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La chica que metió a su ex novio a la cárcel

Cuando novios, Zeydi y Eduardo grababan sus encuentros sexuales con el celular de él. Un año después de la ruptura, la chava de 21 años vivió una pesadilla que no se la desea ni a su peor enemiga. ¿Cuántas Zeydis hay por ahí? No se sabe, pero la decisión de esta joven sienta un precedente (y marca una ruta a seguir) para muchas víctimas de extorsión

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Rocío Tapia
| domingo, 20 de noviembre de 2011 | 00:20

Un día de mayo Zeydi recibió un inusual correo electrónico. La dura amenaza no la inquietó: creyó que era una broma pesada o una equivocación. No respondió el mensaje. Dos días después apareció otro similar. Y luego un tercero, determinante: “Sabemos dónde vives y cuál es tu teléfono”, advertía la intimidación, cargada de insultos y groserías. Enmudeció al reconocer ahí sus datos y sintió que su cuerpo se desvanecía por completo.

Había transcurrido más de un año desde que esta chica de 21 años terminó su noviazgo con Eduardo, de 23. Gran parte de esa relación transcurrió en buenos términos. El desenlace, sin embargo, se dio en las peores circunstancias, tanto que no soportaban siquiera la idea de volverse a ver.

Zeydi ni siquiera recordaba la existencia de ese par de videos eróticos grabados con el consentimiento de ambos, en el celular de él. Hasta que esos malditos correos que referían sus encuentros sexuales le refrescaron la memoria.

El remitente decía que tenía el celular de su ex novio y la amenazaba con divulgar las imágenes tomadas en su escuela si se negaba a entregarle 12 mil pesos. El chantajista aseguraba que había conseguido los videos luego de “madrear” al dueño del celular.

El aparato robado tenía, además, mucha información archivada: sabían dónde vivía y en qué universidad estudiaba. Le advirtieron que si no pagaba irían a buscarla para darle una golpiza. Y que su familia sufriría consecuencias serias.

Zeydi no sabía qué hacer, tuvo dudas, hasta que tomó valor para responderle al autor de los mensajes. “¿Quién eres?”, le preguntó vía electrónica. “Alguien con suerte que hace algunos meses le puso una putiza a tu galán de uno de los videos, así que ya te dije: si no quieres que toda la ciudad tenga en su celular los videos que tengo, espero tu dinero. Por cierto, si no ves el video, chécalo en tu celular, recuerda: somos amigas. Bye puta”.

Déjame ver más

En los últimos años ha crecido la presión entre las parejas, con planteamientos como: “Si me quieres, demuéstralo. Mándame una foto que me deje ver debajo de tu falda o de tu blusa”, cuenta Armando Novoa Flogio, director de la asociación civil Alianza por la Seguridad en Internet (ASI). Otros van más allá y piden grabar un video mientras tienen relaciones sexuales. Es una nueva modalidad de la llamada “prueba de amor”.

En algunos países europeos y latinoamericanos las autoridades están alertas por los crecientes casos de extorsión entre usuarios de internet. Al fenómeno le llaman sextorsion, un anglicismo que resume la tipología de esta intimidación sexual. Hay otros casos, como chicas que enganchan clientes por medio de conversaciones eróticas a través de llamadas telefónicas o videochats. Este material se graba, se comercializa o se sube a un canal de video porno, sin que el otro lo sepa.

Aunque no todo termina en extorsión, es frecuente que fotografías y videos íntimos sean utilizados para chantajear a sus protagonistas. Hasta ahora, las víctimas han sido mujeres, o al menos son ellas las que más denuncian. Las autoridades de la Ciudad de México registran que las chicas de entre 12 y 17 años son las víctimas más recurrentes.

Suele empezar como una relación de amigos en el chat, con alguien desconocido, y después de varias charlas él comienza a pedirle que se quite la blusa, el sostén… “Y la niña termina aceptando”, dice Juana Camila Bautista, la titular de la Fiscalía Especial para la Atención de Delitos Sexuales de la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal.

“Luego la invita a verse en un departamento o en otro lugar. Si ella se niega, entonces la amenaza con mandar las imágenes a sus papás. Este tipo de amenazas es lo que hemos tenido”. En los últimos cuatro años ellos han atendido 20 casos.

A la gente le avergüenza denunciar los delitos sexuales, asegura la funcionaria. “¿Cómo voy a decirle a mis papás que tuve una relación sentimental y que ahora me  amenaza con que filmamos cuando teníamos relaciones sexuales?”. Para la fiscal, muchas víctimas prefieren callar porque en México se educa con muchos tabúes hacia el sexo.

“¿Cómo decir que accedí a estar desnuda y me fotografiaba o me tomaba video porque lo amaba en su momento?”. Bautista está convencida de que muchísimas personas no denuncian.

La Alianza por la Seguridad en Internet ha registrado casos de chantaje y de extorsión cibernética, mediante un buzón de servicio que ofrece confidencialidad. En los últimos tres años ha recibido al menos cuatro mil denuncias. Tres cuartas partes son de amenazas o difamaciones que llegan a las direcciones electrónicas de las víctimas o a celulares.

“¿Se puede hacer la denuncia por otro canal que no sea el Ministerio Público?”, es la pregunta frecuente, dice Novoa Flogio, el director de la organización. “Les da pena cargar la imagen desnuda o en alguna actividad sexual para enseñarla”.

Para Julio Téllez, experto en delitos informáticos del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, no hay duda de que el chantaje y la extorsión con material erótico ha crecido en México. Y coincide con la fiscal: muchos evitan la denuncia.

“Unos no van porque no saben a quién dirigirse; otros, aunque sepan, tienen miedo, sobre todo las mujeres”, comenta el académico. Así, los afectados pasan por alto que son víctimas de un delito grave.

La denuncia

Zeydi sabe cómo es la pesadilla de la extorsión: “Me dijeron que se iban a comunicar con mis papás para contarles el tipo de video que tenían. Para mí fue un daño psicológico muy grande”. A partir de ahí ella vivió con pánico. “Decían cosas muy vulgares, obscenas”, cuenta. Para aumentar su angustia y temor, en el quinto y penúltimo correo electrónico, el chantajista le envió los videos donde aparece teniendo sexo con su ex novio, cosa que le avergonzaba profundamente.

En menos de un mes su vida apacible dio tumbos. “Como me habían dicho que si no pagaba toda la escuela se enteraría, me quedó un delirio. Me daba una vergüenza terrible, llegué a sentir que mis compañeros me veían. Y pensaba: ‘seguro ya tienen en sus manos los videos’. Esa situación me lastimaba como no tienes idea”.

El material íntimo le revoloteaba en la cabeza, no sabía qué hacer, se sentía impotente. Hablar de intimidades le resultaba vergonzoso, pero ganó el miedo a que algo terrible sucediera. Tenía que buscar ayuda. “Se lo comenté a mi hermana. Le dije que temía que nos pasara algo, nadie sabría quién fue. Las dos analizamos qué hacer. Ella me motivó, me dijo que por el bien de todos y para detener esa situación debía denunciar, de lo contrario el problema se haría más grande. Agarré valor para decirles a mis papás. Sí se enojaron, pero al final me apoyaron muchísimo. Era algo que no podía llevar sola del todo”.

Prepararse psicológicamente para la denuncia fue duro. No tenía ánimo de ir a contar su historia y recurrió a la agencia virtual del Ministerio Público. “Pensé que podía hacerlo todo por internet… creí que no sería necesario presentarme. Cuando leyeron mi correo me contestaron que el caso podía conllevar a un delito grave y que no procedía en el MP-virtual. Tenía que ir a la Fuerza Antisecuestros” de inmediato.

La policía pediría evidencias. Afortunadamente Zeydi guardó todos los correos, contaba con fechas y horas precisas. Imprimió los mensajes y se presentó a la fiscalía de Investigación para la Atención del Delito de Secuestro de la Procuraduría capitalina. Tras analizar su caso, los agentes de investigación le dijeron que era necesario realizar un operativo para detener al responsable.

“Me preocupaban muchas cosas, pero más mi familia, y accedí a colaborar”, cuenta.

Empoderar a la víctima

Los psicólogos recomiendan enfrentar el problema con valor. La Alianza por la Seguridad en Internet tiene un equipo de expertos para dar apoyo y promover la denuncia, porque la clandestinidad es un elemento a favor del extorsionador. Cuando la víctima deja ver que está dispuesta a hacer pública la información a los demás, le arrebata todo el poder a su victimario.

Las autoridades recomiendan guardar toda amenaza recibida para poder presentarla como prueba.

“Cuando son cuestiones privadas la evidencia puede ser muy comprometedora, sin embargo, se debe ponderar el daño actual con el potencial, evaluar el impacto que le están causando si no presenta la denuncia”, explica el director de la organización.

Para dar con el delincuente, la fiscalía antisecuestros recurre a la policía cibernética, ésta llega a la computadora o a la línea de donde salió el mensaje. Por medio de pruebas especializadas descifran el origen del correo hasta dar con el usuario. Se comunican con los servidores de internet —la mayoría están en Estados Unidos— para obtener información clave.

“Las diversas técnicas de investigación nos permiten llegar al autor material. Tenemos a la mano un área de análisis táctico que permite resolver estas situaciones”, explica el fiscal de Investigación para la Atención del Delito de Secuestro, Óscar Montes de Oca.

En estos casos, se procura que los agentes investigadores y el Ministerio Público sea personal femenino para dar más confianza a la denunciante que acude a estas oficinas.

Montes de Oca dice que todo tipo de comunicación deja una marca: hay un origen y un destino. Los agentes rastrean hasta dar con el autor. Así ha sucedido con las tres denuncias recibidas este año.

La captura

El caso de Zeydi forma parte de las denuncias que concluyeron con la detención del responsable. El victimario había dejado instrucciones puntuales para la entrega del dinero. Los 12 mil pesos tendrían que estar en un sobre de papel manila que la chica dejaría en las inmediaciones de unos edificios ubicados al norte de avenida Reforma, en la Ciudad de México. Ella siguió las indicaciones mientras la policía atestiguaba con disimulo.

Los agentes iban encubiertos, sigilosos y pacientes aguardaron en aquel lugar. En el transcurso, una mano que portaba un guante negro asomó de un departamento y recogió el paquete. Momentos después un hombre joven salió del sitio. La policía lo detuvo. Luego Zeydi tuvo que ir a identificarlo.

La sorpresa no fue grande cuando descubrió que era Eduardo, su ex novio. “Tenía sospechas de él, nuestra relación terminó muy mal pero nunca imaginé que fuera capaz de eso. No me pasó por la cabeza que aún conservara los videos”, cuenta la joven.

Unos días después, Eduardo fue llevado a la fiscalía antisecuestros, donde permaneció preso durante un mes. La extorsión es un delito que no alcanza libertad bajo fianza y tiene distintas agravantes que endurecen la pena. El juez sentenció al joven de 23 años a permanecer cuatro años, un mes y quince días en prisión, pero considerando que era un estudiante sin antecedentes penales, lo dejó en libertad anticipada y dictaminó que debe ir a firmar cada mes a un centro de ejecución de sanciones.

El muchacho también se libró de pagar una multa de siete mil pesos como reparación del daño moral causado a su ex novia Zeydi.

A un clic del peligro

Han pasado meses. Ahora Zeydi está más tranquila, aunque un pensamiento va y viene de vez en cuando: “No sé si haya copias, si algunas anden por ahí, si hay gente que las haya visto. Me da miedo que en algún momento de locura él quiera vengarse”.

Quienes conocen de la problemática advierten que alguien que posee este tipo de información digital puede conservarla siempre y hacer infinidad de réplicas.

“Basta un clic para difundirla”, dice Novoa Flogio, director de la Alianza por la Seguridad en Internet.

El experto suelta una tajante recomendación: “Si no quieres ser víctima de extorsión, no te expongas”. Estos casos surgen de haber confiado información privada. El director de la asociación considera que todo esposo, novio, pareja o amigo puede llegar a ser ex y, por ello, hay que tomar en cuenta qué tan privado es el material que se piensa compartir.

Cuando hay advertencias, lo primero es reconocer si se trata de una extorsión. José Luis Nassar, miembro de la Barra Mexicana de Abogados y especialista en temas de acoso sexual, explica: “El afectado debe saber que no importa si este material se generó voluntariamente, la Constitución consagra el derecho a la privacidad”.

El experto dice que si alguien presiona a otro, el acto puede calificarse como delito, y para configurarlo es necesario presentar una denuncia.

Zeydi considera que después de pasar por un proceso como este nada es igual. Ahora es más precavida y va a terapia psicológica para trabajar con sus miedos. De la mala experiencia, dice, queda algo que aprender:

“No cometer la tontería de hacer videos, lo ideal sería no hacerlos y, si se hacen, borrarlos inmediatamente”.

Está convencida de que toda víctima que accede a entregar dinero contribuye a agudizar el problema: “Será un cuento de nunca acabar porque después de haber cobrado, el extorsionador puede quedarse con los videos y es probable que vuelva a pedir más. Uno tiene que decidirse a poner fin a la situación y que se haga justicia”.

Está satisfecha de haber denunciado. “En la fiscalía me trataron con mucho respeto. Sabían lo delicado del tema, que había de por medio videos con contenido íntimo y los policías de investigación me trataron muy bien, jamás me insinuaron algo o me faltaron al respeto. Además actuaron muy rápido, estoy satisfecha aun con la sentencia. Él hasta cierto punto está pagando por lo que me hizo, igual y no adentro de la cárcel pero bueno… lo está pagando”.

 

ROCÍO TAPIA HERNÁNDEZ ha publicado historias en las revistas "Poder y Negocios", "El Semanario" y "Marie Claire"; sus películas favoritas son "Luna Amarga" y "El color del paraíso"