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La nueva promesa del cine mexicano

Bárbara de Regil, a quien seguro ubicas por su trabajo en las telenovelas de TV-Azteca, atraviesa por Tiempos felices, y no sólo porque ese es el título de la primera película en la que participa, sino porque dice que su carrera está por despegar
TIEMPOS FELICES "Me veo en tres años viviendo en Los Ángeles y haciendo cine. Me estoy preparando y perfeccionando mi inglés. En televisión me podría ir muy bien con las telenovelas, pero el cine es algo maravilloso... Yo soy cien por ciento cine.." (FOTO: FELIPE LUNA )
Por JUAN CARLOS ROMERO / Fotos Felipe Luna
| domingo, 15 de febrero de 2015 | 00:10

Bárbara de Regil termina una mañana de ensayos. Llega a la cita con ropa de trabajo, una camiseta, leggins y zapatos deportivos. Unos segundos después entra al vestidor y sale en un vestido blanco ceñido y tacones. Ella misma sugiere un último toque: un sombrero oscuro de ala ancha.

Es evidente lo cómoda que se siente frente a una cámara; sus perfiles en redes sociales están llenos de selfies hechas frente a los espejos de su recámara, del gimnasio, de alguna tienda de ropa e incluso del elevador. Pero esas son fotos apresuradas que cuentan su día a día. Durante la sesión con Domingo accede a cada sugerencia de Felipe Luna, el fotógrafo; con su postura y sus manos propone incluso la siguiente toma, la cámara dispara decenas de veces.

Bárbara comenzó su carrera como modelo de Contempo, la agencia de Óscar Madrazo. Un buen momento para la moda, no sólo por el surgimiento de casas de moda y publicaciones dedicadas al tema, sino —como explica el propio Madrazo— porque la moda entró a todos lados: revistas, redes sociales, reality shows.

Justamente, la imagen más antigua que puede encontrarse de Bárbara de Regil en televisión es de 2009, cuando fue parte del programa de realidad New Generation que buscaba a la nueva conductora del canal musical Telehit. Sin embargo, su paso por la pantalla chica en esa canal de televisión fue efímero en ese momento, algo apenas anecdótico.

MODELO
Óscar Madrazo recuerda a Bárbara de Regil como una joven carismática, dedicada y profesional, cuya mayor virtud como modelo era su fotogenia; más que nada, un rostro de rasgos finos que retrataban muy bien. Para él, sus características se adecuaban más al modelaje comercial que a la pasarela, lo cierto es que ella “tenía una conexión inmediata con la cámara”.

Luego de unos meses, De Regil decidió entrar a estudiar al Centro de Formación de Actores de TV Azteca, donde encontró su verdadera suerte. Su primera gran oportunidad llegó mientras caminaba por los pasillos de la televisora, donde el director Fabián Corres la invitó a integrarse a las grabaciones de la telenovela Bajo el alma. Sin embargo, no le ofreció sólo un papel, le dio el protagónico de la historia: una joven humilde que lucha por los derechos de otras mujeres en la empresa donde trabaja.

De Regil no considera ese como su trabajo más importante. Su papel más valorado lo hizo en Amor cautivo, donde llevó el peso antagónico, “una mala con mucho corazón y odio a la que le metí muchísimo sentimiento. Amaba, y porque amaba, odiaba”.

Reconoce que no estaba en sus planes dedicarse a la actuación; estudió fotografía y tomó clases de chino; había mil cosas antes de pensar en ser actriz. Su abuela Rosario le dio el empujón que quizá necesitaba cuando en su mundo infantil la veía representar escenas dramáticas; le dijo que quería verla en la tele, lo cual logró. El tiempo no le alcanzó para ver su siguiente paso profesional, su debut en cine.

TIEMPOS FELICES

Aunque desde 2012, Bárbara comenzó a hablar del inminente rodaje de El secreto de Victoria, en el que encarnaría a una modelo a la que le es diagnosticado cáncer de seno, su primera aparición en cine finalmente se hizo realidad en el primer largometraje del director Luis Javier M. Henaine, Tiempos felices. El personaje que interpreta, Andrea, es una mujer fría, plástica, sin escrúpulos; tentación y objeto de deseo, una Barbie en encajes negros de actitud provocativa que, además, se dedica a la actuación.

Bárbara confiesa que el personaje se le dio de manera natural y la describe como “sumamente fría. No siente, no piensa en las consecuencias. No tiene ni mucho amor ni mucho odio por nadie. Hace las cosas y punto. Confía demasiada en su belleza. Se va a escuchar muy mal, pero mi familia dice: ‘es muy tú’. Y sí, la esencia es un poco yo. No me clavo en nada. Desapegada. Fuerte, burlona…, ya sabes”.

El director de la cinta explica que el suyo fue uno de los personajes más difíciles de conseguir, porque aunque varias actrices con experiencia se presentaron al casting, no llegaba la persona que con las características que buscaban para el rol. “Yo no conocía a Bárbara, no la había visto actuar, pero vimos algunos videos de ella en YouTube y decidimos hablarle. Vino a hacer el casting y la verdad es que puso nervioso al que hizo la prueba. Nos dio todo lo que queríamos; tenía el físico, el porte y la actitud”.

Así, ante el próximo estreno de la película (una comedia romántica sobre una joven pareja en la que él quiere separarse y ella quiere dar el paso al matrimonio), le pregunto a Bárbara dónde y cuándo ha sido más feliz, cuáles han sido sus “tiempos felices”.

—Creo que desde que nació mi hija Alexa… (piensa un poco)  Bueno, si tuviera que elegir los dos momentos más felices de mi vida, yo creo que uno de ellos sería la primera vez que mi hija me dijo “mamá”.

—¿Y el otro?

—Cuando   terminé mi última relación y mi ex se fue de mi vida y de la casa luego de una relación de casi  nueve años... Esos dos momentos fueron “tiempos felices”.

—¿Y en lo laboral?

—No tengo un momento así. Me falta mucho para llegar a él. Trato de disfrutar cada momento. Cada vez que hago una escena, cada vez que estoy en pantalla soy muy feliz.

UN FUTURO FUERA

La actriz lleva cuatro tatuajes en la piel, entre ellos una gaviota, unas alas de halcón y tres estrellas. Pero hay uno muy peculiar que se hizo en el índice de la mano derecha: un “Shhh” de silencio. Acaso esclava de sus palabras y dueña de sus silencios, como dice el antiguo aforismo, su soltura frente a la lente no es la misma cuando se trata de hablar de sí misma; es mucho más contenida frente a una grabadora, no deja de mirar la pantalla del celular mientras conversa.

En este trayecto de cuatro años dedicados a la televisión, Bárbara no recuerda haberse planteado como dilema seguir en la actuación u optar por otra carrera. Dice haberse vuelto adicta a los medios, de modo que su actual momento está definido por dos palabras: “hacer más”.

Y aunque ya suma cuatro telenovelas en su currículo (Así en el barrio como en el cielo, la más reciente, está por estrenarse) su horizonte no están ni en la televisión, ni en México: “Me veo en tres años viviendo en Los Ángeles y haciendo cine. Me estoy preparando y  perfeccionando mi inglés. En televisión me podría ir muy bien, pero el cine es algo maravilloso”.

Sin miedo a dar ese gran salto y a hacer un cambio total de vida, los planes  de Bárbara son colocar a su hija en un internado, tomar algunos efectos personales y lanzarse, llevándose consigo “todas las ganas de luchar y salir adelante”.

Y agrega: “No pasa nada. Puedes armar una vida aquí, puedes armar una vida allá. Dejaría de ver a mi mamá y a mi hermana, pero las vuelvo a ver en seis meses. La verdad, no tengo ningún apego a nada”.

Le comento que hace unos meses la escuela de comunicación y periodismo de la Universidad del Sur de California efectuó una investigación que, tomando como base cien de las películas más taquilleras de Hollywood, encontró que menos de 5% de los papeles son para actores de habla hispana, mientras que 37.5% de las actrices hispanas que aparecieron lo hicieron completa o parcialmente desnudas, cuando no se les dió un papel de camareras o domésticas.

Pero De Regil no se plantea ir a EU pensando en que su destino sea interpretar estereotipos: “Cada quien tiene una personalidad diferente, un rostro y una suerte diferente. Cualquiera puede lamentarse: ‘no pegué’, pero de pronto se va alguien como Salma y es diferente. Cada persona tiene una línea de vida distinta”.

—¿Hay alguna actriz o actor cuyo trabajo te haya marcado? 

—No, ninguno. Todavía nadie.

—Del medio mexicano, ¿admiras a alguien por su trabajo o  trayectoria?

—A nadie.

EQUILIBRIO

Bárbara fue madre hace diez años, cuando apenas tenía 17. La actuación no era parte de su actividad cotidiana. En los últimos años su agenda se llenó de llamados para grabar capítulos de telenovela, sesiones de fotos  y viajes a locaciones como parte del talento de TV Azteca para grabar proyectos como La Isla, un reality de retos físicos en el que participó el año pasado.

Dado que su propia hija a veces se resiente por la exigencia de su profesión, le pregunto cómo equilibra la labor de madre joven con la disponibilidad que exige esta carrera. “Con muchas ganas de salir adelante —explica ella—. Es algo que no se piensa, así tengas diez hijos o diez perros, o no tengas coche, o tengas una hija a los 17 años. Lo que sea; si realmente quieres subir al monte más alto, lo vas a conseguir, así lleves 25 piedras”.

Resulta evidente en Bárbara el cuidado de su imagen. Si bien decidió hace algunos años operarse el busto, comenzó a hacer natación desde que era pequeña y hoy se mantiene en forma con una buena alimentación y dos horas de gimnasio diarias. 

La actriz, cuyo nombre se manejó recientemente como parte del elenco de Cómo filmar una película porno, película de Gabriel Retes, basada en una comedia teatral de mucho éxito, no tiene duda de que el trabajo para la pantalla grande es lo mejor que le ha pasado. “En una telenovela en una hora haces 20 escenas. Aquí todo es más pausado, tienes tiempo de planear, de hacer mejor las cosas y  construir a tu personaje. Yo soy cien por ciento cine. Hice esta película y quiero hacer cine el resto de mi vida”.

Bárbara corre a su siguiente cita del día. El vestido blanco desaparece, vuelve el outfit inicial con zapatos deportivos. “La vida es una comedia para aquellos que piensan y una tragedia para aquellos que sienten”, escribirá más tarde en su cuenta de Twitter.

Bárbara de Regil se estrena como actriz de cine, su nueva telenovela entra al aire, un shooting más con ella aparece publicado en las páginas de una revista de moda. Sin duda, son tiempos felices para ella.

Si la felicidad fuera una manera de medir la riqueza de un pueblo, como proponen muchos economistas, entonces los mexicanos seríamos multilonarios; 82 de cada cien se declaran felices y satisfechos con la vida

EN BUSCA DE LA FELICIDAD

Desde hace casi 2 mil años, los seres humanos estamos obsesionados con encontrar eso que llamamos: La felicidad. Y no es sino hasta ahora que, con una metodología científica, una cantidad importante de psicólogos, neurólogos y -principalmente- economistas, se han dedicado a analizar por qué algunos individuos son más felices que otros y qué es lo que tenemos las personas en común para acercarnos o alejarnos de nuestros ideales de felicidad.

Se tienen registros de que en el primer lustro de la década de los 80 se dieron a conocer unos 2 mil trabajos científicos sobre “la felicidad”; pero de 2006 a la fecha uno puede encontrar en Internet más de 50 mil artículos publicados sobre este tema en todo el mundo, y en la mayoría de estos se intentan responder preguntas como: ¿Por qué no soy feliz? ¿Quién es responsable de mi felicidad? ¿La felicidad está en los genes? ¿Seré un tipo feliz si me gano la lotería?

Algunas de esas respuestas ya han salido a la luz en algún momento: nuestros genes sí influyen mucho en nuestra felicidad; los ganadores de la lotería son felices temporalmente, pero luego regresan a sus niveles de felicidad anteriores, y sí, cada quien es responsable de su felicidad.

Por cierto, aunque una encuesta en Estados Unidos arrojó que los habitantes de ese país serían mucho más felices si ganaran 75 mil dólares al año, la mayoría de los estudios indican que la cantidad de dinero no influye significativamente en el nivel de felicidad, a menos de que se trate de alguien realmente muy pobre.

Quizá sea por eso que entre los primeros académicos en investigar las causas de la felicidad están los economistas, quienes está realmente interesados en preguntarle a la gente de todo el mundo qué tan felices son.

De acuerdo con la Base de Datos Mundial de la Felicidad, publicada en enero de 2010, México es el séptimo país más feliz del mundo, a pesar de estar muy lejos de ser una economía desarrollada y en donde el salario de la mayoría de la población no llega ni a los 10 mil dólares anuales.

Según un estudio sobre felicidad de Ipsos Global realizado en 24 países durante 2011, México es el tercer lugar, sólo detrás de Indonesia e India.

Con esos antecedentes, no deberían sorprendernos entonces los resultados de la Encuesta Nacional de Satisfacción Subjetiva con la Vida y la Sociedad (Ensaviso), dados a conocer hace unos días por la UNAM, que muestran el nivel de felicidad y satisfacción con la vida es muy elevado entre los mexicanos. Tanto, como que 82 de cada cien compatriotas declaran ser felices y estar satisfechos o muy satisfechos con la vida.

8.53 NIVEL de felicidad promedio entre los mexicanos, en una escala de 1 al 10

8.82 NIVEL de felicidad entre personas viudas; los divorciados están en 7.87

84% DE HOMBRES son felices en México; las mujeres felices son un poco menos: 80.9%

SALUD Y FAMILIA:

Un estudio realizado en Alemania con 60 mil personas, durante 25 años, arrojó que la mayoría elevaron considerablemente sus niveles de felicidad al darle prioridad a objetivos como la salud y las relaciones familiares, por encima del dinero, el trabajo y otras posesiones materiales