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Y yo los declaro... Esposa y esposa

No es que el Código Civil de Quintana Roo sea una conquista de activistas de la comunidad gay, más bien es el reflejo de un reglamento que trata a hombres y mujeres por igual, como personas con las mismas canonjías. Este es el caso de Paty y Arely, quienes lograron una proeza en la historia de la lucha por los derechos civiles (Tip arcoíris: en Tamaulipas y Coahuila también hay lagunas legales que pueden hacer realidad el matrimonio entre personas del mismo sexo)
Por SANDRA ROMANDÍA VEGA / Fotos YADIN XOLALPA
| domingo, 22 de julio de 2012 | 00:10

Patricia Novelo leía con atención las páginas del Código Civil de Quintana Roo. Aquella noche de octubre de 2011, sentada sobre un futón rojo, emprendió la tarea de encontrar qué argumentos legales impedían que ella y Arely Castro pudieran contraer matrimonio en el estado caribeño. Recargada hacia atrás, con la laptop sobre sus piernas, apoyó el índice derecho sobre las letras de la ley, para ir renglón por renglón en las partes más importantes. “Requisitos para contraer matrimonio: Artículo 680. Las personas que pretendan contraer matrimonio presentarán un escrito al oficial del Registro Civil, ante el cual celebrarán el contrato respectivo, que exprese:

I. Los nombres, apellidos, edad, ocupación, nacionalidad y domicilio, tanto de los pretendientes”. La especificación del sexo debe estar en otra parte, pensó. Fue al siguiente artículo: “697. Para contraer matrimonio es necesario que ambos contrayentes sean mayores de edad”. Una vez más, no encontró nada.

Incluso se regresó al artículo 640, en el que se especifica qué debe contener el acta de matrimonio: “I. Los nombres, apellidos, edad, ocupación, domicilio, nacionalidad y lugar del nacimiento de los contrayentes”.

—Esa noche pasé horas leyendo, casi me aprendí el Código Civil. Cuando me di cuenta de que en ninguna parte especificaba el sexo de los contrayentes, me emocioné y llamé por teléfono a Arely — dice Patricia, una chica defeña que vive en Quintana Roo hace años.

—Arely, ¿adivina qué? Sí nos podemos casar —le dijo Patricia a su novia, entusiasmada.

—¿Qué? No entiendo… ve la hora que es, de madrugada. ¿Nos hablamos mañana? Te mando un beso —le contestó ella, realmente sin comprender de qué se trataba.

Al día siguiente, Patricia salió de su departamento en la colonia San Pedro de los Pinos, donde obtuvo hospedaje mientras hacía unas citas de negocio en la capital mexicana. Tomó un taxi y llegó hasta el despacho de abogados de su amigo Jaime López Vela, uno de los impulsores de los matrimonios gay en el Distrito Federal.

Patricia entró y le explicó a Jaime que en el Código Civil de Quintana Roo no se prohibían los matrimonios del mismo sexo, pero que tampoco se establecía en la ley que un hombre y una mujer, específicamente, constituían el lazo legal del matrimonio.

—¿Estás segura, Chata? A ver, tráiganme el Código más reciente, bájenlo de internet —pidió Jaime López a sus colaboradores.

Y entre todos comenzaron a revisarlo detenidamente.

 

***

Unos meses antes, en junio, Patricia había estado con Arely, Jaime y otros amigos en la alberca del hotel Xbalamque, en Cancún, hablando de qué seguía con respecto a la lucha por ampliar los derechos de la comunidad LGTB (lésbico, gay, transexual y bisexual). Había terminado el gayPRIDE —un encuentro  de conferencias y marchas— y todos se refrescaban del calor húmedo con cervezas.

—¿Y ahora qué sigue? —preguntó Patricia, sentada a la orilla de la piscina y con  los pies en el agua.

—No lo dejemos aquí, hagan algo más, ¿por qué no van por las bodas gay?, como hicimos en el Distrito Federal —propuso Jaime.

—Todos dijimos: ¡pues va! —cuenta la empresaria, dedicada a los ámbitos  de publicidad y la organización de eventos.

 

***

Patricia, de 41 años, no es el estereotipo que se tiene de una mujer gay, tampoco Arely, una veinteañera. Cuando las veo por primera vez afuera del hotel Xbalamque —una hospedería sobre la calle Yaxchilán, la principal del centro—, me sorprendo: veo sonreír afable a una chica delgadísima de piel morena, que lleva un pantalón negro, una blusa roja, el cabello suelto y las pestañas resaltadas. Viene de la mano de Arely, una veinteañera de vestido rojo justo, cabellera larga, rubia y lacia (después me enteraría que duró horas trabajando en alisarla). Si hubiera traído puesto un uniforme de preparatoria le hubiera creído que es una adolescente.

—Arely, mi esposa —me la presenta, orgullosa.

Ambas salieron por un momento de una fiesta de cumpleaños para que pudiéramos platicar un rato. Afuera hace un calor que quema y sofoca; las nubes  amenazan. La pareja nos invita a pasar al restaurante del hotel y comienzan a contar su historia.

—Habla tú, eres la buena —anima Arely.

Antes de empezar, Paty carraspea, toma aire. Mientras la veo me pregunto cómo es que este par de mujeres logró casarse en un estado donde las leyes no se hicieron para permitir las uniones gay.

 

***

El día en que Patricia releyó y releyó el Código Civil de Quintana Roo hasta darse cuenta de que nada impedía las uniones de parejas del mismo sexo, comenzó su “carrera” por hacerse experta en las leyes civiles locales. ¿Qué fue lo que le pasó al Código de su estado?, me pregunto.

Resulta que casi todos los códigos civiles estatales, con sus excepciones, sobre todo en el Distrito Federal, señalan en alguno de sus artículos que el matrimonio será la unión entre un hombre mayor de 16 años y una mujer de más de 14. Aunque la mayoría menciona para todo a “los contrayentes”, en plural y sin género, en algún apartado de esas leyes suele hablarse del hombre o la mujer, como, por ejemplo, es el caso de Veracruz, en su artículo 75: “El matrimonio es la unión de un solo hombre y de una sola mujer que conviven para realizar los fines esenciales de la familia como institución social y civil”.

Pero en Quintana Roo no fue así, me cuenta desde su casa la ex diputada priista María Hadad Castillo. Ella, sin saberlo, se convirtió en un personaje clave para las uniones homosexuales en la entidad.

—No fui necesaria —insiste.

El Código Civil local, elaborado apenas en 1974, no menciona las palabras "hombre" y "mujer". Y en el único apartado en el que se señalaba desaparecieron gracias a una reforma promovida por María Hadad, aprobada en 2009.

Hadad, como titular de la Comisión de Equidad y Género en el congreso local promovió varios cambios en distintas leyes para evitar la discriminación y la desigualdad entre hombres y mujeres. Entre esas, le echó el ojo al artículo 698, donde antes especificaba que el hombre debería tener más de 16 años y la mujer al menos 14.

—Que quede claro, el Código nunca estableció que para contraer matrimonio debe ser la unión entre un hombre y una mujer… nunca estuvieron prohibidas las bodas entre personas del mismo sexo.

Cuenta que la reforma se hizo para evitar la desigualdad y que hubo otras modificaciones para impedir los matrimonios arreglados.

—De cualquier manera eso era sólo una parte, si alguien se hubiera fijado bien, siempre se pudieron casar matrimonios gays —reitera Hadad, en tono de preocupación, argumentando como quien buscara quitarse culpas.

El 28 de noviembre de 2011, el día de la primera boda gay en Quintana Roo, la ex diputada recibió una llamada.

—No recuerdo quién fue pero me dijeron, ‘oye Mary, ¿tú impulsaste esto?’ Dije  no y me fui a revisar (en las noticias).

Era una tarde y, desde su casa, buscó en internet la nota en los diarios electrónicos: “Dos parejas gays logran casarse en el municipio de Lázaro Cárdenas”, decía el texto.

—Cuando me enteré, me dio gusto, yo siempre he creído en un país de libertades. No enarbolé la causa porque no es mi tema; esa no era la intención...  Ahora me hacen bromas mis conocidos.

Esa primera boda gay en Quintana Roo fue doble. Además de Patricia Novelo Infante y Arely Castro García de Alba, se casaron Sergio Arturo Monje Cruz y Manuel Reyes Chale de la Fuente.

 

***

Un mediodía de octubre, entre semana, Jaime López y Patricia Novelo leyeron juntos el código, línea por línea. A ellos se unieron Pilar y Alfredo, dos colaboradores en el despacho.

—Dijimos "no es posible que a todos se nos haya pasado y no nos diéramos cuenta" —me dice Patricia.

Luego del hallazgo festejaron que no había impedimento legal para celebrar uniones de ese tipo. Ahora el viacrucis sería ir y hacer ver a los jueces civiles que no había razón por la cual no celebrar un matrimonio entre parejas del mismo sexo.

El "error" de los legisladores de los años 70 que redactaron el código fue tan natural como quien concede con inocencia el mismo derecho a cualquier ser humano, sin distinguir sexo, etnia, condición social o religión.

—Unirse legalmente y construir tu vida y tus bienes con la pareja que eliges también es un derecho. Hemos oído mil historias de parejas que duran años y uno muere y otro queda despojado. Un amigo... su pareja murió y todo estaba a nombre del otro. La familia lo rechazó y lo dejó sin nada; sin casa, sin carro, sin cuentas en el banco. Así hay miles. No es sólo ser reconocidos, es querer vivir en paz, con orden, con legalidad —propone Paty.

Patricia y Arely vivieron, hace justo un año, una situación similar. Estaban juntas cuando Arely se cayó de las escaleras y fue a dar al hospital. Al llegar, su pareja no pudo entrar, la enfermera le preguntó el parentesco.

—¿Hermana, prima, familia?

—Soy su pareja.

—Ah, no, no puede pasar —le contestó la mujer.

Arely ríe desenfadada después de recordar aquel episodio que refleja la discriminación.

—Yo adentro llorando y Paty no podía entrar. Tuvo que venir un amigo para que dijera que era mi novio y sólo así lo dejaron pasar. O sea, novio sí, novia no.

Patricia también da su opinión: —Creo que parte de lo que es la no discriminación está muy involucrado con el tema de LA equidad, de que todos tengamos un derecho,  sin importar el género.

Parece que no la única con esa concepción de eliminar las barreras físicas para acceder a sus derechos. La corriente que promueve la ideología de género señala que no debe importar ser hombre o mujer para disponer de un buen trato, derecho a la salud, educación, matrimonio y reconocimiento social y laboral.

Esta tesis es rechazada y criticada por la iglesia católica. "(La ideología de género) incluye como parte esencial la 'libre elección' en asuntos de reproducción y de estilo de vida… Aquí radica el peligro de la ideología de género, la mayoría de las personas en nuestro país, por falta de información, aún no están al tanto de esta propuesta y de los peligrosos alcances de la misma. Vale la pena conocer esta 'perspectiva de género' que en la actualidad ha tomado fuerza en los países desarrollados… Numerosas series televisivas que nos llegan de Norteamérica difunden abiertamente esta perspectiva, difundiendo el siguiente mensaje: la identidad sexual puede 'deconstruirse' y la masculinidad y femineidad no son más que 'roles de géneros construidos socialmente'", menciona con cierto susto monseñor Enrique Sánchez, en un artículo en la página electrónica de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM).

 

***

El plan era ir al Registro Civil de Cancún y pedir una solicitud de matrimonio. Si había resistencia, argumentarían que la ley no prohíbe las bodas entre personas del mismo sexo.

—Automáticamente el personal del registro nos lo negaba, no nos quería dar ni el formato de lo que se necesitaba, mucho menos la solicitud oficial. Fue un ir y venir y explicarles lo que dice el código pero sólo contestaban que por instrucción superior no se permitían las bodas gay —cuenta Paty.

Optaron por buscar el diálogo primero con un juez. Así dieron con Rosalía Balam, titular del Registro Civil de Kantunilkín, en el municipio de Lázaro Cárdenas.

—Hablamos con ella, le dijimos que revisara el código. Días después nos dijo que, en efecto, teníamos razón y que era su deber proceder conforme a la ley y nos casó de una forma muy discreta. El municipio es panista y después la alcaldesa la apoyó porque, dijo, hizo lo que tenía que hacer según la ley —menciona Patricia.

El 28 de noviembre de 2011 acudieron las dos parejas y 10 testigos a la pequeña oficina civil. Ambas vestían de blanco y accesorios plateados. El cabello suelto.

—Estaba estresadísima, creo que fueron los minutos más estresantes. El chequeo de la documentación, la disyuntiva de en ese momento saber si nos van a casar. Estuvimos esperando una hora.

Con ellas se lograron casar Sergio y Manuel y después del procedimiento casi exprés, las dos parejas convocaron a los medios de Cancún para darles la noticia histórica: dos parejas gay habían logrado unirse legalmente en matrimonio… al parecer.

Después de la unión, tras la que no celebraron fiesta ni luna de miel, la pareja no esperó reacciones, aunque les pareció un poco extraño que no pasara nada.

En febrero de este año, Hilda Cauchi Pool, habitante de Lázaro Cárdenas, interpuso un recurso de revisión porque como "ciudadana" de la demarcación donde se llevaron a cabo las bodas estaba inconforme de que se realizaran.

El 13 de abril el Registro Civil notificó por correo a ambas parejas la nulidad del matrimonio.

Patricia y Arely reclamaron tan pronto pudieron. Hablaron con la prensa y cerraron simbólicamente las oficinas generales del Registro Civil hasta que, horas más tarde, el gobernador salió a decir que su administración era tolerante y que no era "homofóbica".

Finalmente, el 20 de abril, la Subsecretaría de Asuntos Jurídicos del estado resolvió revocar la anulación del matrimonio, por ser una autoridad superior al Registro Civil, dando paso así a la validez de esas uniones.

La victoria para Paty y Arely no sólo fue esa. En el documento de revocación —donde señala que la directora del Registro Civil actuó en base a "notorios vicios" y una ley no vigente— también se aclara que las bodas entre personas del mismo sexo no están prohibidas en el estado atendiendo a la "pluralidad en todas las formas y manifestaciones de la familia".

"Al no existir prohibición de que dos personas de un mismo sexo puedan contraer nupcias, resultando legal y constitucionalmente válido el acto", deja en claro el documento legal.

El pasado 9 de junio venció el plazo legal para que se admitiera alguna otra impugnación a su unión. Arely y Patricia se vistieron con un vestido blanco y largo. Se tomaron de la mano y no se soltaron durante un brindis celebrado en un restaurante de Cancún, donde, al fin, pudieron sentir que eran esposa y esposa.

El ejemplo de Patricia y Arely podría no sólo reproducirse en Quintana Roo. Los códigos civiles de Tamaulipas y  Coahuila tampoco especifican en sus artículos principales referentes al matrimonio que esta unión es un derecho exclusivo para un hombre y una mujer. Dos personas que deseen casarse en estos estados pueden acudir a los registros civiles e intentar consumar una nueva proeza en la historia de la lucha por el respeto a los derechos civiles.

 

***

La proeza de los cuatro chavos no quedó ahí. Luego de la boda, Patricia abrió una cuenta en Facebook y encontró varias solicitudes de amistad y mensajes directos de gente desconocida.

—Mucha gente se me acercó para preguntarme qué onda con las bodas, que se querían casar. Hay parejas de Cancún, de Chiapas, de Yucatán...

María Esther y Ana Liliana, dos chicas de 25 años provenientes de Mérida, Yucatán, fueron las primeras en intentar seguir los pasos de las otras parejas.

—Vimos la nota en internet, por mi trabajo siempre tengo que estar viendo noticias. Cuando la vi, le llamé a Ana  y le dije, mira, nos podemos casar en Cancún —me cuenta María Esther afuera de la oficina del Registro Civil de Cancún, la Oficialía número 6. Estaba a la espera de que saliera Patricia, quien hablaría con Enrique Rodríguez, el oficial de partes, para que éste no se negara a entregar la solicitud de matrimonio. María Esther lucía relajada. Su pareja sonríe constantemente, quizá una risa más de nervios que de placidez.

María y Ana lucen cansadas: viajaron cuatro horas desde Mérida sólo para entregar los papeles y esperar fecha para la boda. La primera es de estatura media, complexión ligeramente gruesa y rasgos afinados. Ana Liliana es de piel morena y sonrisa casi permanente; cabello negro hasta los hombros. Tienen seis años como pareja, me cuentan en tono de orgullo. En Mérida viven juntas y sus familias y amigos las han apoyado todo el tiempo.

—Hasta en el trabajo nos dieron permiso para venir —interviene María Esther.

De pronto, de la oficina salió Patricia, acalorada como todos. Así es el clima húmedo de la playa. —Pasemos —dijo la activista.

Entramos a una oficina de blanco percudido, pequeña y con un escritorio escueto. Detrás de éste, un hombre de ojos claros, pelo negro, figura atlética y mirada seria nos pide sentarnos. El oficial de partes acepta que no realizar la unión sería  contra  la ley.

En el pequeñísimo espacio se hace un silencio incómodo. Enrique llama a su secretaria, una señora cincuentona, y le pide ayudarlo para revisar que "las chicas tengan los papeles requeridos para un matrimonio". La señora, un poco robusta y de movimientos tranquilos, ve a las dos muchachas de arriba abajo.

—Claro —responde, y empieza a pedirles sus papeles.

Certificado médico, copias de identificaciones, las originales, uno, otro papel. Listo. Aunque faltaron las copias de las credencial de elector los que serían los testigos. —Es verdad, no pensamos en eso —dice Patricia Novelo.

Enrique les sugiere que lleven toda la solicitud con papeles, copias y firmas temprano al otro día. Y pregunta si celebrar la boda el próximo lunes 28 de mayo a las 11 de la mañana está bien.

—Claro, nos queda perfecto —responde María Esther, quien toma los papeles para echarlos en una carpeta.

Al bajar por las escaleras se forma de nuevo un silencio y al salir de la oficina ambas se abrazan. Piensan que tuvieron una victoria próxima a consumarse.

 

***

Al otro día las chicas ya se habían regresado a Mérida pero Patricia acudió al Registro Civil para entregar lo que faltaba: las copias de las identificaciones de quienes serían los testigos.

—Llegué y me dijo Enrique que no, que faltaba documentación… que el certificado médico no estaba claro, aun cuando un día antes lo había revisado —me cuenta Patricia.

Una semana más tarde, las "próximas" parejas casaderas volvieron con el oficial de registro y entregaron los papeles correspondientes. La diferencia, ahora, fue que no les dio la fecha para la boda,  argumentó que todos los documentos deberían ser enviados a Chetumal, la capital de Quintana Roo, para que fueran revisados.

Sin negar el derecho de la unión o dar más argumentos, Enrique Rodríguez dijo que todo dependía de lo que se dijera en Chetumal.

—No es cuestión mía… los documentos son igual para todos. Mi parte es que se cumpla la ley. No tengo instrucciones contrarias, pero tenemos que informar para que se hagan los cambios a los formatos de matrimonio. Revisé el código y esas cuestiones, pero el hecho de poner 'el' y 'la' en la solicitud ya se está discriminando. ¿Qué pasa si una quiere cobrar un seguro y en el acta de matrimonio dice 'el' en lugar de 'la' contrayente? Puede que ya no se lo den —cuenta el oficial de partes en la oficina donde una semana antes habían dado fecha  para la boda.

Enrique argumenta que se necesitaría un manual de procedimientos especial para personas del mismo sexo, el cual no existe. Patricia, en cambio, menciona que el manual no tendría nada que ver porque en ningún apartado señala que se debe referir a hombre y mujer.

El plazo legal para la revisión de documentación es de una semana, periodo que expiró y desde entonces nadie tiene noticia de la "verificación" en Chetumal.

Luego busqué, sin éxito, a la titular del Registro Civil, Adelaida Sánchez, para que explicara la situación del caso. En alguna ocasión contestó su teléfono celular y al identificarme como reportera colgó.

 

***

A principios de junio de 2012, la Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación atrajo un caso excepcional: dos hombres en Oaxaca reclamaron su derecho al matrimonio, al considerar que fueron discriminados por su sexo. La pareja presentó un amparo después de que el Registro Civil de Villa de Etla, Oaxaca, se negara a casarlos porque el código civil sólo contempla el matrimonio para hombre y mujer.

—Lo más probable es que la Corte sí otorgue el amparo, siguiendo la línea que ha seguido con este espíritu progresista de los ministros, y sí determinará que es discriminatorio que se les niegue el derecho —me explica Vicente Fernández, investigador y director de la licenciatura en Derecho en el Instituto Tecnológico de Monterrey. El abogado considera que esas manos alzadas de personas que exigen que se les respete su forma de vivir van a ser cada vez más frecuentes.

—Lo que vamos a estar viendo es esa lucha entre los gobiernos locales y el lado judicial, el debate por las restricciones y lo que es atentatorio a los derechos humanos o no —dice el especialista, quien recuerda que otro aspecto es la seguridad social. Porque una cosa son las bodas y otra que estas uniones se respeten para efectos más amplios como seguros de vida,  servicios médicos y adopciones.

En el congreso de Quintana Roo está pendiente la discusión sobre las posibles reformas que tendrían que hacerse, tomando en cuenta que ya hay dos parejas casadas y que estarían al margen de los reglamentos y demás leyes complementarias. Porque, por ejemplo, el Código Civil no permitiría el divorcio a ellos, ya que ahí sí se especifica el que sea hombre y mujer. Lo mismo pasa con las adopciones.

El presidente del congreso, Eduardo Espinosa, dice que por ahora no contemplan nada en este periodo, y el próximo es hasta septiembre.

—Sé de un caso en Lázaro Cárdenas y es un tema que se tiene que abordar; hacer las reformas, será necesario debatirlo y apoyarlo… creo que hace falta una cultura para eso pero, bueno, yo respeto —comenta entrecortado, como si estuviera dudando.

Al priista Eduardo Espinosa se le sale el pudor: 

—Nada más que no se exhiban.

—¿Me podría explicar qué es que 'no se exhiban'? —le pregunto.

—Sí, pues… eso sí sería como de respetar sobre todo a los niños… lo que ven en la televisión. Que no se estén 'agasajando', pues.

—¿Votaría a favor de las reformas necesarias para regularizar estos matrimonios?

—Sí, sí a favor. Nada más eso, que no se exhiban… bueno, una pareja normal tampoco debe hacerlo —asegura el diputado, pero enseguida cambia de tema.

 

***

¿Es Quintana Roo, y especialmente Cancún, el sitio ideal para una gay-cultura?

El parque de las palapas, en el centro de la ciudad, espera ansioso. Es un lugar donde los puestos ambulantes se mezclan con las palmeras, y hay un elemento más: hombres y mujeres que buscan a alguien de su mismo género para tener un encuentro o una relación sexual. A unos metros de este sitio público, el bar Karamba espera la llegada de clientes con corazón de arcoíris. A su lado, hay otro, y al lado otro. Esto, en el centro de la ciudad.

Porque en la zona turística, sobre el larguísimo bulevar Kukulkán de 26 kilómetros, otros bares también son gayfriendly. Es más, el acuerdo entre empresarios es que todos sean, al menos, tolerantes, asegura el empresario del ramo turístico en Cancún Francisco Aguilera.

Él, uno de los impulsores del turismo LGTB, me cuenta efusivo lo efectivo que podría ser para reactivar a este centro turístico el promover las bodas e incluir en los programas de gobierno la promoción a este mercado. Atiende el tema por un lado más práctico.

"No es nada más si se casan o no se casan, si tienen derecho o no, es más allá... dejemos eso… es algo que implica la derrama fuerte, es algo que nos ayudaría en la temporada baja que nos está matando", dice.

Según su registro, el mercado de las bodas deja alrededor de 400 mil dólares anuales, sólo en cuanto al evento, la renta de los cuartos, sin contar con derramas por diversos consumos, vuelos, entre otros servicios. De promocionarse las bodas gay y activar ese mercado, asegura, se generaría al menos la mitad más de lo que se genera ahora.

Por el momento, el Distrito Federal es la única entidad que explota este mercado con promoción gubernamental. También es la única que legalizó las bodas gay. ¿Quintana Roo podría ser la siguiente?

En junio, el mes del orgullo gay, en Cancún se organizaron eventos para esta comunidad que pretende crecer a la dimensión de otras ciudades como San Francisco, Vancouver o Amsterdam, según el Colectivo por la Diversidad.

—Seguiremos luchando, trabajando. Para la boda de Mérida meteremos querella ante Derechos Humanos y Contraloría, primero. Esto es todo un camino —dice Patricia Novelo.

Para ser reconocidos como cualquier persona, afirma, se debe estar recordando que los derechos son de todos. Y aunque el Episcopado Mexicano y la iglesia católica alrededor del mundo sigan alertando que estos movimientos son un peligro que crece amenazante con arrollar a la sociedad, se respeta, dice.

—Yo soy católica. Creo en un Dios, en una fuerza suprema, en un universo que está por hacer todo lo que pasa, nada es casualidad y a partir de ahí se va caminando y el camino se va delimitando, como ahora —dice Paty.

 

SANDRA ROMANDÍA es coeditora de Estados de este diario y cuando una historia le llama la atención cambia los tacones por unos tenis, cierra su oficina y se lanza al reporteo. Piensa que todos tienen el derecho a casarse con quien quieran, pero sobre todo el derecho de divorciarse