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Los mexicanos invisibles

Entre siete y 10 millones de personas en nuestro país son fantasmas que no existen para el Estado. Eso implica que, en la realidad, no tienen acceso a educación, votar, o un trabajo bien remunerado. ¿La razón? No cuentan con acta de nacimiento, un documento que, aunque quisieran tramitar, es casi imposible para ellos debido a la burocracia, el desinterés gubernamental y el costo de obtenerla
FANTASMA. Brígida Mata Luna ha vivido sin acta de nacimiento toda su vida. Celebra su cumpleaños el día de su santo, pues no sabe la fecha en que nació. Espera que al morir su tumba tenga su nombre, para que al menos ahí sea reconocida. (FOTO: Lilián López Camberos )
Por Lilián López Camberos. Fotos Lilián López Camberos, Mónica Ortiz y EL UNIVERSAL
| domingo, 6 de octubre de 2013 | 00:10

Me llamo Brígida Mata Luna, tengo 80 años y nací en el Distrito Federal. Hasta hace unos meses no tenía acta de nacimiento. No sé cuándo es mi cumpleaños. Mis hijos me hicieron la cuenta de cuántos tengo y desde ahí cuento cada 8 de octubre, el día de mi santo.

Que yo sepa, mis papás sí me registraron, pero cuando fueron a buscar el papel en las oficinas de Arcos de Belén, en el DF, no aparecí por ninguna parte. Me llevaron a la escuela pero no aprendí nada, llegué a segundo nomás. ¿Me ponían vacunas? Yo creo que sí. Trabajé limpiando casas desde muy chica: me subía a un banco para alcanzar el fregadero. Me pagaban 200, 150 pesos, a veces nomás me daban mi ropita, mis zapatos. Luego me casé y vinieron mis hijos. No tuve acta de matrimonio. Nos casamos en la iglesia, pero por el civil no. Tuve cuatro hombres y cuatro mujeres. Él y yo duramos hasta que ellos fueron grandes, pero me dejó. Ya falleció. Mis hijos se quedaron con la casa que él les dejó y yo ando rodando. Todos mis hijos nacieron con partera. Me da pena, pero nos dio un certificado con sus huellitas y los perdí. Antes no se usaba eso de las actas y que traiga esto y lo otro. Cuando fuimos a bautizar al primero me pidieron el registro y una persona me dijo "pero no vas a pagar uno nada más, tienes que pagar lo de todos". Y ahí fue cuando le empezamos a pensar. Aunque no estaban registrados sí fueron a la escuela, con una maestra a la que yo le iba a hacer el aseo a su casa; le agarré confianza, le platiqué de mis hijos y ella me ayudó mucho. Ya después, con los papeles de un tío de mi marido, ellos pudieron registrarse, pero faltábamos mi hija y yo, con la que vivo. Tiene cuarenta años y está desempleada, nunca la quisieron contratar por lo de sus papeles.

Me dedico a vender ajos y chiles aquí en Iztapalapa. Me han atropellado tres veces, locos que ni se fijan; tres veces, y ya no quedé bien. Me desespero porque ella está sin trabajo y yo, de aquí, qué puedo sacar. Cuando hay gente me llevo 100, 90 pesos. Ahorita llevo 20 pesos, ¿se imagina? Desde las nueve estoy aquí.

Nunca he votado. No me siento diferente. Bueno... ya cuando me muera al menos tendré mi nombre ahí, ¿no? Sin nombre vivía como un animalito... no, no voy a llorar.

Indocumentados nacionales

Supongamos que un niño nace y que sus padres no lo registran de inmediato. Ya sea por negligencia, porque la oficina de Registro Civil más cercana se encuentra a cinco horas de caminata, porque dejaron pasar el tiempo y cuando quisieron registrarlo, seis meses después, ya debían pagar una multa de 264 pesos —el dinero que gastan en una quincena—, o porque ellos mismos no tienen acta de nacimiento con la que puedan avalar su paternidad. Supongamos que el niño crece. Cuando llega la campaña de vacunación a su comunidad, no hay forma de comprobar que es un ciudadano mexicano y, por lo tanto, no recibe las vacunas básicas. En la escuela primaria lo aceptan uno o dos años, de manera condicionada, pero no le darán certificado hasta que entregue su acta de nacimiento. Sus padres se enteran que la multa por registro extemporáneo, después de seis años, ya no es de 264 sino de 655 pesos. Una cifra inalcanzable. Se resignan. El niño crece. Cuando tiene hijos, la historia se repite.

SIN OPCIONES. Pese a las campañas gubernamentales de trámites gratuitos aún es necesario en muchos poblados el uso de gestores de trámites.

Esta situación se repite a lo largo y ancho del país. No contar con acta de nacimiento equivale a no existir frente al Estado. Los mexicanos que no tienen personalidad jurídica carecen de los derechos básicos reconocidos por la ley (educación, salud, protección), están excluidos de toda participación social y son, en pocas palabras, individuos invisibles: indocumentados en su propio país.

El caso de Brígida es de lo más común. Personas que vivieron toda su vida sin reconocimiento oficial de identidad, que nunca votaron ni tuvieron acceso al Seguro Social, que carecen incluso de fecha de nacimiento. El fenómeno del subregistro ha persistido por años.

"El derecho a la identidad es obligatorio: está en la Constitución mexicana, en la Declaración Universal de Derechos Humanos y en la Convención de los Derechos de la Niñez. Es un derecho reconocido por la ley, pero en su ejecución hay una brecha enorme", dice Óscar Ortiz Reyes, director de Be Foundation, una de las pocas organizaciones civiles en México dedicada al tema. "Hay muchos factores culturales, geográficos, administrativos y económicos que inciden en el problema. Sin embargo, el Estado mexicano tiene la obligación absoluta de crear las condiciones favorables para que los padres de familia registren a sus hijos, de capacitar a sus empleados de Registro Civil —que pueden cometer errores y dar malos tratos—, y de homologar todos los códigos civiles para que el derecho sea reconocido plenamente. Estamos a más de 150 años de que el Registro Civil quedó en manos del Estado y en todo este tiempo no hemos podido resolver este problema. Antes estaba en manos de la Iglesia y todo mundo estaba registrado y bautizado, porque ése era el mandato jerárquico".

Lo invisible

El tema del subregistro entró brevemente a la agenda pública en abril de este año, cuando Presidencia anunció la firma del convenio que daría inicio, en todo el país, a la Campaña para el registro único, oportuno y gratuito de nacimientos de menores de edad. Muchos de los medios resaltaron la cifra que dio ese día Isabel Crowley, representante de la UNICEF en México: uno de cada cinco recién nacidos no son registrados en nuestro país de manera oportuna (es decir, en el primer año de vida).

La cifra oficial más reciente con la que se cuenta es de la Dirección Nacional de Registro de la Secretaría de Gobernación, que en 2007 calculó 7 millones de mexicanos sin registro. El Consejo Nacional de Población calcula que hay unos 2 millones de nacimientos al año, de los que solamente 70% se registra oportunamente en el primer año de vida.

Be Foundation elaboró un diagnóstico propio basado en la Red por los Derechos de la Infancia en México, INEGI y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), que eleva la cifra hasta 10 millones de mexicanos. A esto debe sumársele la población migrante en Estados Unidos, que sin contar con registro en ninguna parte, es doblemente invisible.



Pero el problema no es solamente la falta de acta de nacimiento, sino también los errores y omisiones que puedan encontrarse en ella. En todas las entidades federativas hay, cada año, un par de meses dedicados a campañas de trámites gratuitos, desde registro extemporáneo hasta aclaraciones, de manera que la campaña que empezó en abril no es una idea nueva sino una continuación de política pública. El resto del año la gente debe recurrir a las oficinas de Registro Civil más cercanas para solicitar el trámite, que gracias a la cultura de la burocracia se convierte en un verdadero viacrucis: firmas, testigos, pagos en recaudación de rentas, envío de documentos a las capitales de los estados, juicios, etcétera. Existen ahí ejemplos claros de abusos y corrupción por parte de algunos funcionarios de esas oficinas.

Oaxaca es un caso especial y es, junto con Chiapas y Guerrero, uno de los estados con mayores tasas de subregistro: más de 20%.

Ahí, en el municipio de Santa María de Huatulco, alejado de la zona turística y los hoteles, se encuentra uno de los mayores ejemplos de la ineficacia gubernamental para abatir el subregistro, y del trabajo que los propios ciudadanos han asumido para combatirlo.

A mediados del año pasado Lucía Pérez, habitante del sector J, fue a la oficina del Registro Civil de Huatulco a solicitar la corrección de un error en el acta de nacimiento de su padre, muerto hacía poco. Una discrepancia en sus apellidos le impedía a su viuda incluirse en los beneficios del Seguro Social, a los que él tuvo derecho luego de trabajar algunos años arreglando los jardines de un hotel. El titular de la dependencia municipal, Benjamín Hernández, le solicitó 2 mil 500 pesos por el trámite, cuyo verdadero costo es de 774 pesos. Una amiga le recomendó que acudiera con Octavio Martínez, gestor comunitario del municipio, quien le cobraba 900 pesos por realizar la solicitud.

Octavio lleva muchos años encargándose de los trámites de registro extemporáneo y aclaración de actas, lo cual aprendió a hacer cuando trabajó —hace mucho tiempo— como auxiliar, libre de sueldo, en las oficinas del Registro Civil municipal. Mientras pasa por las calles en sus silla de ruedas la gente lo detiene para consultarle los problemas de sus registros. En toda la zona es conocido por recomendaciones en radio y de boca en boca.

Por su labor como gestor comunitario el gobierno municipal le da a Octavio una compensación de 3 mil 500 pesos quincenales. "Cuando el trámite es urgente, aparte de los derechos fiscales que van a recaudación, me conformo con que me queden unos 200 pesos para mi gasto de gestoría. Luego, para que salga el viaje, junto un buen paquete de solicitudes y voy a la oficina central en la capital del estado porque yo sé bien cómo meter las solicitudes. A veces sí le tienes que buscar para te lo agilicen: una gratificación extra, para que se no se oiga mal. Todo el proceso me toma uno o dos meses". En quince años ha atendido, según sus cálculos, más de 10 mil casos. En la oficina del Registro Civil municipal, el año pasado atendieron sólo a 43 personas.

Hace poco, Octavio recibió una carta de la oficina de la Haydeé Reyes Soto, directora del Registro Civil estatal. En ella desautorizaba el convenio por medio del cual Octavio era reconocido y retribuido por la autoridad municipal, con el argumento de que el estado no podía tolerar los cobros excesivos que hacían los gestores sociales.

Si estos gestores no pueden trabajar entonces, ¿qué hace la autoridad municipal ante el rezago? Benjamín Hernández, director de la oficina de Registro Civil municipal, culpa la baja circulación de peticiones a que la gente,—"desafortunadamente"— no acude a su oficina. "Mi responsabilidad primeramente es atender al usuario, que quien venga a esta oficina se vaya con una respuesta satisfactoria y, si no se puede, orientar a las personas indicándoles a  dónde pueda acudir para que el trámite sea más fácil", dice.

Sin embargo, acepta que la oficina más próxima para realizar el pago de varios trámites es la de Pochutla, a unos cuarenta minutos de Huatulco: "Lo que está al alcance de nosotros con gusto se hace, pero muchas veces tú le explicas a la gente y no entiende. Por ejemplo: nosotros no podemos cambiar nombres,  eso va a juicio de rectificación a  través del juzgado, el cual debe hacer la demanda al Registro Civil".

GESTOR SIN PERMISO. Octavio Martínez ayudaba a la gente a tramitar sus documentos. El municipio de Huatulco ahora decidió quitarle el permiso para ello.

Esta montaña tramitológica la enfrentó Nicolety Serrano, una madre de siete hijos que vive en la comunidad de Chacalmata, a las afueras de Huatulco. Intentó hacer el registro extemporáneo de su hijo mayor, Noé, a través del DIF, donde le retuvieron las actas de nacimiento originales de ella y su esposo. Hasta la fecha no las ha recuperado. "En total me he gastado mínimo  mil 500 pesos. Mi esposo se dedica al campo y ese gasto no está dentro del plan a menos que hagamos sacrificios como no comprar ropa o zapatos. Las autoridades nos dicen 'ven ahora, ven mañana'. Pero igual para trabajar de chalán no necesitas IFE, y si te vas al campo quién te va a pedir identificación", dice.

Un nombre, una identidad

Karen Mercado, fundadora de Be Foundation, dice que la organización civil nació en Cancún durante el huracán Wilma de 2005: "Fuimos a una comunidad a entregar víveres y un niño se le acercó a mi mamá para que le ayudara a sacar su acta de nacimiento, porque no podía ir a la escuela. Nos dimos cuenta de que este niño era la voz de una problemática nacional. Los derechos de la Constitución no valen si no tienes acta. En este país eres mexicano sólo si lo demuestras".

Desde 2008 su labor se ha centrado en el camino legislativo: impulsar leyes y cambios constitucionales que  permitan una amnistía —es decir, un perdón constitucional— para que todas las personas sin acta de nacimiento logren ser registradas. En casos como el de Brígida, la vendedora de chiles de Iztapalapa —a quien Be Foundation ayudó el año pasado—, o el de Noé, el derecho a la identidad significa, además de los derechos a los que nunca han accedido, la posibilidad de morir y vivir fuera de la invisibilidad.

LILIÁN LÓPEZ CAMBEROS es periodista y escritora. En 2010 obtuvo la beca del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes en narrativa. Esta investigacion se llevo a cabo con el apoyo de la organizacion civil Round Earth Media. El reportaje fue escrito en colaboracion con Monica Ortiz, reportera de la radio publica estadounidense.