Los mayas han profetizado el fin del mundo en diciembre de este año. Naturalmente se ha montado una alharaca en todo el planeta. Y con justa razón. Los mayas tienen una reputación que los precede. Inventaron el cero. La pirámide de Chichén Itzá anuncia los equinoccios de primavera y otoño con una precisión insuperable.
¿Será cierto entonces que vendrá el Apocalipsis en poco más de medio año?
En Mérida, por ejemplo, existe un grupo de italianos que vive en una comuna al sur de Yucatán, donde esperan la llegada del fin de los tiempos que profetizaron los mayas. Pero antes de ellos ya otros creían que el mundo se acabaría de sopetón. Esta historia, de la vida real, habla de eso:
En una ciudad pequeñita y amurallada existió una mujer llamada Regina, señora con poderes sobrenaturales que predijo a finales de los años setentas que un diluvio de proporciones bíblicas acabaría con la humanidad, quien armada de valor, recolectó donativos entre sus vecinos para construir un arca tan impresionante como la de Noé. La tripulación sería de Campeche.
* * *
—No lo puedo creer, ¿en serio hubo un arca aquí? —pregunta un turista, viendo la fachada de una casa de aspecto común
y corriente.
—Creo que no hay nadie —dice el fotógrafo, dándole unos golpecitos a la reja.
Estamos en la calle Villa Cabra de la colonia Bellavista, uno de los barrios más humildes. Nada más entramos a la colonia, le pregunté al primer transeúnte y no tuvo empacho en conducirnos hasta el lugar exacto. Nos dice que ahora no vive nadie en la casa.
—¿Entró usted alguna vez a conocer el arca? —hago la primera pregunta.
—Sí… no, nosotros no creíamos en nada de eso, si quieren saber más, pregúntenle a Manuel, él fue vecino de Regina. Lo del barco tiene añísimos, sólo quedan maderas viejas.
* * *
—Ya tiene 30 años de eso —dice don Manuel, vecino del predio donde supuestamente fue construida el arca.
—¿Entonces si construyeron un arca? —pregunto. Tras la fachada no se alcanza a ver nada de la colosal arca.
—Qué arca. Rentaron la casa de aquí a lado y empezaron a construir una casa dentro de la casa. Tremendos pilastrones de dos metros que tiene. Unos barrotes de material.
El arca era de concreto. Lo paradójico (o gracioso) del asunto era saber cómo pensaba Regina que iba flotar.
—La gente empezó a vender sus terrenos, casas, para poder venir a vivir aquí. A esta hora nos teníamos que encerrar porque el humo y el olor eran terribles. Diez años estuvo construyendo eso. Vino aquí hasta el ejército. Hubo balazos.
—¡Estaba armada la gente?
—Sí… le dieron a un policía. Fue a plena luz del día.
Don Manuel relata que mucha gente de otros barrios venía a buscar a sus familiares. A la fuerza los querían sacar.
—Quemaron periódico, lámina. Una moto. Así empezó el relajo.
—¿Cuántas personas llegaron a vivir en el arca?
—Unas 200 o 300 personas.
Don Manuel dice que vinieron militares a parar todo. Que a Regina la sacaron de la ventana para meterla presa. ¿Los cargos? Allanamiento de morada.
—Para saber exactamente lo que pasaba adentro tendrían que hablar con la dueña de la casa.
* * *
Doña Norma no está. Su esposo Wilberth dice que vuelve al rato.
Emocionado explica que el barco tenía de todo: estaba muy bien hecho, con tubos llenos de concreto.
—Según la señora era para que aguantara la embestida del tiempo. Todo era de madera, madera de pulgada. Tablón. Pero cayó todo.
Wilberth aclara que se han inventado muchas historias falsas, como por ejemplo, que abusaban de las muchachas y que se vendían boletos para tener un lugar en el arca.
—Todo el tiempo estaban rezando. Puro rezo. Había gente de dinero y gente humilde. Diario llegaban a curarse. Según la señora era curandera. Si querías, donabas algo. Una pequeña paga. Tu voluntad.
* * *
El techo de la casa es de asbesto. Ya no queda nada del arca. Sólo unas tablas podridas y viejas. Y casi ya ni eso. Sin embargo, allí están los pilares de concreto de los que hablaba don Manuel. Con algo de imaginación se puede ver la forma o estructura de una inmensa barca.
Candelario y su esposa Rosalía habitan ahora esta casa, humilde. Las paredes están pintadas de rosa. Una sala, un comedor y un cuarto. Candelario nos dice que en la época de Regina había hombres trabajando todo el día en la construcción del arca. Se turnaban para dormir.
—Todo mundo tiene miedo de venir a vivir aquí, pero ¿por qué? Yo tengo un mes y hay tranquilidad.
Al entrar al patio contamos siete columnas de acero oxidadas rellenas de concreto. Miden dos metros y medio aproximadamente cada una. La naturaleza se ha apoderado de ellas. Incluso un árbol se las ingenia para continuar su crecimiento sobre una columna. Láminas y pedazos de madera con tornillos se encuentran regados por todo el piso infestado de maleza. No puedo imaginarme cómo podían vivir 200 personas hacinadas en un terreno de unos 16 metros de fondo por 8 de ancho. Hay una misteriosa esfera de concreto junto al pilar que vendría a ser la quilla del barco.
* * *
Al abandonar la casa la suerte nos vuelve a sonreír. Las piezas del rompecabezas van llegando. Candelario y Rosalía nos dicen que la señora que está parada en la esquina esperando su camión es la dueña de la casa, doña Norma.
—La que vivía aquí era mi mamá. Ya está viejita. No se acuerda.
Me cuenta que Regina se hizo amiga de su hermanita y que la hizo su discípula, eran doce sacerdotizas, como los doce apóstoles.
—Prendían candela, se lo pasaban los huevos a la gente y lo reventaban. Pero a los vecinos no les gustaba. Por el olor. Porque era mucho lo que quemaban. Cajas de huevo quemaban, bastante. Desde las 4 de la tarde hasta que amanecía. Diario.
—¿Cómo comenzó Regina con la idea de el arca? —pregunto.
Norma relata que Regina se posesionaba. Decía que era Dios quien le había ordenado que debería hacer un arca. Y que le dio hasta las medidas exactas.
Norma dice que los seguidores del arca eran católicos. En teoría, los feligreses católicos no creen en eso, en las limpias con huevos.
—Pues creían. Creían en ella. Curaba a los que venían y creían.
—¿Usted creía en Regina?
—Yo no creía.
¿En qué año pronosticó el diluvio Regina? En 1990. ¿Algún día en específico? Sólo decía el año. ¿Terminaron el arca? Sí, puro cuartito, puras literas. ¿Qué fue de Regina? Hace 10 años que se murió.
—Mucha gente dejó su trabajo o lo perdió para construir el arca. Muchos albañiles venían. Yo sólo iba en las tardes a ver que curaran a la gente. ¿Saben una cosa?, ya me acordé quién estuvo en el arca. Vamos con doña Kandra.
* * *
Doña Kandra relata su experiencia pese a las miradas hoscas de algunos de sus familiares.
—Yo vivía antes en la misma calle. Una vez mi suegra me dice: ¿qué te pasa? Me siento mal, le digo, siento que me estoy muriendo. Agarró ella y me dice: ¿por qué no vas a que te cure? No, francamente. Me dice: anda, vamos. Y me llevó, como a esta hora. Ciertamente fui. Y entonces, su hermana —doña Kandra señala a doña Norma—, porque por medio de su hermana curaba, apenas me agarró, me dice: te tienen hecho un mal. Te vamos a despejar. En un anafre tenían blanquillos. Según como te están curando se van reventando los blanquillos. Y oías blam, blam, blam. Y me dice: ven mañana. Y seguí yendo, y me gustó mucho. Se veía muy bonito todo lo que van haciendo. Y allá quedé bien. Porque me había dicho ella que estaba ya por morirme. Y realmente sí.
Le pregunto si fue a consultar a algún doctor. Me responde que sí. Que fue y que el doctor le dijo que no tenía absolutamente nada. Por eso fue con Regina. Para que la operara espiritualmente. Porque ahí puros cantos de Dios, de la Virgen.
Doña Kandra nos cuenta que varias personas ayudaban a Regina. La principal era la hermana de doña Norma. Tiene dos años que acaba de morir. "Ellas tenían la visión".
Nunca durmió en el arca, pero ella y su hija iban diario a verla. Entraban en la tarde y salían entre las dos o tres de la mañana. Les gustaba ir porque allí hacían curaciones "muy bonitas". Dice que durante un año estuvo con Regina. A su lado. Antes de que empezara la construcción de el arca. Rememora sus peregrinaciones: fue a México, a Cholula, a Oaxaca, entre otros lugares. Puro trabajo viviente, de curaciones, afirma. Relata cómo las supuestas "médiums" se posesionaban.
Entonces suelta algo que nunca esperé escuchar:
—Yo tengo fotos de ella.
—¿De quién? —pregunto.
—De doña María Regina.
Acto seguido, entra a su casa. Se escuchan reclamos, al parecer Regina es un tema delicado. A los dos minutos sale con un sobre. De él saca varias fotografías ajadas.
En la imagen se ve a una señora de unos cuarenta y tantos años. Robusta. Ojos claros. El cabello suelto. Enfundada en un vestido rosa. Una señora que en apariencia dista ser una líder espiritual. Una a una doña Kandra nos va mostrando las fotos. O lo que queda de ellas.
* * *
Los testimonios del arca están plagados de fechas inexactas. Y para colmo, nadie tiene testimonio fotográfico. Lo único que puede darle validez a la historia es la prensa. Me enclaustro en la hemeroteca de la ciudad. Paso infinidad de horas entre los papeles viejos que custodia el Archivo General del Estado, pero es como buscar una aguja en un pajar. Sin la fecha exacta tomará semanas revisar todos los periódicos de los años setentas y ochentas.
Entonces ocurre un último golpe de suerte. Por casualidad me encuentro con un viejo amigo de Campeche: el maestro Pino. Mi profesor de literatura en la universidad.
—¿Y ese milagro? —me saluda.
Le platico que estoy haciendo un reportaje sobre el arca de Regina. El maestro se sorprende:
—No me lo vas a creer —dice tomándose una pausa teatral—, yo hice el primer reportaje de Regina —él fue reportero.
* * *
Quedo en verme con el maestro Pino a primera hora de la mañana en su oficina. En medio de tres secretarias y constantes llamadas telefónicas, se hace un tiempo:
—La casa, lo que recuerdo, era como un templo con bancas. Era…
—¿En qué año hiciste el reportaje? —lo interrumpo.
Dice que el reportaje lo hizo en el año de 1981. En una hoja dibuja un mapa con el arca. Pone unas rayitas alrededor de la barca. Me dice que la señora había vendido pedazos alrededor de ella. Que los de afuera eran los que aportaban la mano de obra. Vivían ahí. Eran familias en condiciones infrahumanas. Vivían de 10 en 10. Las separaciones eran de lámina. Techos de cartón. Que para ser apóstol (eran 12 mujeres) tenías que pagar, luego entonces había una relación de poder, de dinero, con salvación. Los de adentro que eran lo que aportaban el dinero eran los que iluminaban a los de afuera.
Le comento que vi una pelota de concreto en el arca. Regina le platicó que cuando el agua llegara a los cimientos, estos se iban a remover, entonces el arca iba a flotar.
—¿Y la pelota? —insisto.
Me explica que la pelota supuestamente estaba tocada por una fuerza divina y en el momento que se moviera dentro del barco iba a ser la dirección que debían tomar, iba a ser la guía de salvación, pero esta pelota además iba a ser arrojada en el lugar donde ellos iban a bajar para mantener la vida en el planeta Tierra. Me dice que Regina estaba convencida del fin del mundo. Y la gente que estaba allá también estaba convencida del fin del mundo.
—Hay muchas cosas misteriosas que tienen cierta lógica —se frota la barbilla el maestro—, no sé si hayan sido cosas razonadas por parte de ella al calor de la religión, de su propia certeza de que las cosas iban a ocurrir así, de su propia versión de existencia y de vida, entonces esto es maravilloso. Claro, era tanto el impacto de esto que la gente se enloqueció, el arca ya no era suficiente para tantas personas.
Le pregunto cómo es que siendo tan joven fue él la primera persona en hacer un reportaje así. Lo invitaron a trabajar en el Diario de Campeche, y aceptó. Su primer trabajo fue visitar el arca. Y quedó tan fascinado con el personaje de Regina que se olvidó del tiempo, en el periódico se preocuparon al ver que no regresaba y llamaron a la policía para que fueran a rescatarlo.
Cuando salió el reportaje se convirtió en una bola de nieve, todo Campeche puso sus ojos en el arca. Peregrinaciones venían de Champotón, de Tenabo, para ver qué pasaba con esto, y cuando yo regresé el viernes, al quinto día, el lugar estaba totalmente poblado, ya no cabía la gente ahí, gente del fin del mundo, y que se iban a salvar a través de esta arca.
—Salió hasta en la televisión nacional, todo mundo estaba enfocado en Campeche, jamás se había construido un arca, ¿te imaginas el impacto? —me dice.
—¿Tomaste fotos? —le pregunto, esperando que la respuesta sea sí.
—El fotógrafo del periódico. Ya se murió, creo. Era de Yucatán. Se publicaron algunas. Luego que salió el reportaje los que vivían en el arca hicieron una barrera humana y no dejaban pasar a nadie. Entonces las fotos las tomaban por arriba por el Novedades, el Tribuna, el Diario de Campeche y los periódicos regionales y nacionales que vinieron. Vino la televisión. Vino Televisa.
El maestro Pino me cuenta que el reportaje lo llevó a la literatura y que, de manera inexplicable, ha buscado la nota que publicó y no la ha encontrado. Está perdida.
* * *
Última parada. La hemeroteca de la Universidad. El maestro Pino tiene razón. No queda rastro de su reportaje. En los archivos increíblemente no tienen los periódicos del extinto Diario de Campeche. Busco entre los del año 81. Cierro el libro de diciembre de ese año: nada.
—En media hora cerramos —informa el guardia.
Ahora a buscar entre los libros del año 82. Llego a mayo: nada más muevo la tapa, con la certeza de que el arca fue una leyenda urbana de los habitantes de Campeche, cuando me sorprende una pequeña foto de Regina. La reconozco por las fotos que me había mostrado Kandra.
—¡Aquí está! —no resisto.
En la imagen se ve a Regina con la mirada desorbitada, de una lunática. Un vestido floreado. El rostro un poco ajado. "El fin del mundo se acerca" es el título de un artículo. "El 25 de febrero de 1983 se acabará el mundo", dice la primera línea. Todos los reportajes ocurrieron en mayo. "Continúa la construcción de la nave del olvido; la dirige María Regina", dice otro encabezado. "No acepta la Iglesia nada de lo que dice Ma. Regina". También aparecen los encabezados de su captura. "María Regina, en la prisión". “"ormal denuncia en contra de María Regina en la DAP por 'allanamiento de morada'". Incluso una compañía de teatro montó una obra cómica en su honor: "El Arca de Regina (la quema huevos)". Finalmente veo lo que tanto he buscado: una foto que saque de todas las dudas.
Por desgracia, tal como ocurre cuando se muestra evidencia extraterrestre o del Jeti o del Monstruo del lago Ness, la foto de el arca está borrosa. Pero no tanto como para no ver que se trata de una inmensa barca de madera a medio construir. "LA CONSTRUCCIÓN de la 'Nave del olvido' continua como puede apreciarse en la gráfica. Al interior del lugar no se permite la entrada de desconocidos", se lee en derredor del periódico.
RODRIGO SOLÍS se gana la vida de copywriter en la agencia H. Creativos. Colabora en la revista argentina "Orsai" y su blog "Pildorita de la Felicidad" es publicado en diversos medios hispanos (donde naturalmente nadie le paga).