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El amante surrealista

Bienvenido al Triángulo Daliniano, donde el genio y su musa conocieron el paraíso
(FOTO: David Maroto )
TEXTO Marta Gómez-Rodulfo
| miércoles, 11 de noviembre de 2015 | 00:10

Figueres, Cadaqués y Pubol son las tres joyas de la región de Ampurdán, en Cataluña, España, donde Salvador Dalí sucumbió ante los encantos de Gala, una mujer ajena; delirante viaje a un lugar lleno de historia y arte, en donde además de que se vive bien, se come y bebe mucho mejor

La madera de color amarillo de la barquita “Gala” resplandece con los primeros rayos del día. Situada en el muelle de Portlligat, junto a la casa de Salvador Dalí y su esposa, Elena Ivanovna —conocida como Gala— es testigo del amor de esta inseparable pareja, quienes tras conocerse cambiaron el rumbo de sus vidas para siempre. Cada día recorren en esta pequeña barca de pescadores, los lugares mágicos de la Costa Brava. El encanto de la región del Ampurdán es mayúsculo y se aprecia al recorrer cada rincón. Seguir la llamada Ruta Daliniana es un completo viaje trufado de sorpresas gastronómicas, paisajes de ensueño y playas secretas, que siguen la genialidad de este excéntrico ampurdanés universal. La mejor forma de conocerla es en coche, empaparse de Dalí kilómetro a kilómetro, recorriendo lo que también se conoce como Triangulo Daliniano, formado por los tres principales escenarios de su vida: Figueres, Cadaqués y Pubol.

Figueres y el surrealista Teatro

Figueres, la capital del Alto Ampurdán es un buen punto de partida para comen zar este viaje. Aquí nació y murió Salvador Dalí y se encuentra el Teatro Museo Dalí, donde está enterrado el artista. Salvador Felipe Jacinto Dalí i Domènech, nombrado marqués de Dalí de Púbol, nació el 11 de mayo de 1905. Hijo de un ilustre notario, tuvo una vida acomodada y desde niño su mayor afán era llamar la atención, lo que le convirtió rápidamente en un personaje único y extravagante, hasta el final de sus días. Era conocido por sus locuras como pasearse en los meses más calurosos del año, con un abrigo de piel por las Ramblas de Barcelona o ponerse miel en el bigote para atraer las moscas.

Exportó su necesidad vital de sobresalir a todas su variantes artísticas y personales, el museo guarda coherencia con esta personalidad. Él decide construir en Figueres el lugar donde su obra permaneciese. “Dónde si no en mi ciudad ha de perdurar lo más extravagante y sólido de mi obra, ¿dónde si no?”, explicaba. Escoge cada detalle en la construcción de este museo, construido sobre el antiguo Teatro Municipal de Figueres, pues el adoraba este arte y se encontraba enfrente de la iglesia donde le bautizaron. Tras quedar destruido al final de la Segunda Guerra Mundial, deja algunas muescas de estas ruinas como alabando la imperfección del espacio.

La visita es una aventura, en el exterior unos huevos gigantes coronan la mágica fachada y en su interior: objetos, pinturas, esculturas y piezas únicas como la barca “Gala”, que preside el patio principal junto al “taxi lluvioso”, un Cadillac que conducía Gala en donde el artista reprodujo la sensación de cuando hay una fuerte lluvia y pareciese que se continua mojado dentro del coche.

Se pueden ver obras inéditas como las que pintaba siendo niño o sus aventuras artísticas con el impresionismo, futurismo, cubismo y las creaciones de los últimos años de su vida. También están las joyas que diseñó para Gala con el nombre de los dos en un símbolo, algo que se convirtió en la definitiva firma de sus obras. “Firmando mis cuadros como Gala-Dalí, no hago más que dar nombre a una verdad existencial, porque yo no existiría sin mi gemela Gala”, decía él.

Figueres es una ciudad que merece ser visitada. Pasear por las adoquinadas calles y probar la comida típica catalana del hotel Durán, o detenerse en un café y charlar con los lugareños acerca de la presencia de Dalí. Son muchas las anécdotas que aquí se cuentan del genio ilustre y la atmósfera de este pueblo ampurdanés, que ha visto como el turismo y el arte conviven para que el visitante tenga una estancia a la altura de sus expectativas.

Dejar atrás esta primera parada, para continuar sorprendiéndose con un viaje que acaba de iniciar, seguir los pasos de Dalí hasta uno de los trascendentales lugares de su obra y su vida: Cadaqués. El camino en coche es un viaje divertido en donde uno se pierde en pueblos medievales y costeros: Pals o Peratallada, Llafranc o Calella de Parafrugell.

El pueblo más bonito del mundo

La fama de Dalí tuvo una gran repercusión internacional y puso en primera plana la tierra que el tanto adoraba: Ampurdán. Su fama atrajo a importantes personalidades en los años 50 y 60. En aquellos tiempos, España que vivía en pleno franquismo, un heterogéneo grupo de jóvenes artistas e intelectuales, pertenecientes en su mayoría a la alta burguesía catalana, disfrutaban y agitaban el panorama de Barcelona de los años 60, eran conocidos como La Gauche Divine.

La primera impresión que se tiene del paisaje de Cadaqués, sorprende, las casas blancas perfectamente acompasadas con el ritmo del mar que embellece este pueblo pescador. Los cafés y restaurantes junto al puerto, los pescadores que vuelven de su faena, Cadaqués es un pueblo vivo, donde la rutina del día a día se acopla con el trasiego del gentío. Es frecuente la presencia de los vecinos franceses, a dos horas de distancia. Una mezcolanza ecléctica con un aura inspiradora. Dalí observaba el mundo desde este Mar Mediterráneo y lo proyectaba en sus obras. “El pueblo más bonito del mundo”, decía el genio.

Aquí vivirá junto a Gala por 40 años. Artistas como Picasso, Marcel Duchamp, Federico García Lorca o Luis Buñuel, fueron algunos de sus invitados ilustres. Dalí escogía con tino con quien se relacionaba, siendo en la mayoría de las veces gente joven y personas que le adulaban. Se paseaba por las calles y si alguien le caía simpático o era su gran admirador, le invitaba a una de las tertulias que organizaba en su casa.

La Casa de Salvador Dalí es la reencarnación perfecta de esta energía. Se encuentra en Portlligat, a cinco minutos de Cadaqués, en una localidad que ha sido tradicionalmente la base de muchos pescadores de la zona. Solo unos cuantos vecinos comparten el pequeño espacio donde se encuentra la casa construida sobre una barraca de pescadores y que el artista y Gala fueron completando a través de las décadas. Es imprescindible hacer una reservación antes, pues las visitas son limitadas para que la conservación del lugar, siga manteniéndose excelente.

Asomarse a la vida cotidiana de Dalí transforma el viaje en un privilegiado regalo, mimetizarse con su mirada, su personalidad, sus gustos. Todo ello se aprecia en cada adorno de las estancias. Detalles mínimos como el esparto que forra las escaleras que es el material de las esparteras el zapato típico ampurdanés que el tanto utilizaba, o los maravillosos jardines que con sus árboles frutales y la piscina con su decoración pop, hablan del eclecticismo y la exuberante creatividad de su singular figura.

Una casa que fue construida con dedicación y pasión. Fue el nido de amor de la pareja. La relación con Gala, quien era una mujer casada, provocó en Dalí una ruptura familiar y cuando estalló la Segunda Guerra Mundial se mudaron a la ciudad de Nueva York, en donde vivieron ocho años.

Volvieron a España en el año 1948 y tras este tiempo su padre ya había aceptado su relación con Gala. Después permanecieron en Ampurdán hasta el final.

Dolce far niente (que rico es holgazanear) en Cadaqués, un pueblo mágico y lleno de luz. Degustar las delicias locales, pasear y hacer excursiones como la que se encuentra a pocos kilómetros de ahí: Cap de Creus (Cabo de Creus), un importante lugar dentro de la Ruta Daliniana, pues vale recordar que el artista lo describió como “el épico lugar donde los Montes Pirineos llegan al mar en un grandioso delirio ecológico”.

Cada mañana Salvador Dalí y Gala pasean en “Gala” desde Cadaqués hasta el Cap de Creus, un parque natural con un fascinante paisaje de rocas y mar, el lugar donde el viento de la Tramontana ha formado un paisaje único y misterioso.

La reina del Castillo de Púbol

“Un Castillo para mi reina”, dijo Dalí cuando su amada le confesó cual era el sueño de su vida, y compró este castillo del siglo XI en el que puso toda su creatividad para que el lugar fuera del gusto de ella, pues lo utilizaría para pasar temporadas en solitario, manteniendo así el misterio de los amantes que juegan a encontrarse. El pintor sólo podía acceder cuando recibía una invitación escrita de Gala para que le fuese a visitar. Adornó el jardín con una escultura de elefante de largas patas y preparó el mausoleo para “descansar los dos juntos cuando muramos, uno al lado del otro”. Sin embargo, al morir su amada, él, deprimido, vivió en el Castillo un corto espacio de tiempo, hasta que fue trasladado al Teatro Museo.

El hechizo del enamoramiento entre Dalí y Gala sucedió en 1929. El artista presentaba en la capital francesa su película Un perro andaluz, realizada conjuntamente con Luis Buñuel. Luego de trabar amistad con el pintor Paul Éluard, quién era entonces el marido de Gala, Dalí les invitó a pasar el verano a Cadaqués, junto al galerista Goemans, René Magritte y Luis Buñuel. Ella nunca regresó a París. Ambos permanecen en la tierra donde fueron muy felices.

LA RUTA DALINIANA DEL SABOR,EL PLACER Y EL BUEN VIVIR...

Una vez escuché decir que hay lugares en los que es sencillo ser feliz, porque esta característica va implícita en su personalidad. “Una gran calidad de vida”. “El mejor lugar para vivir”, afirman con orgullo los ampurdaneses. Lo llaman La Toscana Española por su situación privilegiada, entre el Mediterráneo y los Pirineos franceses, un paisaje perfecto para recorrerlo de punta a punta en una ruta ideal entre playas, pinos y pueblos medievales.

La mejor forma de llegar a esta región de Cataluña es en tren, se encuentra a dos horas de Barcelona y a cuatro desde Madrid en el AVE, el tren de alta velocidad. Visitar el Teatro Museo Dalí en Figueres es una buena opción como punto de partida.

Por muchas razones disfrutarás de Ampurdán, de sus excelentes vinos por ejemplo. La tierra bañada por el aire que llega de la Tramontana y las temperaturas suaves del año, logran unos buenos caldos respetados en el mercado vitivinícola. La enóloga Anna Espelt, tercera generación de una familia dedicada al vino, ha transformado la bodega Espelt en una referencia de la Denominación de Origen Empordà. Ella apuesta por la diversidad, cuenta con 17 variedades de uva y 200 hectáreas de viñedo propio.

Martin Faixó es otro de los nombres bandera de la región. La visita a Mas Perafita, la bodega y hotel en una casa del siglo XIV, es privilegiada por el paisaje de los viñedos asomando al parque natural Cap de Creus. La familia Martin Faixó tiene en el pueblo de Cadaqués el restaurante de tapeo MF, en el que degustar las excelentes materias primas de sus productos, como anchoas marinadas o el famoso pan tumaca (pan con tomate).

Cadaqués merece una estancia de al menos un par de días, para disfrutar, sin prisas, de la belleza del lugar. Alojarse en el coqueto hotel L´Horta d´en Rahola de sólo cinco habitaciones, es una bonita manera de integrarse con los lugareños, que consienten a los huéspedes con exquisitos desayunos con embutido de la región y mermeladas caseras. Las cenas en su jardín son una excelente opción tras haber pasado un día de excursiones. Cadaqués tiene una buena oferta gastronómica, Compartir es un excelente restaurante de un joven equipo de cocina. Aquí todos los platos se comparten, algunas de sus especialidades son las sardinas marinadas con naranja y aceituna verde o la crema de espuma catalana.

Desde Cadaqués son numerosas las excursiones a realizar, la Casa de Dalí en Portlligat, dar una larga caminata por el parque natural Cap de Creus, o conocer los pueblos medievales del interior del Ampurdán. Pals es un pueblo encantador que se encuentra sobre una montaña, recomendable un paseo por las empedradas calles hasta la iglesia de Sant Pere, después almorzar en el vanguardista restaurante Vicus y probar el arroz negro con chipirones, el arroz seco de cigalas o el canelón tibio de gambas de Palmós, que son espectaculares.

Dejar Cadaqués y poner rumbo al diminuto pueblo medieval de Sant Martin de Empuries. Caminar por el pueblo y comprar en las tiendas de artesanía los capazos de paja para ir a la playa o esparteras, que aún realizan a mano en algunos establecimientos de la ruta. Es delicioso el bonito paseo que nace de la playa de San Martin hasta la población vecina de L´Escala.

Cerca de aquí se encuentra el pueblo de Calella de Parafrugell, uno de los más conocidos de la zona, este pueblo Mediterráneo tiene sabor marino y fotografías de redes de pesca en su paisaje. Su vecino Llafranc es un pueblo donde todos sus habitantes se conocen, alojarse en el hotel Llevant es una bonita opción pues se encuentra a pie de playa. Playas y pueblos medievales, la ruta se alterna cada día entre estas dos opciones, los callejones de Peratallada esconden la historia de la arquitectura medieval, de este pueblo cuyo castillo del año 1065 es foco de la zona.

Tras unos días entre playas y pueblos llega la hora de realizar un homenaje culinario en Celler Can Roca, el célebre restaurante de los hermanos Roca —Joan, Josep y Jordi—, de tres estrellas Michelín y galardonado en dos ocasiones como “Mejor restaurante del mundo”. Las reservaciones para este lugar se realizan hasta con un año de antelación y la experiencia podría considerarse de sublime e inolvidable.

Celler Can Roca está situado a las afueras de Gerona, una ciudad cargada de historia con un aire enigmático. El Barri Well o Casco Histórico, cuenta con monumentos únicos en Europa y el barrio judío es uno de los mejor conservados de Europa. Las callejuelas son el perfecto escenario cinematográfico, donde actualmente rueda la serie de televisión Game of Thrones.

El Hotel Nord 1901, de Gerona, está en el centro y sus instalaciones contrarrestan la solidez clásica de la ciudad. Por la noche, una cena romántica a la luz de las velas en Bistrot Girona, el restaurante más romántico de España, delicioso colofón de este inolvidable viaje.