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Y tú... ¿alquilarías tu vientre?

Parejas del mismo sexo y heterosexuales que no pueden tener hijos, mujeres y hombres solos, mexicanos y extranjeros... Much@s buscan candidatas para incubar a sus bebés. ¿Te ofrecerías? ¿Afrontarías lo que significa?
Gestación sustituta Técnica de reproducción asistida, que como tal se practica en México desde hace más de 15 años pero sin regulación (FOTO: ISTOCKPHOTO )
Por ANDREA VEGA /ISTOCKPHOTO
| domingo, 10 de mayo de 2015 | 00:10
Martha siente la patadita en el interior de su vientre. No puede evitar sonreír y brindarle cobijo con sus manos. Sabe que dentro está creciendo el bebé y se emociona. Pero tajante se repite: “No es mío. Sólo lo estoy ayudando a crecer y cuando nazca debo entregarlo. Es un regalo, es un gran regalo que voy a darle a esa pareja”.

Con ese pensamiento se lleva Martha todo el embarazo. Su familia la sigue en la andanza. Sus tres hijos también saben que el bebé no es su hermanito, que no va a quedarse en la familia. Su esposo la apoya en la decisión que tomó de alquilar su vientre, en que ella es libre de decidir sobre su cuerpo. Y cuando el día del parto llega, Martha ve al bebé. Se despide y lo entrega.

“Sí sentí tristeza, la verdad, pero me apegué a eso de que era prestado. La psicóloga de la clínica de reproducción me ayudó a entender: nos los prestan para alimentarlos, hacerlos crecer y luego debemos entregarlos a sus padres. 

“Hablar con ellos todos los días, ver los sentimientos que tenían respecto al bebé, saber cómo lo esperaban, también me ayudó mucho”.

Martha —30 años, casada hace 14, con tres hijos y ama de una casa con finanzas siempre precarias—, supo de la opción de alquilar su vientre por una amiga, ella ya lo había hecho y la llevó a la clínica donde se ofrece el servicio y se reclutan mujeres para tal fin. Le hicieron exámenes médicos y psicológicos. Comprobaron que tenía hijos, requisito imprescindible, y que no tenía más de 30 años, otra condición para esto. Pasó los filtros y se convirtió en candidata.

“Tenía dudas, pero cuando conocí a los papás y escuché su historia sentí cosas maravillosas. Pensé que Dios me había dado la oportunidad de tener tres hijos cuando hay personas que no pueden y decidí a ayudarlos”.  

La prueba siguiente para Martha fue sortear la presión social. Ya embarazada, sus vecinos la cuestionaban: “¡Cómo lo vas a entregar, es tu hijo, cómo haces eso, Dios te va a castigar!”. La psicóloga de la clínica salía al rescate: “Es prestado, es por ayudar a esa pareja”.

A los padres de Martha tampoco les vino bien la idea del servicio que su hija estaba dando. También la criticaban y la incomodaban. “La psicóloga me ayudó a encontrar las palabras para argumentar con ellos, que yo soy dueña de mis pensamientos, que quería hacerlo y quería que me lo respetaran. Afortunadamente, mi esposo me apoyó siempre, me decía: yo sé que por algo haces las cosas”.

De todo eso ya pasó año y medio. Con los 100 mil pesos que Martha recibió por alquilar su vientre, compró un refrigerador, arregló su vivienda. Los padres del bebé se lo llevaron a su país de origen y donde residen, Estados Unidos, pero siguen en contacto con Martha, le mandan fotos y la buscan para saludar. “Ellos fueron siempre muy amables. Estaban al pendiente de mí. Creo que estaremos toda la vida en contacto”.

LOS HUECOS
 
Lo que daría seguridad a los involucrados es prever todos los escenarios y ponerles una garantía jurídica, con igualdad de obligaciones y derechos” REGINA TAMÉS, directora de GIRE
 
La historia de esta madre gestante sustituta (aquella que presta su vientre para que se desarrolle el embrión producto del material genético de otros), culminó sin complicaciones, pero no siempre es así. Regina Tamés, directora del Grupo de Información en Reproducción Elegida (Gire) y Silvio Cuneo, director médico de la clínica de reproducción asistida Concibe alertan sobre los riesgos y excesos que pueden ser parte del proceso.
 
La gestación sustituta es una técnica de reproducción asistida, que como tal se  practica en México desde hace más de 15 años pero sin regulación. 
 
No hay ley ni marco jurídico que establezca qué se puede, qué no se puede, con qué costos, con qué límites, en dónde, con quién...
 
Sólo dos estados de la Répública regulan una parte del proceso. En Tabasco, está regulada la filiación del nacido. El código civil de esa entidad establece que cuando exista una gestante sustituta, la madre será la contratante del servicio, y el padre no será el esposo de la que gesta, como se presupone en otras entidades. 
 
En Sinaloa, la regulación es un tanto más amplia, el código familiar tiene todo un capítulo dedicado a la reproducción asistida y la gestación subrogada. Establece las modalidades de este tipo de maternidad, las características de quienes pueden ser gestantes, se hace una clasificación entre onerosa y altruista, aunque no se establecen mayores condiciones para los pagos, y se restringe el proceso a los ciudadanos mexicanos, entre otros aspectos considerados.
 
“Lo que hicieron fue regular, civilmente, qué pasa con el que ya nació —asegura Tamés— pero no (se regula) quién dio el esperma, quién el óvulo, qué pasa si la receptora se enferma, si puede interrumpir el embarazo o no, cuánto se le debe de pagar, quiénes son los contratantes, con todo eso se puede hacer lo que quieran… 
 
“Y el problema es que las que están haciendo el negocio son las clínicas y el Estado no está apareciendo, no está regulando”, subraya.
 
El único papeleo legal que hacen las clínicas o las agencias de maternidad subrogada (encargadas de reclutar a las chicas y ser enlace con los centros de reproducción) es hacer firmar un contrato a las gestantes sustitutas y a los interesados en tener un bebé. 
 
Pero como no está regulado el contenido de este instrumento ni están contemplados en ninguna ley, los derechos y obligaciones de las mujeres y los progenitores, lo único que queda realmente protegido son los intereses y los cobros de las clínicas.
 
Esa falta de regulación crea múltiples escenarios de conflicto. Estos son sólo algunos de los que Gire tiene documentados.
 
Escenario 1. El abandono. Nada le garantiza a las mujeres que los padres, sobre todo los extranjeros, se harán cargo de sus hijos. Eso le pasó a Carla, una tabasqueña que reclutó un abogado de una agencia de subrogación. Una pareja de extranjeros llegó a Cancún, México, para rentar un vientre. Contrataron los servicios de una clínica, Carla estaba en la lista de posibles madres sustitutas. Se hizo el acuerdo de gestación.
  
Carla viajó a Cancún (un traslado frecuente entre las gestantes para evitarles a los extranjeros la incomodidad de tener que salir del destino turístico), ahí hicieron la trasferencia del embrión. Pero cuando verificaron, la prueba de embarazo salió negativa. Le avisaron a los padres que el procedimiento había fallado.
 
Días después, ella empezó a tener náuseas y a sentirse mal. Fue a un hospital, y le confirmaron que estaba embarazada. Llamó a la clínica de reproducción, contactaron a los padres, la respuesta de ellos: “ha sido todo tan raro que no estamos seguros que ese bebé sea nuestro, puede ser del esposo de la gestante, ya no lo queremos”. A la chica no le quedó más que recurrir a un aborto.
 
El alquiler de vientre es una opción para parejas no heterosexuales
 
Escenario 2. El abuso. Las gestantes  —en la mayoría de los casos mujeres de bajos recursos— reciben malos tratos en las clínicas de reproducción asistida. A María, otro vientre sustituto, tuvieron que hacerle cesárea para que naciera el bebé que estaba gestando de una pareja de hombres españoles. Le quitaron el analgésico que entra por la epidural, inmediatamente después de la cirugía. 

El trato para cambiar sueros o quitar micropore o hacer un piquete fue agresivo. Para las consultas mensuales la hacían esperar hasta tres horas. Todo cambiaba si los extranjeros estaban presentes o exigían para ella un buen trato. 
 
Escenario 3. Mucho por poco. Las mujeres que rentan su vientre para gestar a un bebé ganan un porcentaje menor de la cantidad que cobran las clínicas de reproducción asistida y las agencias de maternidad subrogada.
 
Por un procedimiento de este tipo, los centros médicos cobran entre 300 mil y 600 mil pesos, pero la cantidad puede variar porque a los padres les van cobrando todo: la fecundación, la trasferencia, los estudios de la gestante y los propios, consultas, ultrasonidos, etcétera. 
 
Las mujeres en cambio reciben entre 50 y 100 mil pesos. Eso le tocó a Martha, 100 mil pesos. Apenas terminó el embarazo ya se le habían acabado. Ahora está pensando volver a alquilar su vientre.
 
EPÍLOGO
A estos escenarios concretos se le podrían añadir muchos otros: que la gestante se arrepienta y decida abortar; que el bebé tenga alguna malformación y los padres ya no lo quieran; que la gestante se niegue a entregar al niño; que el embarazo se complique y ponga en riesgo la vida de la mujer; que los padres extranjeros no se puedan llevar a su hijo a su país de origen (algo que está pasando mucho), etcétera, etcétera.
 
“Lo que daría seguridad (a los involucrados) es prever todos los escenarios y ponerles una garantía jurídica, y que haya igualdad de obligaciones y derechos, que sea una sociedad, sin desventajas, porque igual de importantes son los derechos de la que gesta como de los que van a criar”, afirma Tamés.
 
Mientras eso sucede, Cuneo recomienda recurrir a la maternidad gestante sustituta sólo cuando no existe otra opción. 
 
En todos los casos, hay que tratar de hacerlo de la forma más ordenada posible, en un centro de reproducción asistida con buena reputación, bajo estricto control médico, nutricional y psicológico y sin recurrir a los servicios de las agencias de subrogación que se encargan de conseguir a las mujeres.
 
“Nuestro instituto no consigue úteros —afirma Cuneo— y no recomendamos que se acerquen a estas agencias que buscan personas para alquiler de útero, porque no hay manera de que se pueda asegurar nada (del proceso, si no hay una relación de confianza entre las partes), y ahí sí se empieza a tergiversar el concepto y se maneja por cuestiones numéricas”. 
 
Lo más recomendable para evitar la explotación de las mujeres y muchos problemas es que los padres consigan a la mujer gestante, que tengan con ella una relación previa y que no se haga sólo por causas económicas.
 
 ¿SABÍAS QUÉ?

300 a 600 mil pesos cobran los centros médicos por el procedimiento  
50 a 100 mil pesos es el pago de honorarios para la mujer que alquila su vientre

PERFIL DE GESTANTES

El perfil de las gestantes:

» Ser menores de 40 años
» Tener ya hijos

» De preferencia sin cesáreas

» No tener adicciones

» Sin enfermedades genéticas, crónicas o infecciosas

» Que no viva en entorno violento 

El procedimiento "ideal"
 
» La mujer no debería prestar su vientre sólo por causas económicas.
 
» Lo ideal es que los padres consigan a la mujer gestante y tengan con ella una relación previa de confianza.
 
» El óvulo utilizado para el proceso no debe ser de la mujer gestante.
 
» Se deben hacer, tanto en el caso de la madre sustituta como en el de los padres, un control médico y psicológico que avale que están aptos para el procedimiento.
 
» Los padres y la mujer deben estar conscientes de todas las implicaciones de salud y legales de esto.