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El general que detonó periodismo narrativo

Gabriel García Márquez prendió una mecha que ha recorrido todo el subcontinente: creó una fundación que, en los últimos veinte años, ha capacitado a más de 16 mil comunicadores empeñados en diseminar su pólvora en una treintena de países. Aquí la historia del otro boom, del otro legado del narrador que siempre se asumió como periodista pero terminó siendo el escritor más querido de nuestro tiempo
DOCTRINA. La lectura y la tertulia fueron puntos clave de las enseñanzas del Premio Nobel de Literatura 1982. (FOTO: EL TIEMPO )
SALVADOR FRAUSTO CROTTE
| sábado, 26 de marzo de 2016 | 20:46

Un whisky en las rocas y las piernas de una veinteañera abrirían los ojos de doce periodistas latinoamericanos que en el año 2006 asistieron al Taller de Crónica impartido por la gran Alma Guillermoprieto —periodista y escritora—, en Cartagena de Indias.

Los alumnos de la Fundación para un Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI) miraban y miraban al narradorGabriel García Márquez, quien de sorpresa, había llegado al salón de clases para presumirnos que a sus formidables 79 años podía quedarse en la cama leyendo todo el tiempo, luego de pasar décadas haciendo periodismo del bueno y al mismo tiempo literatura de la más alta calidad.

Gabo debió sentirse incómodo con aquellas quijadas caídas, tanto que distrajo la atención de los reporteros de doce nacionalidades diferentes al hacer sonar los hielos del vaso de whisky que sostenía en la mano izquierda. Todos captamos entonces que había una bebida que desentonaba en el aula. Y enseguida dijo: "¿Se han fijado en las lindas piernas de esa chica?".

Los ojos de los atónitos viraron hacia el rostro ruborizado de la joven colombiana que, por cierto, lleva años ligada a la institución que él fundó aquel octubre de 1994.

COMANDANTES. Gabriel García Márquez y Mercedes Barcha (al centro) acompañados por integrantes de la FNPI en 2010, a propósito de la conemoración de los primeros 15 años de actividad.

La mexicana Guillermoprieto, maestra en el arte de narrar, llevaba ya algunos días enseñándonos a mirar lo que sale del relieve de los entornos habituales, mientras que la llamada de atención del hombre que escribió más de un centenar de textos periodísticos —crónicas, reportajes, entrevistas, artículos, columnas— reforzaba el objetivo que nos mantenía ahí reunidos: estaban entrenándonos para observar diferente, para registrar el dato sorprendente, lo que sale de la regla.

Alma Guillermoprieto nos recomendaría, días después, inscribirnos a clases de dibujo, para aprender a fijarnos en los detalles que, como cronistas, deseábamos retratar, y nos pediría que calculáramos los centímetros que dividen al piso de una hamaca vacía, para contrastarlos con la distancia que hay entre el suelo y una red de descanso ocupada. No es lo mismo, dijo, un espacio lleno que uno desocupado.

Las raras enseñanzas de los maestros de la FNPI se convertirían, con el paso del tiempo, en un modo mágico de mirar la realidad.

Y no es que Gabo hiciera una maniobra perversa con el tema de ponernos a mirar las piernas de la colombiana veinteañera, sino que así era él: un tipo que no podía dejar de mirar lo hermoso, lo feo, lo sorprendente… lo que sale de lo común. Esta particularidad es uno de los motivos que lo llevó a trascender como uno de los precursores del boom de la literatura latinoamericana, un movimiento que se esparció por el mundo, y por el cual muchas generaciones lo admiramos. Lo que ha sido en menor medida documentado es el papel de Gabo en otro boom, el del periodismo narrativo iberoamericano, una escuela que ha tenido impacto en más de 16 mil comunicadores que han diseminado su causa en una treintena de países, según registros de la propia FNPI con sede en Colombia.

CARTAGENA. La mexicana Alma Guillermoprieto, entre los miembros del ejército del boom gabo-narrativo iberoamericano.

Tampoco obviemos que esa escuela tiene sus influencias, sobre todo las vinculadas al nuevo periodismo estadounidense, que se dispendió en los años sesenta y setenta, pero el cuento que aquí nos truje —por coyuntura, porque acaba de morir el Nobel de Literatura 1982— es el de la influencia de García Márquez en la narrativa periodística Iberoamericana.

Años antes de aquel curso que nos marcaría irremediablemente, el general García Márquez diría, durante un discurso pronunciado en 1995, que "nuestra propuesta es hacer una pausa en la formación académica, y volver al sistema primario de talleres prácticos en pequeños grupos, con un aprovechamiento crítico de las experiencias históricas y en su marco original de servicio público".

Gabo, quizá imaginando lo que estaba construyendo, añadió ese día que "la misma sala de redacción, que siempre fue el aula máxima, es ahora un laboratorio deshumanizado, donde parece más fácil comunicarse con los fenómenos siderales que con el corazón de los lectores". Y fue duro con los estándares del periodismo tradicional: "El empleo vicioso de las comillas en declaraciones falsas o ciertas facilita equívocos inocentes o deliberados. Las citas de fuentes que merecen entero crédito, de altos funcionarios que pidieron no revelar su nombre, y que en realidad no existen, o la de supuestos observadores que todo lo saben y que nadie ve, amparan toda clase de agravios impunes".

El escritor que nunca tuvo cien años de soledad estaba construyendo un aparato crítico de las reglas tradicionales del oficio de informar. Y estaba edificando, como él mismo dijo en varias ocasiones, una plataforma para darle al periodismo una estatura más digna, equiparable a la de las artes.

Los comandantes del general

Los doce alumnos del taller de Alma Guillermoprieto no serían los únicos en devolverse a sus países de origen para poner en práctica las directrices del periodismo narrativo Iberoamericano, sino que otros 16 mil despistados que han pasado por esa escuela de entrenamiento para mirar diferente también han aprovechado en mayor o menor medida de las enseñanzas del general y sus comandantes.

Contar el cuento como lo hacían los abuelos, recrear escenas y personajes con técnicas literarias, mirar las sorpresas que pone la vida frente a los ojos, desconfiar de los informes oficiales, ocuparse más de las particularidades que de las generalidades, buscar contradicciones en los dichos de las fuentes informativas, entender las motivaciones de los protagonistas de los reportajes, desvelarse con la definición del tono con que debe narrarse una historia y escribir pensando en las audiencias son sólo algunas de las enseñanzas que los nuevos cronistas Iberoamericanos han estado aplicando durante las últimas dos décadas.

JON LEE ANDERSON: "El boom de la crónica o periodismo narrativo es comparable al boom literario de los 60, del que participó el Nobel colombiano".

En este tiempo han surgido varias publicaciones que han adoptado el tumbao periodístico garciamarquiano. Y no sólo eso: el general que falleció el 17 de abril pasado tiene ahora decenas de comandantes que diseminan sus teoremas, con aportaciones e innovaciones propias.

Dos años después de la creación de la FNPI, García Márquez pronunciaría el célebre discurso titulado "El mejor oficio del mundo":

"Toda la formación debe estar sustentada en tres pilares maestros: la prioridad de las aptitudes y las vocaciones, la certidumbre de que la investigación no es una especialidad del oficio sino que todo el periodismo debe ser investigativo por definición, y la conciencia de que la ética no es una condición ocasional, sino que debe acompañar siempre al periodismo como el zumbido al moscardón", dijo durante la 52 Asamblea de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP).

Ese 7 de octubre de 1996 reiteró lo dicho en el discurso de 1995. "El objetivo final debería ser el retorno al sistema primario de enseñanza mediante talleres prácticos en pequeños grupos, con un aprovechamiento crítico de las experiencias históricas, y en su marco original de servicio público. Es decir: rescatar para el aprendizaje el espíritu de la tertulia de las cinco de la tarde".

VARIAS GENERACIONES. En dos décadas, Gabo impulsó a través de la FNPI a los nuevos cronistas, a quienes inculcó "contar el cuento como lo hacían los abuelos", entre ellos Julio Villanueva Chang (camisa negra), director de Etiqueta Negra.

Gabo estaba en Los Ángeles, Estados Unidos, cuando no ocultaba la labor "evangelizadora" de su empeño: "Un grupo de periodistas independientes estamos tratando de hacerlo para toda la América Latina desde Cartagena de Indias, con un sistema de talleres experimentales e itinerantes que lleva el nombre nada modesto de Fundación para un Nuevo Periodismo Iberoamericano. Es una experiencia piloto con periodistas nuevos para trabajar sobre una especialidad específica —reportaje, edición, entrevistas de radio y televisión, y tantas otras— bajo la dirección de un veterano del oficio".

Bajo el amparo de su fundación, García Márquez estaba hablándole a los dueños y directivos de muchos de los medios más influyentes de habla hispana, mientras que los alumnos de la escuela que se inventó estaban recibiendo el mismo adoctrinamiento. El comandante en jefe de la conspiración narrativa parecía tener un plan.

Así son los estrategas, o al menos así era el Gabo que recuerdo: aleccionándome para actuar como "policía malo" mientras él asumía el papel de "policía bueno", esto minutos antes de hacer una entrevista con un influyente político mexicano de principios de siglo, cosa que publicaríamos en Cambio México, una revista fugaz que él impulsó de 2001 a 2004.

BOHEMIA. Con el caricaturista Luis Carreño en el Bar Siqueiros, al que Gabo asistía asiduamente con periodistas.

Tanques de guerra

Como todo estratega, el jefe Gabo no sólo apuntó sus armas a los directivos y trabajadores de los medios Iberoamericanos, sino que propició el ambiente para tener sus propios campos de tiro. No es que haya evidencia de algún tipo de conspiración para generar un modo particular de hacer periodismo, sino que el surgimiento de más de una docena de publicaciones latinoamericanas que apuestan y se avocan al periodismo narrativo coincide con los tiempos posteriores al nacimiento de la FNPI.

Se sabe que los fundadores de estos medios, o fueron alumnos de la escuela de García Márquez o han reconocido públicamente su simpatía con este tipo de periodismo.

Además de las revistas Cambio Colombia (1998) y México (2001), creadas por García Márquez, El Malpensante (Colombia, fundado en 1996), Gatopardo(Colombia, 1999), SoHo (Colombia, 1999), Etiqueta Negra (Perú, 2002),emeequis (México, 2005), Esquire (México, 2008), Domingo (EL UNIVERSAL México, 2011) y SoHo (México, 2013), así como las publicaciones electrónicasEl Faro (El Salvador, 1998), Marcapasos (Venezuela, 2007), La Silla Vacía(Colombia, 2009), El Puercoespín (Argentina, 2010) y Anfibia (Argentina, 2012) son sólo algunos de los tanques de guerra que disparan "el modo Gabo" de hacer periodismo.

LA GÉNESIS DE LA FNPI. Taller de edición periodística que impartió en 1995 el también periodista y escritor argentino fallecido en 2010, Tomás Eloy Martínez (segundo de izquierda a derecha sentado en el sillón). En la parte superior izquierda (en segundo lugar) aparece también Jaime Abello, actual director de la FNPI.

Cambio Colombia, contó Gabriel García Márquez en más de una ocasión, fue adquirido en 1998 con el dinero obtenido con el Nobel de Literatura, que llevaba 16 años reposando en un banco suizo. Y fue su esposa, la inseparableMercedes Barcha, quien empujó el surgimiento de ese proyecto.

En 2001, se asociaría con Televisa para lanzar en México el símil nacional, y más tarde conseguiría personalmente el apoyo de influyentes empresarios locales para darle aire a una segunda época de aquella revista.

Otros alumnos o simpatizantes de la fundación también se han caracterizado por contar cuentos de la vida real en diversos medios que han dado cabida al periodismo narrativo. Muchos de ellos han sido ganadores de algunos de los premios más importantes de habla hispana, como el Ortega y Gasset, el García Márquez (antes FNPI) o también el Simón Bolívar.

AMIGOS Y COLEGAS. Gabo y Carlos Monsiváis en Monterrey, durante el X Encuentro de la FNPI, en 2005.

"Gabo nos deja su fuerza. Asumimos con seriedad y entusiasmo, de la mano de nuestros maestros y aliados, la responsabilidad de que cada día más periodistas de Iberoamérica puedan conocer sus ideas, estudiarlas, aplicarlas e incluso cuestionarlas, pero siempre con la convicción de que este es un oficio de carpinteros, que se aprende y se perfecciona con la práctica, escuchando a la gente y despertando los sentidos para ver lo que nadie más ve, para que las sociedades se informen mejor", expresó hace apenas unos días Jaime Abello, director de la FNPI, durante un discurso posterior a la muerte del Maestro, autor de los relatos autobiográficos Vivir para contarla.

Un virus anda suelto

Gabriel García Márquez lucía contento y provocador aquella tarde del 1 de febrero de 2006, luego de incitarnos a mirar un whisky en las rocas y unas piernas bien torneadas, como elementos distinguibles de aquella jornada en que doce periodistas Iberoamericanos terminaron la noche hablando con fruición de eso que vienen llamando periodismo narrativo, o literario, o nuevo periodismo, o como sea nombrado aquello que desató el Nobel de Literatura que asegura haber sido fundamentalmente un periodista.

ENCANTADOR. Gabo tenía un encanto especial, su carisma nunca resultaba ajeno.

"Toda la vida he sido un periodista. Mis libros son libros de periodista aunque se vea poco. Pero esos libros tienen una cantidad de investigación y de comprobación de datos y de rigor histórico, de fidelidad a los hechos, que en el fondo son grandes reportajes novelados o fantásticos, pero el método de investigación y de manejo de la información y los hechos es de periodista", dijo Gabo en una entrevista con Caracol Radio de Bogotá, el 30 de mayo de 1991 (Gabo periodista. Antología de textos periodísticos de Gabriel García Márquez, editado por FNPI, Conaculta y FCE, 2012).
 
Pero los doce de Cartagena 2006 no fueron los únicos tocados por las locuras de don Gabriel, ha habido —como hemos dicho— otros 16 mil colegas que pudieron haber sido contagiados por el virus que esparció el colombiano durante sus últimas dos décadas de vida. (Con información de Valentina Pérez Botero).

DE PERSONAJE EN PERSONAJE. Gabo junto a Martín Murillo y su carreta literaria, el "prestador de libros" que fomentaba la lectura con ejemplares firmados en Cartagena de Indias.


EL GENERAL SÍ TIENE QUIÉN LE PUBLIQUE

EL MALPENSANTE
Colombia
1996
Fundadores: Andrés Hoyos Restrepo y Mario Jursich Durán

CAMBIO
Colombia
1998
Fundador: Javier Darío Restrepo

GATOPARDO
Colombia / América
Latina / México
1999
Fundadores: Miguel Silva y Rafael Molano
Director de la segunda época: GuillermoOsorno
Director actual: Felipe Restrepo

SOHO
Colombia
1999
Fundador: Daniel
Samper Ospina

CAMBIO
México
2001
Fundadores: Ramón Alberto Garza y Roberto Pombo

ETIQUETA NEGRA
Perú
2002
Fundador: Julio Villanueva Chang

ESQUIRE
México
2008
Fundador: C. Pedroza
Director actual: Manuel Martínez

DOMINGO
EL UNIVERSAL,
México
2011

SOHO
México
2013
Fundador: Javier Martínez Staines

PUBLICACIONES ELECTRÓNICAS

EL FARO
El Salvador
1998
Fundador: Carlos Dada

MARCAPASOS
Venezuela
2007 (primero impresa)
Fundadoras: Liza López y Sandra Lafuente

LA SILLA VACÍA
Colombia
2009
Fundadora: Juanita León García

EL PUERCOESPÍN
Argentina
2010
Fundador: Gabriel Pasquini y Graciela Mochkofsky

ANFIBIA
Argentina
2012
Fundador: C. Alarcón

SALVADOR FRAUSTO CROTTE es editor de esta revista y coordinador de reportajes de investigación de EL UNIVERSAL. Tuvo la oportunidad de trabajar con Gabriel García Márquez en el semanario "Cambio" México, entre 2001 y 2004, tiempo en que pudo compartir parrandas y juntas editoriales con el Nobel de Literatura 1982. También fue becario en un Taller de Crónica de la FNPI, en 2006.