» Reportaje «

Sí, yo alquilo mi vientre …

Pagar dinero para tener tu propio hijo. Recibir dinero por gestar el de otros. Es el trato que hace posible la maternidad subrogada, un negocio que en India mueve miles de dólares al año, y que cambia la vida de dos familias
HITESH PATHEL. "Dicen que explotamos a estas mujeres, pero no es así: las cuidamos, las tratamos bien y les damos dinero. Vienen voluntariamente, algunas recomendadas por amigas, y otras repiten por una segunda vez”, doctor responsable de la clínica. (FOTO: SERENA DE SANCTIS )
Por ELENA DEL ESTAL / Fotos SERENA DE SANCTIS
| domingo, 10 de mayo de 2015 | 00:10

Nueva Delhi, INDIA.– La ciudad de Anand a simple vista no tiene nada que la diferencie de otras ciudades de India. Todo tipo de vehículos de dos, tres y cuatro ruedas circulan por carreteras que no siempre tienen bien marcado el sentido. Gente por todas partes, griterío, ropas de color que sobresalen entre el tono gris medio que provocan el exceso de polvo y contaminación. Y vacas, muchas, exageradamente grandes.

Conocida históricamente entre la población india como la ciudad de la leche –por albergar la factoría de productos lácteos Amul, que provee a todo el país–, Anand no figura en las guías turísticas y los extranjeros que bajan del tren en su estación tienen, mayoritariamente, un objetivo: la Clínica Akanksha.

Allí se encuentra la doctora Nayna Patel, eminencia en los programas de infertilidad que ha conseguido situar a esta pequeña localidad del estado occidental de Gujarat en un punto clave de la maternidad subrogada a nivel mundial. Algo que comenzó casi por casualidad.

En 2003 una pareja de indios residentes en Londres acudieron en busca de su ayuda: necesitaban un vientre de alquiler.

818 bebés fruto de 612 partos,  nacieron en esta clínica, hasta 2014

En aquel momento Akanksha sólo ofrecía servicios de fertilidad in vitro (técnica de laboratorio que permite fecundar un óvulo con un espermatozoide fuera del útero), sin embargo surgió una solución: la madre de ella accedió voluntariamente a gestar el embrión. “El resultado fue bueno. Esa chica que había nacido sin útero, ahora tiene, gracias a su madre, dos niños gemelos biológicos”, rememora la doctora Nayna Patel en el despacho de la clínica.

La noticia corrió como la pólvora. Meses más tarde otra pareja acudió en busca de una solución parecida. “Yo no tenía ningún programa de maternidad subrogada, lo anterior había sido un caso aislado”, relata Patel.

Una empleada de la clínica escuchó la petición y le sugirió: su hija podría gestar el bebé de la pareja a cambio de un dinero con el que solucionaría la crisis económica en la que estaba sumida. “De modo que lo hicimos y el resultado volvió a ser positivo. Así es como, un caso tras otro, hemos llegado hasta ahora”. Un ahora que significa 818 bebés fruto de 612 partos, según los últimos datos obtenidos en agosto de 2014.

 

 REALIDAD POCO ACEPTADA

Pero el camino no ha sido fácil. “En India a mucha gente aún le cuesta entender que se puedan tener hijos sin sexo”. Habla el doctor Hitesh Patel, marido de Nayna y encargado de la clínica: “Quien critica la maternidad subrogada es porque probablemente tiene hijos y no sabe por lo que pasan las parejas que han probado todo tipo de tratamientos de infertilidad y no consiguen ser padres”.

Se refiere a casos como el de Melissa McQuaid y Jeff Woodcock, que acaba de concretarse y les dio la posibilidad de cumplir el sueño que se truncó hace cinco años, cuando nació su primera hija. “Tras un parto complicado, me extirparon el útero. Todavía tengo ovarios, pero sin útero nuestra única opción de tener más hijos biológicos era a través de la gestación subrogada”, comparte Melissa.

Hoy la pequeña Lily salta de alegría cuando la enfermera trae en un carro a sus hermanos Mecy y Lucas. Nacieron prematuros y llevan diez días en una incubadora en el Hospital Zydus, que trabaja en colaboración con la Dra Patel. Parecen diminutos, pero son lo bastante fuertes como para aguantar la emoción que tiene su hermana mayor por cogerlos.

Macy Jane, es alimentada por sus padres, Melissa y Jeff, quienes recurrieron al alquiler de vientre

“Esta noche podemos dormir todos juntos: hay suficiente espacio para los tres en los grandes brazos de papá”, dice la niña arrancando una sonrisa a quienes están presentes.

Esta pareja canadiense tenía la posibilidad de hacer la subrogación de forma gratuita: tres mujeres de su círculo más cercano se ofrecieron voluntarias para llevar en su vientre el bebé de la pareja. Finalmente eligieron hacerlo en India. “Pensamos que sería mejor  aquí y cambiar la vida de la persona que está cambiando la nuestra”, dice una convencida Melissa.

Mecy y Lucas han nacido gracias a Asha, quien tiene 33 años y es madre ya de un niño de dos. Vive en Nadiad, un pueblo a algo más de 20 kilómetros de Anand, en una casa de una habitación donde sólo cabe una cama y un armario. Asha quiere el dinero para su hijo. “Sin educación no hay futuro y quiero asegurarme de que mi pequeño pueda ir a la escuela”. Lo que Asha no sabe es que Melissa y Jeff tienen pensado pagar su matrícula hasta que vaya a la universidad. El colegio privado al que quiere llevar a su hijo cuesta 10 mil rupias anuales (160 dólares). “Nosotros nos haremos cargo, así ella puede estar tranquila y utilizar el dinero en otra cosa”, cuenta Melissa mientras sostiene a sus bebés.

 

 

 

DOTE, CASA O EDUCACIÓN

Asha pasó los meses de embarazo en “La casa de la subrogancia”, un edificio de dos plantas con habitaciones amplias repletas de camas.

Allí convivió con mujeres que como ella gestan el hijo de otros por una razón muy clara: quieren dar un futuro mejor a los suyos con el dinero que ganen tras el parto.

Como Shanti Devi, que quiere pagar las bodas de sus hijos (una gran preocupación familiar en India, donde el sistema de dote sigue muy vigente y la familia de la mujer paga una cantidad fijada a la del futuro marido de su hija); o Bharti Amit Boi, que con lo que gane quiere comprar una casa nueva en Vidhy Nagar, donde vive actualmente con su familia. Bhavana Ashmu, en cambio, tiene claro que lo invertirá en la educación de su hija mayor de 12 años, que sueña con ser enfermera.

“Si estamos aquí es por nuestros propios hijos, todo lo que hacemos es pensando en ellos y en su futuro”, cuenta una de las chicas, embarazada de gemelos desde hace 6 meses y que prefiere mantener el anonimato porque parte de su familia no sabe que está haciendo esto.

Durante su estancia, estas mujeres crean grandes lazos de amistad entre ellas e inevitablemente también con los bebés que llevan dentro. Parul B. Parmar ya sabe lo que esto significa. Está aquí por segunda vez y recuerda la tristeza que sintió al parir hace dos años a una niña de una pareja de Delhi. “No paraba de preguntarme a mí misma ¿por qué tengo que dársela?”, cuenta tocándose el vientre en cuyo interior ahora hay un bebé de 6 meses.

A Gaetri la visita su hijo Shagar, de 13 años, a un mes de que concluya el alquiler de su vientre y construya su casa con el pago

 

NEGOCIO EXITOSO

A pesar del éxito de los programas de la Clínica Akanksha, las críticas han caído sobre el matrimonio Patel por parte de quienes ven en la maternidad subrogada un lucrativo negocio. “Si son críticas constructivas las escuchamos por si hay algo que aprender de ellas. Si es la crítica fácil y gratuita entonces la ignoramos”, asegura tajantemente la doctora Nayna.

Su marido la secunda. “Dicen que explotamos a estas mujeres, pero eso no es así: las cuidamos, las tratamos bien y les damos un dinero. Vienen voluntariamente, algunas recomendadas por amigas, y otras repiten una segunda vez”.

En promedio estas mujeres recibirán unas 400 mil rupias (6 mil 500 dólares y cerca de 100 mil pesos) tras el parto, y una paga mensual de 4 mil rupias (65 dólares y cerca de mil pesos) durante los 9 meses de embarazo. Recursos económicos que constituyen una fortuna para la mayoría de ellas, que pertenecen a las clases más bajas y viven con unos ingresos mínimos.

Por todo el proceso las parejas pagan entre 27 y 35 mil dólares (entre 400 y 500 mil pesos), dependiendo de cuántos embriones haya que instalar en el vientre hasta que alguno “agarre” en el útero y la mujer quede embarazada, y de si después se tiene un bebé o dos. El precio también es más alto para extranjeros que para nacionales indios, dicen, por los costos burocráticos.


“Ya que hay dinero de por medio, claro que existe una parte de negocio en esto”, cuenta Melissa desde la habitación en que se quedará unos días más con sus bebés. “Pero no es sólo eso, se trata también de cambiar la vida de la gente y darnos, a ambas partes, una oportunidad que nunca antes tuvimos”, afirma con una seguridad que al parecer sólo ella entiende.

La doctora Nayna Patel, una eminencia en los programas de infertilidad a nivel internacional

 

 

 ¿SABÍAS QUÉ?

 400 a 500 mil pesos es el costo promedio del proceso para  los padres

 100 mil pesos reciben tras el parto quienes alquilan su vientre

 No existe una ley

 A pesar de que India es ya un país clave para la maternidad subrogada, el proyecto de ley de Regulación de las Técnicas de Reproducción Asistida está pendiente de aprobación desde 2010. Las clínicas que practican estas técnicas deben seguir las normas del Consejo Indio de Investigaciones Médicas publicadas en 2005, según las cuales, las mujeres que accedan a ser madres de alquiler deben tener entre 21 y 35 años y tener un hijo propio al menos. Su marido, y/o la familia cercana con quien viva debe saberlo y contar con su aprobación. En enero de 2013, el Ministerio de Interior determinó que sólo parejas heterosexuales casadas por más de dos años pueden practicarla, quedando fuera parejas homosexuales y personas individuales. Para los extranjeros se pide un certificado que confirme por parte del país de origen la aceptación del bebé nacido por gestación subrogada como hijo biológico de los padres, con la consecuente obtención de la nacionalidad de los mismos.