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Silvia Pinal: la última gran diva

La actriz que ha logrado hacer comedia, drama de culto y melodrama con la misma calidad con la que actúa en películas de 'Tin Tan' y Luis Buñuel, nos recibe en su casa para hablar de su propia leyenda. Aquí los dejamos con Silvia Pinal... un admirable caso de la vida real
CUADROS. El retrato que hizo de ella Diego Rivera, que está colgado en su sala, lo donará al morir a un museo. No lo heredará a sus hijos. (FOTO: Federico Gama )
Por Gabriella Morales-Casas Fotos: Federico Gama
| domingo, 29 de septiembre de 2013 | 00:10

Hasta el más despistado ha visto El Inocente, esa película que Televisa transmite cada Nochevieja —escrita por el genial Luis Alcoriza— donde Pedro Infante es Cutberto Gaudaza, el mecánico popular con el que la aristócrata Mané —interpretada por Silvia Pinal— se tiene que casar después de una noche de copas de Año Nuevo.

"Es que es dificilísimo", fue la frase acuñada por esta niña bien, muchas décadas antes de que Anahí la replicara en Rebelde, o Karla Souza en Nosotros los Nobles. Eso sucedió en 1956 y Silvia Pinal, nacida en 1931, era una hermosa dama joven del cine cómico. Hoy es una regia señora de 82 años que regresa a la pantalla grande —después de una larga ausencia— con otra comedia, Tercera llamada, del director Francisco Franco, que se estrenó este 4 de octubre. "Lo que más me gusta de todo lo que he hecho, la verdad, es la comedia", dice en exclusiva para Domingo en su casa del Pedregal.

Muchas generaciones han conocido a Silvia Pinal, desde quienes la vieron en sus primeras comedias hasta los que la recuerdan en Mujer…Casos de la vida real, y sobre todo, en su trilogía de culto con el director Luis Buñuel.

De Tin Tan a Buñuel

Su gran talento cómico había enamorado a las audiencias desde su debut estelar con el grandioso Tin Tan en El rey del barrio, de 1950. Antes de los primeros castings y sus estudios de arte dramático en lo que hoy es el INBA, trabajaba en el área de Relaciones Públicas en una agencia de publicidad.

Por entonces, ni siquiera soñaba con lo que vendría después: ser un icono sagrado del cine de autor gracias a su interpretación como Viridiana, la película homónima del gran director surrealista Luis Buñuel.

El cineasta hizo varias películas en México, entre ellos Los olvidados, considerada por muchos listados cinematográficos como la mejor cinta en la historia de nuestro país.

Ese mismo honor tiene, en España, Viridiana, la única película de habla hispana ganadora de la Palma de Oro de Cannes. Silvia Pinal fue la protagonista y después se convertiría en la musa de Buñuel en una trilogía compuesta por Viridiana, El ángel exterminador y Simón del desierto.

"Los productores franceses se la persignaban con nosotros porque nuestra Viridiana fue mejor que las películas de ellos", recuerda doña Silvia, quien conoció a Buñuel en un homenaje que le hicieron en el Palacio Chino en la década de 1950.

"En esa época me hice muy amiga del actor y productor Ernesto Alonso —que había trabajado con Buñuel en Ensayo de un crimen y Los olvidados— y me dijo que me lo iba a presentar para hacer una película los tres", dice.

Buñuel preparaba entonces el guión de Tristana. "Me llevó a casa de Buñuel y él nos dijo que estábamos perfectos para los papeles, pero que todavía no la terminaba de adaptar", recuerda. Después se fue a París a trabajar en La joven y la película con ellos dos ya no pudo hacerse. Pero el tiempo acomodó todo para Silvia.

'VIRIDIANA' es la única película en habla hispana que ha ganado la Palma de Oro en el festival de Cannes.

Vender muebles

Justo cuando Buñuel escribía el guión de Viridiana, Silvia Pinal se fue a España a buscarlo. "Yo ya estaba casada con Gustavo Alatriste y él me dijo que me quería ayudar en lo que fuera. Se lo presenté a Buñuel, con quien en seguida hizo click y planeamos la película, con Gustavo como productor".

Así se gestó la obra maestra que en 2011 cumplió 50 años.

Silvia y Gustavo fueron productores ejecutivos, y, mientras ella filmaba, él vendía muebles en México para tener dinero. "Él me lo mandaba y yo dirigía la producción. Nosotros dimos la lana fuerte: se hizo con dinero mexicano y actriz mexicana", dice Pinal.

La película fue un escándalo en plena España franquista no sólo por sus connotaciones blasfemas, sino por sus sutiles protestas anti dictadura. Además, el gobierno del general Francisco Franco había aceptado que Buñuel regresara a rodar.

Los productores, Gustavo Alatriste y Pere Portabella, se llevaron la cinta a París para la post producción de sonido y así lograron sacarla de España.

Por iniciativa de Alatriste la inscribieron al Festival de Cine de Cannes, a pesar de la negativa de Buñuel. "Decía que no lo querían en Cannes y que él no les iba a rogar, así que nos llevamos a su hijo, Juan Luis", recuerda Silvia Pinal.

A la ceremonia llegaron tarde porque no llevaban la invitación y no los dejaron entrar. Después de que anunciaran que había ganado la Palma de Oro, subió para recibir el premio el jefe de Cinematografía de España, José María Muñoz Fontán. "Juan Luis dijo '¿pero ese viejo quién es? ¡Mi padre se va a morir!'", dice Pinal imitándolo, como buena actriz de comedia.

La palma de Silvia

El triunfo puso de cabeza a España, especialmente a Franco, quien prohibió la exhibición de la película. Alatriste y Silvia Pinal se trajeron la lata original de París hasta México de contrabando y la estrenaron aquí.

El destino de la Palma de Oro no fue menos accidentado. El premio llegó a manos de Luis Buñuel de forma casi inexplicable. "Nunca supimos cómo, pero se la dieron, luego circuló por todas partes", dice Pinal. Después los hijos de Buñuel le mandaron el trofeo a Silvia con una amiga. "Ella se lo trajo por avión, escondida en su bolso de mano", recuerda.

La casta y virginal Viridiana —cuyo tío viudo, Fernando Rey, la "ofendía con el pensamiento"— no fue el único rol de culto del dúo Buñuel-Pinal. Después hicieron El ángel exterminador en México. "Don Luis la quería hacer en Inglaterra. Siempre se lamentó de eso, de no hacerla allá, porque decía que la trama era muy inglesa", dice Pinal.

La cinta se desarrolla en una fiesta de la alta sociedad, de la que nadie puede salir por el dominio de una inexplicable fuerza que los pone en situaciones extremosas. "La casa existe, está en Polanco (Calderón de la Barca 308), y el candil lo compraron en un mercado", cuenta Silvia. "Todas las películas de don Luis tenían algo extraordinario desde la producción; todo ahí era muy divertido".

Aun con estos recuerdos, no presume de amistad con Buñuel. "Don Luis no fue mi amigo, fue mi maestro, mi mentor, ¡y además yo fui su productora!", dice entre risas, elegantemente vestida y luciendo unos discretos accesorios Tous de cuarzos y piedras rosadas.

No hay duda de que es una gran diva del cine mexicano, equiparable sólo con María Félix y Dolores del Río, con el atenuante para ambas en que Silvia las superó en versatilidad histriónica y en palmarés de distintos géneros.

La reina del melodrama

La prueba de que Pinal no fue flor de un día es que un año antes de su último trabajo con Buñuel, Simón del desierto, se transformó en la moderna sirvienta enamorada del patrón en María Isabel, un personaje que pasó de la fotonovela a la grande y que tuvo una secuela igual de exitosa: El amor de María Isabel.

Las dos cintas fueron filmadas en su casa del Pedregal y constituyeron un vínculo importante entre la actriz y el público del melodrama cenicientesco. Cosa rara porque a ella no le gustan las telenovelas: "Son taaaan laaargas, en cambio las series y las películas se resuelven rápido y atrapan la atención de la gente".

Aunque hizo algunas telenovelas, como Mañana es para siempre, que también produjo, su gran paso por la pantalla chica fue con Mujer…Casos de la vida real, programa de episodios unitarios escritos a partir de historias verídicas de mujeres con problemas de violencia intrafamiliar, secuestro infantil, aborto y temáticas similares.

"Ningún programa ha ayudado a nadie como Mujer…", dice Pinal. Se acuerda especialmente de un caso en el que a una madre que le habían secuestrado a su hija no se la regresaron luego de tres pagos de rescate: "Pusimos su foto en la tele, presentamos el caso y al día siguiente la encontraron en Guanajuato".

Mujer… se le ocurrió durante su rol como primera dama de Tlaxcala: "Estaba casada con Tulio (Hernández, gobernador de Tlaxcala de 1981 a 1987) y me tocó ver muchas cosas terribles en el DIF. Entonces decidí que tenía que hacer algo más por ellos y así ideamos el programa".

Le llevó el proyecto al presidente de Televisa, Emilio El Tigre Azcárraga, quien había sido su novio, y posteriormente, "uno de mis mejores amigos".

Lo lanzaró al aire sin titubear: "Nunca pensé que estuviera por 21 años en la tele y me enorgullece mucho". El programa salió en 1986 y terminó transmisiones en 2007.

Ser mamá

La propia Silvia Pinal también es una de esas madres despojadas. Tuvo cuatro hijos: Silvia Pasquel, de su matrimonio con el también actor Rafael Banquells (el inolvidable Gutierritos); Viridiana Alatriste, con Gustavo Alatriste; y Luis Enrique y Alejandra Guzmán, hijos de Enrique Guzmán.

Perdió a Viridiana cuando ésta tenía 18 años en un accidente automovilístico. Perdió también a su nieta, del mismo nombre, en otro accidente, en la piscina de casa de Silvia Pasquel, madre de la pequeña. Viridiana, el nombre de su gloria, es también el de su gran dolor.

La matriarca de la dinastía Pinal, como la llaman en el medio del espectáculo, ha seguido de pie. "Lo más difícil que he hecho en mi vida es ser madre", dice y voltea los ojos hacia arriba, en señal típica de todos los sentimientos que se resumen entre el hartazgo y la amorosa abnegación materna.

"Las he dejado ser libres y soberanas, jamás se les puso ni se les ha puesto una traba. A ninguna de mis hijas ni a mi hijo". Sólo así, dice, se puede llevar a una familia de tantas mujeres temperamentales. Hasta el momento tiene cuatro nietas y dos bisnietas. Todas mujeres fuertes: "Ay, sí, qué te digo, somos muchas mujeres y todas de carácter".

El retrato de Viridiana está pintado en una esquina de la sala —"pero no me gusta ése, hay otros más bonitos"—. Al otro lado de la casa hay otra pintura, de Alejandra, con una guitarra eléctrica. La Guzmán ha resultado una bomba mediática cuya vida privada siempre está en el reflector.

Lo mismo ha pasado con la bisnieta de doña Silvia, Michelle Salas, hija natural de la cantante Stephanie Salas y del enigmático Luis Miguel, quien la reconoció hace menos de una década. Eso enloqueció a la prensa de espectáculos y sociales. A veces, los medios abordan a Silvia Pinal para preguntarle por temas familiares que ella capotea sabiamente. El colmillo no es de gratis.

REFUGIO. En esta casa ha visto crecer a sus hijos y nietos, es donde guarda sus premios y donde la familia pasa Navidad. Es el sitio que nunca dejará.

Su terruño, sus recuerdos

Las Pinal nunca dejan de reunirse en Navidad en la casa del Pedregal, es su fecha intocable: "Somos unidas, pero no muéganos, yo no ando detrás de Alejandra o de Silvita; claro, si me pasa algo están en 10 minutos aquí". También es a la inversa: "Ahora que Alejandrita estuvo mal de salud —por una mala cirugía estética que la sigue afectando seis años después— la he acompañado y he estado en su casa".

Al que tiene más cerca es a Luis Enrique, el único hombre, quien vive al lado suyo: "De mi hijo nadie habla, pero también es muy buen compositor, hace música para películas y canciones para otros artistas".

Dice que toda su vida está alrededor de su casa. "En esa alberca aprendieron a nadar todos mis hijos y mis nietas", dice mientras la señala. La imponente residencia es obra del arquitecto Manuel Rosen. "El jardín no estaba techado originalmente, pero partí el terreno para poner las casas de mi mamá —que ahora tiene Silvia—, y la de Luis Enrique, y cambiamos la estructura".

En el punto más alto de la pared de roca volcánica de su residencia está el enorme cuadro que le pintó Diego Rivera. "Les dije a mis hijos que no se los voy a dejar a ellos o se van a sacar los ojos", dice. Así que lo dará en comodato al Museo Estudio Diego Rivera, donde se pintó. "Aunque seguirá perteneciendo a mis cuatro hijos… bueno, tres", dice sobre la ausencia de Viridiana.

Silvia Pinal recuerda cuando llegó a la casa, recién hecha, "con Silvita y con mi abuelita", quien siempre la cuidó y la acompañó a lo largo de su carrera. "Todavía disfruto mucho la casa…Aquí está mi vida entera. No me puedo ir de aquí".

La grilla

Su compañía constante en esa casa es su adorada chihuahua Cosita. "Ella también sale en la película", comenta sobre su más reciente trabajo, Tercera Llamada, la esperada comedia de Francisco Franco, director de la aclamada Quemar las naves.

Curiosamente, aquí interpreta a una delegada de actores, trabajo similar al que tiene en la vida real como Secretaria General de la Asociación Nacional de Actores. Aunque aclara: "Ese papel no tiene nada que ver con mi trabajo en la ANDA". En ese papel muestra una faceta suya nunca antes vista: la de cómica pelangocha. "Ella es grosera, altanera, metiche; si existiera una delegada así en la ANDA la correría enseguida", dice.

Aunque no se inspiró en nadie para el papel, admite que ser parte de la política de los actores le ha dado momentos desagradables, al grado que a veces se pregunta: "¿Qué hace una mujer como yo aquí? Las asambleas son horribles". Y vaya que le han causado problemas.

En año 2000 fue acusada de presunta malversación de fondos por la Asociación Nacional de Productores de Teatro, Protea. La orden de aprehensión ocurrió mientras estaba en España, así que estuvo en Miami por nueve meses en casa de su hija Alejandra, donde estuvo hasta que se resolvió su inocencia. "Fue una cosa absurda, pero era algo que se tenía que aclarar y, cuando se aclaró, pude regresar", dijo en su momento en entrevista para Televisa.

Antes de estar en la política actoral, también fue parte de la nacional "con la intención de querer ayudar". Fue diputada federal de la LV Legislatura (1991 a 1994) y representante de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal en 1994. "Fue la primera legislatura que hubo en el D.F. y por ahí todavía anda el artículo 27 que impulsamos", dice. Finalmente, fue senadora en 1997 en sustitución de Esteban Moctezuma. Siempre por el PRI.

A la distancia de todo aquello, sonríe: "Después de ser mamá, lo más difícil ha sido ser legisladora, hacer las leyes de nuestro país es algo muy importante". De eso también se siente orgullosa y dice que "fue algo muy bonito, aunque también es verdad que ahí sale lo mejor y lo peor de las personas".

El regreso al cine

Por eso ha disfrutado volver a lo suyo, la actuación, en Tercera llamada: una película coral llena de nombres rimbombantes que, como ella, encarnan personajes casi incidentales, pero exquisitos. "Es un papel muy chiquito, pero lo hice por trabajar con (el director) Francisco", afirma.

"Es mi director de cabecera. Él hizo la realización de muchas temporadas de Mujer…Casos de la Vida Real, así que con Francisco lo que quiera. Confío tanto en él que no tengo ni que ver la película para sentirme contenta con el resultado; ya lo sé".

Su última cinta había sido Ya no los hacen como antes , en 2003. Después, en 2009, prestó su voz para la cinta infantil El Agente P2.

La razón para alejarse fue porque los papeles que le ofrecían no le convenían. Pensaba que difícilmente le iban a ofrecer mejores películas de las que había hecho en su juventud, "así que me retiré un tiempo del cine".

Durante muchos años se dedicó al teatro. En los 80 hizo Mame, Gypsy y Hello Dolly, y en 2008, Adorables enemigas. Inclusive tuvo su propio teatro, el Silvia Pinal, que hoy es una sede teleevangelista en la colonia Roma.

Pero dice que nada como los viejos tiempos, de los que admira y recuerda especialmente a Tin Tan: "Fue el actor más completo que México tuvo en mucho tiempo. No le llegaba nadie. Dice que incluso era mejor que Mario Moreno, Cantinflas, con quien actuó en Puerta, joven: "Tin Tan bailaba sensacional, cantaba precioso, era muy buen actor de comedia, de  melodrama, de drama; podía hacerlo todo".

Así como ella habla de sus viejos compañeros, el gremio actoral se expresa igual de ella. Pueden estar de acuerdo o no en sus gestiones en la ANDA, pueden llevarse bien o mal con sus hijas, pero a Silvia Pinal el mundo la respeta. No hay de otra: es Viridiana, es María Isabel, es Mujer… Casos de la vida real. Y además, Carmelita de El rey del barrio, la novia de Enrique Guzmán y la delegada de Tercera Llamada. Puede ser todas y puede hacer lo que quiera. Es la última gran diva del cine nacional. Y está de pie.

GABRIELLA MORALES-CASAS es periodista y guionista de cine. No se pierde 'El inocente' cada Nochevieja y suele decirle a sus amigas que toda mujer que va a casa de su suegra lleva dentro una Silvia Pinal en 'El ángel exterminador'.