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La difícil y exótica vida de un luchad@r

No son nombres de una colección de ropa, maquillaje, accesorios o fragancias. Pero sí remiten a lo femenino, el glamour y la coquetería: Chica Yeyé, Cassandro, Diva Salvaje, Pimpinela Escarlata, Polvo de Estrellas o Pasión Cristal. Sus nombres dan vida al protagonismo de funciones estelares de la lucha libre mexicana en uno de sus géneros más llamativos para los espectadores. Con ustedes: Los exóticos
PERSONALIDAD. Glamour y rudeza, mezcla de elementos que hacen brillar a la "Diva Salvaje". (FOTO: Luz Montero )
Por Érika Núñez Alcántar. Fotos Luz Montero
| domingo, 3 de agosto de 2014 | 00:10

Algunos carteles apenas se sostienen sobre la puerta de entrada a la "Gloria". Éste es el nombre al que responde este gimnasio de la popular colonia Morelos, donde ya se prepara la próxima función de lucha libre.

Los promocionales del día incluyen varios encuentros, en su mayoría entre mujeres. Pero el público que desde temprana hora arribó al lugar, espera con entusiasmo un encuentro en particular: la batalla entre el trío femenino integrado por Kamilión, Lady Monster y Skadi, representando al bando técnico; contra la tercia de exóticos conformada por Chica Yeyé, Diva Salvaje y El Demasiado, como parte del bando rudo.

Apenas son anunciados, los rudos provocan que el público asistente se desborde en gritos, piropos, porras y silbidos. Uno a uno entre rastros de perfume y ataviados de sexys atuendos suben al cuadrilátero. El público simplemente no para de gritar. "¡Diva, Diva, Divaaa!".

—¡Ahí esta la Diva, papá! —comenta un pequeño mientras intenta pararse en puntas para ver mejor la escena.

—¡Chíngatelas Diva! —corean otros desde un extremo del cuadrilátero en relación a sus oponentes.

—Ya va empezar lo bueno, ¡por fin van los exóticos! —augura entre risas un adolescente entusiasmado mientras saca su celular para tomar algunas instantáneas.

LUMINARIA. Con 26 años de trayectoria, el luchador exótico "Cassandro" es referencia de lucha exótica.

Tal como lo anunciaba la joven después de medirse en el ring por más de media hora, el bando de los exóticos se adjudica el encuentro. De regreso a los vestidores chicos y grandes esperan por igual una oportunidad para fotografiarse a lado de estos singulares luchadores que nunca dejan de posar.

Ya en la privacidad de los vestidores Diva Salvaje y Chica Yeyé conversan sobre la función mientras van despojándose de la vestimenta y el maquillaje hasta dejar ver al natural a los hombres que están detrás de sus personajes representados por años y con los que han contribuido a la consolidación del género de la lucha libre exótica.

¿Quiénes son detrás de sus personajes estos singulares luchadores? Domingo les quitó la máscara y los sacó del pancracio para acercarte a ellos.

Mi vida por la bendita lucha

El género de la lucha libre exótica tiene en Cassandro a una de las figuras más destacadas y con reconocimiento internacional. Con 26 años de trayectoria este luchador nacido el 20 de mayo de 1970 en El Paso Texas —de padres mexicanos—, además de protagonizar grandes encuentros arriba del ring, estelariza documentales, exposiciones fotográficas, imparte charlas y seminarios sobre lucha libre en Europa y Asia. "Me siento satisfecho del giro que ha tomado mi carrera y la manera en que he aprendido a disfrutar cada proyecto".

Pero no todo ha sido miel sobre el ring. De visita en México —radica en Estados Unidos—, abre la caja de los recuerdos donde también encuentra amargura. "Enfrenté discriminación y rechazo. Tuve problemas con alcohol y drogas, pero también he tenido la fortaleza para darle la vuelta a esas experiencias y que mi historia abra camino a nuevas generaciones de luchadores exóticos, y con ello, dejar huella dentro de este deporte".

Su origen remite a los domingos de infancia en su natal Ciudad Juárez, Chihuahua, en los que puntualmente asistía con su familia a misa y después a la función de lucha libre que ofrecía un gimnasio local, misma que disfrutaba con sus amigos de entre ocho y diez años en las películas que transmitían por televisión. También a una adolescencia, en la que ya con 16 años, Saúl Armendáriz (nombre real del luchador) seguía visitando fielmente Juárez para asistir a la lucha libre.

De tanto ir a las luchas fue conociendo a todos lo que iban a dar función, se hizo amigo de muchos, andaba con ellos de arriba para abajo. Entrenaba en un gimnasio pero hacía levantamiento de pesas y aerobics. Un buen día llegó una amiga y le dijo: "vamos a entrenar lucha libre". Una locura —pensó—, pero la siguió.

"Fui, probé y me quedé. ¡Me dieron una chinga! El que sería mi primer maestro y otros compañeros me echaron mucha carrilla pero no me importó". Tan no le importó que a partir de ese momento Cassandro se tomó muy en serio la profesión de luchador y comenzó a entrenar de lunes a viernes de 5 a las 8.

A pesar de que nunca abandonó la escuela y de haber concluido la carrera de administrador y asistente médico la lucha libre se mantuvo como prioridad. Para el verano de 1988 Saúl había librado su primera lucha profesional bajo el nombre de Míster Romano, sugerencia del que sería su segundo maestro: Rey Misterio.

Te voy a cambiar el nombre

Algo que caracteriza al género de la lucha libre exótica es que la mayoría de sus exponentes han confesado abiertamente su homosexualidad, situación que en la época en la que Cassandro comenzaba su carrera no era del todo bien vista dentro del gremio. Para 1989 y después de haberle entregado un título profesional a su madre, Saúl Armendáriz concentró todas sus energías en destacar como luchador.

En ese momento en Juárez buscaban un exótico así que fue y los promotores de un canal de televisión local le dieron chance. Su nombre de batalla fue Rosa Salvaje pues estaba de moda la telenovela que protagonizaba Verónica Castro. No duró mucho ese mote pero sirvió para el fogueo en varias arenas. Así empezó todo.

El siguiente paso fue buscar nombre definitivo, que tuviera la fuerza. "El nombre de Cassandro me lo propuso también Rey Misterio. Después de una fiesta me dijo que el nombre de Rosa Salvaje no le gustaba y que debía de presentarme con otro nombre. Después de fumar un toque de mota empezamos a escribir puras babosadas y de repente me soltó el nombre de Cassandra. Le pregunté que por qué y me contó la historia".

Había sido el nombre de una vedette y trabajadora sexual de Tijuana llamada Cassandra, que tenía amoríos con políticos que le pagaban muy bien. Con el dinero que obtenía sostenía un albergue para mujeres golpeadas y niños en situación de calle. La historia le fascinó a Saúl y aceptó con una sola variante, no sería Casandra sino Cassandro. Su nombre de batalla los siguientes 26 años.

Llegaron como consecuencia del esfuerzo las ofertas profesionales, nuevas plazas y personas que lo ayudarían a impulsar su carrera. Tijuana y otras ciudades fronterizas se sumaron a los escenarios conquistados. Pimpinela Escarlata y My Flower, también luchadores exóticos, serían los nuevos aliados, amigos, familia e impulsores en lo que estaba por venir y eso era la conquista de las arenas de la Ciudad de México.

"Fue justo después de una peda en el Noa Noa de Ciudad Juárez que la Pimpi (Pimpinela Escarlata) me convenció de emprender la aventura hasta llegar al DF. Pagamos en principio un cuarto por 30 pesos, viviendo ahí por un año".

Las oportunidades laborales no tardaron en darse siendo la Pista Arena Revolución el primer escenario en que Cassandro debutaría como ballet. Para su primer fin de semana en la capital el luchador debutaba ya en el Toreo de Cuatro Caminos enfrentándose a su amiga Pimpinela Escarlata. "A la Pimpi la conocía bien, así que dimos una gran función entramos con mortales desde la tercera cuerda y resortes. La gente estaba encantada".

Días después de su gran debut en el Distrito Federal Cassandro visitó la Basílica para dar gracias a la Virgen de Guadalupe. A la salida del inmueble se acercó una señora para pedirle un autógrafo, situación que lo sorprendió y entusiasmó. "Llevaba en las manos una revista chiquitita —recuerda— que salían en esa época, se llamaban Notiluchas, y yo casi me cago. No me importó lo que decía la méndiga revista porque era algo así como 'Otro al que se le hace agua la canoa. Cassandro de Ciudad Juárez' ¡A mí me valió madres yo estaba en una revista!".

Los excesos

El poeta griego Hesíodo sostenía que la fama es peligrosa, su peso es ligero al principio, pero se hace cada vez más pesado el soportarlo y difícil de descargar. En el caso de Cassandro fue sentencia. "La fama y la fortuna me hicieron daño. Llegué a los excesos por querer pertenecer a un grupo de luchadores, buscando aceptación y validez. Con muchos de mis compañeros era irme a tomar después de cada función y luego vinieron las drogas. Como venía cargando tanta cosa de niño aquí deseché todo. Para entonces ya vivía en una casa de tres pisos, tenía chofer, una vida de lujo. Estaba en la gloria y muriéndome por dentro al mismo tiempo. Fue una etapa en la que salieron todos los sentimientos reprimidos, el abuso físico, verbal, sexual, los rechazos… Quise ahogarlo todo con el exceso. ¡Eso sí, hasta bajar del ring era el desmadre! Siempre cumplí con todos mis compromisos de trabajo aunque cuando ya no contralaba llegue a luchar ebrio y loco...".

Se sumaron tres ingresos a la cárcel por golpear policías en Ciudad Juárez y por posesión de droga. La tercera caída fue la vencida. Asumió que tenía un problema y debía de solucionarlo e ingresó a un plan de recuperación en Narcóticos Anónimos. Asegura que el último día que se drogó fue en el 4 de junio de 2003 y que lleva más de una década completamente limpio.

Lejos va quedando el recuerdo de aquel intento de suicidio, en 1991, poco antes de una lucha de campeonato con El Hijo del Santo, cuando "un exótico" no era del nivel para enfrentar a ese luchador, según algunos personajes de áreas involucradas en la lucha libre, entre ellos Wolf Ruvinski, entonces comisionado de la Lucha Libre Profesional. "Entré al baño… vi un rastrillo y me corté las venas. Fue Pimpinela Escarlata quien me encontró desangrándome. No podía con la presión de los compañeros, de las empresas, los reporteros ni de todo mi pasado".

De ese episodio aún quedan las cicatrices que muestra mientras fuma un cigarrillo electrónico y bebe café. No las esconde, pero tiene claro que ese capitulo está superado. Un año después, el 29 de noviembre 1992 se coronaba Campeón Mundial de Peso Ligero de la Asociación Universal de Lucha Libre UWA (por sus siglas en inglés) al vencer a Lasser en la Arena Toluca.

Hoy con estabilidad profesional y personal Cassandro combina su tiempo como empresario en Lucha VaVOOM, como terapeuta y masajista, y escribiendo su autobiografía a la que tentativamente ha titulado Con y sin maquillaje, "en la que destapo a medio mundo porque si algo tengo es que no me paran la lengua". Además de que afina detalles de lo que será un documental sobre su vida, dirigido por T. Hunter McCann. "Mi vida es ésta, por eso no me canso de decir ¡Bendita lucha libre nunca te acabes!".



Toda una diva

Es sábado por la noche. Julio César, un chico alto y fornido, de cabello claro y corto arrastra una maleta hasta llegar a las instalaciones de un gimnasio en la colonia Morelos. Apenas cruza la puerta y la gente que se encuentra en el lugar, así como un grupo de chicas que entrenan para la función que se ofrecerá más tarde se apresuran a saludarlo. Después de los respectivos saludos se da prisa para subir al área que sirve de vestidor. Un par de botas blancas con detalles dorados y un brilloso traje rojo saltan a la vista. Cuidadosamente la ropa es colocada en una banca mientras el corpulento chico fuma un cigarrillo.

Entre los coloridos estuches de cosméticos de que guarda la maleta, está el rostro de uno de los luchadores exóticos más esperado de la noche: Diva Salvaje. Así entre bocanadas de humo y la charla con algunos de sus compañero Julio César se va esfumando, por un momento, se guarda en la maleta para dejar que la presencia de la Diva Salvaje se apodere de su cuerpo, del escenario, del público y de la noche. Antes del subir al cuadrilátero y mientras se lleva a cabo la transformación, César conversa sobre sus primeros acercamientos a este deporte, cuando era niño, en su natal Saltillo, Coahuila. También en su caso la televisión fue despertando su interés por la lucha libre.

EL SHOW. Los exóticos dejan salir alguna "jotería" sin dejar de lado la práctica deportiva profesional.

Entonces luchadores como Casandro o Pimpinela Escarlata empezaban a destacar dentro del género exótico. "Cuando los veía me emocionaba y me ponía a imitar sus movimientos en la cama, puedo decir que desde entonces supe que quería seguir esos pasos".

A las transmisiones de lucha libre por televisión se sumaron los juegos en la escuela de mano de la que sería una de sus mejores amigas, y a la que casualmente apodaban La luchadora. Con ella a la hora del recreo hacían equipo para jugar en contra de los niños. Al terminar la primaria ambos siguieron caminos diferentes, César se tituló en enfermería y comenzó a trabajar por contratos.

Julio César estaba a la espera de un nuevo contrato como enfermero cuando decidió trabajar de manera provisional en un videoclub. Ahí se reencontró con aquella amiga de infancia, La luchadora, quién le había hecho el honor al alias de sus años en la primaria dedicándose a entrenarse en la lucha libre de tiempo completo. Nuevamente hicieron mancuerna y retomaron el asunto de la lucha libre. "Su padre era entrenador y aceptó prepararme, en esa época en Saltillo no había luchadores exóticos y yo siempre he sido gay. El primer día me dieron un megafriega que no me podía parar. Comencé a entrenar martes y jueves y de ahí para adelante".

Sus habilidades llamaron la atención de manera inmediata y un socio del gimnasio al que asistía se ofreció para impulsarlo de manera profesional. "A pesar de la oferta yo decidí esperar casi año y medio para subirme al ring de manera oficial. Debuté en una lucha semifinal y nunca he bajado de esa categoría. No recuerdo bien la fecha pero entre 2005 y 2006. Compartí cartel con Antorcha, Sexy Libra, Fuerza Latina y Sexy Rubí".

Detrás del antifaz

Para un luchador además del talento y habilidades, el buen nombre de batalla es fundamental, suficientemente fuerte y atractivo para que cale entre la afición. "En esa época yo quería ponerme Diva Star pero como a mí me iban a manejar como rudo había que pensar en algo fuerte. Así surgió la combinación Diva Salvaje, el glamour y la rudeza".

En su debut profesional subió al cuadrilátero usando un antifaz, pues "aunque muy diva y salvaje el pánico escénico dominó la situación". Poco tiempo después el antifaz ya no fue necesario. Pero siempre cuida su maquillaje y vestuario. "Muchos de los exóticos actuales nos preocupamos por nuestra imagen porque aunque no usemos máscara prácticamente el maquillaje cumple esa función. La vestimenta es lo primero que la gente ve al salir, la vestimenta nos identifica, hay que cuidarla igual que nuestro cuerpo y preparación".

Para Diva Salvaje los exóticos han generado nuevos públicos al espectáculo de la lucha libre mexicana. A pesar de las contrariedades y dificultades reconoce que no todos los que se ponen lentejuelas, maquillaje y dan dos o tres maromas en el ring deben de considerarse como tales. "El que te pongas medias, te pintes la boca y agarres a besos a la adversario no te convierte en un luchador exótico. Hay compañeros que lo hacen así pero sólo desprestigian al bando. Tampoco vas a ver a cualquier luchador subir al ring maquillado, con una bata o una cola de dos metros o con botas con flores y maripositas. Aunque un exótico es eso en imagen, a la hora de luchar tienes que demostrar que eres justo eso: un luchador profesional”.

Por eso defiende su trabajo como profesional y digno en cada función, y afirma que eso no se comprende aún en el mundo televisivo, donde se les "hace a un lado todavía".

"En cada función entro recio, para eso me preparé. Eso sí, depende del espacio en el que me presente y como parte del show aviento la jotería como vulgarmente se dice, para dar un chispazo, pero durante pelea siempre doy recio".

Aunque las satisfacciones profesionales han sido muchas para Diva Salvaje a lo largo de 16 años de trayectoria, existe también una contraparte dolorosa que se traduce en lesiones de tobillo derecho, rodilla izquierda, clavícula derecha, fractura de radio y cúbito donde fue necesario ponerle dos placas y diez tornillos. De todas hay molestas secuelas con las que ha aprendido a vivir. Aun así no cambiaría nada de lo que ha vivido, incluyendo su lucha por pagos de salarios dignos como lo merece cualquier otra profesión, la enfermería por ejemplo, que le gustaría retomar también en algún momento de su vida, y que a veces practica con sus compañeros de ring.

El debut de una chica Yeyé

Es una de las más jóvenes pero prometedoras dentro de la lucha libre exótica. Desde su debut a finales de julio en 2008 en Salamanca, Guanajuato, donde nació, Chica Yeyé ha estado en busca de mejores oportunidades para demostrar sus habilidades. En sus muchas batallas por conseguir una posición de reconocimiento se ha encontrado con varias historias en común.

Al igual que su colega Diva Salvaje, antes de dedicarse de lleno a la lucha libre profesional, estudió y se graduó de la carrera de enfermería. También comparten el nombre de pila y la orientación homosexual asumida.

COLOR. Para la "Chica Yeyé" es importante serlo, cuidar maquillaje y vestuario.

Nunca pensó dedicarse a este deporte pero por a la invitación de un par de amigos que buscaban una oportunidad para hacer carrera en esto, acabó por quedarse aunque ellos no. "Empecé en esto ya grande y cuando empecé a entrenar quería ser luchador 'normal', porque la verdad eso de ser luchador exótico me daba mucha pena. Más allá de las preferencias sexuales me daba vergüenza todo lo que implicaba, pero durante los entrenamientos maestros y colegas observaron cómo me desenvolvía arriba de un ring y coincidieron en que mi estilo era más el de un exótico curiosamente. En Salamanca fui el primero".

Le decían Yeyé desde el gimnasio así que Chica Yeyé quedó perfecto como nombre de personaje que fácilmente se queda entre el público. Glamurosa, sexy y coqueta, son adjetivos con lo que se identifica esta chica que "no porque la vean el frágil y flaquita", es un adversario débil arriba del ring. "Muchos se van con la finta pero cuando subo al cuadrilátero ¡zaz! Se llevan una sorpresa. A pesar de que lucho en el bando técnico, en algunas ocasiones me ha tocado hacer equipo con los rudos. Son estilos diferentes, al final aprendes de ambos".

Con un par de años como luchador profesional Chica Yeyé se ha convertido en una de las jóvenes promesas dentro de la bando éxotico pues, además de que ha demostrado tener la preparación física para librar buenas batallas, sus movimientos en combate y atuendos son bastante aplaudidos por la afición.

"Me gusta mucho el glamour y eso trato de reflejarlo en mis trajes pero ante todo me gusta que sean sexys. Siempre me verán con atuendos descubiertos de la espalda, del estómago y de las piernas. Digamos que uno de lo que define mi estilo", dice orgullosa la Chica Yeyé.

Aunque lleva poco en este negocio, Chica Yeyé tiene claro que no quiere ser "un luchador exótico del montón". Por eso se inspira en figuras como Cassandro, Pimpinela Escarlata y My Flower, a los que considera las primeras grandes personalidades de la lucha libre exótica. "Ellos vinieron a revolucionar este género, gracias a ellos las nuevas generaciones tenemos un mejor trato y condiciones de trabajo dentro de la lucha libre. Literalmente se la partieron para ganarse un lugar y con ello abrieron camino para los que vamos detrás de ellos".

Los altibajos

Esta Chica Yeyé tuvo un exitoso debut que provocó que una de las empresas más importantes de lucha libre, la AAA, se interesara en su debut en televisión, lo que implicó vivir definitivamente en la Ciudad de México, pero esto no trajo en consecuencia mayor en la promoción a su carrera. "Mi experiencia me dice que es muy difícil estar en una empresa tan grande como lo es AAA o el CMLL porque delante de ti hay muchos esperando un espacio. Esto no significó que desistiera en mis planes por destacar. Es cierto que muchas veces comí una vez al día y que en un principio tuve que vivir en un cuartito pero poco a poco las cosas se fuero dando… hoy puedo decir que una de las satisfacciones que me ha dado la lucha libre es la de dar cachetada con guante blanco a las personas que dudaron de mí y pensaron que sería un luchador del montón. Con trabajo y coraje he demostrado que puedo".

A pesar de las lesiones físicas, incluida una fractura de cráneo, hay Chica Yeyé, y otros exóticos, para rato.

ÉRIKA NÚÑEZ ALCÁNTAR trabajó en "Milenio Diario" y hoy es reportera independiente. Le encanta nadar, la fotografía, el cine, los gatos y beber café en buena compañía. Siempre vuelve al libro "La hora del diablo" de Pessoa. En Twitter la encuentras como @erikaalcantar