El poeta cubano, a sus 73 años, fue el tercer galardonado con el Premio Juan Rulfo, después de Nicanor Parra y Juan José Arreola. Su emotivo discurso concluyó así:
“Hay dos lugares cruciales en la vida de un hombre. El lugar donde nace y aquél en que debe esperar a que le caiga encima toda la enormidad del tiempo. Nací yo en Cuba, y en Cuba desearía acabar. Pero si por azar me tocase hacerlo en esta tierra de México, a la que tanto amo por tantas razones, ponedme, hermanos y hermanas, cerca de donde esté Juan Rulfo.Porque él, que sabía mucho de estas cosas, afirma que los muertos cuando están solos platican muy a gusto entre ellos y cuentan cosas, se cuentan unos a otros sus historias. Debe ser muy interesante vivir dentro de un cementerio y oír cómo los muertos ‘se cuentan sus cosas, sus penas, sus alegrías, todo’. Sí, queridos hermanos y hermanas, pónganme ustedes cerca, no más que cerca, de dónde estén Juan Rulfo y su tío Celerino. Para esperar juntos el fin de las historias —de todas las historias—”.
Enseguida leyó su poema Testamento, en el que terminó legando su bien más preciado: el tiempo.
Por cierto: este año la FIL le rendirá un homenaje al también escritor Eliseo Alberto, su hijo, fallecido recientemente en la Ciudad de México, donde permanecía exiliado desde hacía varios años.
GERARDO LAMMERS fue uno de los mil jóvenes que vibraron en la FIL con las palabras de Rubem Fonseca, su ídolo literario; trabaja en el Museo de Arte de Zapopan y practica el freelance periodístico