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Molotov: "Entendimos que el rock no cambia a la gente"

Luego de siete años sin lanzar un disco con temas inéditos, la famosa e irreverente banda está de regreso con el álbum Agua maldita; dicen que no les salen las canciones sin groserías y que hoy en día cualquiera es transgresor
REGRESAN... PERO NUNCA SE FUERON. A pesar de que en los últimos siete años habían estado alejados de los estudios de grabación, Molotov se mantuvo vigente entre el público gracias a que nunca dejaron de realizar presentaciones. (FOTO: Luz Montero )
Por Rogelio Segoviano y Sofía Sánchez M. Fotos de Luz Montero
| domingo, 22 de junio de 2014 | 00:10

El músico Randy Ebright llega apurado a la sesión de fotos, seguido de sus colegas Paco Ayala, Tito Fuentes y Micky Huidobro. Son los Molochos, como se dicen entre ellos. Todos traen lentes de sol y chaqueta negra, excepto Micky, quien para estar a tono con los demás, pide prestada una chamarra. "No manches, es de mi forje. pues de quién es esta madre...", dice el guitarrista. Es una mañana atípica para los integrantes del grupo Molotov, quienes corren de un lado a otro por las nuevas oficinas de Universal Music México, la disquera contra la que hace no muchos años habían despotricado y ahora han vuelto a hacer las paces. Más que roqueros, los cuatro parecen una pandilla de rudos motociclistas, pero en realidad se encuentran en la promoción de Agua maldita, su más reciente producción discográfica. Es el sexto álbum de estudio de la banda, el anterior, Eternamiente, salió hace 7 años.

Aún cuando ya el resto de sus compañeros están acomodados para las fotos, Randy, "el gringo frijolero", no suelta su celular; ofrece una disculpa y comenta que está tratando de cambiar una cita con su terapeuta, pues no cree que le de tiempo de llegar a la consulta que tiene en una hora aproximadamente. Apenas en abril pasado lo operaron del hombro y aún está en etapa de recuperación. Dice que debe ir al doctor cada semana y procurar no hacer movimientos bruscos que pudieran afectarle. Randy está ansioso por sanar para volver a tocar con Molotov, pues quiere reincorporarse lo antes posible a la gira que la banda realiza para promocionar su más reciente álbum. Eso sí, es un hecho que el baterista estará en la tocada que realizarán el próximo 4 de julio de en el Auditorio Nacional de la Ciudad de México.

DISCULPA. Tito dice que no le puede dar un autógrafo a todos los fans.

—Pero aunque lo vean con el brazo medio tullido y todo jodido —interviene Tito—, no pierde oportunidad de cargarnos carrilla ni de echar desmadre.

—Además —remata el Ayala—, dice el güey que, para ponerse en forma, el doctor le dijo que con ese brazo tiene que levantar diez tarros de cerveza diarios, como mínimo...

Fieles a su costumbre, tienen un ácido sentido del humor, y luego de casi dos décadas de estar juntos en el mismo camino, basta una mirada, una frase o un gesto de cualquiera de ellos para que los otros sigan a la perfección el diálogo, el juego o de lo que sea que estén haciendo. Una cosa es clara, detrás de cámaras ya no son ese cuarteto irreverente, alburero y desenfrenado que narran las viejas crónicas, ni tampoco esos diablos anarquistas que uno podría imaginar luego de escuchar sus canciones o de verlos en concierto arriba del escenario. Son bromistas y les gusta el relajo, pero también se muestran reflexivos y mesurados al hablar. Al parecer, la edad comienza a pasarles la factura y, como reza el refrán: "No es lo mismo Los tres Mosqueteros... que 20 años después".

Y aunque resulta evidente que las fotos no son lo suyo, los cuatro músicos muestran una gran disposición para posar; se ven un poco rígidos, pero aún así ponen sus caras de circunstancia, juegan y siguen las instrucciones de Luz, la fotógrafa de Domingo. Eso sí, cada dos minutos le preguntan: ¿Falta mucho...? ¿Ya vas a acabar...? Pero, de alguna forma, ella los convence para que hagan una, dos, tres, cuatro tomas más, y les ofrece un mazo de cartas, fichas de casino, dados de cubilete y otros elementos afines para capturar situaciones y emociones diferentes. Ellos cooperan, se dejan llevar y entran al juego. Las fotos son un éxito.

Tito, quien debajo de la chamarra negra luce una playera blanca, no deja de presumir sus tenis brillantes. Es el líder no nombrado de la banda, al menos esa es la impresión que muchos medios tienen. El vocalista toma su lugar al frente del grupo y guía, sin darse cuenta, los movimientos y expresiones de los compañeros. Es el más dispuesto a jugar con la cámara, el primero en agarrar el estuche/portafolios con las barajas y las fichas de casino, el que intenta romper el hielo y charla con la gente a su alrededor.

Luego del shooting, la chica de la lente les propone hacer una sesión de imágenes adentro de un baño público. Ellos se miran unos a otros, ríen, disparan algún albur y aceptan, pero ahora es una mujer de su equipo la que interviene: "Si hacemos las fotos en el baño ya no tendrán tiempo para hacer la entrevista. Randy se tiene que ir a su terapia; Tito y Micky también se tienen que ir pronto porque tienen otra cita, y Paco, pues no me ha dicho, pero creo que también tiene cosas que hacer. Ustedes me dicen qué prefieren, más fotos o entrevista...". Ante la mirada furibunda de Luz, optamos por hacer la entrevista.

LA DUDA. Paco Ayala quiere saber cuánto cuesta una portada en la Rolling Stone.

EL ROCK NO TIENE LA CULPA

"¡Uy, qué bien se ve!", dice el Ayala, cuando levanta su celular y checa en Facebook una fotografía de la cantante Rihanna, en la que la caribeña desfila por la alfombra roja de los CFDA Fashion Awards, en donde luce un vestido transparente que no deja nada a la imaginación.

"Mira nada más... Con un cuerpo así, ¡cuando quiera!", responde Micky, mientras Tito se acerca a ellos para asomarse en el celular.

Obviamente, poco les importa que la intérprete esté modelando una pieza del diseñador Adam Selman, decorada con más de 200 mil cristales Swarovski, y que los flemáticos críticos de modas la consideren una de las mujeres mejor vestidas de la historia. Tito, Paco y Micky están clavadísimos con la transparencia del vestido "y el cuerpazo de la morena". Randy, quien sigue poniéndose de acuerdo con el terapeuta para llegar más tarde a su cita, intenta asomarse, pero los demás le dicen que se haga "para allá". El gringo se toma el brazo, lo frota y se sienta en la mesa de la sala de juntas.

—¿Qué te pasó en el brazo? —le preguntamos.

—Me dieron un balazo y me tuvieron que operar —responde muy serio.

—¿De verdad...? ¿Un balazo...?

—Pero ya me operaron... Me pusieron uno biónico —en ese momento muestra una sonrisa discreta—. No, no es cierto. Tuve un tumor en el brazo, no maligno. Entonces me tuvieron que soldar,  más bien, resoldar el hombro. Es por eso que debo ir a terapias de rehabilitación.

—¿No te perjudica el tener que tocar así la batería?

—Por el momento yo no estoy tocando con el grupo. Hay un chavo que me está reemplazando, por eso quiero estar bien, para poder incorporarme de nuevo a la gira para promocionar el nuevo disco.

—Y si no puedes tocar así la batería, ¿quién grabó el nuevo disco en tu lugar?

En ese momento, sus tres colegas voltean a verlo intrigados por la respuesta que dará. Se hace una especie de silencio incómodo y, casi al unísono, se escucha un carrillero: "Tsssss...". Luego, el gringo explica que el álbum Agua maldita lo grabaron en febrero, un mes antes de que lo operaran del brazo, por lo que sí fue él quien estuvo dándole a la bataca en el estudio, pues ya tenían planeado que su disco estuviera listo en estas fechas.

Creadores de temas icónicos del rock en español que todavía el día de hoy pueden ser utilizados como estandartes de denuncia social contra los gobernantes corruptos (Gimme the Power, Voto latino, Frijolero), de alegres y controversiales canciones que les han sido censuradas por obscenas (Chinga tu madre), así como de otras más que les han acarreados problemas lo mismo con la comunidad gay que con importantes televisoras (Puto, El carnal de las estrellas, Que no te haga bobo Jacobo), los Molotov, aunque en esencia nunca se han ido porque se han mantenido tocando sin parar, están de regreso con un nuevo álbum después de siete largos años de no sacar ningún material inédito.

Ellos mismos dicen que Agua maldita bien podría considerarse su producción más madura, la más completa, la que más les ha gustado, entre otras cosas, porque no sólo tuvieron mucho tiempo para pensarla, sino que fueron ellos mismos quienes desarrollaron todo el trabajo, desde composición, producción y grabación en la ciudad de Los Ángeles, hasta la forma en que planean darla a conocer a los fans mediante una serie de conciertos gratuitos como una manera de agradecer la fidelidad que les han mostrado a lo largo de toda su carrera.

El próximo año la banda estará celebrando su 20 aniversario. Y aunque sus ideales, su entrega y su forma de ver la vida no han cambiado, los Molochos saben mejor que nadie que ya no son los mismos pubertos que empezaron. Hoy en día, tres de estos cuarentones son amorosos y dedicados padres de familia: Paco tiene dos hijos, Randy dos niñas y Tito una.

CAMBIOS. Mickey cree que la situación en México va de mal en peor.

—Cuando empezaron, Molotov era la sensación porque sus canciones daban en el blanco con una generación harta de un único partido en el poder, de políticos corruptos, de artistas de plástico, de líderes de opinión mesiánicos. Diecinueve años después, las cosas como que no han cambiado mucho.

—En absoluto, y eso es horrible —responde Tito—. Es difícil en lo artístico, porque siempre buscamos la expresión correcta, y en una cuestión creativa cuando justamente sigue pasando lo mismo como país. Hace tiempo nos quejábamos de eso, y encontrar el modo de expresarnos ahora, sin repetirnos, es algo muy complicado.

—El sencillo Ánimo delincuencia, es el mejor ejemplo de que nada ha cambiado —interviene Paco.

—¿No creen que la situación en que vivimos millones de mexicanos haya mejorado?

—Ni madres —comenta Micky.

—Se dice que Internet y las redes sociales han servido para cambiar a la ciudadanía...

—Sí, pero no es de una forma directa —dice Tito.

—Exactamente, no es de forma directa, pero lo puede parecer —comenta Paco—. Hay más gente opinando, hay más gente consumiendo para analizar lo que está pasando. Está todo ahí expuesto. Ahí, en internet, puede ser que exista un cambio.

—¿Y no les llama la atención que Enrique Peña Nieto ahora aparezca en la portada de una revista como Rolling Stone?

—Es que Peña Nieto es un gran roquero —ironiza Micky.

—No, la revista siempre ha tenido eso, entrevistas buenas de todos los ámbitos, no nada más de música —dice Tito—. Como la mayoría de mexicanos, nos frustramos de que ese güey esté retratado ahí en la Rolling Stone, porque representa a toda la gente que nos jode.

—¿Cuánto le habrá costado aparecer ahí en Rolling Stone? —se pregunta Paco Ayala.

—Pues yo creo que lo mismo que le cobraron en la revista Time —dice Tito.

—Hace 20 años Molotov era considerado un grupo transgresor, ¿creen que ha cambiado el significado de ser transgresor en México?

—Yo creo que por la circunstancia social, todo es muy relativo —comenta Tito—. Ya nunca va a ser lo que era el rock&roll en los 60, que fue el verdadero parteaguas del cambio. Ahora mucho menos, en los 90 nos tocó la suerte de que todavía la moral mexicana estaba en 1614. Ahora yo creo que no, que hasta los papás y los hijos se meten a internet y ven las cosas que hay en el mundo. Si le preguntas a una de esas bandas gruesas de punk que te encuentras ahí en el Tianguis del Chopo, si los Molotov somos transgresores, se van a cagar de la risa y te van a contestar que somos unos fresas. Así que todo depende de cómo lo conceptualices.

—¿La música ayuda a cambiar la forma de pensar de la gente?

—En algunos países sí, en otros no —responde Ayala—. Lo que te vas dando cuenta es que a veces la cultura de unos países está arriba de todo lo demás. Hay gente que está mucho más activa, gente que está todo el tiempo con el pinche compromiso social y la música se convierte en la herramienta de eso, y en la comunicación. Pero también hay lugares en donde no es así, en donde la peda y la huevones triunfan. Yo creo que es una de las cosas que pasan en México justo ahora.

BATACO. Randy se encuentra en rehabilitación del hombro.

—¿Creen que el rock dejó de ser ese elemento que ayudaba a transformar el mundo?

—Pues en el mundo no lo sé, pero en México el rock dejó de ser factor de cambio, aquí no está pasando nada —dice Ayala—. Puedes sacar discos mentando madres y la gente lo consume igual que otras cosas.

—Se supone que el rock debe ser una expresión artística que sirve como válvula de escape a la sociedad —apunta Tito—. Empatizas con una ideología y estás poca madre, pero aquí no pasa nada. Nos falta acción civil, educación, cultura. Es decir, así como estamos es muy difícil, y como nada funciona aquí, no puedes ni sacar una licencia de manejo como se debe.

—Pero todo tiene que ver, no sólo el rock —interviene Randy—. No nada más la música puede enseñar a un chavo que naciste en un país y tienes el derecho de participar y también enseñarles a los que están en puestos del gobierno que es un privilegio y tienen que rendir cuentas. Eso viene también desde los papás, desde la casa. Si la gente se identifica con una rola como con Gimme the Power o con cualquier otra rola politizada, es porque ya lo tienen adentro. Desafortunadamente se identifican, pero no creo que va a hacer el gran cambio en el público.

—¿Decir groserías en una canción es una fórmula en Molotov? ¿No es un recurso forzado?

—No, ahí el rap y el hip-hop que escuchábamos de chavos nos acostumbraron a todas esas palabras —señala Micky—. Ahí sí, los raperos no se bajan de pinches y de fuck y de shit.

—Se nos presentó que la expresión nuestra podía ser como quisiéramos, de hecho, en vez de hacer adrede una canción con groserías, eso sale de manera espontánea en el momento en que las hacemos —asegura Tito—. De hecho, hay veces que lo forzado es utilizar palabras que no son groserías. Lo único censurado de nuestra carrera fue en el mismo disco de Chinga tu madre, traíamos una rola que se llamaba Pendejo, pero decidimos sacarla porque la gente iba justo a decir: "Ahhhh, ya es mucho". Pero nosotros no planeamos una carrera con un determinado tipo de canciones. Molotov no es lo que hacemos, es lo que somos.

—¿Y nunca les interesó hacer canciones de amor?

—Hay por ahí un par de canciones de amor, pero veladas —dice Tito.

—Por ejemplo, en el nuevo material que estamos lanzando, hay una que se llama La verga —señala Micky—. Sólo saldrá en la edición especial del vinil de 45 revoluciones, como un proyecto aislado. También la pueden escuchar en nuestra página en Internet.

—¿Y esa es una canción de amor?

—Es una rola de amor a la vida —responde Mickey.

—Es una canción de amor y desamor, así como las de Paquita la del Barrio —asegura Tito.

—¿Consideran a Molotov la banda emblemática del rock en el México de fin de milenio?

—Después de Maná, sí... —se burla Randy—. Pues quién sabe, eso también está en cada quien.

—No nos vemos más que como cuatro güeyes que se divierten en el escenario —señala Paco.

—Sería hedonista de nuestra parte darnos esa etiqueta de chingones —comenta Mickey.

—¿Y no son hedonistas?

—Pura pinche carrilla —dice Tito.

—El día que te la crees, tienes los días contados. Siempre hay cosas que descubrir, si no, qué hueva —dice Paco.

—Luego nos tachan de mamones porque no puedes darle autógrafo a todos —remata Tito—. Pero neta que no somos mamones. Saben, vivimos en un mundo muy raro.

 

LOS INICIOS. Tito y Micky son los fundadores originales de Molotov en 1995; luego, al año siguiente, se unieron al grupo Randy y Paco Ayala.

SOFÍA SÁNCHEZ M. escucha a Molotov desde la infancia y le molesta la falta de conciencia en el país; ROGELIO SEGOVIANO acude a los conciertos de los "Molochos" desde que éstos se presentaban en La Diabla.