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La gentileza del hombre de los bisquets

Amigos de Miguel Ángel Mancera Segura, fundador de la empresa Los Bisquets Bisquets Obregón, lo recuerdan como un hombre generoso que bien podía regalar desde una bolsa de pan hasta un viaje a la Serie Mundial de beisbol, su deporte favorito
EMPRESA EXITOSA Según datos de la Asociación Mexicana de Franquicias (AMF), la empresa cuenta con 82 “sucursales franquiciadas”. La historia del negocio inició en 1945 con la apertura del entonces restaurante La Perla de Oriente. (FOTO: Especiales )
Por FERNANDO FIGUEROA
| domingo, 19 de octubre de 2014 | 00:10

-Doctor Díaz, el señor Miguel Ángel Mancera quiere hablar con usted —dijo la secretaria.

—¿El dueño del restaurante La Perla de Oriente? —preguntó el médico.

—Sí, doctor.

—Hágalo pasar, por favor.

Momentos después, Miguel Ángel Mancera Segura se presentó ante el doctor Roberto Díaz y se produjo el siguiente diálogo:

—Doctor, mucho gusto. Vengo a informarle que murió doña Carmen, la señora que trabajaba en La Perla de Oriente y que usted ha atendido tan amablemente.

—Lo lamento mucho, no lo sabía.

—Y supongo que tampoco sabía que ella era mi mamá.

—No sabía.

Era el final de los años 70. Durante dos o tres años, el doctor Díaz había atendido a doña Carmen Segura sin cobrarle jamás, pensando que se trataba de una empleada común. Lo único que sabía era que ella trabajaba en la cocina de La Perla de Oriente, el origen de lo que hoy es la franquicia Los Bisquets Bisquets Obregón. En agradecimiento, la señora le obsequiaba en cada visita una bolsa llena de pan.

Durante aquella primera charla entre el restaurantero y el doctor, este último recibió una llamada telefónica del manager del equipo de beisbol amateur en el que jugaba como pitcher. Mancera Segura escuchó la conversación y se dio cuenta de que entre él y su interlocutor había una importante afinidad: la práctica del Rey de los Deportes, aunque para ese entonces el empresario ya había dejado de jugar regularmente (fue un poderoso bateador a nivel amateur). Minutos después, descubrirían otra conexión: ambos eran fanáticos del equipo capitalino Tigres (hoy de Quintana Roo).

DE VIAJE. Miguel Ángel Mancera Segura visitó famosos estadios de beisbol, entre ellos el de los Mets de Nueva York, alguna vez con Roberto Díaz

Al retomar la plática, don Miguel Ángel comentó que, a pesar de sus reiteradas súplicas, su mamá nunca quiso dejar de trabajar, pues quería sentirse útil en el negocio. Mancera se despidió del médico reiterando su agradecimiento verbalmente y con un apretón de manos que selló una amistad que duraría, de manera literal, hasta la muerte de quien fuera padre y tocayo del actual jefe de gobierno de la Ciudad de México.

Con el paso del tiempo, los nuevos amigos descubrirían que uno de ellos era admirador de los Yanquis de Nueva York (Mancera), y el otro (Díaz) acérrimo enemigo de los Bombarderos del Bronx. Esa diferencia no sería obstáculo para que el entonces dueño de 20 restaurantes invitara al doctor a ver beisbol en estadios de grandes ligas.

En aquella época, Roberto Díaz tenía un sueldo decoroso en el hospital Lourdes, que se ubicaba en la avenida Álvaro Obregón, a escasos metros de La Perla de Oriente. Sin embargo, también tenía que pagar tres colegiaturas en escuelas privadas, así que para él los viajes al extranjero estaban prácticamente descartados.

Fueron muchas las excursiones a Estados Unidos que Miguel Ángel Mancera padre costeó al doctor Díaz, y una más a Europa durante casi un mes. Las veces que el médico intentó pagar alguna cuenta en aquellos paseos, se topó con una tajante negativa de parte de don Miguel.

Esta singular historia de la vida real se la escuché a Roberto Díaz en las tribunas del Foro Sol mientras veíamos algún juego de los Diablos Rojos. Durante mucho tiempo él se resistió a darme luz verde para contarla, pero ahora que ese recinto dejará de ser un parque de beisbol —ya que la remodelación del Autódromo Hermanos Rodríguez implicará un trazo que cruzará el Foro Sol—, considero necesario que la memoria no muera. Amable como suele ser, el Doc me dice cada vez que le pido que cambie de opinión: “No estoy de acuerdo en que lo publique, pero usted tiene la última palabra”.

Tommy al bat

Tomás Morales, el legendario cronista de beisbol, me contesta el teléfono y dice emocionado: “El papá de Miguel Ángel Mancera fue un extraordinario amigo, de los mejores que he tenido. Era un hombre muy tranquilo, muy respetuoso”.

Inicios. En  1979, La Perla de Oriente ya era un sitio famoso. En las páginas del periódico “Novedades”, se le describía así: “Trece mesitas apretadas  desprovistas de mantelitos individuales, asientos incómodos, ATENCIÓN ELEMENTAL [...] y sin embargo hay que pelearse  para encontrar mesa”

—¿Cómo lo conoció?

—Yo cubría como periodista la Liga Mayor y él patrocinaba uno de los equipos, La Perla de Oriente, que se llamaba igual que su restaurante.

—¿Qué tan cercano fue su trato?

—Algunas veces nos veíamos los fines de semana en los juegos de esa liga y él también iba mucho como espectador al estadio del Seguro Social, era muy aficionado a los Tigres. Era tan amable que siempre llegaba con una bolsa de bisquets y me los regalaba. También coincidimos muchas veces en los juegos de Serie Mundial, en Estados Unidos. Él sabía mucho de beisbol.

—¿Él lo invitaba?

—No. A mí me mandaban del periódico en el que trabajaba, pero don Miguel y yo viajábamos juntos en las excursiones que organizaba Pepe Rodríguez. Pepe anunciaba sus paquetes en el periódico, y como forma de pago yo iba a los clásicos de octubre con pasajes y hoteles incluidos.

—Cuénteme alguna anécdota con don Miguel…

—Me acuerdo mucho de una vez que yo necesitaba un pavo en diciembre y no lo tenía, tampoco el dinero para comprarlo. Andaba pensando en cómo conseguirlo, cuando vi a don Miguel en el deportivo Plan Sexenal. Al acabar el juego, me dijo que lo acompañara porque en su coche traía un pavo para mí. Yo no se lo pedí, fue algo muy curioso.

Entre tigres te veas

Arturo Cordero trabajaba en el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) como visitador de empresas, y en alguna ocasión le tocó esa tarea en La Perla de Oriente. La primera vez que llegó a la oficina de Miguel Ángel Mancera Segura, Cordero vio una ilustración enmarcada en la que aparecían un niño, un perro y una pelota de beisbol; le gustó mucho y le dijo a la secretaria: “Dígale a su patrón que me regale ese cuadro”.

Nunca le regalaron el cuadro, pero de esa forma el señor Mancera supo que el visitador del IMSS también era gran aficionado a la pelota caliente. En aquella época, Arturo Cordero tenía otro trabajo, como auxiliar de contabilidad en el equipo… ¡Tigres! Y también practicaba beisbol en el terreno amateur. Cordero fue la primera persona que se puso una botarga de Tigre (antes de que la mascota se llamara Chacho), y al paso del tiempo se encargó de las diferentes promociones que hacía ese equipo profesional entre los aficionados.

AMISTAD. Tomás Morales (centro), amigo de Miguel Mancera padre, en el homenaje que recibió en agosto 2014 en el Foro Sol. A la izquierda, el empresario Alfredo Harp Helú

Arturo Cordero recuerda a Mancera Segura como un hombre magnánimo, que siempre invitaba las comidas en sus propios establecimientos o en algún otro lugar. Además de ser “tigristas”, Cordero y Mancera tenían otra afición en común: el billar. “Miguel Ángel tenía una mesa muy bonita en su oficina, arriba del restaurante de Álvaro Obregón. Nos la pasábamos muy a gusto, y ahí mismo pedía de comer para todos. Yo casi siempre le ganaba en el billar y él hacía coraje, ja, ja, pero nunca fue grosero ni nada por el estilo. Era un tipazo”.

Entre los actos generosos de Mancera, Cordero recuerda uno en especial: “Una vez me pidió que le ayudara a bajar una televisión muy grande, supuestamente para llevarla a otro lado. Me dijo que la metiera a la cajuela de mi coche y que en unos momentos más me alcanzaba en la calle. Al rato bajó y le pregunté para dónde íbamos. Entonces me dijo que la televisión era para mí”.

Frijoles y langosta

El doctor Roberto Díaz cuenta que el platillo favorito de Miguel Ángel Mancera padre, era la langosta. En los viajes que realizaron juntos, buscaban restaurantes donde prepararan bien ese manjar. Antes de pedir las órdenes, el empresario solía decirle al médico: “Yo sé que a usted le gustan más los frijoles, pero vamos a ver qué tal está aquí la langosta”.

Debido al agradecimiento que Mancera sentía por el doctor, este último visitó varias veces Nueva York para ver a los Yanquis, generalmente contra sus añejos rivales, Medias Rojas.

También fue al Astrodome de Houston, al Wrigley Field de Chicago y al Veteran Stadium de Filadelfia, entre otros parques de pelota. En 1992 asistió a la Serie Mundial que jugaron los Azulejos de Toronto y los Bravos de Atlanta en esas ciudades de Canadá y Estados Unidos, respectivamente. En un viaje a Europa, el médico que atendió gratis a doña Carmen Segura conoció París, Roma, Ámsterdam, Bruselas, Atenas y Barcelona.

Decía El Mago Septién que el beisbol es el Rey de los Deportes, porque en un solo encuentro hay millones de jugadas posibles. En la vida, historias como la de Miguel Ángel Mancera padre y el doctor Roberto Díaz, hay una en un millón, si acaso.

MISMA MESA. Miguel Mancera Segura y Arturo Cordero (izq.) compartieron otra afición: la mesa de billar

En abril de 2012, Miguel Ángel Mancera Espinosa asistió al teatro Rafael Solana para ver el cierre de temporada de la obra Rojo, estelarizada por Víctor Trujillo. En esa ocasión, me acerqué al político para hacerle algunas preguntas acerca del apoyo que le daría al teatro en caso de que se convirtiera en Jefe de Gobierno (entonces era candidato).

También le comenté que a las tribunas del Foro Sol asistían un par de aficionados que recordaban con mucho aprecio a su padre. El actual Jefe de Gobierno capitalino me dijo que su papá se caracterizó por ser “muy buen amigo de sus amigos”.

FERNANDO FIGUEROA es autor del libro “El mejor oficio del mundo. 60 entrevistas”,  por el que desfilan personajes como Marcel Marceau, Edward Albee, Fernando del Paso, Jesús Martínez Palillo, Yolanda Vargas Dulché, Chava Flores y don Pedro Septién, “El Mago” de la épica beisbolera