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Touchdown en lencería

Cuando parecía imposible hacer más atractivo este espectacular deporte, a alguien se le ocurrió llevar una fantasía a la realidad: veinticinco bellezas saltaron al emparrillado a partirse el alma… ¡en ropa interior! Nueve años después de aquel hecho sin precedentes, esta versión mejorada de futbol americano toma fuerza en México
REQUISITOS. Para poder formar parte de uno de los diferentes equipos de "futbol lingerie" en México, primero las jugadoras deben hacer un "casting" de belleza. (FOTO: Jorge Serratos )

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Por Rodrigo Pérez Rembao. Fotos Jorge Serratos
| domingo, 8 de diciembre de 2013 | 00:10

Tom Brady había ganado ya su primer Super Bowl contra los Rams de San Luis en 2002. Un par de años después, Patriots eran amplios favoritos para derrotar a Panters y conquistar el segundo campeonato en la historia de la franquicia. Los dos primeros cuartos del encuentro, sin embargo, habían resultado más peleados de lo esperado. Catorce puntos para Nueva Inglaterra, diez para Carolina, anunciaba el marcador mientras los equipos se retiraban del campo para dar paso al espectáculo de medio tiempo. Minutos más tarde, 100 millones de telespectadores se sorprenderían al ver cómo Justin Timberlake le arrancaba una parte del vestuario a Janet Jackson y la dejaba por unos segundos con un seno al aire. Hicieron que pareciera un accidente pero días después la propia cantante confesó que todo había estado planeado. Ése fue el año del famoso nipplegate, que seguramente muchos recuerdan. Lo que pocos saben es que, mientras la Jackson le mostraba al mundo sus atributos, a través de la cadena CBS y todas sus repetidoras, una mucho menor audiencia se deleitaba con un espectáculo inédito hasta entonces y reservado al esquema de pago por evento: la primera edición del Lingerie Bowl; o, dicho de manera más clara: el primer partido de futbol americano jugado por modelos y playmates vestidas en lencería. Una fantasía de muchos finalmente se había convertido en realidad.

Nueve años después…

En el domo del Deportivo Plan Sexenal, en la colonia Nextitla de la Ciudad de México, se ha instalado una gran alfombra de pasto artificial. Todo está listo para que se lleve a cabo el primer partido de la Liga Iberoamericana de Bikini Football (LIBF) programado para este sábado: Panteras vs Vudú, dos equipos del DF. Al fondo, junto a la consola donde baila una despampanante DJ mientras elige la canción que mantenga encendidos los ánimos del público, una docena de fotógrafos disparan sus cámaras sin tregua. La consigna es clara: capturar cuantas imágenes sea posible de las jugadoras, quienes no tienen ningún problema con interrumpir una y otra vez su calentamiento para volver a posar. Es evidente que tienen experiencia haciéndolo y que disfrutan de lucir su cuerpo atlético, cubierto apenas con lo estrictamente necesario: un top tipo bra y un minishort (de esos que una guía del buen vestir referiría bajo el singular apelativo de “cacheteros”). Las modelos son tan seductoras que los fotógrafos terminan por romper los protocolos y empiezan un frenético intercambio de cámaras entre colegas. “¿Me tomas una foto con ella?”, dicen cada vez con menos vergüenza.

En las gradas, con cupo para más de 2 mil personas, quedan cada vez menos espacios vacíos. “¿Quién va a ganar?”, le pregunto a una señora acompañada de su familia, todos vestidos de negro. “¡Las Panteras!”, responde sin titubeos, y lo reitera encimándome una cartulina que lo constata en mayúsculas. “¡Venimos a apoyar a mi hermana, que es una de las receptoras!”, complementa una chica de ojos chispeantes a quien no le calculo más de veinticinco años. Entre el público predomina el sexo masculino, sí, pero no tanto como había imaginado. Me acerco a un par de adolescentes que deberían ganar el casting para protagonizar una película de Beavis & Butthead. Están tan entretenidos rumiando sus ocurrencias que tardan en advertir que estoy a un lado suyo, queriendo hablar con ellos. “¿Qué onda? —pregunto al fin— ¿Cuáles son las buenas?”. Los chamacos muerden el anzuelo y escupen entre carcajadas: “¡Todas! ¡Todas están bien buenas!”.

La fantasía se convierte en liga deportiva

Famosa por sus frecuentes apariciones en la revista Sports Illustrated modelando trajes de baño, y por su participación en películas como Last Action Hero y Another 9½ Weeks, Angie Everhart fue elegida como mariscal de campo y capitana del equipo New York Euphoria. En la contraparte, para liderar a Los Angeles Dream, se designó a Nikki Ziering, cuyo mayor mérito había sido (y es hasta hoy) su nombramiento como playmate del mes de septiembre en 1997. Junto a estas dos bellezas, otras 23 curvilíneas jugadoras de fama relativa por pequeños papeles en cine y televisión, formaron parte del enfrentamiento que se transmitió el 1 de febrero de 2004 durante el medio tiempo del Super Bowl XXXVIII.

Las ganancias obtenidas por el espectáculo, según declaró Mitch Mortaza, creador del concepto y productor ejecutivo, superaron las expectativas. Tan fue así, que en 2005 y 2006 se llevaron a cabo las ediciones II y III del Lingerie Bowl con nuevas alineaciones de bellezas. Y aunque la inercia se interrumpió en los siguientes tres años, siendo necesario cancelar el evento por diversos motivos, Mortaza contraatacó a principios de 2009, al anunciar el nacimiento de la Lingerie Football League (LFL), con la participación de diez equipos. A partir de septiembre de ese mismo año, los aficionados a este nuevo deporte podrían disfrutar, no de un partido anual, como hasta entonces, sino de 21, programados para cada viernes (a excepción del juego final por el campeonato, que se llevaría a cabo durante el medio tiempo del Super Bowl, como había venido ocurriendo desde sus inicios). “Será algo así como Disneylandia para los aficionados al futbol americano”, prometió el productor. Destacaba que ahora sí los equipos tenían entre sus filas a verdaderas atletas, con exjugadores de la NFL como entrenadores, lo que aseguraba un mejor nivel de competencia; esto, por supuesto, sin dejar de lado el tema del atractivo visual, pues el uniforme seguiría estando compuesto de ropa interior.

Los partidos de la LFL empezaron a transmitirse en nuestro país desde el inicio de la primera temporada, por los canales MultiPremier (en vivo) y 52mx (diferidos), ambos de MVS Televisión. La respuesta del público mexicano fue tan buena que la liga decidió llevar el juego de estrellas a Monterrey, Nuevo León, una sede que parecía más rentable que Londres, Tokio y Toronto, otras de las ciudades que habían sido consideradas para el evento. Tras el partido, Mortaza dijo estar muy satisfecho con la asistencia y aseguró ante los medios que el show regresaría a México el año siguiente. No fue exactamente así, pues el juego de 2011 se realizó en Canadá, pero, aunque tarde —en mayo del año pasado—, el presidente de la liga cumplió su promesa llevando a la LFL al Palacio de los Deportes, en el Distrito Federal.

La lencería llega a México

Justo sobre el elástico del short, arriba de la nalga izquierda, Gamis tiene tatuada la huella de un beso. “Kiss my ass!”, se lee bajo esos labios rojos, en lo que podría considerarse una declaración de principios. Su apacibilidad mientras la entrevisto en un restaurante contrasta con lo que lleva inscrito en la piel y, sobre todo, con lo que vi en ella unos días antes, luchando a muerte por avanzar la mayor cantidad de yardas posible con el balón; y es que, en el campo, vistiendo el uniforme de los Tigres de Bengala, Elsie Gamiani Meade, mejor conocida en el campo de juego como Gamis o La Wera, se convierte en una verdadera fiera; tremendamente sexy… pero fiera.

Ligada al futbol americano desde niña, cuando la llevaban a ver jugar a sus primos y hermanos, la hoy corredora de Tigres se estrenó en la cancha a los 14 años, siendo parte de un equipo de flag football (mejor conocido como “tocho bandera”). Entonces empezó a adquirir destreza para atrapar pases y correr con el balón, pero se mantenía al margen de los golpes, pues en esta variante de futbol americano no existe el contacto. La cosa cambió años después, cuando decidió probarse en el futbol equipado, cuyas reglas son las mismas que en el varonil, y descubrió que la rudeza no le venía mal, sino todo lo contrario. Gamis estaba más que lista para jugar futbol lingerie… solo hacía falta que naciera una liga en México.

Los primeros pasos se dieron en Guadalajara, a mediados del año pasado; esto de acuerdo con Edmundo Serratos, Director Creativo de Pretty Girls Football League (PGFL), que presume de ser la primera liga mexicana de futbol lingerie. Con la idea de crear en México algo similar a la LFL, la agencia de modelos Núcleo Model Management y Sport Solutions, una empresa enfocada a la venta de aparatos para gimnasio, organizaron juntos un primer partido de exhibición, al que llamaron Saturday Night Football. Los equipos que se enfrentaron esa tarde de junio fueron South Feeling y North Loyalty, y estaban conformados tanto por modelos como por jugadoras de “tocho bandera”, más o menos en igualdad de proporciones. El público respondió tan bien a este espectáculo que los organizadores lanzaron una convocatoria a nivel nacional buscando jugadoras interesadas en formar nuevos equipos en el interior del país. Las piezas se estaban acomodando para que, en octubre de este año, la PGFL arrancara su primera temporada con equipos de Manzanillo, Culiacán, Puerto Vallarta, San Luis Potosí y dos de Guadalajara. Pero para entonces no era ésta la única liga de futbol lingerie ya operando. Después de que la PGFL empezara a dar de qué hablar con el Saturday Night Football surgieron otras dos iniciativas buscando dar cauce a este nuevo deporte en México: la primera de ellas, con sede en la capital del país, terminó consolidándose como la Liga Iberoamericana de Bikini Football (LIBF) en diciembre de 2012; la segunda, ubicada en Guadalajara al igual que la PGFL, se convirtió en la Liga Mexicana de Football Lingerie (LMFL) en febrero de este año. Fue en esta última en la que Gamis y su recién formado equipo Tigres de Bengala se inscribieron para jugar su primera temporada.

CANCHA REGLAMENTARIA. El futbol lingerie o bikini se juega en un campo de 50 yardas de largo por 30 de ancho. Cada equipo cuenta con siete elementos que juegan tanto a la ofensiva como a la defensiva, y no hay patadas de despeje ni goles de campo.

Atletas o… ¿teiboleras?

En el domo del Plan Sexenal los fotógrafos siguen retratando (y retratándose con las) jugadoras. Cerca de la zona de los flashazos, Osvaldo Ochoa, presidente de la LIBF, arregla el mundo desde su celular. Al menos esa impresión me da, al verlo tan metido en su papel de jefe y tan acostumbrado a los encantos de “mis jugadoras” (como él mismo dice cuando se refiere a ellas). Una vez que resuelve sus pendientes me hace una seña para que me acerque a entrevistarlo. Con la algarabía de las porras que nos llega desde las gradas, inicia nuestra conversación.

—Osvaldo: ¿de qué trata lo que estoy a punto de ver? ¿Es una verdadera competencia deportiva o solo un show con atractivo visual? —Su gesto delata que ha tenido que responder lo mismo en múltiples ocasiones.
—A ver… el hecho de que usen ese uniforme no significa que sean teiboleras ni mucho menos…
—¡Yo nunca dije eso!
—La indumentaria es sólo un accesorio, un gancho para atraer gente… que además es muy parecido al que utilizan las chavas que juegan voleibol playero…
—Sí, pero ellas están en la playa, justamente. ¡Además no juegan un deporte en el que expongan el físico a los golpes del rival!
—Incluso, si ves el uniforme de las gimnastas, es mucho más pequeño.
—¿Sí lo es?
—Mis jugadoras realmente son deportistas y tenemos que empezar por respetarlas.
—Yo nunca he querido faltarles al respeto... ¿Cuáles son los requisitos para entrar a formar parte de esta liga?
—A diferencia de lo que se hace en otras ligas, que es un try out en el campo, para ver las cualidades fisicoatléticas de las jugadoras, aquí lo que hacemos es un casting, como si se tratara de modelos o edecanes. Vemos el físico de las chicas y evaluamos qué tan bien se verían en bikini. Si no saben jugar no importa… después nos encargamos de enseñarles.
—¿No habíamos quedado en que eran atletas...? ¿Y una vez que son aceptadas deben pagar una cuota de inscripción?
—No, al contrario: ésta es una liga profesional que le paga un salario a sus jugadoras.
—Entonces deben de tener patrocinadores…
—No… ¡De hecho, los necesitamos! —Osvaldo pone el mismo gesto de hace unos minutos—. El asunto es que, como te decía, tenemos que acabar con esa idea errónea sobre el atuendo de las chicas; mientras no nos crean que son verdaderas atletas… ¡hay marcas muy quisquillosas!
—¿Eso ha sido un inconveniente al buscar marcas que apuesten por este deporte?
—Sí. Incluso hay diputadas y otras defensoras de las mujeres que dicen que las estamos denigrando… ¡no se dan cuenta de que son ellas las que las están haciendo menos! A veces el peor enemigo de una mujer es otra mujer.
—¿Cómo imaginas este deporte a la vuelta de cinco años?
—Como una potencia —dice con mucha seguridad—. Incluso, podría llegar a ser más importante que el futbol soccer. Simplemente, pon a un jugador de soccer al lado de una de mis jugadoras a ver quién llama más la atención.

Estoy por darle las gracias cuando una voz festiva sale de las bocinas para anunciar la entrada de los equipos. Ante la ovación del público aparecen las Panteras, quienes corren en fila hacia el centro de la cancha. La jugadora al frente ondea una enorme bandera con el escudo del equipo, dándole más espectacularidad a la presentación. Osvaldo parece inquieto por irse, así que arrojo una última pregunta antes de que sea tarde.

—¿Qué le dirías a una chica que dude sobre la posibilidad de jugar futbol lingerie?
—Que si es mayor de 18 años y quiere escribir una historia interesante en su vida, éste es el lugar para hacerlo.

Como el amor

Ahora Alicia solo gana 2,000 pesos por partido, pero algún día le gustaría poder vivir del futbol lingerie, tal como se los ha planteado el propio Osvaldo. Mientras, la tacle del equipo Angels, de la LIBF, sigue trabajando como maquillista y edecán, de donde obtiene la mayor parte de sus ingresos. De madre cubana y padre mexicano, Alicia Rojas, alias Cuba, me aclara que, para ella, jugar futbol americano no sería tan divertido si no se tratara también de mostrar un poco el físico.

“Me da gusto poder decir: ‘Estoy guapa y me atrevo a jugar futbol americano en bikini’”. Entonces lanzo la pregunta obligada: “Y tú ¿a qué crees que venga el público: a ver futbol americano o a ver bikinis?”. Cuba medita su respuesta hasta encontrar la metáfora adecuada: “Yo creo que esto es como el amor, que primero entra por lo físico y, después, conforme vas conociendo a tu pareja, aprendes a apreciar otras cosas. Aquí primero vienen a ver el calzón —o lo que está bajo el calzón— y después se alucinan con las jugadas. Dicen: ‘¡Guau, juegan en calzones y no se quejan por los golpes’!”. Gamis, que juega en la LMFL, piensa parecido a Cuba: “Si no me gustara mostrar mi cuerpo me hubiera quedado jugando equipado… porque tampoco es fácil llegar, ponerte un shorcito, un topcito y ‘ora sí vamos a jugar’. Sí, me considero sexy, y creo que no hay mujer a la que no le guste ser considerada sexy”. En lo que difiere con la jugadora de Angels es en la manera de entender este deporte que, según dice, practica porque le gusta, no por obtener una remuneración. De hecho, en la LMFL las jugadoras, no solo no reciben un pago por jugar, sino que deben costear la inscripción a la temporada, así como sus uniformes, equipo y gastos de viaje, cuando les toca jugar de visita. “El tema de los costos fue difícil para el equipo —comenta América Peña, mariscal de campo en Tigres de Bengala—. En total, cada una gastamos como 10,000 pesos por la temporada”. Pese a todo, América está dispuesta a seguir jugando en esta liga, pues el futbol americano es una de sus grandes pasiones —al igual que las artes marciales, el modelaje y la música electrónica—, por algo lleva más de diez años jugándolo.

Además de ser una de las jugadoras más importantes en Hunters, un equipo de Guadalajara, Alessandra Oliver funge como directora administrativa de la LMFL. Como tal, uno de sus principales propósitos es lograr, primero, que las jugadoras no tengan que pagar por practicar este deporte. “Debemos hacer muchas cosas para que esto dure, no uno, dos o tres años, sino toda la vida. Para empezar, hay que hacernos más publicidad, algo que hasta ahora ha funcionado para que las empresas se acerquen a ofrecernos patrocinios”.

Por su belleza, Nadia Pardo, líder del equipo Vudú, es una de las consentidas del público. Contra lo que pudiéramos imaginar, esta chica de 23 años confiesa no ser aficionada al futbol americano profesional. “Me puedo sentar a ver un partido, pero la verdad es que no me gusta tanto. Sé que es un pecado pero mentiría si dijera otra cosa”. Nadia, que además de ser estudiante de Arquitectura trabaja como edecán y modelo, vio la posibilidad de jugar en la LIBF como una oportunidad para obtener un ingreso extra. Ahora, sin embargo, dice que la práctica de este deporte se ha convertido en una auténtica pasión, además de sentirse muy halagada con las muestras de cariño que recibe del público. “A los hombres les encanta que las mujeres jueguen futbol americano; y qué padre que, además, podamos mostrar un cuerpo bonito. Me encantan los fans, que siempre me están mandando mensajes por Facebook... son un amor”.

Fuera lencería

Hoy en día, la LFL cuenta ya con 12 equipos en Estados Unidos, cuatro en Canadá y cuatro más en Australia (cuya primera temporada arranca este 8 de diciembre). Además, el plan es que en 2015 este deporte llegue a Europa, donde podría constituirse una nueva liga con los equipos de Manchester, Dublín, Hamburgo, Dusseldorf, Barcelona y París. Sin embargo, y a pesar de su popularidad creciente, en enero de este año Mortaza anunció que la Lingerie Football League iba a desaparecer. Pero esto no significaba que la afición se iba a quedar sin la belleza de este deporte; solo se trataba de sustituir la lencería por ropa “de alto rendimiento”. El significado de esta expresión quedó en ascuas unos días, hasta que la recién nacida Legends Football League presentó a la prensa los nuevos uniformes, que, para beneplácito de los aficionados, resultaron tan generosos a la vista como los anteriores. El cambio, según Mortaza, tenía como fin proyectar mayor seriedad, pues había recibido algunas críticas al respecto. Desde entonces, en vez de mujeres jugando futbol americano en lencería, vemos a mujeres jugando en bikini.

En México, este nuevo deporte poco a poco adquiere más fuerza. Las tres ligas hasta ahora existentes (en conjunto suman más de 350 jugadoras) hacen un esfuerzo importante por dar a conocer este espectáculo en el que el atractivo visual se combina con una verdadera competencia deportiva. Y si todavía hay quien cree que estas chicas no pegan ni reciben golpes o no son capaces de hacer una recepción, que vaya a ver un partido; ahí, estoy seguro, dejará todas sus dudas.

RODRIGO PÉREZ REMBAO es tan aficionado a ver partidos de futbol americano como a contar historias (más si son protagonizadas por mujeres), por lo que este reportaje le vino de maravilla. Editor, guionista, reportero y narrador, es pésimo, sin embargo, para ganar en las quinielas deportivas.