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La resurreción de un ídolo

La lucha libre mexicana parecía perdida cuando Místico dejó México para probar suerte en Estados Unidos, pero un joven de Jalisco la ha rescatado. Un año después del nacimiento de 'Místico La nueva era', los aficionados ya lo reconocen como un ídolo. Tiene el mismo nombre y máscara, pero una historia muy distinta
El joven que vino por la gloria. El 4 de enero de 2011 debuta como luchador profesional con el nombre de 'Dragon Lee'. El 20 de junio de 2012 es nombrado como 'Místico La nueva era' por 'Fray Tormenta'. (FOTO: Tanya Guerrero )
Por Ixchel Cisneros. Fotos Tanya Guerrero
| domingo, 11 de agosto de 2013 | 00:10

Camino por los túneles de cemento y vigas rojas que fluyen debajo de las tribunas de la Arena México. Frente a mí, dos puertas de metal sirven como filtro de seguridad previo a los camerinos y a una pequeña sala de prensa. Ahí me siento a esperar, sólo acompañada por el bullicio que viene de fuera: fanáticos ansiosos gritan excitados por ver en el cuadrilátero a su luchador favorito.

La puerta de metal se abre y por ella entra un enmascarado que, pese al físico imponente, me saluda tímidamente y se sienta a mi lado en una banca. La máscara dorada está tan ajustada a su rostro que la piel que rodea los ojos se desborda por los pequeños orificios que le permiten ver. Cuando habla, su voz se escucha lejana pues el sonido se filtra por un pedazo de lycra que le tapa completamente la boca. Es notorio que le cuesta trabajo respirar: lo hace por dos pequeños hoyos ubicados donde se intuye está su nariz. Con esta máscara brillante como el oro es difícil ver, respirar y hablar, pero para este joven de 21 años que nació en Tala, Jalisco, portarla significa un cambio radical de vida: la oportunidad del millón.

Este luchador de 76 kilogramos y 1.75 de estatura es el nuevo Místico, estrella del Consejo Mundial de Lucha Libre (CMLL) desde hace poco más de un año. Místico La nueva era hizo su debut en la Arena México el 3 de agosto de 2012, con un  lleno total, cosa que no lograba nadie desde tiempo atrás. El hombre que usaba antes esa máscara ahora pelea en la WWE, la empresa de lucha libre estadounidense más importante, con el nombre de Sin Cara.



Tomar el lugar de un luchador consagrado, una leyenda moderna, no es tan fácil. El día de la presentación de Místico La nueva era hubo algunos abucheos del público. Los aficionados le gritaban a todo pulmón "Místico pirata": estaba usando la máscara que otro había sudado previamente. Fueron los niños quienes, ansiosos por tener un nuevo ídolo, le lanzaron frases de aliento.

La pelea a ras de lona no era lo suyo: su sello estaba al volar y hacer giros en el aire. Ganó su primera pelea, pero fue un triunfo a medias porque venció a sus oponentes sin convencer al público. Eso no ha sido problema para que después de esa noche y hasta la fecha, Místico haya sido cabeza de cartel en todas sus peleas, a pesar de sólo tener dos años y medio entrenando este deporte de manera profesional. La figura de Místico dejaba muchas ganancias al CMLL como para dejar que el personaje muriera.

A pesar de estar agradecido con el luchador que antes portaba esa máscara, no le gustan las comparaciones. Dice que él tiene su propio estilo, al cual llama "Místico con corazón de dragón": consiste en mezclar las llaves tradicionales de la lucha con sus conocimientos en kung fu, arte marcial que practica desde los seis años.

Él asegura que fueron esos lances, maromas y patadas los que hicieron que el CMLL se fijara en él y lo debutara con sólo un mes de entrenamiento previo, primero con el nombre de Dragon Lee y ahora como Místico La nueva era.

Esos mismos lances espectaculares son los que en 12 meses ya le provocaron una fractura de hombro —cuya recuperación tardó dos meses—, una operación de meniscos, y un tobillo y una muñeca fisurados. Aún así, dice él, no se achica: por fin ha cumplido su sueño y prefiere morir arriba del cuadrilátero que como "un don nadie".

Un ring en la cuna

Místico creció en Tala, una pequeña ciudad a media hora de Guadalajara. Es el segundo de cuatro hermanos: William Arturo —conocido en el ámbito luchístico como Rush—, Emmanuel y Vianney. Son, dice, hermanos de sangre y cómplices de vida.

Su amor por las luchas surgió casi desde que nació. En su casa la lucha libre lo era todo: su padre, Toro Blanco, y sus tíos, Pitbull I y Pitbull II, eran gladiadores del ring. "En mi casa primero tuvimos un ring que un cochecito", bromea.

"Desde los tres años me gustaba la lucha. De chico mi padre me entrenó en el ring que hay en mi casa, siempre me subía a maromear. A los cinco nos llevó a mí y a mi hermano Rush a entrenar lucha greco-romana en la Arena Coliseo, en Jalisco, y nos ponía a pelear con niños de 10 u 11 años", dice.

A pesar de la presión paternal, su interés por las luchas se redujo cuando a los seis años conoció el kung fu. Ganó varios campeonatos y es cinta negra. Eso también le causó problemas: en la adolescencia era el típico busca pleitos dispuesto a demostrar sus habilidades en las artes marciales con el primero que se le pusiera al brinco.

Sobre su madre habla poco, se niega a decirme su nombre. Su enorme cuerpo de fisicoculturista se encorva cuando le pregunto en donde está. Levanta el rostro y me aclara que ella los quería mucho, pero sus caminos se separaron cuando él tenía ocho años y ella se fue a vivir a Estados Unidos.

Al instante, como si se hubiera dado cuenta de su debilidad, retoma su postura erguida y desafiante y habla de su abuela, Guadalupe Sánchez Mejía, quien se encargó de su educación y la de sus hermanos: "Le decimos Pita, de cariño. Ella prácticamente se hizo cargo de nosotros, nos crió, nos educó, nos apoyó en todo momento".

Pero es Arturo Muñoz es quien ocupa más páginas en la vida de Místico: su padre es su gran inspiración y, ahora, es su manager y entrenador. También lo es de Rush.

Pero Muñoz también es su mayor crítico: acepta que nunca le dirá a ninguno de sus hijos que está haciendo bien su trabajo, pues no quiere que sean conformistas.

Por el contrario, al más joven de esta dinastía de luchadores se le dilatan las pupilas cuando habla de su papá. Es su héroe máximo, su ejemplo a seguir, quien hasta hoy lo sigue entrenando siete días a la semana para que sea el ídolo de multitudes.

"Mi papá casi casi me metió a la fuerza a la lucha, porque yo me estaba inclinando por el kung fu. En el fondo sí quería ser luchador, pero nunca pensé poder cumplir con sus expectativas. No creí que este sueño se pudiera cumplir, me gustaba mucho ver a Atlantis, al Santo, a Canek, pero mi gran ídolo era mi papá. Lo veía como un monstruo, alguien impactante, un ejemplo a seguir. Siempre decía que quería ser como él o tal vez mejor", dice.

Nueva vida

A Místico ahora se le puede ver manejando un auto deportivo al llegar a la arena, o vistiendo ropa de diseñador, pero la vida no ha sido fácil para Carlos, su verdadero nombre. En una época su sostén emocional, su padre, tampoco estuvo cerca de él: lo dejó en Tala y se mudó a la Ciudad de México con Rush, para entrenarlo y hacer que éste debutara en las grandes ligas, en el CMLL. Lo consiguieron con mucho esfuerzo y fue ahí cuando Místico y sus dos hermanos los alcanzaron en el Distrito Federal.

Llegaron a vivir en un cuarto que les ofrecieron en la colonia Guerrero, una zona de clase baja del DF. Se los rentaron caro, dice, y aún así había ratas y las camas donde dormían estaban rotas. El panorama era desolador: paredes grises por la mugre, literas en mal estado y alimañas que no les permitían dormir.

En ese entonces el único que trabajaba era Rush y con lo poco que ganaba luchando mantenía a sus tres hermanos y a su papá. "La situación económica era bastante grave, éramos muchos. Comíamos puro arroz, pechuga y frijoles diario. Valoro mucho esa época porque algunos piensan que esto me lo regalaron, que el personaje de Místico me lo pusieron en bandeja de oro; pero no, yo me lo he ganado".

Afirma que ellos llegaron a México con el propósito de superarse en la vida y, en su opinión, lo están logrando. Desde que le dieron esta oportunidad ha dejado atrás el viejo Jetta que manejaba y lo ha cambiado por un Mustang. Adquirió una Ipad, la cual está aprendiendo a usar, y se compra toda la ropa que le gusta sin fijarse en el precio. Siguen viviendo en la colonia Guerrero, pero ahora ya no sólo come pechuga asada con arroz.

Corazón de dragón

Carlos quería ser modelo y por eso entrenaba tanto en el gimnasio, no porque realmente su fin fuera ser luchador. Dice que le llegó primero la oportunidad de hacerse famoso en el cuadrilátero y se vio obligado a descartar su carrera en las pasarelas: "Tenía que almorzar, comer y cenar lucha libre y ya no podía seguir pensando en el modelaje".

En 2010, mientras su papá lo entrenaba para ser luchador, Carlos seguía yendo a castings para modelar ropa o ropa interior. Un día, mientras entrenaba en un gimnasio frente a la Arena México, su padre le informó que lo incluirían en el concurso anual de fisicoculturismo del CMLL. Ganó en su categoría.

Después de ese evento su ascenso fue rápido e hizo su debut en el cuadrilátero con el nombre de Dragon Lee el 4 de enero de 2011. Meses después ganó el tercer lugar del concurso En busca de un ídolo y, para sorpresa de muchos, fue elegido por el CMLL para participar en la segunda temporada de El Luchador, un reality show del canal A&E, donde compartió créditos con luchadores muy populares como Shocker, Felino y Rey Bucanero.

Fue cuando terminaban de grabar este programa cuando surgió la oportunidad del millón. El 20 de junio de 2012 el mentor del primer Místico, el sacerdote y luchador retirado Fray Tormenta, dio una conferencia de prensa donde hizo pública su decisión —y la del CMLL— de darle a Dragon Lee la máscara de Místico. Los derechos del nombre y la máscara pertenecen al Consejo Mundial de Lucha Libre, no al luchador.

En aquél evento Fray Tormenta sacó de un maletín plateado la ansiada máscara. Dragon Lee se desamarró las agujetas de su careta de dragón, dio la espalda al público y a las cámaras, y se puso su nuevo rostro: la máscara plata con oro del que fuera el último e indiscutible ídolo del CMLL.

El joven agradeció la oportunidad, se arrodilló, recibió la bendición de Fray Tormenta, se persignó y lo abrazó con fuerza. "Yo veía al anterior Místico en la tele y decía 'qué padre ha de ser que todo el mundo te quiera'. El personaje me gustó siempre: veía sus videos de You Tube y la primera máscara que me puse, de broma, fue la suya. Ahora es un honor portarla. Por cuestiones del destino, la vez que debuté fue Místico quien me apadrinó, así que hoy encarnar este nombre es algo muy emocionante".

Inexperiencia

Sobre sus hombros tiene el peso de una leyenda. Místico no es sólo el luchador más famoso en la escena mexicana de los últimos años, es también el personaje que volvió a llenar las arenas, a vender máscaras y juguetes. Por eso las expectativas sobre este muchacho son muchas, aunque debido a su juventud e inexperiencia aún se ponga nervioso cuando el sonido local menciona su nombre para que salga al cuadrilátero.

Tal vez por ello "Místico Lee"  —como lo llaman en algunas redes sociales— tuvo varios tropiezos en sus primeras peleas. Uno en su debut en la Arena México, donde los rudos Mephisto, Euforia y Ephesto, le rompieron la máscara y estuvo a unos centímetros de revelar su verdadera identidad. O en Puebla, donde al entrar al cuadrilátero pisó mal una cuerda y, al caer, se lastimó el hombro.

A pesar de las fallas, tanto él como su padre le apuestan al entrenamiento constante para romper la barrera del nervio y evitar este tipo de errores. Con ello ha empezado a obtener triunfos importantes. Como el del 30 de septiembre de 2012, cuando en Monterrey derrotó a Último Guerrero en el Campeonato Azteca.

Pese a ello, la afición aún no lo reconocía como un grande. Las dudas siempre lo marcaban. Fue hasta el pasado 16 de junio cuando El príncipe de plata y oro, como también lo llama la prensa deportiva, se ganó el respeto del público: de la mano de Máscara Dorada y Valiente ganó el Campeonato Mundial de Tercias ante Los Guerreros Laguneros, integrado por Euforia, Niebla Roja y Último Guerrero.

Ganaron en la tercera caída y Místico desbordaba alegría. Se subió a la tercera cuerda, desde donde levantaba los brazos incitando al público a un festejo conjunto. Los fanáticos aplaudían de pie, los niños se ponían sus máscaras oro y plata y la Arena México coreaba su nombre.

En menos de un mes, el 1 de julio, Los Estetas del aireMístico, Valiente y Máscara Dorada— fueron recibidos con aplausos en la Arena de Puebla, donde enfrentaron la primera defensa de su campeonato ante la famosa Triada del Terror, integrada por los populares rudos Averno, Mephisto y Ephesto. Y ante cientos de espectadores, los técnicos volvieron a triunfar.

A un año de su debut con la máscara de Místico, él comenta que la fama no es algo que le afecte. Dice que vino desde abajo y que, ahora que está en la cumbre, será su familia quien lo ayudará a no perder el piso. Sin embargo, "no puedo decir que nunca se me va a subir porque a todos nos pasa, sé que se me subirá uno o dos escalones, tres o cuatro ya no. Si eso sucede, mis amigos y mi familia me ayudarán a darme cuenta".

La pequeña Mística

El grito recurrente antes de que se suba al ring, mientras camina por los pasillos de las arenas, es "¡estás bien sabroso!". La escena es cotidiana y normal: ser luchador trae consigo hordas de mujeres desviviéndose a gritos por su ídolo. Por esa razón a Místico le ha costado mucho tener una pareja estable: "Es difícil tener una novia. Más porque tengo 21 años y pues ya sabes, las chavas, las fans, la desconfianza. Eso te orilla a decidir entre una mujer o tu carrera y mil veces prefiero la lucha".

Hace unos meses tuvo una novia, Andrea, que vive en Tala, Jalisco. Llevaban una buena relación, pero cuando se convirtió en estrella de la lucha le fue difícil sobrellevar su popularidad con las mujeres. Eso los separó, pero de esa relación nació una niña. Místico se niega ha hablarme de ella, dice que prefiere mantener a un lado su vida privada. Sólo dice que está ansioso por estar con ella más tiempo y quiere que la bebé crezca con una bonita imagen de su padre, el ídolo de muchos.

Místico no la tiene fácil: su predecesor llenaba arenas y vendía máscaras como antes lo llegaron a hacer El Santo, Blue Demon u Octagón. Así que debe, dice, "comer, cenar y respirar lucha libre" sin importar las lesiones, la lejanía de su hija y su sueño de ser modelo.

Al inicio de la segunda temporada del reality El Luchador Tony Salazar, instructor del CMLL, no quería aceptar a Dragon Lee, pues no tenía experiencia y lo único que podía ofrecer es hacer lances espectaculares, y declaró: "Ojalá yo algún día me trague mis palabras y este muchacho sea una súper estrella de la lucha libre, para bien de la lucha y el Consejo". Ahora Tony tendría que tragarse sus palabras, pues basta pararse en una arena cuando el Místico sale al cuadrilátero para escuchar los gritos de una multitud que corea su nombre.

XCHEL CISNEROS es periodista freelance y ha colaborado en medios como 'Travel + Leisure' y 'Esquire'. Actualmente estudia la maestría en Periodismo y Asuntos Públicos en el CIDE. De niña era fanática de las películas de 'El Santo'.