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El rockero más aburrido del mundo

Brandon Flowers nos confiesa que no es infiel, no fuma, no bebe, no se droga y se va a dormir temprano
Brandon Flowers “Toda la mitología alrededor de la estrella de rock es muy divertida. Cuando eres joven sientes la necesidad de experimentar lo que tus ídolos hicieron, pero yo me di cuenta de que eso no era para mí. Era el espejismo de una vida que no va conmigo” (FOTO: Cortesía Universal Music )
POR ÓSCAR BALDERAS FOTOS: CORTESÍA UNIVERSAL MUSIC
| domingo, 30 de agosto de 2015 | 00:10

Con una legión de fans por todo el mundo que podría contarse en cientos de miles, el rockero de 34 años, quien además es vocalista de la banda The Killers, tiene cautivados a los críticos por su extraordinario talento; la revista People colocó a este bien portado chico —que fuera botones en un hotel de Las Vegas— entre los 50 más sexys; Domingo platicó con él en exclusiva

“Quería platicar contigo con una botella de mezcal entre nosotros —le confío a Brandon Flowers—, pero veo que será imposible”. Él se ríe. Cuando lo hace, la voz que le ha dado fama mundial como vocalista del grupo de rock The Killers brota aguda y termina en un chasquido que interpreto como mi mala suerte. Entonces, dirige su mirada a la botella de agua que tiene entre las manos, sonríe con ironía y se encoje de hombros.

“Creo que estás entrevistando al músico equivocado”, dice mientras clava en el plástico esas uñas que han recibido manicure y lucen perfectamente cortadas, lo que hace juego con su cabello engominado, “ni siquiera recuerdo mi última borrachera. Es tan lejana, que no puedo acordarme”.

Brandon Flowers, el actual emblema del rock de Las Vegas, es el rockstar más atípico del que he escuchado. Podría invitarle una cerveza, un cigarro de marihuana o una noche de mujeres y apuestas, pero me diría que no y se tiraría a la cama a dormir. Su vida se parece más a la de un vendedor de seguros que a la de un músico con legiones de miles fanáticos que sexualizan cada movimiento que hace en el escenario: es abstemio —lleva siete años sin beber alcohol y no hay nada que pueda hacer para convencerlo de que pruebe el mezcal de Oaxaca que he llevado a la entrevista, aunque sea porque se encuentra en la Ciudad de México y esta bebida ancestral sea un must para los turistas— y no fuma tabaco. Nada de pastillas alucinógenas o líneas de cocaína para inspirarse. Y cuando sus fans —hombres y mujeres— le avientan ropa interior al escenario buscando suerte para encontrarlo en el camerino y tener una noche de sexo casual, él simplemente aparta con el pie la lencería y sigue cantando. A veces, ni siquiera baja la mirada para saber de quién es ese sostén o esos calzones.

Y por alguna razón, este músico de 34 años, delgadísimo, que no rebasa los 170 centímetros de altura, cara de niño y cuerpo de adolescente, que esta tarde viste con unos tenis cualquiera, unos jeans cualquiera y una playera cualquiera es el nuevo ícono del rock en la llamada Ciudad del Pecado. El hombre que el año pasado llegó al escaño 44 de los 50 hombres más sexys del mundo, según la revista People, y que no coquetea con nadie, más que con su esposa.

Estamos en el lobby de un hotel en Polanco, tres pisos debajo de su habitación, y luce fresco, recién bañado, con una loción de maderas finas que le perfuma el cuello. Nada de excesos, ni un ápice de desvelo o resaca. Si Elvis Presley o Jim Morrison salieran de sus tumbas y lo vieran, no creerían que forma parte de la dinastía de los nuevos rockstars de la generación millenial.

Y por eso he venido a verle. A saber por qué un tipo que ha cautivado a Bruce Springsteen, a Bono y a David Bowie puede autonombrarse como “el rockstar más aburrido del mundo” y triunfar en un gremio que demanda un estilo de vida como lo resumió el actor James Dean: “vive de prisa, muere joven”.

“¿Cómo es que siendo mormón eres el nuevo ejemplo del rockstar, Brandon?”, le pregunto. Y Brandon se vuelve a reír.

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Brandon Flowers nació en 1981 en Las Vegas, Nevada. Sus primeros trabajos orbitaron alrededor de la vida hotelera de la ciudad hasta que escuchó la canción Heroes de David Bowie y la vocación se le estampó en el pecho. Dejó su trabajo como botones, así como sus estudios universitarios, para dedicarse de lleno a la música. En 2005 se casó con su novia de la preparatoria y dos años después nació el primero de tres hijos. Fundó un grupo llamado Blush Response, cuyo éxito hizo que sus integrantes quisieran mudarse a California, pero Brandon no quería abandonar su familia ni su lugar de origen, así que creó otra banda en 2001 y se colocó al frente de ella como vocalista. En los cuatro años siguientes esa banda acumuló siete nominaciones al Grammy, dos Brit Awards, un MTV Europe Music Awards y 17 galardones más resultantes de 80 postulaciones a premiaciones que bandas veteranas sólo sueñan con lograr.

Los cuatro miembros llamaron a esa agrupación The Killers, en honor a la banda ficticia que toca en el video musical del tema Crystal de la banda británica New Order. Los asesinos que acabarían con la manera tradicional de tocar en Las Vegas y que emergerían con un nuevo estilo —mitad punk y mitad “un” rock— que los llevó a pisar los escenarios más reconocidos en el mundo, al tiempo que catapultó a Brandon a la fama internacional.

Sus rasgos infantiles cautivaron a la prensa y fanáticos. No sabe si ha vendido más discos con su música o afiches con su rostro para jovencitas que se desgañitan por un beso.

—¿Te molesta que algunas fans sean más seguidoras de tu físico que de tu música?
—No, está bien. Al final del día, sólo soy un humilde imitador de Elvis. Y eso es parte de este trabajo: Paul McCartney, Mick Jagger, Tina Turner, amamos a estos íconos del rock por la manera en la que se ven. A mí me gustan ellos en su apariencia y por su música.

—¿Te incomoda que exista tanta atención a tu apariencia física?
—No deberían tomarse en serio esas cosas. Yo no lo hago. Quiero que la gente se fije en mí por mis canciones, no por si estoy rasurado.

—Pero no hace daño ser un símbolo sexual cuando eres rockero…
—No, supongo que no, pero mi vida no es la de un rockstar común. Me gustan mucho las mujeres, claro, pero no es algo que yo persiga. No coqueteo con ellas, no juego con fuego. Llevo años de tocar e irme a dormir a casa con mi esposa. Supongo que soy el antirockstar por definición.

La razón de que Brandon Flowers no caiga en las tentaciones que a todo rockstar se le presentan, es que él es uno de los miembros más famosos de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Es mormón, es decir, alguien cuya vida está guiada por los preceptos del Libro de Mormón, escrito por el autonombrado profeta Joseph Smith. Entre otras cosas, prohíbe el sexo fuera del matrimonio, alcohol, drogas y dar cualquier concierto en domingo, así como la obligación de comunicar su fe a otras personas. Y él se lo toma en serio: de vez en cuando se abotona su camisa blanca y camina por Las Vegas con otros mormones de su edad, con placas con sus nombres abrochadas a la altura del corazón y profetizando sobre el próximo regreso de Jesucristo.

Aquella imagen choca con la que Brandon proyecta en el escenario: cuando canta, le gusta vestir de negro, levantarse el cabello en una cresta, pintarse un poco los ojos y bailar como los frontman de la década de los 70. Pocos saben que antes de moverse como un imitador del vocalista de The Rolling Stones, Flowers bebe una bebida energética y se aísla en un rincón para orar con su voz interior. Al término del concierto, vuelve a ese rincón, reza y da por terminado su trabajo.

Esa dualidad lo ha hecho uno de los hombres más controversiales en la escena del rock mundial: en noviembre de 2012, en un programa de la televisión noruega, Flowers fue invitado a un panel con el biólogo evolucionista Richard Dawkins, un científico que ha ganado fama por exaltar las virtudes del ateísmo. Ahí, el presentador del show nocturno los puso a discutir en uno de los momentos más incómodos que recuerda el músico.

“Cuando leí el Libro del Mormón me impresionó que es obviamente una farsa”, le espetó Dawkins a Brandon Flowers, “es una obra de charlatanería”, recordando que el autor del libro sagrado fue un hombre acusado de múltiples delitos —incluso sexuales— y encarcelado en varias ocasiones.

“Decir que mi libro sagrado es una charlatanería me ofende, usted debería estudiar más”, respondió el vocalista, quien después se quejó de que, un día antes, le avisaron que debería confrontar su fe contra un reconocido científico y que cuando más molesto estaba tuvo que tocar para cerrar el programa.

—Te has quejado sobre la manera en que los medios tratan ahora a los hombres que abiertamente profesan su fe, como tú, ¿es difícil para ti defender tu fe?
—Oh, sí. Cada día es más difícil. El mundo cada día se aleja más de la religiosidad, como si la ciencia y la religión se excluyeran. Yo no lo creo, caminan el mismo camino. Nada de lo que la ciencia encuentre tendrá como consecuencia la muerte de Dios.

—¿Cuál fue el momento en el que decidiste volcar tu vida a la religión?
—Fui criado como mormón, pero me involucré más cuando tuve mi primer hijo. Eso ayudó. Tomé conciencia de que me volvería un ejemplo para mis hijos y, además, creo en ser mormón, soy creyente, no es sólo tradición.

—¿Cómo combinas el estilo de vida de un rockstar con el estilo de vida de un mormón, que es una gran parte de tu vida?
—Una vez que hice el compromiso de dedicarme a mi religión se volvió más fácil. No es tan duro como parece. Al principio sí fue difícil, porque toda la mitología alrededor de la estrella de rock tipo Led Zepellin y David Bowie es muy divertida. Todas esas historias son emocionantes, así que cuando eres joven y te va bien en la música sientes la necesidad de experimentar lo que tus ídolos hicieron, pero yo me di cuenta muy pronto que eso no era para mí. Era el espejismo de una vida que no va conmigo.

—Hace cinco o seis años que no bebes…
—Soy más feliz sin alcohol, soy mejor persona sin un trago o sin un cigarrillo.

—¿Lo entienden tus demás colegas?
—No, piensan que es algo muy extraño, pero respetan.

—¿Qué te gustaría que dijera la gente sobre ti cuando mueras?
—Que fui un buen hombre. Por eso soy así.

—¿Y qué es un “buen hombre”?
—Ser generoso con la familia, con los hijos, la esposa.

—Eso no suena muy en el estilo: “sexo, drogas y rock and roll”…
—Ya sé, es decepcionante para algunos, pero muy ejemplificador para otros. Ya hay muchos rockstars desenfrenados, pero yo voy por otro camino.

—¿Cómo es un fin de semana para ti?
—Me encanta el desierto, ir con mi familia a escalar. Me gusta ir a disparar con mis hijos, usamos armas para niños para disparar a latas, botellas… hacer las cosas normales. Sólo disparamos a las latas, nunca a los animales. No somos cazadores. Cuando tenía 8 o 9 años mis papás me regalaron una arma para niño y al disparar hacia afuera de mi casa maté un pájaro. ¡Uffff..!, mi corazón quedó herido y me di cuenta que no soy un cazador. Lo mismo pasó con mi papá: un día disparó a un conejo y quedó muy deprimido. Nunca más volvió a apuntar a un ser vivo. Somos de corazón blando en la familia.

—¿Qué piensa tu ser religioso de temas sociales, como el aborto?
—Creo en las circunstancias únicas de cada mujer y en la manera en que fueron criadas, así que no creo que yo deba decir que es lo que alguien debe o no debe hacer con su cuerpo.

—¿Y el matrimonio gay?
—No me quita el sueño. No me molesta en lo absoluto. No es algo que me haga enojar. Yo sirvo a Dios, a mi familia y a la música.

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Desde el 2010, además de continuar con The Killers, Brandon Flowers tiene su proyecto como solista. The Desired Effect es su segundo álbum en solitario, después del éxito del primero, Flamingo.

Hace poco Brandon se presentó con gran éxito en el Festival Vive Latino ante 70 mil personas. Este fin de semana el “rockero más aburrido del mundo” encabezó el cartel del Hellow Festival 2015, en Monterrey.

—Con una carrera tan exitosa como solista, ¿dónde dejas a Los Killers?
—Ellos están felices, porque querían parar por un momento. En la banda hay un descanso y fue la oportunidad para que este proyecto emergiera.

—¿Qué quieres lograr con este segundo álbum?
—No lo sé, sólo quiero estar en la radio, pero sólo si es en mis propios términos. Quiero hacer música que guste a todos, pero principalmente a mí. No sólo buscar lo que es popular, sino hacer música que ame.

—¿Alguna vez has rechazado hacer música que no te represente?
—Sí, en varias ocasiones. Me han pedido hacer música que sólo está hecha para vender y no, así no. He tenido canciones en mis manos que yo sé que serán un éxito, pero no me veo cantándolas en un escenario… y no lo hago.

—Si hoy pudieras subirte al escenario con una banda, ¿a cuál elegirías?
—Hemos tenido suerte, hemos tocado con U2, Coldplay y pude cantar con Bruce Springsteen. En mi lista de pendientes está subirme al escenario con Depeche Mode… pero a ver qué pasa… estoy nervioso…

—¿Cómo es que siendo mormón eres el nuevo ejemplo del rockstar, Brandon?
—No lo sé… sólo Dios sabe.