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Encontré a mi hijo en Tokio

Irma daba por muerto a su Alfonso, hasta que un día sonó el teléfono y supo que estaba recluido en una cárcel nipona por intentar pasar droga. Gracias a una maestra de la escuela donde hace el aseo, la mujer viajó 16 horas y vio a su hijo durante 120 minutos. Esta es la historia de una de las 41 mamás mexicanas con hijos presos en Japón
Por Laura Santos. Fotos de Daniel Jayo
GUADALAJARA, Jalisco | domingo, 6 de mayo de 2012 | 00:10

El jueves 12 de mayo de 2011 las agencias de noticias informaron que el gobierno mexicano invertió millones de dólares en publicidad para contrarrestar la imagen de un país peligroso. Ese día caluroso, Alfonso, de 19 años, se calzó los tenis rotos de siempre y caminó por las polvorientas calles del pueblo de Tesistán y tomó el autobús para viajar a Puerto Vallarta. Salió de su casa sólo con una pequeña maleta. Días antes había insistido con sus padres para que le dieran permiso de hacer el viaje con dos amigos. Eran las primeras vacaciones sin su familia, uno de esos paseos que marcan el final de la adolescencia. El día de su partida no alcanzó ni a despedirse de Irma, su mamá. Hasta ese momento no era tan importante, la idea era volver cinco días después.

Pasó la semana y no llegó. Irma y su esposo estaban alarmados, temían que Alfonso hubiera muerto. Los papás de los otros dos jóvenes también estaban preocupados y habían empezado a movilizarse. Llegó la medianoche del martes 17 de mayo. La madre de uno de ellos tocó a la puerta de Irma para contarle algo que sonaba inverosímil: nunca estuvieron en Puerto Vallarta y habían sido utilizados para transportar droga. ¿A dónde?, no se sabía. El corazón de la mamá de Alfonso latía asceleradamente.

Irma tiene 47 años y trabaja haciendo el aseo en una secundaria de Tesistán. Alfonso es el tercero de sus seis hijos, el más apegado a ella, por cierto: "Son tres y tres (hombres y mujeres), parejo, para que no se peleen", dice la mujer menudita, sentada en la sala de su casa debajo de un cuadro que la muestra joven, guapa, con unos ojos oliva, enigmáticos.

Como la palabra "droga" enturbiaba la historia, no acudieron con la policía y solo hicieron una denuncia al Servicio Médico Forense. Cuando había un joven con las características de Alfonso, la llamaban para identificar el cadáver.

Las paredes de la sala están adornadas con fotografías de estudio, de esas en las que los niños aparecen en escenarios y poses totalmente diversas. Hay una foto donde aparece la hija menor de Irma con el cabello chino, aunque es lacia.

—Cuando yo estaba en el kínder me tomaron una foto igual a esa, recuerdo que mi mamá me puso rulos toda la noche para poder salir con el cabello chino —le conté.

—Todas tenemos una foto como esa —me dice su hermana mayor, quien también fue víctima de los rulos nocturnos.

En una esquina hay un collage con cinco fotos de Alfonso cuando era pequeño, en un cuadro aparece sonriente, en otro pensativo y en uno más al centro luce un poco oscuro. Irma mira las fotos. Hasta antes de que hiciera el supuesto viaje a Puerto Vallarta, pensaba que sabía todo sobre su hijo: que detestataba la cebolla, que cursaba el primer semestre de la preparatoria abierta, que aspiraba a estudiar una carrera universitaria. "Es un joven que no tiene empachos en demostrarle el cariño a su madre, y nunca fue peleonero", describió. Enterarse de que transportó droga fue un duro golpe. Ella supuestamente lo conocía.   

El teléfono suena

Tesistán podría definirse o como un pueblo chico o una colonia grande. Está en el municipio de Zapopan, en los linderos de la llamada Zona Metropolitana de Guadalajara. Precisamente en este lugar el candidato a la gubernatura de Jalisco por el PRI, Jorge Aristóteles Sandoval, hizo sus promesas de campaña en los temas de seguridad pública y justicia.

Habían pasado cincuenta y dos días sin saber de su hijo. El domingo 3 de julio de 2011 timbró el teléfono de la casa de Irma. Una voz se identificó como personal de la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) para informarle que tenían información de Alfonso y la citó en sus oficinas. Son necesarios dos camiones y un trayecto de poco más de una hora para llegar a la  sede de la SRE en Guadalajara.

Irma va narrando la historia con un sentido del humor que me sorprende. Hubo un sólo momento en el que casi se quiebra, pero pronto se recuperó.

—En Relaciones Exteriores me dijeron que mi hijo estaba detenido en Japón por tráfico de drogas. Como ya lo había llorado muerto... (se detiene y respira profundamente para cortar las lágrimas) el que estuviera detenido no me importó.

La estructura de las organizaciones del narcotráfico funcionan como cualquier otra, con jerarquías y roles. Dentro de la escala social uno de los últimos peldaños está ocupado por los "burreros" o "mulas", explica René Jiménez Ornelas, el coordinador de la Unidad de Análisis sobre Violencia Social del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM, con quien estuve charlando por el caso de Alfonso. Estos personajes son los que transportan droga de un lugar a otro. Generalmente utilizan a mujeres o jóvenes con pocas oportunidades de desarrollo, a quienes les ofrecen "empleo" bien pagado. Sus formas de operar son diversas y van desde manejar un coche hasta Estados Unidos, llevar una maleta en un avión o tragar globos con estupefacientes para cargarlos dentro de sus cuerpos y dificultar que los sistemas de rayos X de los aeropuertos los detecten.

Irma desconocía todo esto,  fue construyendo la historia a retazos.

Los funcionarios de la Secretaría de Relaciones Exteriores fueron categóricos: Alfonso sería enjuiciado el 31 de enero de 2012 y había una probabilidad alta de que lo declararan culpable... Pero si uno de los padres viajaba a Japón para atestiguar en el juicio, tal vez podría obtener una pena menor, que por ese delito suele alcanzar los diez años de cárcel. Tenía hasta el último día de octubre para avisar si iría o no, la posibilidad era más compleja de lo que se lee. ¿Ir a Japón? ¿Cómo? ¿Con qué dinero? La opción lucía impensable con el salario de una mujer que se dedica a limpiar aulas y patios de una escuela.

Muchas noticias en un día, pero sólo escuchó una cosa: "¡Alfonso está vivo!".

El poder de Facebook

En la foto de perfil de su cuenta de Facebook, Nazareth Rodríguez, de 32 años, aparece recostada sobre una góndola de Venecia, su cabello es del mismo color granate que el del sillón de la nave. Se nota que a la profesora de la secundaria donde trabaja Irma le gusta viajar: Austria, Alemania y Viena son algunas de las locaciones en las que aparece en las fotos.

—Me acuerdo que era un martes, ese día yo tengo unas horas libres y me fui a la sala de maestros, que está sola. Entonces ella (Irma) se me acercó y empezó a preguntarme cosas, a mí me sonaba muy raro, que si no sabía dónde estaba la embajada china porque quería ir a Japón, algo así. Yo le dije: "Necesito que me diga bien qué es lo que quiere porque si no, no le voy a poder a ayudar, de entrada China y Japón no son lo mismo" —narra Nazareth.

Irma sabía que la maestra conocía de geografía y la buscó para pedirle ayuda. Habían pasado casi tres meses, el tiempo se agotaba porque los de Relaciones Exteriores habían dicho que tenía hasta octubre para decirles si podría ir.

Nazareth escuchó atentamente a Irma. Pusieron en orden la historia y lo único que le recomendó fue que avisara en Relaciones Exteriores que sí iría a Japón.

—¿Cómo?, no sabíamos —reconoce la maestra Nazareth.

Pero esa misma noche tuvo una idea: postear en los muros de sus contactos de Facebook la historia y pedir donaciones para el largo viaje de Irma.

Era 13 de octubre de 2011. A las 21:26 horas aparecieron los mensajes de Nazareth donde contaba el caso de Irma. Uno de ellos decía: "No soy mamá y no tengo idea de lo que se sienta creer que el hijo ha muerto y después, por cosas del destino, aparezca preso en Japón (…) les pido ayuda para ayudarla, si son $5.00 sabrán que ese dinero se irá realmente a la causa por la que se ha donado. La cantidad que sea es bienvenida. Y tengo la certeza de que ella estará en Japón antes del 30 de enero. De poco en poco se logra una gran diferencia".

A los dos días ya había reunido tres mil pesos donados por sus contactos. Ahí estaba el poder de Facebook: datos de Inside Facebook Gold, una división de la compañía de investigación de mercados Inside Networks, creada para el monitoreo de esa red social, muestran que México se ubica como el sexto país con más usuarios de esta red social en el mundo, el trono lo tiene Estados Unidos. Eso ayudó.

Además de las aportaciones monetarias hubo dudas y críticas. "Eres muy inocente",  le dijeron algunos a Nazareth, pensaron que podría ser una estafa.

La profesora descartó la desconfianza de sus amigos o familiares y siguió buscando apoyos. Se le ocurrió una cosa más para obtener más recursos: la transparencia de la información. Cada dos o tres días publicaba las novedades y las fotos de Irma, la cantidad de dinero que iba llegando e incluso se ofreció para ir a recoger las donaciones de quienes no tuvieran un banco al alcance de la mano.

—Una amiga que no tiene ni trabajo se dedica a vender por catálogo y tiene tres hijos, me dijo: "Ten para la señora Irma, porque yo también soy mamá", y me dio 100 pesos. Otra persona que vive por el aeropuerto, y generalmente un día a la semana se da el lujo de irse en taxi a su trabajo, me dijo: "sabes qué, mejor me voy en camión", y me dio 70 pesos.

La maestra tenía esperanza, pero no imaginó que su pedido de ayuda iba a despertar una solidaridad que se tradujo en más de 30 mil pesos. Sí, 30 mil pesos.

Estaba el dinero, faltaba el vuelo. Así que Nazareth hizo algo más: cazar todas las noches, a veces hasta la madrugada, las ofertas de vuelos de México hacia Japón. El 20 de octubre sus contactos de Facebook leyeron la buena nueva: habían comprado el boleto, que costó cerca de 27 mil pesos. El viaje era un hecho.

Todos los hijos de Irma han estudiado en la secundaria donde trabaja, pero Nazareth no recuerda haber sido maestra de Alfonso. Nunca quiso indagar demasiado sobre él, ella estaba ayudando a una madre a reencontrarse con su hijo: si él era culpable o no, lo decidirían las autoridades de Japón. Su altruismo hizo una gran diferencia en la vida de Irma.

—Yo nunca pensé que hacerle una simple pregunta (a Nazareth) me iba a llevar a ver a mi hijo. Todo el milagro lo hizo ella —me dice Irma emocionada cuando le pregunto su opinión de todo esto.

De Tesistán a Japón

Pasaron mayo, junio, julio, agosto, septiembre, octubre, noviembre, diciembre hasta que el 21 de enero de 2012 Irma salió de Guadalajara a las 10:45 de la mañana. Era sábado. A las 11:55 estaba en el aeropuerto del Distrito Federal, donde hizo una escala de diez horas. Irma es una mujer católica y aprovechó para hacer una visita a la Basílica de Guadalupe.

—¿Y tú, qué haces aquí? —preguntó Irma a una imagen de San Judas Tadeo en la Villa. Cuando Alfonso no apareció, lo primero que hizo fue encomendárselo a ese santo; verlo en esta visita significó una garantía de que sería un viaje con éxito.

—Nomás saqué cuatro fotos en la Villa porque mi esposo me dijo: "Lista porque ahí sí roban". Le tenía más miedo al DF que a Japón.

El viaje más largo de Irma había sido a  Monterrey. Aunque primero me respondió que las playas de Jalisco, pero su hija mayor, que escuchaba la entrevista desde la escalera, le recordó que también había ido a Monterrey hace muchísimos años, ni siquiera recuerdan la fecha.

A las 21:50 partió del Distrito Federal a Tijuana. Y a la 1:10 de la madrugada de Tijuana al aeropuerto de Narita, Japón. El vuelo duró 16 horas. Irma puso un pie en el continente asiático a las 6:45 de la fría mañana del 22 de enero. Nevaba. Iba enfundada en una gran chamarra que la guarecía. No le preocupaba la nieve, sino que Alfonso no tuviera ropa abrigadora, por eso, desde Guadalajara empacó varios pantalones y prendas térmicas. Una de las otras dos mamás de Tesistán también envió cosas.

—En el avión te hablan en español, inglés y japonés —me explica Irma, ya como si fuera una experta—. No se siente nada, yo pensé que se sentía más feo, pero sólo a la hora de despegar, un poquito y ya.

Irma no habla inglés, mucho menos algo de japonés. Para facilitarle las cosas, Nazareth —una vez pensando en todo— le hizo un diccionario gráfico en el que ponía los objetos más usuales con letreros en ambos idiomas. También le imprimió un mapa del hostal donde se quedaría.

La ropa abrigada para hombres despertó sospechas del personal de la aduana en Japón, pero ella no dijo nada sobre el hijo encarcelado, temía que eso le ocasionara algún problema. Las limitantes del idioma esta vez jugaron a su favor y al no poder dar más detalles, la dejaron entrar.

Con su mapa impreso investigó cómo llegar al hostal. Tomó un autobús hasta un hotel muy lujoso y de ahí subió a un taxi.

—Hasta ese momento me gasté cinco mil yenes (alrededor de 821 pesos mexicanos). Dije ¡chin!, qué voy a hacer, de aquí a tres días voy a tener que mandar pedir dinero a mi familia. Empecé a rezar.

A Japón llegó con 50 mil yenes (cerca de 8,200 pesos), un poco juntó ella en los meses de espera y lo sumó con lo que sobró de las donaciones.

Cuando llegó al hostal se encontró con la versión nipona de la Torre de Babel: personas de tan variados idiomas que sólo recuerda haber identificado a unas francesas. Eso fue a las 10 de la mañana. Esperó a que cayera la tarde para que la visitara el abogado de oficio que llevaba el caso de su hijo. Sólo lo conocía como Tajima. Llegó Tajima y un rato después Alejandro Alba, el tercer secretario de la embajada de México en Japón. El funcionario mexicano le explicó los detalles de cómo y cuándo vería a Alfonso. El chico estaba preso en la cárcel de Chiba, un departamento cercano a Tokio, para llegar hasta ahí tenía que contar 19 estaciones de tren. De ahí, pasarían por ella.

—Las estaciones son muy bonitas, hay muchos ríos. Es otro mundo completamente, nada qué ver aquí. La gente es muy educada, no ves basura, los edificios me impresionaron. Dos veces me perdí porque me salí por otra salida del tren y nomás les enseñaba mi mapita y me llevaban hasta la puerta del hostal —cuenta Irma, siempre con un aire de humor.

Reencuentro de 120 minutos

Prisión de Chiba. 24 de enero, 9:00 de la mañana. Un cuarto pequeño. Una silla. Un cristal y un interfón. Habían pasado ocho meses de no ver a su hijo, de creerlo muerto. Pero Irma no lloró. El cristal impidió que se abrazaran.

—¡Madre! —soltó Alfonso, llorando.
—Yo no vine a hacerte llorar, yo te hacía muerto y te encuentro vivo, y con la dicha de que hasta vine a verte.

Irma cuenta que en ese momento tuvo que tragar saliva para no derrumbarse: "Nunca se me va a olvidar la mirada de mi hijo. Él sí sabía que iba pero me esperaba hasta el 29 de enero".

La madre de Alfonso tuvo el coraje para mantenerse serena... incluso de aprovechar para tomarse una fotografía afuera de la cárcel porque le pareció muy bonita.

Las visitas duraban 20 minutos y eran cada tercer día. En total, sin contar los días del juicio, vio a su hijo 120 minutos durante su estadía en Japón. En su primera entrevista lo encontró bien, pero le faltaba ropa abrigadora. Alfonso le confesó que lo estaban tratando correctamente, pero que sufría con la comida porque a todo le ponían cebolla. En contraparte, los platillos japoneses a ella le encantaron.

—Me preguntó por sus hermanos, por su papá, que si estaba enojado, eso le preocupaba. Yo lo vi como muy avergonzado.

En las visitas charlaban sobre los amigos de Alfonso, le pidió que les dijera que le mandaran cartas. Le contó que los celadores eran muy humanitarios y que había visto a otros jóvenes mexicanos detenidos por la misma causa que él.

Cifras de la Secretaría de Relaciones Exteriores muestran que en el mundo, sin contar Estados Unidos, hubo 940 mexicanos detenidos durante el periodo 2010-2011, 41 de ellos están en Japón. De esos 940, 753 están relacionados con delitos contra la salud y vínculos con el narcotráfico. Durante ese mismo tiempo en Estados Unidos detuvieron a 35,020 mexicanos, la mayoría por delitos migratorios (6,965), y en segundo lugar por delitos relacionados con las drogas (4,666).

Durante toda esta historia era como si a Irma le hablaran de otro chico. No veía a un criminal acusado de tráfico de drogas sino al joven noble que parió, que no le hacía mal a nadie, que nunca le había dado problemas, que jamás había viajado solo.

—Te imaginas, cuando no llegó fue una angustia muy fea —me dice.

Los abogados le recomendaron que no le preguntara nada sobre su vínculo con el narcotráfico ya que ella sirvió como testigo.

—Me hicieron muchas preguntas, lo mismo que tú: que a qué se dedicaba aquí, que cómo era, cómo se portaba. Si sabía yo que andaba en drogas, que si conocía a los compañeros esos que se lo llevaron. Y no, no tengo ni idea de quiénes son. Me preguntaron que si mi hijo regresara a México yo lo iba a recibir, para ellos es muy importante que la familia esté interesada y que no te olvides de ellos.

Aunque no son los únicos a quienes enganchan los narcotraficantes en su red, los jóvenes son susceptibles de ser utilizados como "burreros",  dice el investigador Jiménez Ornelas. El traspaso de drogas por las fronteras vía personas es por una red de corrupción-impunidad, no sólo de México sino a nivel internacional. El problema es que en nuestro país esta sistematizada, resume: "Hay corruptos, te genero miedo. No hay empleos. Las opciones que les quedan a algunos jóvenes son pocas, ser 'burreros' se convierte en algo viable".

En un momento el funcionario mexicano le preguntó a Irma si llevaba dinero. "No estoy aquí para comer bien ni para pasear ni para tener comodidades", respondió. Pero los días que no visitaba la cárcel salía a pasear para conocer Japón.

—Me fui a conocer los templos sagrados, muy bonitos. Un parque se llama el Parque de Ueno, los edificiotes...

El día del juicio

30 de enero. Primer día del juicio. Irma despertó temprano, tomó un baño, desayunó y subió al tren para contar las 19 estaciones que la llevaban hasta donde Tajima (lo seguía conociendo sólo por este nombre) y Alejandro Alba la recogerían.

La cita era a las 10:00 de la mañana. Le dijeron que si daban las 9:30 y no llegaba, ellos se irían, pero a las 9:30 en punto los funcionarios no llegaron y ella tomó un taxi hasta la cárcel. Como pudo, a señas, le dijo al cuidador que iba al piso siete.

—Era una sala muy bonita, grandota, no le tomé fotos porque no dejaban. Es que allá hay mucho lujo, había sillas como en el cine, para nosotros y para el jurado. Estaban los ministros, los jueces, mi hijo y uno de sus compañeros, también la traductora y los fiscales.

Sólo hasta ese momento la mamá de Alfonso supo toda la verdad. Un desconocido invitó a los muchachos a hacer un "trabajo" que sonaba fácil: llevar droga a Japón y regresarse; tenían todas las ventajas, viajarían, les comprarían ropa nueva y se ganarían 30 mil pesos.

Ninguno de los jóvenes sabía los detalles de cómo transportarían el cargamento. Ese jueves 12 de mayo, que hacía calor y que las noticias anunciaban más inversión contra la inseguridad en México, los llevaron a una casa en el Distrito Federal. Los traficantes los estuvieron preparando durante 12 horas. La capacitación consistía en ingerir bolsas con la droga, les dieron nieve para que la pudieran tragar. A Alfonso se le quemó la garganta, por lo que, salvo líquidos, no pudo comer durante varios días.

Irma quedó sorprendida cuando los funcionarios japoneses en el juicio mostraron las prendas que llevaba Alfonso al momento de entrar a Japón y los montones de globos que se había metido al cuerpo.

—Lo tenían todo ahí en una mesa —me relata la mujer.

Cuatro personas viajaron a Japón en esa operación de narcotráfico hormiga, pero al bajarse del avión e intentar ingresar al país sólo detuvieron a los tres chicos de Tesistán. Uno de ellos fue enjuiciado junto con Alfonso y obtuvo la misma pena; sobre el otro, Irma cree que a otro lo sentenciaron desde antes. Ella piensa que su hijo fue utilizado como distractor para que el cuarto sujeto pasara.

Recuerdo que René Jiménez Ornelas, el experto en Violencia Social de la UNAM, me dijo que cuando atrapan a los "burreros" es porque un eslabón de la cadena de corrupción–impunidad se rompe. Las redes de narcotráfico lo que realmente quieren es que pasen todos, pero algunas veces alguno es descubierto o traiciona o se convierte en informante clave. Es lo que está pasando constantemente en las aduanas de todo el mundo.

Después de que los detuvieron en el aeropuerto japonés, las autoridades les asignaron un psicólogo, quien determinó que los jóvenes a penas comenzaban con los vínculos con el narcotráfico.

—Desde ese momento vieron que eran niños que no estaban maleados, que son niños  que se dejaron llevar por la ambición… no sé —especula Irma.

31 de enero. Segundo día del juicio. Interrogatorio para Irma.

—Yo le pedí a Dios fuerza para hablar, que pusiera palabras en mi boca. Todo lo que yo hablé lo había dicho mi hijo desde el día que lo agarraron, todo colaboró. Por eso lo importante de que alguien fuera, para ver si era cierto todo lo que él había dicho.

3 de febrero. Llega la sentencia. Irma no entendió lo que el fiscal dijo, la traductora explicó: su hijo deberá pasar de 4 a 6 años de cárcel, dependiendo del comportamiento, con posibilidad de reducir aún más su encierro, y deberá pagar una multa de alrededor de 300,000 yenes (más de 47 mil pesos). Como en este país es menor, esto lo saldará con estudios.

Irma hace una pausa antes de darme una conclusión sobre todo lo que ha pasado:

—Quienes contrataron a Alfonso prometieron un pago de 30,000 pesos por llevar la droga, No es nada a cambio de la libertad. Treinta mil pesos yo los hubiera pedido prestados y ahora mi hijo estaría en mi casa, conmigo.

El futuro de Alfonso

Cuando vivía en Guadalajara, Alfonso trabajaba en una empresa de venta de celulares y estudiaba la preparatoria abierta. A su mamá le ha dicho que quiere cursar la carrera de Filosofía: "Y también dice que se quiere meter a otra cosa, algo de no sé qué hispanas, eso de letras, de escribir".

En algún momento barajó la posibilidad de pedir que lo trasladaran a una cárcel mexicana pero comenzó a hacer comparaciones. En Japón tiene una habitación propia, lo tratan bien, lo ponen a hacer ejercicios físicos, está la puerta abierta para que estudie algo. Finalmente, es mejor que lo que dicen de las cárceles mexicanas. El estudio "Seguridad y Justicia Penal en los Estados", a cargo de la organización México Evalúa muestra que las cárceles mexicanas padecen sobrepoblación. La Organización de las Naciones Unidas estipula que un nivel de sobrepoblación penitenciara arriba del 120 por ciento debe considerarse una situación cruel para los reos, el promedio nacional se ubica en un 124.4 por ciento, el Distrito Federal presenta 181 por ciento, y Jalisco, 176.4. Otro indicador que el documento destaca es que estándares internacionales recomiendan un máximo de cuatro reclusos por cada celador: en México hay 7.3. Este contexto genera inseguridad en los reclusorios, como los 648 incidentes que hubo entre agosto de 2010 y octubre de 2011 en todo el país: 35 por ciento fueron muertes, 32 por ciento riñas, 17 por ciento homicidios y 8 por ciento suicidios.

El 5 de febrero Irma visitó por última vez a su hijo. Alfonso le suplicó que no perdiera el contacto y le pidió  que le enviara un diccionario japonés-español.

Tanto Tajima como Alba le explicaron que si podía le mandara dinero, la vida en la cárcel es cara, y aunque sean 200 pesos mexicanos, le servirán mucho.

En el peor de los casos el chico pasará seis años en cárcel y después saldrá, pero si ese primer traslado de droga hubiera salido bien, se hubiera metido más y más en la organización delictiva que se lo llevó, y de ahí sí, ni quien lo hubiera sacado.
Antes de partir de su casa, Irma me dijo:

—Mi hijo no es malo, ni nosotros hemos sido malos con la gente, ni nada. Todo esto fue una pesadilla, después de tanto dolor tuve la dicha de ver a mi hijo. Cuando decían que le podían dar diez años, yo decía: Santo Jesús. Ahora veme, con la dicha de que fui a Japón y de que vi a mi hijo. Gracias a Nazareth, todo el milagro ella lo hizo.

Con una actitud pícara, Irma confiesa entre broma y broma, que le ha dicho a Nazareth —ahora su amiga— que organicen otra "vaquita" para que pueda visitar de nuevo a Alfonso.

Nazareth, una mujer solitaria pero con muchos contactos en Facebook, está feliz de ver la solidaridad generada. Dice que recuperó la fe en la humanidad, así que no descarta la idea de fundar una organización que ayude a madres en la misma situación de Irma para que visiten a sus hijos presos fuera de México. Para ella ahora todo es posible. Ya lo vimos.

 

LAURA SANTOS tiene ojo clínico para encontrar historias en lugares rarísimos, que después cuenta en revistas como "Escala" y "México Desconocido". Sus ganas de vivir todas las vidas posibles las satisface haciendo entrevistas y, como buena viajera, considera que la única forma de vida válida es la que puede cargarse en una maleta