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El padre que exorciza desde la TV

El Padre Rayito lo mismo saca demonios que cura el cáncer, resuelve secuestros, compone canciones como 'De vago a sacerdote' o pone orden en una de las colonias más peligrosas de Tijuana. Tras una juventud como chavo banda, creó un imperio de medios de comunicación católicos y de venta de objetos milagrosos mediante el cual obtiene millones de pesos al año. ¿Es un hombre espiritual o sólo un negociante?
COSTOS DE EVANGELIZAR EN TV. El canal transmite 24 horas al día. Su programación va desde noticiarios hasta misas y exorcismos que se ven por TV en países como Perú y Estados Unidos. Cada mes tienen que pagar 130 mil pesos de renta del satélite y casi 300 mil para el tiempo en radio. (FOTO: David Maung )
Por Luis Pérez y Laura Sánchez. Fotos David Maung
TIJUANA, Baja California | domingo, 8 de septiembre de 2013 | 00:10

Hoy es miércoles de sanación en el templo Monte María. Más de un centenar de enfermos y lisiados —ancianas artríticas,  albañiles en muletas, enfermos terminales— han acudido para intentar aliviar sus malestares terrenales con ayuda divina. Todos esperan ansiosos el inicio de la misa y oran desesperadamente. Hay otros que necesitan un milagro: fieles que sufren un padecimiento más grave, sobrenatural. Dicen que el demonio ha poseído su alma y sólo el Padre Rayito, con sus poderes de exorcista, puede liberarlos.

Las pisadas ruidosas anuncian la presencia de un hombre de pecho erguido y brazos corpulentos. Camina hacia el altar, se arrodilla frente a una cruz y voltea hacia la multitud con las palmas extendidas. La multitud se pone de pie ante el sacerdote de casi dos metros de alto que viste de blanco. Mientras tanto su gente continúa con los preparativos: dos camarógrafos enfocan el escenario mientras otros preparan las grandes pantallas que, instaladas a los costados del altar, proyectarán la señal en vivo de su canal de televisión, Monte María TV, que se puede encontrar en el 175 de Sky y que transmite en vivo a toda la República Mexicana y a 22 televisoras por cable dispersas entre los Estados Unidos y Perú.

La voz grave del Padre Rayito retumba en el templo:

—¿Qué vamos a hacer hoy?
—¡Un exorcismo! —responden los fieles, emocionados.

Las cámaras de alta definición están enfocadas, el equipo de sonido ya está calibrado y uno de los camarógrafos —que empuña un rosario— se encomienda a Dios mientras el Padre Rayito sostiene su iPad con forro negro, desde donde lee La Biblia.

Estos exorcismos los ha realizado casi un millar de veces: una vez a la semana, por casi 20 años:

—¡Te exorcizamos espíritu maligno, poder satánico, ataque infernal, adversario, legión, concentración y secta diabólica, en el nombre y virtud de Nuestro Señor Jesucristo, para que salgas y huyas de la Iglesia de Dios!.

En la cabina de control Rosario, una de las tres monjas que operan las transmisiones en vivo, ordena que una de las cámaras encuadre al sacerdote justo cuando alza un crucifijo: "¡Les ordeno liberarse de la opresión satánica!".

Para el Padre Rayito las migrañas y el dolor de espalda, o el sueño y la pesadez crónica son la manifestación de las ánimas usurpadoras: un castigo para aquellos que recurren al tarot o a la ouija, en vez de invocar a Cristo.

Para él todos por igual —maridos infieles, jóvenes pandilleros, narcos— podrían estar poseídos. Por eso siempre ordena a sus fieles "romper con el demonio". Entonces, obedientes, los feligreses alzan las manos y unen entre ellos los dedos índices con los pulgares, simulando el eslabón de una cadena. "Ahora rompan, ¡libérense!", dice Rayito a la multitud y a los 230 ciberfieles que siguen la transmisión en la página de Internet.

Al cabo de una hora, los feligreses forman una larga fila para recibir la unción de los enfermos con un aceite que el mismo Padre Rayito ha conjurado. Ordenados, avanzan lentamente mientras Madre Arely, la cofundadora del templo, lee desde una laptop colocada en el atrio del altar los mensajes de bendición que los televidentes han enviado por correo electrónico o a través de la cuenta de Facebook.

Parada en la fila espera Martha, una mujer joven de piel morena, menudita y con el rostro cabizbajo. Ora en silencio, con las manos entrelazadas cerca de los labios. Cuando le toca su turno, después de 50 personas, el sacerdote unge el aceite en forma de cruz sobre sus manos y después sobre la frente.

Martha rompe en llanto y el padre reacciona sereno, sin inmutarse. Frunce el ceño y la apunta con el dedo. "Ella", dice, "ella está endemoniada".

Cubre la frente de la pequeña mujer con su mano derecha, la aprieta, le habla despacito para tranquilizarla y comienza a rezar. El llanto se vuelve más fuerte. Él le sonríe, le dice que estará bien y la despide con una pequeña cachetada.

Martha dice que viajó dos horas con su esposo desde Escondido, California, para expulsar a las ánimas que le secuestraron el alma. Hace un par de meses los doctores le diagnosticaron epilepsia. Pero los medicamentos no curaron los espasmos por las noches, ni los balbuceos que lanzaba en otras lenguas. En Estados Unidos les contaron de un padrecito que tenía el poder de la curación y desafiaba los diagnósticos clínicos. Por eso vino a Monte María.  

La misa esta punto de terminar, pero antes el sacerdote bendecirá decenas de galones, incontables botellitas y hasta garrafones de agua que fueron cargados al hombro hasta la cima del cerro empinado de la colonia Tres de Octubre, un asentamiento irregular de calles terregosas, atestadas de puestos de tacos y perros callejeros.

Como es costumbre, y para terminar el ritual, el Padre Rayito esparce su agua bendita a jicarazos sobre los fieles amontonados frente al altar, quienes incluso levantan a sus hijos en hombros para que reciban los chorros de bendiciones.

Los feligreses abandonan el templo y expresan su gratitud llenando de billetes verdes la canastilla de las limosnas. Al final hay demasiados dólares para alcanzar a contarlos. Al parecer, esto de los "exorcismos" es un muy buen negocio.

El ritual ha terminado. La televisora Monte María continúa con su programación regular: De Corazón a Corazón —una hora de alabanzas, conducido por la Madre Arely—, Alimento para el Alma, Hombres nuevos y Jesús estoy aquí, hasta concluir la jornada con otra emisión en vivo de una misa.

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Al terminar la misa pedimos hablar con el Padre Rayito. La Madre Perla retira a la multitud que trata de entrar al vestíbulo donde dos monjas despojan de la sotana blanca al padre.  

Acepta la entrevista y, sin dudar, habla sobre sus días de chavo banda en la colonia San Juan de Aragón, en el DF. Después, habla sobre su breve militancia en la Juventud Popular Socialista y también de cómo la canción No soy de aquí, ni soy de allá, de Facundo Cabral, cambió su manera de ver vida.

No se avergüenza de su pasado. Acepta que le gustaba la fiesta, la bebida y las mujeres; que sus ideales eran "rebeldes" y su estilo de vida "bohemio". Todo lo abandonó —aunque no da muchos detalles de cómo fue— cuando escuchó el "llamado de Dios". Decidió unirse a la Orden Real y Militar de Nuestra Señora de la Merced y la Redención de los Cautivos.

Su inherente irreverencia nunca encajó entre los mercedarios mexicanos, por eso en 1984 —un año después de su ordenamiento—, fue enviado a la República Dominicana. Al poco tiempo de haber llegado hizo notar su presencia en la isla caribeña: tenía el cabello largo, cantaba en los programas de variedades y paseaba en moto por las calles de Santo Domingo. Fueron los sacerdotes dominicanos quienes lo despojaron del nombre Raymundo y lo convirtieron en el Padre Rayito.

Ese mismo año presenció su primer exorcismo, una práctica distinta que fusionaba las creencias de los esclavos yoruba y los sacerdotes católicos. Supo entonces que dedicaría su vida a la expulsión de los demonios. La vocación por el teleevangelismo la descubriría cuando le encomendaron coordinar a los medios de comunicación que cubrirían la visita de Juan Pablo II en ese país. Desde ese momento decidió usar la TV para transmitir sus creencias.

Otros teleevangelistas, como los brasileños de la Iglesia Universal del Reino de Dios —conocidos por su lema "Pare de sufrir"—,  han sido demandados en Brasil por fraude y lavado de miles de millones de dólares que obtuvieron de los fieles. Su fundador y líder, Edir Macedo, tiene una fortuna personal superior a los 950 millones de dólares, según la revista Forbes.

A principios de los noventas el Padre Rayito regresó a México con la idea de masificar el Evangelio. Grabó su primer disco, De vago a sacerdote, e hizo giras por el país. La canción que lo volvió famoso fue Chavo Banda... de la banda del Señor, una canción que decía: "Antes me decían hijo de la fregada, y yo me lo creía, pero alguien a mí me dijo: eres hijo de Dios". También le daba gusto a los guapachosos con su canción tropical Vamos todos a la fiesta... a la fiesta de Jesús.

Por varios años rondó de iglesia en iglesia sin encontrar su lugar, hasta que se dio cuenta de que tendría que crearlo. Fundó los Misioneros de Jesús y María, una orden católica que busca difundir la palabra de Dios a través de los nuevos medios electrónicos.

El 2 de febrero de 1994, Día de la Candelaria, celebraron su primer misa en un predio de la colonia Tres de Octubre, que en poco tiempo se convertiría en el templo de Monte María. "Eran cuatro palos y unas láminas de metal", dice.

En menos de dos décadas el recinto de alabanza se ha erigido en lo alto de la colonia, desde donde se divisa el este de Tijuana. De Monte María impresiona a primera vista la espadaña de ocho metros de alto y sus grandes entradas circulares, que desembocan en un atrio central donde la estatua del Sagrado Niño da la bienvenida: envuelto en una túnica blanca, lanza a los feligreses una mirada celestial y extiende sus brazos.

Monte María siempre luce inconclusa. Las torres mutiladas, las paredes a medio pintar, las varillas expuestas y el ruido constante de sierras, hablan de los eternos planes de expansión del Padre Rayito: quiere estudios de producción más amplios, más dormitorios para su congregación y un auditorio.

En la iglesia no hay vitrales ni cuadros bañados en oro. Aquí destacan las pantallas plasmas, el equipo de audio y la gran cabina de producción que se sitúa a un costado.

Dos pasos afuera del templo, el recinto se convierte en un centro comercial de dos plantas, sufragado por las limosnas de los fieles y que cuenta con una de las tiendas de artículos religiosos mejor surtidas de la ciudad.

Su especialidad: los productos religiosos de su propia creación. Ahí están el "rosario express" —la misma bendición en menos tiempo—, aceites, ungüentos, discos compactos con sus mejor éxitos —por 100 pesos—  o aceites benditos —que, dice él, curan casi todo por sólo 15 pesos— . Su producto estelar es una miel de maguey, mejor conocida como Jarabito del Padre Rayito, según la etiqueta de la botellita es un suplemento alimenticio y es muy solicitado por personas que padecen diabetes, artritis, problemas cardiacos, obesidad, anemia, presión baja, presión alta y hasta cáncer. Nadie sabe si funciona pero la fe, dicen, cura todo.  

Tanta es la fe en el jarabito que en 2005 un grupo de vecinos de la Tres de Octubre envió una dotación al Papa Juan Pablo II cuando se encontraba en agonía, esperando que lo curara. Otros negocios han contribuido a la prosperidad de Monte María: un cibercafé, una cafetería y una panadería que cada mañana inunda el templo con el tentador olor de conchas de canela recién horneadas.

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Son las 6 de la tarde en la colonia Tres de Octubre.  Las callecitas —unas de tierra, otras de piedra— lucen vacías. La adornan perros callejeros y uno que otro vendedor de tacos. A esta hora da inicio el toque de queda.

La decisión de atrancar las puertas en este sitio pobre y apartado no es casual: ha sido una de las colonias más peligrosas del norte de México. Asesinatos, miedo, fosas y secuestros son palabras que han acompañado a la colonia en la última década.

En sus calles vivió uno de los sicarios más sanguinarios del Cartel de Sinaloa: Raydel López Uriarte, el El Muletas, aquel narco que uniformó a sus 200 sicarios con camisetas y chalecos antibalas y que en su esplendor les mandó escribir Fuerzas Especiales de El Muletas en los cuernos de chivo.

Se sospecha que participó en al menos 350 asesinatos, muchos de ellos en esta colonia, donde cabó fosas clandestinas a unas cuadras del mismísimo templo de Monte María.



La Madre Arely Marroquín, una mujer flaca y bajita, camina como nuestra guía. Se ha pasado la vida a lado del Padre Rayito y llegó a la colonia a finales de 1993. Dice que ésta existe sólo por los muertos. Si no fuera por ellos, ni siquiera tendría nombre. Cuenta que el 3 de Octubre de 1991 se dio un enfrentamiento por la tierra: dos grupos de invasores se acribillaron por un espacio en el cerro. Por eso la llamaron así, como un homenaje a los asesinados de aquel día. Y a partir de ahí, la muerte no se ha ido.

"Aquí viene la gente que le disolvió a sus familiares El Pozolero, que desapareció El Muletas, que le secuestraron al hijo, o que encontraron al esposo en la fosa. ¿Qué les podemos decir ante esto?, ¿qué podemos hacer?", dice la Madre Arely.

La colonia son cientos de casas de madera, un Oxxo, una iglesia y el Padre Rayito. "Raymundo Reyna es a la Tres de octubre lo que el Papa al Vaticano", dice entre risas uno de los feligreses afuera del templo. Padre Rayito es puro barrio.

—¿Ya te platicaron como Padre Rayito iluminó a unos secuestradores? —dice Madre Arely, sonriente.

Cuenta que en 2008 un joven de la Tres de Octubre fue secuestrado. Uno de tantos, porque ese año Tijuana contabilizó 118 privaciones de la libertad. "Lo interceptaron a unas cuadras de la iglesia otros jóvenes de la misma colonia", recuerda. Durante mes y medio el Padre Rayito realizó misas para orar por el joven, que se transmitieron por todos sus medios. Padre Rayito les suplicó a los secuestradores su liberación: "Secuestrador arrepiéntete, arrepiéntete, secuestrador arrepiéntete, arrepiéntete, Dios todo lo perdona pero debes arrepentirte".

Un día, recuerda la Madre, fue liberado. Lo aventaron en un pasaje desolado por la presa de Tijuana. "Llegó el jovencito y nos contó que sus secuestradores todos los días sintonizaban en la radio al Padre Rayito: escuchaban la oración que se hacía desde Monte María".



Otra historia popular es aquella que ocurrió a las cinco de la mañana. El sacerdote dormía cuando escuchó un golpeteo en la puerta. Lo primero que vio fue a dos policías municipales que, con esfuerzos, detenían a un joven que había robado una casa de la colonia. Al momento de aprehenderlo, le dijeron, él decía palabras incomprensibles. Según los oficiales, estaba poseído por una fuerza sobrenatural: "Padre Rayito, este tiene el demonio adentro. No lo podemos llevar a delegación porque tiene el demonio adentro". Prefirieron presentar al ladrón primero ante Dios, antes que a un juez municipal.

Horas después entevistaremos de nuevo al sacerdote sobre estos temas.

—Padre, se ha ganado el mote del exorcista de los narcotraficantes.
—Así, así, como que hacer el ritual para sacar el demonio de los narcos, pues no.
 
Aunque admite que en su iglesia se han sentado narcotraficantes, argumenta que ni Dios —y menos él— puede negar consuelo a todos aquellos que no han podido salir de las filas del "negocio".

Recuerda, en voz baja, a un feligrés de toda la vida que después de la misa se le acercó: "Padre quiero pedirle su bendición. Estoy metido en el narcotráfico y no me puedo salir, solamente muerto". Al sacerdote, dice, sólo le quedó encomendarlo a Dios.

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Para los Misioneros de Jesús y María su misión suprema es difundir el evangelio a través de los medios de comunicación. Tanto así que cinco que 30 de los jóvenes religiosos que se formaron en Monte María han sido enviados a las mejores universidades privadas de Tijuana a estudiar Comunicación y Diseño Digital, al mismo tiempo que cumplen con sus labores religiosas.

En menos de dos décadas Monte María ha crecido hasta convertirse en un conglomerado de medios de alcance internacional.

—Madre Perla, muéstrales el estudio de grabación —dice el padre a una de las monjas que opera la cabina donde se transmite simultáneamente la señal de radio y televisión.

En el segundo piso del templo está el estudio, donde hay dos niñas que graban las canciones eclesiásticas que se transmiten durante los cortes comerciales de la programación habitual de Monte María TV. Del otro lado del cristal una monja maneja la consola de audio de 32 canales y les señala que la grabación ha concluido.

El área de transmisión de televisión es pequeña pero bien equipada. Dos pantallas monitorean las cámaras del altar, una más muestra la transmisión en vivo, mientras que una computadora lanza los gráficos digitales y los comerciales.

La cabina está localizada en el lado derecho del templo, a un costado de una imagen de Cristo de dos metros. No es raro ver a fieles que, curiosos, distraen su atención hacia el ventanal durante las misas. Adentro las religiosas vestidas con sus hábitos, mueven los controles y dan órdenes a los camarógrafos, al mismo tiempo que hablan de Dios y de costos de producción.

Madre Perla explica que así como a algunos en la doctrina católica se les enseña el servir a los niños, a los migrantes o las mujeres, su misión son los medios de comunicación y deben hacerlo con la misma devoción: las jornadas son largas y hay días en que sólo duermen tres horas. La transmisión en Monte María nunca para.

Atrás quedaron los días cuando grababan los programas con dos bultosas cámaras VHS y tenían problemas para producirlos. Ahora tienen dos foros con escenografías intercambiables y una pantalla azul para los fondos digitales. También una cabina de grabación y otra de post producción.

Desde ahí se envía la señal de televisión en alta definición al satélite Satmex 8 y se transmite en vivo por internet a través de Justin.tv. Al mismo tiempo se emite la señal de radio a las antenas de la 1310 AM, para ser sintonizada en Tijuana y en la ciudad vecina de San Diego, California.

Unos cuantos conductores y productores se encargan de mantener las 24 horas de programación ininterrumpida —cinco hacen el trabajo de 20— en jornadas de 14 horas que cumplen con devoción religiosa. El mismo Padre Rayito tiene dos programas diarios, oficia dos misas, supervisa los negocios y encabeza la orden religiosa. Sólo duerme cuatro horas. "Yo no he buscado a los medios, los medios han venido a mí", dice sobre su misión.

La programación es variada. Lo mismo está la barra informativa Buenos días, buenas noticias, que el programa de revista Echa pa'ca con Cristo o el nocturno ¿Y Jesús qué haría?. También hay programas infantiles como NIMIS (Niños Misioneros al Servicio de Amor) y videoclips de música católica.

La evangelización mediática no es barata: cada mes tienen que pagar 130 mil pesos de renta del satélite y casi 300 mil más para el tiempo aire en la radio. Anualmente son más de cinco millones de pesos. Además hay que invertir en equipo y mantenimiento.

—¿Cómo logran pagarlo? —preguntamos al padre.
—Con la ayuda de Dios... y con los granitos de arena que ponen nuestros televidentes.

Esos granitos de arena son las aportaciones monetarias que hacen los feligreses de todo el mundo. Se puede donar por tarjeta de crédito, PayPal o depósito bancario a las cuentas en México o Estados Unidos. O incluso en un cheque a nombre de Raymundo Reyna Esteban.

El sueño del padre es construir una monumental cruz que reciba a los fieles en Monte María: un monumento de fe y metal que esconderá una potente antena de radio que transmitirá a los dos lados de la frontera.

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El domingo es el único día que al Padre Rayito no se le encuentra en Monte María. Hay que trasladarse al municipio vecino de Tecate, donde realiza un Viacrucis. Ahí cientos de feligreses ofrecen su sufrimiento al Divino Niño. Al padre le gusta más como se escucha en inglés, por eso le llama El Divino Baby y hasta le compuso una cumbia.

Todos los feligreses deben recrear la pasión de Cristo y sus paradas por las nueve estaciones: hay que quitarse los zapatos y caminar hasta la cima del cerro sorteando hormigas rojas gigantes.

"Esto de pisar las piedritas del cerro le llamamos piedrocuntura", bromea Rita Luna, una mujer mayor, chaparrita y de cabello blanco. Dice que gracias a la oración que hizo por ella el sacerdote se salvó de dos operaciones a corazón abierto. Juan de Jesús, otro feligrés, dice que los médicos le habían dicho que nunca volvería a hablar después de un accidente. "Pero el padre me pidió que me tomara mis orines y al día siguiente ya pude hablar", recuerda.

A pesar de su rebeldía, el Padre Rayito siempre ha sido obediente al mandato de la orden Mercedaria, aunque su personalidad opaca e incomoda a los párrocos locales. Tampoco hay que creer que se considera a sí mismo liberal: rechaza totalmente el aborto, no aprueba los matrimonios homosexuales ni considera que los sacerdotes deben casarse.

Su liderazgo se hace notar cada Semana Santa en el Viacrucis de la Tres de Octubre. El año pasado cuatro mil fieles participaron en la celebración, opacando al que organizó el Arzobispo de Tijuana, Rafael Romo, que congregó a menos de mil fieles.

Pese a eso, el sacerdote dice que conoce y respeta su lugar dentro de la jerarquía católica. Eso no le roba el sueño, sabe que mientras siga contribuyendo con el diezmo de las misas no tendrá problemas con la Arquidiócesis.



Durante los viacrucis de los domingos el Padre Rayito a veces se hace acompañar por algún camarógrafo, cuando hay que hacer transmisión en vivo, aunque lo hace muy pocas veces. Ése es otro de sus nuevos proyectos: llevar tecnología de punta al cerro. Mientras tanto, dos hombres transportan un equipo de sonido que va tocando el soundtrack de la película La Pasión de Cristo. "Es que soy fan de Mel Gibson", aclara.

En la cima el Padre Rayito explica que quiere hacer una mega estatua del Divino Niño en la punta. El terreno de 4.5 hectáreas por el que caminamos ya es de Monte María y él espera terminarar de pagar los 300 mil dólares que les costó. Por eso al llegar a la última estación el sacerdote les dice a sus fieles, entre risas: "No se hagan guajes con el dinero". Y les pasa la charola.

LUIS PÉREZ Y LAURA SÁNCHEZ son periodistas fronterizos, norteños y callejeros. Su oficio es mantener el pulso de las ciudades de Tijuana y San Diego. Confiesan que disfrutaron mucho subir al cerro del 'Divino Baby' durante el viacrucis dominical del Padre Rayito.