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Una droga llamada riesgo

En Ciudad Juárez hay un ferrocarril invisible pero que está a la vista de todos. En esa localidad jóvenes de clase media y con licenciatura han empezado a dejar sus trabajos en las maquiladoras para convertirse en narcomenudistas. No venden droga porque sea su única opción, sino porque es más fácil y rentable. Pese a los operativos policiales, ellos actúan impunemente en las avenidas más importantes
EL SÍMBOLO. Ciudad Juárez fue durante años el referente de la guerra contra el narcotráfico y fue la sede del 'Cártel de Juárez'. Fue considerada una de las ciudades más peligrosas del mundo pero el número de homicidios ha disminuido en los últimos años. (FOTO: Miguel Espinoza )
Por Luis Chaparro y Jesús Salas. Fotos Miguel Espinoza, EL UNIVERSAL, Reuters e infografía
CIUDAD JUÁREZ, Chihuahua | domingo, 3 de noviembre de 2013 | 00:10

A la mitad de este texto entenderás por qué un joven en Ciudad Juárez dice que el dinero no fue la causa por la que renunció a la fábrica maquiladora y empezó a vender droga en las calles. Y si leíste con atención, cuando termines de leer saldrás a la calle y te toparás con una enorme máquina que ha estado frente a ti todo este tiempo sin que hasta ahora la hayas notado. Atento.

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Tun Tun llega en un coche modelo 2005 con placas en regla y ningún choque. Con la cautela de una madre de familia, hace una breve parada, más breve que la de un taxi. Subimos al auto sobre la avenida Gómez Morín, donde esta noche las plazas reventarán de luces.

A 60 kilómetros por hora para no pasar el límite de velocidad, y con Fat Boy Slim sonando en la radio, Tun Tun sujeta fuerte el volante y mira los retrovisores para asegurarse que el cambio de carril será tranquilo. Pero antes dice en voz queda: "Pinche gente no sabe manejar". Una vez que está en el carril de la extrema derecha, abre la guantera. Ahí hay unos 50 discos —todos de música electrónica— y al fondo una bolsa de supermercado que contiene unas cien bolsitas de plástico transparente con cocaína.

Tun Tun parece turco: tiene una nariz prominente, estética, lleva la barba semirasurada y es tan delgado como puede serlo un hombre de 28 años. Viste una chamarra deportiva que combina con sus jeans rojos ajustados y los tenis Adidas. Parece listo para irse de fiesta, pero son las tres de la tarde.

Tranquilo, Tun Tun enciende un cigarro para que el efecto de la marihuana que fumó antes de encontrarnos se mantenga constante. Después aplica dos gotas de lubricante en el ojo derecho y dos en el izquierdo para que el rojo de sus ojos desaparezca, para darle la seguridad de que se ve normal.

Mientras ve hacia el frente, dice la frase ícono del narcomenudista: "¿Cuánto?".

—¿De cuánto traes?
—250 y 500 pesos
—Uno de 250, ahora no traemos tanto dinero.
Ahí’ta, chido.

El viaje ha durado menos de lo que dura una llamada a la Policía. El trayecto fue rápido y fácil: cuando nos subimos a su auto dimos una vuelta en U sobre la misma avenida, pasamos junto a tres patrullas de la Policía Municipal de Ciudad Juárez, dimos otra vuelta en U y ahora estamos de regreso donde iniciamos. Justo enfrente de donde, en unas horas, se reunirá un tumulto de jóvenes enfiestados.

Esta avenida está en los reportes de la Policía. Está señalada como una de las vialidades donde se han hecho la mayoría de los arrestos por narcomenudeo. A pesar de que la Secretaría de Seguridad Pública Municipal no ofreció el número de detenidos en los últimos seis años, los jueces de barandilla especulan que el promedio de detenciones es de unos 90 al mes. Las otras avenidas principales que señalan los registros son la Paseo Triunfo de la República, la Tecnológico y la Ejército Nacional; todas en la zona comercial de Ciudad Juárez

A Tun Tun le faltaron cuatro semestres para terminar la carrera de Ingeniería. Hasta hace unos años trabajaba en una fábrica de electrónicos, una maquila. Era uno de los 90 operadores que a diario hacían lo mismo: soldar un cable rojo a una lámina metálica. Ahora vive de la venta de drogas al menudeo, principalmente cocaína. Luego de insistirle durante un año, aceptó ser entrevistado, pero siempre bajo sus condiciones y pidiendo que sus datos personales fueran cambiados.

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Nuestro segundo encuentro es en un lugar público poco bullicioso, con el ruido suficiente para que la gente no nos escuche conversar, pero también para que pueda escuchar su celular en caso de que le llame un cliente. Se le nota tranquilo pero de vez en cuando echa una mirada sobre sus hombros para cuidarse la espalda.

Tiene razones: en octubre de 2010 Tun Tun hizo una entrega que, pensaba, sería igual a todas. Pero cuando le entregó las bolsitas con cocaína a los clientes ellos le dijeron que era muy poco lo que les estaba dando. La discusión a gritos terminó con ellos abajo del auto y lanzándole golpes a Tun Tun desde la ventana. Él, en cuanto tuvo el camino libre, escapó.

SEGURIDAD RELATIVA. Pese a las acciones gubernamentales para poner orden en Juárez, aún hay muchos comercios que permanecen cerrados y los homicidios y desmembramientos entre criminales siguen siendo cotidianos.

Después de contarnos ese incidente, nos pregunta si esta vez compraremos algo. Le respondemos que al final de la entrevista. Sin preguntarle nada, él comienza a hablar:

"Yo no tengo esa historia de que era pobre y lo hice para salir adelante y cuidar a mi familia. Yo dejé la universidad y comencé con esto. Estudiaba Ingeniería Industrial y todo comenzó cuando vi a un amigo comprar cocaína en un picadero que estaba ahí por el gimnasio Chavira".

Tun Tun dejó la escuela por una razón que cae en el lugar común: el embarazo de su novia lo llevó a buscar otro "empleo".

"Vi que mi amigo compró la droga y no le pasó nada. Fuimos otra vez y a los tres días me dijo que si podía pasar por ahí a comprarle un pase. Me dio 200 pesos, le compré dos y esa noche se los terminó. En la madrugada quería ir por más, pero yo había comprado uno de reserva y se lo vendí con una pequeña ganancia. Con el paso del tiempo empecé a comprar cuatro, cinco, diez o más, y empecé a venderle a mis compas en las fiestas".

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"Yo no tengo esa historia de que era pobre y lo hice para salir adelante y cuidar a mi familia". La frase sigue resonando en nuestras cabezas. Y también una pregunta: si no es por dinero, entonces por qué alguien se arriesgaría a vender droga en una ciudad que llegó a ser la más violenta del mundo.

La doctora Rossana Reguillo —de quien se pueden enumerar más de una docena de logros académicos, como su doctorado en Ciencias Sociales por la Universidad de Guadalajara, su inclusión como miembro del Sistema Nacional de Investigadores nivel III y ser miembro de la Academia Mexicana de las Ciencias — nos da la clave: Tun Tun en realidad no está traficando con drogas sino con riesgo.

Reguillo, una mujer de voz ronca con aires juveniles, tal vez de tanto estudiarlos, explica que la mercancía de esta "clasificación" de narcomenudistas hace tiempo dejó de ser la droga. Ahora estos jóvenes han encontrado un nuevo valor de cambio entre el hostil ambiente adolescente y juvenil. Una manera de sobrevivir y ser notados entre una comunidad que amenaza con convertirlos en "nadie", o peor aún, en unos "maquileros".

"En una sociedad que los excluye, donde no caben, su única fuerza de cambio es el riesgo. Más que vender droga venden riesgo y hay sectores en el narco muy interesados en comprar riesgo", dice.

La revelación de Reguillo tiene sentido: de los cuatro narcomenudistas que entrevistamos además de Tun Tun, ninguno cae en el lugar común del joven pobre y sin dinero.

Los cinco dealers tienen o están estudiando una licenciatura, una ingeniería o una carrera técnica. Viven en sectores de clase media y todos concuerdan en que están en el negocio "por una lanita extra". Todos han dejado un empleo seguro en la maquiladora y han tomado el narcomenudeo como un empleo fijo.

Reguillo dice que es obvio que Tun Tun dejara la maquila: "La venta de riesgo no lo criminaliza, ni debería de ser así, pero permite ver el fenómeno como un tema estructural. No se trata sólo de un asunto de genes de jóvenes".

La visión de la especialista abre la puerta a echar una mirada justa al fenómeno del narcomenudeo: no son ni víctimas ni victimarios. Ella explica que, al considerarlos en este esquema de "venta de riesgo", los narcomenudistas no están en los extremos en que los que frecuentemente se les cataloga. Es decir, no son gente pobre y marginal que pueden poner su condición como excusa para vender drogas, pero por otro lado tampoco lo hacen sólo por dañar a los demás.

Aproximarse al tema desde la perspectiva de la "venta de riesgo" permite expresar el problema en su complejidad total y verlo en una línea de claroscuros.

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En Ciudad Juárez la droga se mueve como un ferrocarril. Va sobre los rieles de las avenidas Tecnológico y Manuel Gómez Morín, dos vialidades donde se reúnen las clases media y alta, dos referencias de lo que la urbe quiso proyectar en algún momento.

La entrevista se ha convertido en un monólogo. Más que preguntas y respuestas, Tun Tun nos da una clase: habla de las tendencias, de los movimientos, de las personas que trabajan en la "venta de riesgo": "La venta en tienditas ya es muy difícil que suceda. Y si encuentras una, seguro va a estar rodeada de policías que te van a atorar saliendo y te van a tumbar toda la feria y la droga".

Tun Tun dice que la droga que no se pone en movimiento se "mosquea". Por eso también los picaderos tradicionales, esos sitios donde antes la gente iba a drogarse, ya no funcionan ni para los vendedores ni para los clientes. En palabras del narcomenudista, a los únicos a los que les convienen esos sitios es a los policías.

La tendencia en la venta, según Tun Tun y El Rapa —otro narcomenudista con quien hablamos después, licenciado en Sistemas Computacionales—, es el movimiento. "Con que me mandes un mensajito o me hagas una llamada, y me digas dónde nos vemos, en unos treinta minutos, una hora, yo llego. Tú te acercas, nos saludamos, me das el dinero, te doy la droga y fuga", dice El Rapa. Hace pocos tuvo una entrevista de trabajo como operador de asistencia técnica de una empresa estadounidense. "A veces tengo que dejar mi jale (como narcomenudista) para hacer algo de provecho", dice entre risas. Un caso más fuera del estereotipo.

La cosa es moverse, pero de forma calculada. Tun Tun habla sobre ese ferrocarril que no toma rutas alternativas, que sigue una ruta fiel: lo estático en el movimiento. "No ando por todas partes, me muevo en las avenidas principales: Gómez Morín, Paseo Triunfo de la República, Tecnológico. A veces la Ejército Nacional, Las Américas, pero principalmente ésas".

Lo que Tun Tun cuenta lo sabe por estar en la calle, aunque esa información también la tienen las autoridades —les llega tarde, pero les llega—. En 2011 el alcalde de Ciudad Juárez, Héctor Murguía, avisó en una declaración de estos cambios en la forma de narcomenudeo: "No es fácilmente identificable el vendedor de droga en un lugar específico, porque se andan moviendo por toda la ciudad. Mucho del problema es que algunos traen cantidades irrisorias, y eso complica combatirlo".

En Ciudad Juárez se quiso atacar la muerte y en su lugar sólo se logró que el narcomenudeo evolucionara. También la violencia. Durante 2013, según datos de la Fiscalía General del Estado, han habido 313 homicidios en la frontera. Cada mes se incrementan: en enero hubo 26 asesinatos; en julio, 33; y en agosto, 49.

Las autoridades descubrieron que los asesinos, en su mayoría, estaban distribuidos en cuadrantes. Si alguien quería asesinar a alguien en la colonia Nogales, bastaba con que hablara con alguien de la zona para que este llegara caminando a la casa de la víctima, lo asesinara y después regresara a su guarida inicial. Esto con la intención de que los sicarios no recorrieran distancias largas y no pudieran ser arrestados. Ante eso la Policía municipal combatió la sectorización con sectorización y asignó cuadras específicas a las parejas de policías.

Pero los muertos seguían apareciendo en la ciudad. Lo único que cambió con las nuevas estrategias es que el ferrocarril de la droga se puso en movimiento y cambiaron las viejas y sedentarias tácticas. Cifras de los Centros de Integración Juvenil, de la Secretaría de Salud federal, señalan que el final de los picaderos no está cerca. Sin embargo, de unos 10 mil que operaban en lugares estáticos de la ciudad hace diez años, hay ahora menos de 6 mil.

Las cifras de narcomenudistas activos en esta ciudad son casi imposibles de conseguir. La máquina ha estado en marcha por más años de los que uno puede mirar atrás. El ferrocarril de la droga es más largo que la línea de tiempo de la guerra contra el narcotráfico: el narcomenudeo ha estado aquí antes y después de que Ciudad Juárez fuera llamada "el epicentro de la violencia en México".

La Secretaría de Seguridad Pública federal ha arrestado a unos 12 mil 700 narcomenudistas en los últimos cinco años. Es decir, unos siete diarios. Pero hay dos números interesantes que vienen de otros lados y que pueden verter una luz más clara sobre el pantanoso camino de las cantidades: el mismo Centro de Integración Juvenil estima las ganancias del narcomenudeo en unos 115 millones de dólares anuales. Por otro lado Yira Ochoa, coordinadora de los jueces de Garantía —encargados de velar por los derechos de los imputados durante la investigación que realiza el Ministerio Público—, ha contado hasta 99 audiencias en un solo día por casos de narcomenudeo.

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Las avenidas por las que corre el ferrocarril de la droga son las mismas que forman parte del programa Corredores seguros, que consiste en policías que dan rondines para vigilar los negocios de la zona comercial.

El plan lo implementó el ex presidente Felipe Calderón y contemplaba originalmente nueve vialidades, pero al final se instaló solamente en tres. Preguntamos a los gerentes de los principales negocios que hay sobre la avenida Gómez Morín su opinión sobre el funcionamiento del programa. La mayoría dice que "jala a medias". Lo dicen así, con poco entusiasmo, pues el 7 de mayo cuatro personas fueron asesinadas dentro del restaurante Montana y los responsables lograron escapar.

ZONA CENTRO. En las avenidas principales, cerca de los antros y centros de diversión, se han realizado retenes y y operativos contra el narcomenudeo.

"Digamos que si pueden venir unos sicarios, asesinar a varios en un restaurante y darse a la fuga, los narcomenudistas no tienen ningún problema para operar", dice el gerente de uno de los restaurantes que está sobre la misma cuadra del Montana.

Tun Tun opina lo mismo: "Son corredores seguros a medias". Deben serlo si una de esas avenidas —"la Gómez"— es donde él opera a menudo.

—¿Y qué pasa con los corredores seguros? ¿No es demasiada vigilancia?
—Pues ni creas, siempre hay policías pero te los burlas. Por ejemplo, el cliente y yo nos vemos en un Del Río (una cadena de tiendas de conveniencia), o en un Oxxo, lo que sea, nos bajamos por un agua y ahí mismo le doy el pase, me da la feria... es rápido el bisne.

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La droga es un ferrocarril. Es una máquina producto de la industria. Una bestia que gira sobre unos rieles estáticos con nombres que hablan de los deseos de una ciudad para su futuro.

En este mismo instante en que este texto está siendo leído el chu-chu suena en las calles, imparable. Es un tren fantasma que a pesar de su incómodo tamaño nadie logra ver ni escuchar. ¿Ya lo escuchas?

LAS CALLES DEL NARCOMENUDEO. La zona comercial de Ciudad Juárez, llena de tiendas, bares y restaurantes, es donde operan los narcomenudistas pese a la vigilancia policial. Los comerciantes señalan que las medidas preventivas del gobierno no han funcionado como deberían.

LUIS CHAPARRO Y JESÚS SALAS viven en Ciudad Juárez. El primero es periodista independiente y el segundo es reportero de 'El Diario de Ciudad Juárez', y amigo de 'Tun Tun'. Luis dice que, durante mucho tiempo sus mejores amigos fueron 'dealers' de la colonia donde vivía, hasta que sus vidas fueron tomando rumbos distintos y él terminó como periodista. En Twitter están como @Luiskuryaki y @jessus_salas.