verme personalmente? ¿no se puede platicar por cel? Bueno, al rato nos ponemos de acuerdo. Besitos —me responde con un tono de voz grave, con una voz de José María, su nombre de bautizo.

Del otro lado Zemmoa cuelga y regresa al dormir de día y vivir de noche.

Oscureció. Son las 10:30  y Zemmoa aún no llega a la cita que concretamos hace tres semanas. No me sorprende su retraso de media hora, me habían advertido que es seguidora de las lecciones de la diva y actriz mexicana, María Félix, quien aseguraba que la puntualidad era de mal gusto.

Llega sesenta minutos después al bar Félix, en la Roma, a sólo unos metros del club donde trabaja de cadenera VIP y diva profesional. Saluda y sus ojos rastrean el lugar mientras mis ojos la examinan a ella: tacones negros, una playera negra de Iron Maiden hecha jirones, cadenas y bolsa de diseñador, el cabello largo y suelto y una mancha de sangre en la comisura de la boca que se pintó con el lápiz labial. Esa hemorragia en la boca, delineada con un carmín oscuro, fue lo que retrasó su llegada, dice que le vino una súbita sensación vampiresca y tuvo que arreglar su outfit para que empatara con su personalidad.

—Perdón, pero si no me veo superperris no salgo a la calle —se disculpa la primera ladyboy en posar para la revista Glamour.

Eligió una mesa sobre la banqueta, iluminada por una vela al centro, se sentó y pidió un clamato sin alcohol. Olía a perfume unisex, que contrasta con sus manos largas y fuertes, y una actitud desenfadada, que lucha desesperadamente por parecer humilde, aunque la traicione el ego.

—¿Cómo es una fiesta conmigo? Pues es una fiesta muy chic y tiene que ser con gente muy fashion. Tiene que haber el factor producción, te tiene que gustar el Halloween, te tiene que gustar la música y bailar con atuendos estrafalarios. Lo de la fiesta se dio. Los escenarios son parte de mí, no sé si me encontraron o yo los encontré, pero pasó. Me reuní con la gente correcta y aquí estoy, soy una diva en el buen sentido de la palabra.

Así resume Zemmoa quién es Zemmoa. Han pasado sólo unos minutos y no para de hablar. Una tarjeta de presentación verbal.

Le cuesta hilar ideas cuando charla conmigo, y no porque no pueda, sino porque no se lo permiten las personas que están cerca. La mesa en la banqueta la hace presa fácil de sus seguidores y amigos, quienes la interrumpen a cada momento.

—Me han fotografiado los mejores artistas de México y del mundo. Me piden mucho que participe en videos, en pasarelas…
(Pausa. Alguien le pide una foto).
—Te decía que me llaman mucho, siempre tengo cosas que hacer…
(Interrupción, se acercan a saludarla)
—Me considero muy afortunada…
(Una persona cruza la banqueta para invitarla a un proyecto de video).
—Perdón, es que me buscan mucho, pero ya, los voy a ignorar —promete Zemmoa, promesa que no puede cumplir—. Te decía, yo soy muy feliz, hago lo que quiero, lo que me gusta, soy famosa por las razones que decidí y me gano la vida moviendo el chocho elegantemente. Soy belleza primero y luego soy una diva, aunque eso ya no está tan chic. Ya no está de moda ser tan alzada. También soy como un vampiro, mi elemento es la noche. Me rodeo de gente muy cool.

Zemmoa se refiere a sus amigos: el poeta Juan Pedro Freyre, John Cameron, Jeremy Scott, Uriel Esquenazi, León Larregui, Paulina Rubio, Pambo, los diseñadores de Te Amo y un largo etcétera de personajes que suelen aparecer en las portadas de las más prestigiadas revistas de moda.

A los 40 minutos de entrevista, pierdo la batalla contra su apretada agenda. Sin avisar, Zemmoa levanta la mano, llama al mesero y con un "mi amor" pide la cuenta.

—Me tengo que ir, tómame las fotos ya y nos vemos otro día —me promete.

El mesero llega con la cuenta y la pone en la mesa. Ella se para de inmediato y busca un espejo para arreglarse. Pago el clamato sin alcohol de Zemmoa, y me voy.

***

José María nació en Cuernavaca, Morelos, como el hijo menor de una familia de clase media alta. Pronto, se mudaron al sur de la Ciudad de México. Asistió al Colegio Madrid, famoso por sus alumnos fiesteros y adinerados, donde es recordado como un chico extrovertido. Era popular, pero nada que indicara que se convertiría en una celebridad, y menos que su orientación sexual terminaría en vestidos de alta costura, lo que causó momentos de tensión en su familia.

***

La cámara de un celular graba la presentación estelar de Zemmoa en la discoqueta neoyorquina El Nacoteque, donde cerca de 400 personas pagaron un cóver de unos 200 pesos mexicanos, además del consumo, sólo para oír cantar a la socialité.

Enfundada en un vestido de coctel verde y un bolso Channel que presume en el escenario a cada momento, Zemmoa toma el micrófono, y antes de comenzar su canción Fashion Victims, dedica la presentación a todos los drogadictos presentes.

"Amo a Kate Moss y a Campuzano, me quiero poner hasta el ano".

"¿Me puedes pasar mi estuche Channel? Porque ahí deje la coca, uuhuuh, la coca, uuhuuh".

"Oigan muchachas, las invito a mi casa, a meternos unas tachas y a ponernos bien borrachas".

Zemmoa acaba la canción con un extraño baile, parece drogada: se mece con los ojos perdidos en algún punto sin dejar de posar para la cámara. "¡Hey, reacciona!", se grita a ella misma y acaba su canción. El público le aplaude y le vocifera: "¡Eres una perra!". A lo que ella responde con un aguado "Gracias, ustedes también...  ¡Aush!".

***

Después de la charla del bar, Zemmoa posó nuevamente para las fotos y habló conmigo varias veces, aunque ya no en persona. Fueron periodos breves y alternados entre sus clases de piano, sus viajes al extranjero, la grabación de su disco y sus viajes a Cuernavaca, donde vive su papá.

Como pistas para llegar a un tesoro, Zemmoa administró las entrevistas a lo largo de un mes y se reservó los datos personales. Mantuvo en secreto su edad, lugar de nacimiento exacto y su transformación de niño a fiestera profesional… por el bien del personaje que ha creado. Pasó de ser una travesti reventada a un ícono de la vida nocturna, diva propietaria de un personaje que se mueve entre Madonna, Paris Hilton, Lady Gaga y María Félix.

—María Félix decía que para ser una diva se necesitan tres cosas: belleza, inalcanzabilidad y misterio —asegura.
—¿Las tienes, Zemmoa?
—Sí, claro, las tres.

Como a la original Paris Hilton, su fama de socialité le ha dado la oportunidad de emprender proyectos fuera de las fiestas: en el verano lanzará su disco "Puro desamor", con el que emprenderá un tour por varias ciudades del mundo y explotará una faceta musical que inició con canciones aisladas como Fashion Victims. Tiene una línea de joyería llamada Zemmporio y hace dos años produjo y dirigió el cortometraje Hablen con ellas, un tributo al cineasta Pedro Almodóvar. La experiencia le sirvió para lanzar su canal de videos llamados ZemmoaTV. Actualmente, forma parte de la asociación civil Megiro, conformada por un grupo de jóvenes que busca crear conciencia social sobre el país y cuya cuenta de Twitter registra las actividades de los candidatos presidenciales.

—Si la vida es fabulosa, ¿por qué yo no iba a serlo? Tengo una vida para hacer lo que quiero y estoy en edad de mover el chocho como me dé la gana —asegura la diva Zemmoa.

Lo último que supe es que como anfitriona del M. N. Roy "bateó" a los hijos de un prominente político capitalino. Los examinó desde adentro del club y les negó la entrada por usar unas camisas perfectamente almidonadas y el cabello repleto de gel. No pasaron la prueba del buen gusto para la socialité. Los dejó afuera, con sus autos del año estacionados en la calle Mérida, donde se preguntaban quién era esa mujer de párpados perfectamente coloreados y con pestañas enchinadas que se había atrevido a impedirles el paso. Insistieron, pero la anfitriona no cedió. No eran lo suficientemente cool para pasar la noche con ella, Zemmoa, la animal party, travesti fabulosa, la fiesta en persona y la socialité más inn de la ciudad.


ÓSCAR BALDERAS MÉNDEZ es un periodista con alma de cuentacuentos. Colabora con este diario y otros medios nacionales. Para escribir sobre Zemmoa tuvo que disfrazarse de víctima de la moda, con ropa prestada, y luego regresó a su forma original de jeans, camisa y tenis desgastados