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Todos son unos payasos

Que un cirquero quiera gobernar dice todo de la política mexicana. Esta es la historia de una aspiración surrealista, con votantes muertos, ocurrencias y desatinos. Es la de Lagrimita… el candidato que siempre sí fue y piensa que es más fácil aprender a ser político que “quitar mañas”, porque todo, acepta, es un espectáculo.
Lagrimita Es un payaso con aparente inocencia en sus chistes y en sus palabras. Guillermo Cienfuegos repite la fórmula. “Trabajo para quien me contrate”. (FOTO: JORGE ALBERTO MENDOZA )
TEXTO Mario Gutiérrez Vega /FOTOGRAFÍA Jorge Alberto Mendoza
| domingo, 7 de junio de 2015 | 00:10

La gran fachada pierde impacto frente a los vehículos estacionados en la cochera abierta: un Corvette rojo, un Peugeot RCZ blanco, una camioneta Honda y un Fiat rojo compacto. Los coches último modelo atraen la mirada, deslumbran. La estampa del pórtico se llena de sol, palmeras y reflejos que transportan de inmediato a California, con sus casas de paredes blancas y tejas marrones. Avanzo por la cochera y unos plásticos colocados en los faros delanteros de dos autos —que simulan largas pestañas— me regresan de golpe a la realidad. Son los coches de las mujeres de esta casa enclavada en Valle Real, uno de los fraccionamientos más exclusivos de la zona metropolitana de Guadalajara.

Es un peculiar toque femenino que no aparece al interior de esta vivienda de dos plantas, donde la luz del sol se desvanece para dar paso a cristales, espacios limpios de decoración, líneas delgadas y detalles minimalistas. En la sala, un diminuto sillón rojo rompe con el contraste entre negro y blanco que se agolpa en las paredes, en el piso, en el techo y en un largo sillón. Pero nada transgrede, no hay novedad, la decoración reproduce tendencias e imita. En la planta baja no hay referencias, nada que remita al circo. Ni un detalle que indique que es una familia de payasos.

Es 11 de febrero y tampoco parece el hogar de quien busca ser candidato independiente a la alcaldía de Guadalajara. No hay periódicos ni papeles por aquí o por allá. Uno esperaría ver un recorte perdido de lo que se dijo ayer sobre los sueños políticos de Guillermo Cienfuegos, mejor conocido como Lagrimita ni a su hijo Costel con su declaración como aspirante a regidor municipal en la misma fórmula que su papá. Pero no, nada.

En la casa de Guillermo Cienfuegos hay una extraña tranquilidad, parecida a la de Valle Real, que contempla de lejos al resto de la ciudad aquejada por la violencia y el crimen. Valle Real confía su felicidad a una enorme barda que rodea al fraccionamiento y a varias casetas de vigilancia que controlan los ingresos. Aquí nadie puede andar sin permiso, por eso hay que esperar en la fila de visitantes varios minutos para entrar. En su taxi, Gustavo Flores me pregunta impaciente el destino. Cuando lo sabe, en su cara asoma una expresión que va de la sorpresa a la incredulidad. No aguanta más.

—¿Trabaja con él? — pregunta.

—No — contesto.

Silencio. Gustavo espera unos segundos antes de explotar en un largo discurso sobre la política, el mal gobierno, el hartazgo ciudadano y esa realidad descompuesta que no parece llegar a estos rumbos de jardines impolutos. Una disertación tan larga que se mantiene incluso después de recorrer varias calles y dar vueltas equivocadas. Al detener su taxi frente a la casa de Lagrimita suelta a modo de conclusión:

—Todos los políticos son unos payasos y que un payaso quiera ser presidente lo dice todo... Atentan contra nuestra inteligencia con tanta pendejada.

 

Payasillo desde chiquito…

 Lagrimita es el payaso de Guadalajara. No hay otro que se identifique tanto con la ciudad. Cualquiera apostaría que Guillermo Cienfuegos es un tapatío de cepa, pero nació en la Ciudad de México (1961), donde el circo le ha dado más satisfacciones. En ese inacabable territorio que es la Ciudad de México, desde hace años ha llevado su espectáculo por todos los rincones en largas temporadas. 

En la sala de su casa, este payaso hace negocios en pantalón de mezclilla, camiseta y tenis. Quiere traer su circo a Guadalajara, pone el altavoz del teléfono, busca con quién asociarse, analiza las posibilidades. El circo siempre le ha permitido estar en contacto con la gente, tener exposición pública. Y, por supuesto, ganar dinero.

Estudiar no le llamó la atención. A los seis años de edad le dijo a su mamá que quería ser payaso y ocho después ya estaba en el Circo Morales, en el Estado de México, haciendo su primera presentación profesional. Abandonó el bachillerato, aprendió a bailar, actuar, tocar instrumentos y maquillarse. La carpa fue su escuela. Y ha sido su soporte en buenos y malos momentos.

En los primeros años de carrera artística estuvo en las pistas de los circos más afamados del país y ofreció su show en fiestas infantiles. Poco a poco se acercó a la televisión, donde comenzó con pequeños segmentos en Televisa. La fiesta de Lagrimita fue su primer programa en solitario, pero el que lo llevaría a la fama, en 1991, se llamó Vamos a jugar jugando, que condujo con Eduardo Lalo Armendia. Gracias a este programa Guillermo Cienfuegos se afincó en Guadalajara.

 La pareja Lalo y Lagrimita fue un éxito televisivo local y nacional. Más de siete años al aire, tres discos y gira por todo el país con el circo que llevaba sus nombres. Veinte años después de su primera aparición en el Circo Morales, Lagrimita ya tenía carrera sólida y la fama necesaria como para emprender proyectos en solitario. Lalo y Lagrimita se separaron, jamás volvieron a trabajar juntos.

 Lagrimita siguió con sus presentaciones en fiestas de cumpleaños, en el circo y en programas de radio. Durante años intentó volver a Televisa de Occidente, hasta que en 2002 llegó la oportunidad de una aparición sabatina en compañía de su hijo, el payaso Costel. Regresar a la televisión fue aire puro. Triunfó de nuevo en la pantalla chica y al lado de Costel conquistó la barra infantil, lo que les permitió entrar con éxito a la industria discográfica. Sencillo musical que lanzaban, alcanzaba los primeros lugares de popularidad. La música les ayudó a rebasar fronteras.

En 2007, Liberman Broadcasting los firmó para realizar un programa cómico y de concursos dirigido a la comunidad hispana del sur de Estados Unidos. Y ahí siguen. Llevan más de siete años de constantes viajes a Burbank, California, para grabar el Show de Lagrimita y Costel, parte de la oferta de programas de Estrella TV, cadena que nutre sus filas con actores y comediantes que han trabajado para Televisa.

 

No es lo mismo la payasada que la grilla

Frente a la prensa, Lagrimita es el que da la cara. Pocas veces Guillermo Cienfuegos es requerido para una entrevista. En el circo y en la televisión, el que vale es el hombre de la nariz roja o morada, siempre acostumbrado a un trato cordial de los periodistas de espectáculos. ¿Qué se le puede recriminar a un payaso que busca hacer reír a los niños?

Pero con Lagrimita en la grilla electoral, Guillermo no tardó en conocer que en el mundo de la política las cosas son distintas. El 20 de enero, en su primer encuentro público como aspirante a candidato independiente, Lagrimita sudó frente a los reporteros. Recibió preguntas directas. En sus respuestas, apenas encontró palabras para acusar que había entre ellos algunos comprados por partidos y candidatos. 

Si Guillermo Cienfuegos hubiera revisado lo que se dice de Lagrimita en redes sociales, podría haber preparado sus respuestas. No es un secreto la historia de la mujer que en 2008 cayó de las gradas en un estudio de Televisa Guadalajara y quedó lesionada de muerte previo a la grabación de su programa Operación Talento; el caso se alimentó con versiones de que la mujer tuvo que subir a las tribunas porque acompañaba a una joven con parálisis cerebral que había sido quitada de primera fila para que no apareciera frente a las cámaras; por eso, su equipo de producción, Televisa y él son señalados por discriminar a los niños con discapacidad.

En foros de discusión de internet se le reprochan sus burlas y comentarios hacia las personas con sobrepeso.

También en redes circula el caso de una ex animadora de Operación Talento que asegura haber tenido un hijo de Costel cuando ella era menor de edad, quien fue despedida y no se reconoció la paternidad. En otros foros y blogs, los Payasónicos, un grupo de payasos de Monterrey, acusan a Lagrimita de plagiarles canciones y frases. En Google, la búsqueda “Lagrimita” arroja más de medio millón de resultados. Las referencias sobre su trayectoria artística han sido desplazadas por los artículos y comentarios que hablan de su incursión en la política. Unos meses de aventura electoral fueron suficientes para dejar en segundo plano décadas de carrera.

Tras ese tropiezo con periodistas, Lagrimita suavizó sus respuestas y midió sus palabras, envió a los reporteros con su equipo de campaña. Recibió asesorías sobre política, imagen pública y manejo de medios de comunicación. “Ya sabes, en la guerra sucia se sacan cosas que sucedieron”, me dijo como político en campaña —sin  risas de por medio— el pasado miércoles 11 de febrero, cuando hablamos en la cocina de su casa. Ahí comenzó a maquillarse para ir a recabar firmas al centro de Guadalajara.

Inició por sus ojos, los cubrió con una capa blanca que fue esparciendo poco a poco con una pequeña esponja. Después la boca, también de blanco y con su característico espacio sin pintar en el labio superior, para simular una sonrisa. Con una brocha extendió otra capa de maquillaje para opacar el brillo de toda la cara. Pintó los pómulos de un rojo intenso y debajo de cada ojo una larga lágrima blanca. Se enchinó las pestañas y coloreó los párpados de azul claro. Quince minutos después llegó el toque final, una pequeña pelota redonda color violeta pegada en su nariz. 

¿Firmas? ¡Qué barato!

Para ser candidato sin partido político a la alcaldía de Guadalajara, la ley le exigió recabar como mínimo el 2 por ciento de la lista nominal de electores del municipio, es decir, 23 mil 887 firmas de apoyo en 40 días; todas las firmas sustentadas con fotocopias de la credencial de elector vigente y dentro del padrón municipal. Nunca salió a la calle a conseguirlas, fue Lagrimita el que hizo el trabajo. En la calle y en las entrevistas impostó la voz y dejó que el payaso hiciera todo.

Nunca se escucharon propuestas concretas para gobernar. Su popular frase “¡Qué barato!”, la repitió sin cesar. Jugó con payasadas de la política y se autonombró “El payaso correcto”. En su hoja de presentación defendió su profesión, atizó a los políticos tradicionales y se despidió “con mucho amor”. Sólo Lagrimita podría escribir esas frases sin perder.

Su imagen no necesita posicionarse entre los tapatíos. En enero —a menos de un mes de hacerse público su interés por la alcaldía de Guadalajara— una encuesta señalaba que 24 por ciento de los entrevistados votaría por él. Sin una campaña electoral previa cualquier político anhelaría tener sus números. En contraste, el mismo sondeo arrojaba que más de la mitad de los encuestados creía que el payaso no estaba capacitado para gobernar Guadalajara.

—No sé de política —me contestó en la cocina de su casa, cuando se maquillaba. Y tras unos cuantos segundos de silencio, reviró: “Pero dime ¿qué es más difícil: aprender o quitar mañas?”.

Acompaño a Guillermo Cienfuegos en la recolección de firmas para conocer sus intenciones y entender por qué desea ensuciar su carrera artística al incursionar en un mundo tan desprestigiado. No es el primer payaso que ha buscado entrar a la política, otros como Botoncito, en Chihuahua, y Cometín, en Sinaloa, fueron candidatos a diputados en las elecciones de 2013. En comparación, la aspiración de Lagrimita parece de grandes ligas: encabezar una alcaldía que por su presupuesto, población e influencia política, es una de las más importantes del país.

 —¿Quién te dijo que buscaras ser candidato? — le pregunté mientras conducía su Peugeot RCZ rumbo al centro de Guadalajara para recabar firmas. 

—Desde que vi la inquietud en Costel por apoyar a la gente. Él me comentaba de los políticos, de que sentía tristeza que nos robaran y dije ¿por qué no le vamos dando forma a algo que está en sus planes hacer?

 

PPP: Payasadas para los partidos

No hubo más argumentos. Ni Televisa ni el PRI están detrás de su aspiración política, me aseguró. Y para que le crea, explica que en Televisa está vetado desde hace años y que ha votado por el PRI, pero hoy está desilusionado de los partidos políticos. Reconoció que los gobiernos priistas son buenos clientes de su show infantil. “He trabajado para Eruviel, pero también para todos los partidos, dicen lo de Eruviel porque es lo que les conviene”. Lagrimita fue un gancho recurrente en actos masivos de las campañas electorales de Eruviel Ávila en 2003 y 2009, ambas por la alcaldía de Ecatepec, Estado de México. El payaso atrajo multitudes. Como alcalde, Eruviel Ávila lo siguió contratando para ofrecer espectáculos infantiles con cargo al presupuesto municipal. La presencia de Lagrimita y Costel en las celebraciones del día del Niño y de Reyes Magos se hicieron costumbre en Ecatepec: ambos payasos se han presentado en más de diez ocasiones en la última década. Incluso, en 2014, ya al frente del Estado de México, su gobierno colaboró para que Lagrimita estuviera con motivo del 6 de enero en Ecatepec. “No soy su amigo. Eruviel nos agarró mucha confianza, le llenábamos los lugares donde estaba, le convenía y nos convenía”.

Tan frecuente ha sido su presencia ahí que la administración estatal de Enrique Peña Nieto también lo contrató para dar un espectáculo gratuito. Lagrimita no tiene certeza sobre la fecha, pero recuerda que ya con un show pactado en el norte del país, el gobierno mexiquense les pidió que ese mismo día se presentaran también en Toluca, por lo que enviaron a Lagrimita y Costel un avión privado, ¿por qué no? para que se trasladaran de una a otra con facilidad.

Lagrimita es un payaso con aparente inocencia en sus chistes y en sus palabras. Guillermo Cienfuegos repite la fórmula. “Trabajo para quien me contrate”.

Y asegura que no sólo los municipios donde gobierna el PRI pagan por su espectáculo, pues gobiernos delegacionales del PRD en el Distrito Federal hacen lo mismo, como sucedió hace años con el de Clara Brugada en Iztapalapa y en Xochimilco apenas en enero pasado. En ese mismo mes, en el marco de la festividad de Reyes Magos, los ayuntamientos priistas de Tultitlán y el de Cuautitlán Izcalli también pagaron porque se presentara el show de Lagrimita y Costel en su municipio.

 

 “Estamos en un número de circo, primero los changuitos, después los trapecistas y ahora  un minuto de Lagrimita”

Todo un personaje

Guillermo Cienfuegos estaciona su vehículo. El maquillaje le ha molestado durante el trayecto de Valle Real al centro de Guadalajara. La pintura se parte en su rostro. Contesta su celular, emite un par de monosílabos y cuelga. Es un empresario, también invierte tiempo y dinero en comprar terrenos, construir casas y venderlas. 

Baja del automóvil deportivo y se coloca guantes blancos. En las calles lo reconocen, la gente comienza a rodearlo. No hay peticiones, oficios ni reclamos que espera cualquier político. Es un artista. Si fuera un político, le pedirían solucionar un problema o le reclamarían que es uno de tantos que sólo busca su beneficio en año electoral. Pero lo único que quieren de él, y de Costel, es una foto, un autógrafo. Lagrimita está en su ambiente. Sonríe, saluda, se deja abrazar: Foto. Foto. Foto. Foto. Foto. Foto. Foto. Foto. Foto.  Foto. Foto. Foto. Foto. Foto. Foto. Foto. Foto. Foto. Foto. Foto. Foto. Foto. Foto. Foto. Foto. Foto. Foto. Foto. Foto. Foto. Foto. Foto. Foto. Foto. Foto. Podría estar todo el día y la fila seguiría.

Los dos payasos caminan por avenida Revolución y la calle Ramón Corona. Avanzan entre basura, bocinas con música a todo volumen y vendedores ambulantes.

—Si fueras presidente ¿qué harías por el centro de Guadalajara? —le pregunto.

Lagrimita levanta la mirada y lo primero que observa es una jardinera con un enorme árbol rodeado de tierra, sin pasto. “Plantaría más rosas. ¡Ve, no es posible, esta era conocida como la ciudad de las rosas!”, dice, otra vez, sin bromas de por medio. Muy en serio.

Las firmas ciudadanas que decenas de jóvenes recabaron en domicilios y las logradas por Lagrimita y Costel en la calle fueron agrupadas y ordenadas por su equipo. El lunes 2 de marzo entregó 27 mil 919 firmas, de acuerdo con el Instituto Electoral y de Participación Ciudadana de Jalisco (IEPCJ). Exultante, Lagrimita montó un show para llevar al IEPCJ las rúbricas en cajas envueltas y adornadas con un moño. Era un regalo para él: la candidatura a la presidencia municipal.

Entonces, ante los medios de comunicación mandó mensajes a los otros candidatos y los confrontó. Pero el espectáculo se vino abajo el 4 de abril, cuando la autoridad electoral le negó su registro como candidato independiente. El Instituto Nacional Electoral (INE) validó tan sólo 22 mil 899 firmas, que resultaban insuficientes para ser contendiente sin partido a la alcaldía.

El dictamen del INE estableció que Guillermo Cienfuegos entregó 341 registros que son bajas del padrón electoral, entre ellos, 194 por defunción, es decir, supuestos votantes que están muertos.  Además, el INE detectó 815 registros de un municipio diferente y mil 465 repetidos. En total, 5 mil 20 firmas se invalidaron por inconsistencias o por no coincidir con la base de datos del Registro Federal de Electores.

Creyente de la Biblia ─manda diario a su familia un mensaje por Whatsapp con un versículo bíblico─, Guillermo Cienfuegos dejó de creer en las autoridades electorales tras enterarse del fallo. “¡Qué feos, qué malos!”, les dijo en un comunicado del 5 de abril, en el que adelantó que su representante legal tomaría “las medidas necesarias” para revertir la decisión. Además, aseguró que había entregado menos firmas de las que decía el IEPCJ.

A su estilo, acusó a las autoridades electorales de “tramposos, chapuceros y chismosos”. Luego impugnó la decisión ante los tribunales electorales pero a su aventura política se le cayó el maquillaje, sin medios de comunicación que lo siguieran ni capacidad de convocatoria. Sin registro, hizo campaña en Guadalajara desde su circo e invitó a que en el espacio en blanco de la boleta electoral destinado a “los candidatos no registrados”, los votantes escribieran su nombre. Una ocurrencia más que avivó las burlas, rabia e indignación sobre sus intenciones políticas.

Chiste que se cuenta solo

Parecía lo último por contar en esta historia de desatinos, pero nueve días antes de la votación, apenas el pasado 29 de mayo, el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación ordenó que Guillermo Cienfuegos fuera incluido en la boleta y se le permitiera participar como candidato independiente.

De acuerdo con los magistrados del Tribunal, la autoridad electoral de Jalisco no le explicó cuáles fueron las inconsistencias en las firmas que presentó, con lo cual no se respetaron sus derechos políticos.

Con apenas cuatro días para hacer campaña, sin spots y 75 mil pesos en la bolsa para gastos electorales, Lagrimita celebró su entrada al circo de la política.

Todo ha sido un espectáculo, acepta Guillermo Cienfuegos, con payasos y changos incluidos. “Parece que estamos en un número de circo, primero fueron los changuitos, después los trapecistas y ahora le dejamos un minuto de actuación a… Lagrimita y Costel, a ver qué hacen en ese minuto”, dice después de enterarse de la resolución del Tribunal.

Al final, el chiste se cuenta solo. Para muchos, la candidatura de Lagrimita es un chiste de la política, otra de esas malas bromas que desacreditan al sistema electoral.

Por encima de las candidaturas de actores o deportistas, la postulación de un payaso —del  personaje maquillado y que nunca habla en serio─— es la más simbólica, la del absurdo de la política mexicana. Circo y maroma de la política en México.

 

Cuauhtémoc Blanco

Ex futbolista

Va por:  PSD

Busca: Alcaldía de Cuernavaca, Morelos

 

Carmen Salinas

Actriz

Va por: PRI

Busca: Diputación federal

 

 

 

Alejandro Camacho

Actor

Va por: Encuentro Social

Busca: Diputación federal

 

Andrés García

Actor

Va por: Partido Humanista

Busca: Alcaldía de Acapulco, Guerrero

 

 

Daniel Osorno

Ex futbolista

Va por: PAN-PRD

Busca: Alcaldía de El Salto, Jalisco

 

 

Patricio “Pato” Zambrano

Ex Big-Brother

Va por: PT

Busca: Alcaldía de Monterrey, N.L

 

 

Jackie Nava

Boxeadora

Va por: PAN

Busca: Diputación federal

 

 

César Bernardo Ríos “Emiliano”

Cantante

Va por:  PRI

Busca: Alcaldía de Cuautla, Morelos

 

 

Karla Marqueda

Ex presentadora de TV

Va por:  PT

Busca: Diputación local de Nuevo León

 

 

Beatriz García de la Cadena

Ex reportera

Va por: PT

Busca: Alcaldía de Guadalajara, Jalisco

 

Los partidos reciben del Instituto Nacional Electoral para esta campaña:
 
 
PRI    306 millones 726  mil pesos
PAN 257 millones 623 mil pesos
PRD 196 millones 394 mil pesos
PVE 96 millones 970 mil pesos
PT  84 millones 586 mil pesos
Nueva Alianza 80 millones 416 mil pesos
Movimiento Ciudadano 79 millones 773 mil pesos
Morena 23 millones 457 mil pesos 
Partido Humanista 23 millones 457 mil pesos
Encuentro Social 23 millones 457 mil pesos
Costo total 
de campañas 1,172 millones 863 mil pesos