Cuando Hollywood duerme profundo, cineastas como David Fincher o Ridley Scott sueñan con rostros nuevos, actrices a quien confiarles sus miedos y obsesiones, fuera del molde convencional. En uno de esos viajes oníricos llegó Noomi Rapace, con su amplio fleco que cae como lluvia en la frente, recordando los peinados ochenteros; sus cejas gruesas y sus ojos oscuros penetrantes. Las puntas rebeldes que caen en sus hombros avisan que ella está en constante movimiento, ahora mismo la tengo frente a mí.
Rapace es sensual por naturaleza, pero no le interesa llamar la atención. Su sonrisa franca con perfecta dentadura antojan que anda explorando esto llamado Hollywood, donde hay que ser también modelo para sonreír a la cámara. Aún con estas nuevas reglas, que contrastan con la comunidad de cine independiente de su nativa Suecia, Noomi charla como si fuera una amiga de toda la vida y prefiere aprovechar el momento para hablar de su fascinación de estar bajo la dirección de Ridley Scott, en una película épica como Prometeo (Aliens 5), que se estrenó en México este 15 de junio.
A sus 32 años, Rapace tiene también el encanto de su acento escandinavo. La pantalla es su hogar desde pequeña. No nos quedaron dudas después de verla en la trilogía sueca La Chica del dragón tatuado, estrenada en 2009: Noomi no dudó en mutilarse el cabello, hacerse decenas de perforaciones en su cuerpo para colgarse argollas y someterse a un arduo entrenamiento de thai-boxing. Y por si fuera poco, se enfundó en un psicótico personaje durante 18 meses seguidos frente a la cámara.
Para los mismos escandinavos, era una tremenda novedad la presencia de la actriz con el rol más perseguido en la historia reciente de Suecia. Los tres libros de la serie Millenium: los hombres que odian a las mujeres, de Stieg Larsson, detonaron con el fenómeno de ventas de 65 millones de copias vendidas alrededor del mundo, generando la urgencia de una mujer que pudiera llenar los zapatos de su personaje central, Lisbeth Salander, una chica bisexual que de pequeña fue víctima de una violación; una hacker con un cerebro tan astuto como el de Sherlock Holmes. Rapace averiguó dónde se hacían las audiciones, venció su repulsión a someterse a pruebas de cámara; se presentó con el director Niels Arden Oplev y le pidió que la dirigiera como si ya estuvieran en rodaje, para que su instinto de supervivencia y de actriz la obligaran a atrapar a Lisbeth y ponerla frente a él en ese instante. Luego vino el compromiso de mimetizarse con Lisbeth, Rapace no podía estar más feliz, el personaje detectivesco con fas y actitud punk, representaba lo que ella creía el cine debería de ser: "Una experiencia que ponga en constante reto al espectador, alejándose de lo predecible y siempre revelando nuevas facetas del personaje. El enemigo a vencer es lo predecible y la aburrición de ya saberlo todo de antemano", como ella misma lo dice.
Después de hacer de Salander, Noomi Rapace llegó a Hollywood como una gitana en Sherlock Holmes 2: juego de sombras, de Guy Ritchie. Y luego dio un salto cuántico de las aventuras a la ciencia ficción: de la mano de Ridley Scott brincó al abismo del espacio exterior.
En la nave de Prometeo
Es el fin del siglo XXI y la humanidad ha recibido una señal de un planeta lejano con la promesa de que en alguna de sus cavernas se encuentre la respuesta existencial a "¿dónde venimos?". Noomi Rapace es la científica Elizabeth Shaw y aborda la astronave Prometeo, acompañada del reparto liderado por Michael Fassbender y Charlize Theron.
Tras haber forjado dos clásicos del género con Alien y Blade Runner, Ridley Scott nos lleva a un ambiente embrujado del universo, donde nadie puede escuchar tus gritos. Aunque Prometeo no se liga directamente con la saga del monstruo que irrumpe del estómago de sus víctimas, sí se pueden trazar los puntos suspensivos para compartir la misma esencia de los personajes.
Esta especie de precuela, al igual que lo fuera con Sigourney Weaver, poco a poco dirige sus reflectores a la chica de la historia: Noomi Rapace. Ella a solas, como Elizabeth, deberá decidir si la humanidad podrá tener oportunidad no sólo ante los secretos de su génesis, sino al verse diminutos cuando hay algo allá afuera que desea oprimir su espíritu para dejarla en tremenda desolación. Una sensación que Noomi conoce ya de maravilla.
En la original Alien (1979), inspirada en la novela de Joseph Conrad, "Nostromo", que trata de un hombre incorruptible que termina consumido por sus miedos e iras, fue homenajeada por Ridley Scott al bautizar a la nave con el mismo título del libro. El navío espacial siderúrgico se tornó en el castillo embrujado flotante donde sus siete pasajeros huyeron de una criatura extraterrestre. Sólo la teniente Ripley (Sigourney Weaver) sobrevivió.
Ahora en Prometeo, Scott ha volteado al panteón de los dioses, extrayendo al titán que se atrevió a darle el fuego a los hombres, para buscar su evolución y mejor porvenir. La mitología griega deja muy claro el castigo de Zeus, cuando encadena a la desobediente deidad con cuerpo de hombre en una roca, para que cada día un águila le arranque su hígado, sanando en la noche y despertando al tormento cada mañana, por siempre.
La ciencia ficción se ha sentido seducida por lo que representa la figura de Prometeo. Mary Shelley no dudó en ponerle de subtítulo a su novela de Frankenstein (1818) El moderno Prometeo, por tratarse de un hombre que desea jugar a ser dios y desafiar la muerte, usando su conocimiento en la ciencia.
La hazaña de Prometeo pasa por la Revolución Industrial y sus descalabros siguientes, desde el hundimiento del Titanic, hasta las dos Guerras Mundiales. El siglo XXI encuentra en este mito el cuento de precaución cada vez que la humanidad intenta salirse del molde del homo sapiens, al que aún no se termina de descifrar completamente su razón de existir hasta nuestros días.
Pero la arrogancia siempre ha sido parte de nuestra especie y ello nos ha llevado a poner nuestros pies en la Luna y soñar con un Marte habitable. Sobre nuestras cabezas frota la encarnación de la imaginación de Shelley y de muchos, en cada perno de la Estación Espacial Internacional.
Scott lanza al espacio Prometeo y en esta astronave coloca a un puñado de personajes. No todos humanos, como el personaje de Michael Fassbender que es el androide David. Todos bajo la orden de Wayne Entreprises que han visto la oportunidad de explorar una luna lejana LV-223, donde sus cuevas y confines encierran, según, Elizabeth Shaw la respuesta del por qué estamos aquí en este punto azul de la galaxia.
Como arqueóloga, Shaw descubrió e hiló distintos jeroglíficos de culturas milenarias —entre ellas la de los aztecas— que formulaban un mensaje de las estrellas. Una supuesta invitación a salir del vecindario del sistema solar y explorar la raíz del cosmos. En el viaje poco a poco las pistas para entender la ingeniería de nuestro existir se van tornando en una experiencia de supervivencia, donde hay la presencia de predadores y fuerzas oscuras a las que habrá que vencer.
Prometeo aborda lo mismo el tema de una presencia extraterrestre desde tiempos ancestrales, como lo hiciera 2001: Odisea del Espacio, de Stanley Kubrick, con la sensación del vacío espacial de la original de Alien, que nos hacía acudir a nuestra biblioteca para buscar a un tomo con el apellido de Nietzsche.
—Naciste el mismo año que se estrenó Alien (1979), de Ridley Scott, ¿qué impresión te dejó cuando la viste en video ya mayor? —preguntamos a Rapace.
—Me encantó esa primera cinta, que considero muy poética de cierta manera. La vi cuando era bastante joven y quedé muy impresionada y asombrada con la crudeza desplegada por Sigourney (Weaver). Me obsesioné con ella y su interpretación.
—En Prometeo, ¿cómo describes a tu personaje de Elizabeth Shaw?
—Pienso que Shaw es el corazón de la película y la persona a través de la cual vemos las cosas. Creo que Elizabeth ha estado sola desde una edad muy temprana y creció sin sus padres; su papá murió cuando ella era aún muy joven. Ella es una persona creyente y tiene mucha fuerza interior. Lo interesante es que va pasando por muchas cosas difíciles en la película y aún así su fuerza interior sigue creciendo.
—Es una película con ideas enormes acerca de los inicios de la humanidad entre otras cosas.
—Es de cierta manera un filme bastante espiritual. Creo que la gente piensa en las películas de ciencia ficción y algunos filmes de la serie de Alien en términos de acción. Tienen que ver con armas y grandes criaturas del espacio exterior y una guerra entre la humanidad y los alienígenas. Pero el guión de este filme trata bastante sobre nosotros: de lo que somos, de dónde venimos, y lo que queremos, buscamos, y necesitamos de la vida. Asimismo, y para mi personaje, todo está conectado con la supervivencia y cómo logras permanecer como creyente sin perder la fe. De hecho tiene mucho que ver con la fe. Me encanta la historia de Prometeo como figura mitológica; de como se robó el fuego de los dioses para dársela a los mortales. Él nos dio vida y rescató a todos. El relato está conectado a este mito. Creo que se suma al ángulo religioso de la narración. Tiene que ver con la humanidad y nuestros dioses, y el conflicto entre nosotros.
—Aún cuando es científica, Shaw tiene esta inclinación constante por ver al universo tras los ojos de la fe. ¿Qué tan interesante se te hizo que ella enfrente al lado oscuro del universo siguiendo la pista a un Creador?
—En un momento en la película está a punto de perder la fe y de admitir: "Estuve equivocada. No es lo que yo pensaba, me equivoqué, así que al diablo con eso". Pero más bien, creo que empieza a dejar crecer esa fe dentro de ella. Algunas personas pueden pasar por las dificultades sin que esto le deje profundas llagas en el alma y ella es una de esas personas. No le rompen el corazón y eso la hace muy fuerte, aun cuando se enfrenta a lo peor que se pueda uno imaginar. Para mí, de hecho, es la primera vez que he interpretado a un personaje que no está del todo dañado y hecha añicos de cierta manera; tanto mental como emocionalmente. Estoy acostumbrada a interpretar a personajes que tienen el alma destruida, y como resultado, se mueven más en las sombras.
—El tema de la fe permea al resto de la tripulación, quienes ante lo desconocido, deben cuestionarse ¿quién los colocó en ese sitio?
—Creo que todos se dan cuenta que están en una situación difícil y que tienen dos elecciones: o pueden perder su fe y dejar de creer para ver las cosas desde una perspectiva oscura e irse por el camino de la destrucción, o pueden crecerse al castigo y decidir encontrar un significado más profundo al "porqué". Si puedes encontrar una respuesta a eso, te hará mucho más fuerte. Probablemente no es una cuestión entre el bien y el mal sino entre las mismas tonalidades de luz y sombra que yacen dentro de uno mismo.
—¿Qué semejanzas encuentras entre tu personaje y al de Ripley de Sigourney Weaver, en "Alien"?
—Para el tercer acto de Prometeo, Elizabeth se siente de cierta manera como parienta de Ripley. Ambas pueden ponerse en estado de combate, dicen: "Muy bien, ahora voy a luchar. No voy a quejarme o sentir lástima por mí misma. Voy a hacer todo lo que se requiera para salir de esta situación". Hay muchas similitudes con Ripley, pero no es una imitación suya. Shaw es un poco más femenina de cierta manera.
—¿Cuánto se aproxima este filme a "Alien"?
—Creo que estamos en la misma región de cierta manera. La gente quizás reconozca ciertas conexiones. Yo quedé bastante sorprendida cuando leí el guion; no se sentía parecido a nada que hubiera visto antes. Creo que las relaciones y los aspectos psicológicos del filme son mucho más interesantes que las asombrosas escenas de acción; pero de hecho Prometeo tiene ambas cosas. Es realmente un buen guion y Ridley (Scott) es todo un artista. Él es un maestro en crear algo que no has visto antes. No es para nada una película destructiva o deprimente. Creo que es oscura, sí, y bastante perturbadora; pero aún sigue siendo bastante bella.
MARIO P. SKÉKELY es un apasionado a la ciencia ficción desde que vio "Star Wars" y se quedó con ganas de ver "Alien" porque en esas fechas no lo dejaban entrar. Disfruta de combinar la emoción, la aventura y el suspenso en su vida, aunque muchas veces todo se transforma en terror para cumplir con las fechas de entrega de sus artículos y entrevistas de cine. Durante dos décadas ha escrito en revistas y diarios sobre cine y cómics. Actualmente tiene un espacio en "W Radio" y "Los 40 Principales" para atemorizar al radioescucha con sus gustos cinéfilos