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El Komander. Los himnos de la alegría violenta

Alfredo Ríos no rebasa los 30 años y ya acumula más de 100 canciones sobre muertes sanguinarias, camionetas Hummer y escapes de narcotraficantes. Atrás quedó el narcocorrido tradicional para darle paso al Movimiento Alterado, que más que un nuevo género se ha convertido en un estilo de vida para sus miles de seguidores en la frontera México-EU
MARIANA MARTÍNEZ ESTÉNS
TIJUANA, Baja California | domingo, 8 de enero de 2012 | 01:22

Una tejana negra calada hasta las cejas oculta sus facciones redondas. Luce una camisa brillante entreabierta y pantalones entubados de material sintético. Lejos de su potencia en el escenario nadie adivina que Alfredo Ríos, El Komander, es un hombre de  mirada que evade, con un cuerpo  que se mece oscilante  al contestar las preguntas de una fallida entrevista de respuestas cortas y ausentes. Detrás del cantante, tres guaruras y un representante obeso están recargados en un espejo empañado.

Anda bien arreglado El Komander. Su zigzagueo es cada vez más perceptible y temo que se desplome en mi regazo, desmayado. De pronto se pone de pie como si fuera un resorte. El mánager hace un gesto y los guaruras lo siguen al baño.

Espera. Espera. Espera.

Afuera, cinco mil de los  seguidores del cantante abarrotan el salón de espectáculos El Volcán, de Tijuana, en la frontera con Estados Unidos, un lugar que antes era conocido como El Mezzanine, hasta que en marzo de 2009 fue cateado por militares en una fiesta de narcotraficantes. En la bola se llevaron de todo: meseros y músicos, incluso a ocho policías, entre ellos un par de agentes ministeriales y un teniente de la Policía Federal que acompañaba a Ángel Jácome Gamboa, apodado El Kaibil, acusado de ser el lugarteniente de Teodoro García Simental, El Teo, un enlace en Tijuana del cártel de Sinaloa.

Cuando lo detuvieron, El Kaibil —quien por cierto nunca fue kaibil—, portaba un arma automática, chapeada en oro. El cañón con las siglas de su jefe en alto relieve: TEO y TRES LETRAS. En la cacha  la imagen de la Santa Muerte.

Como pasa frecuentemente en Tijuana, el lugar no cerró del todo, si acaso se le dio una lustradita. No pasó nada que un nuevo nombre y una buena promoción de cervezas no pudieran solucionar.

Aquí nadie recuerda el zafarrancho.

Tras una barra larga iluminada con luz de neón están quince cantineros que siguen las órdenes de un ejército de meseros. Cubeta de dos equis. Tres botellas de Buchanans. Tequila. Buchanans. Cerveza. Cerveza. Buchanans. Los dólares doblados entre los dedos de los camareros son mariposas raudas cambiando de manos al ritmo del ring-ring de la caja.

Atrás del escenario El Komander sale del baño como un toro. Su espalda se ha ensanchado y su caminar se acelera. Ya no queda ningún rastro de los movimientos suaves, en cambio, avanza a horcajadas con los brazos en jarra, como si estuviera a punto de pelear.

Recorre presuroso el pasillo, la escalera y otro pasillo hasta que de un brinco sube al escenario, donde ya lo esperaban sus músicos, y empieza a cantar:

Borracho amanecido y bien pedo

buscando plebitas allá en Culiacán

queriendo continuar la loquera

la hielerona seguía bien llena...

Nacido en Culiacán, Sinaloa, a El Komander lo llaman el “jefe del corrido alterado”. Desde chico Alfredo Ríos era amante de la música y estudió formalmente composición, canto y guitarra. Por eso dice que está orgulloso de no ser un improvisado. Empezó como autor de  canciones sobre la vida de los narcotraficantes para que las entonaran El Chapo de Sinaloa  o Chuy Lizárraga y otros intérpretes del mismo estilo.

Aunque eso fue antes de lanzarse al escenario con su primer disco titulado El Katch, en 2009,  con el que aumentó  su fama hasta llegar a ser lo de  hoy: un abarrotador de conciertos en el norte de México, un arranca suspiros con las “plebitas” (chavitas) y uno de los mayores exponentes del Movimiento Alterado, un nuevo género que ofrece culto a las balas y a la muerte en un país donde cada día hay desaparecidos,  descuartizados, decapitados, colgados. Alrededor de cincuenta mil asesinatos desde finales de 2006, cuando el presidente  Felipe Calderón le declaró la guerra al narcotráfico y emprendió una estrategia de seguridad con el ejército en las calles de las ciudades más bravas.

La novedad  exacerba el machismo:

Un comando bien armado voy a mandar a tu casa/que te saquen del greñero/te den 2,3 cachetadas/para que agarres el rollo/por ser tan interesada...


Reitera la furia y la violencia:

Con cuerno de chivo y bazuka en la nuca/volando cabezas al que se atraviesa/

somos sanguinarios, locos bien ondeados/nos gusta matar...

 

Propulsa el hedonismo:

Se pasea en una Denali /o en una Hummer también/ya sea la blanca o la negra/tiene de dónde escoger/caprichoso así es el hombre/la vida lo trata bien...

Los himnos de El Komander, y que miles corean, han sobrepasado las letras de los narcocorridos, opina el sociólogo del Colegio de México, Manuel Gil Antón. “Yo creo que más que una apología de la violencia es un signo preocupante de que no hay esperanza para los jóvenes en México”, expone. “La escuela ya no garantiza movilidad social y el trabajo cada vez es más precario. El mensaje es que si quieres una vieja tan buena como esta y si quieres Buchanans de 20 años, una Hummer negra y una cuerno de chivo deja la escuela y vente acá”.

Los corridos a los capos de la droga han ido cambiando según el contexto. Desde finales de los noventa y principios del siglo se habían hecho más festivos, ya no hablaban tanto de enfrentamientos sino de la vida hedonista de los narcotraficantes, dice Juan Carlos Ramírez, investigador social de la Universidad Estatal en San Diego (SDSU).

“A partir de la guerra contra el narcotráfico que inicia (el presidente Felipe) Calderón hemos visto que empieza un cambio en el narcocorrido, y ese cambio es el que identifico con el Movimiento Alterado”.

 

Las letras de El Komander, y en general de los cantantes de los corridos “alterados”, tienen muchas similitudes con el gángster rap, un estilo que nació como marginal, identificado con un amplio sector afroamericano en Estados Unidos y del que brotaron otros géneros.

Aunque constantemente lo rechaza, Alfredo Ríos todavía no cumple los treinta años y ya es el rostro más visible del Movimiento Alterado: “Es un término que la gente se lo pone, si me preguntas a mí, yo canto corridos, canto rancheras, canto regional mexicano, la gente le pone el término que le quiere poner”, me dice.

“Antes de modas y todo ese rollo es lo que me propongo. Mi carrera ha empezado de menos a más, he empezado desde  abajo y la poca o mucha gente que me sigue es porque les gusta El Komander, no un movimiento o moda o whatever, no sé”.

Entre las pocas palabras que soltó durante la entrevista, añade: “Antes de ser cantante soy compositor, sigo componiendo para grandes artistas”.

Pero su foto destaca en la publicidad del movimiento y sus videos son la portada del sitio oficial del sello discográfico de los hermanos Valenzuela —los mayores promotores de los cantos “alterados”—, que ha devenido en un negocio que traspasa fronteras  y gana adeptos entre los migrantes mexicanos en EU. Para no ser un ídolo, El Komander vive como uno.

La comparación con el gángster rap parece no sólo estar en la mente de investigadores como Juan Carlos Ramírez, sino en el futuro de la marca, ya que los hermanos Valenzuela estrenaron un reality show por el canal Mun2, titulado Los TwIIns y el Movimiento Alterado, y anunciaron que están en pláticas para hacer música con el famoso rapero de Los Ángeles Snoop Doggy Dog. Su intención es fusionar los dos estilos para llegar al público del otro lado.  Y mientras eso pasa, a seguir ganando con las presentaciones.

En el concierto, ágiles,  aún borrachas, las mujeres en tacones gigantes y metidas en vestidos diminutos de colores de neón logran trepar al escenario de metro y medio de alto, burlar a un par de guaruras y prenderse del cuello de su ídolo.

El Komander sonríe, las toma de la cintura, las aprieta contra él susurrándoles al oído. Sin que ellas se den cuenta avanza como bailando y las regresa al lugar donde subieron, donde las esperan sus amigas o sus “batos” con el ceño fruncido.

Tras el escenario está Isabel. Jeans apretados, plataformas color cobre, un chaleco dorado con peluche en el cuello, un cierre abierto que deja asomar sus  senos blancos y redondos, que tiemblan cuando camina o se ríe. En un nuevo descuido de los guardias  se lanza al escenario y se prende de El Komander, le habla rozándole el oído y después se despega: lo empuja como una diva y le da la espalda con la seguridad de que él tendrá su mirada atenta en su caminar (y acierta). Regresa brillante y triunfal con su amiga, atrás del escenario. Jura que una vez se lo topó cuando manejaba y desde entonces se gustaron.

“Lo vi en Culiacán hace tres días, preguntando por una Tahoe roja… es un amor, me encanta… Cuando se me emparejó en el semáforo no pude bajar los vidrios porque andaba bien happy”.

“De humilde ranchero a millonario”

Eleno Jr. Serna, tijuanense de 25 años, vive entre Tijuana y Chula Vista (California) desde los seis, estudió criminología en un colegio y lleva nueve en el negocio familiar de vender ropa.

A un año de sacar su propia marca, llamada Ántrax, tiene tres tiendas y apenas puede con la demanda de sus prendas en todo Estados Unidos. Exporta sus diseños a México y Canadá, tiene ofertas de inversionistas texanos y en Culiacán le ofrecen empezar una franquicia.

“Ni estudié diseño ni modas ni nada, más que nada fue algo empresarial”, me cuenta en su tienda.  “Mi primer diseño fue una camisa con una pechera, un chaleco táctico de esos que usan los militares que me pidieron mis amigos de Fuerza de Tijuana, lo usaron para un baile aquí en San Diego, todavía nadie sabía de Ántrax más que yo y ellos, pero la camisa le gustó mucho a El Komander, que me dijo que él quería que yo fuera su diseñador, y pues de ahí se vinieron todos los grupos grandes”.

La colección de ropa de El Komander fue el boleto para que Eleno Serna tuviera acceso al resto de los artistas de esta marca, que ahora son a la vez sus clientes y promotores. Grupos  como Los Buchones, Clika Los Necios, Los Buitres, Fuerza Tijuana y otros del Movimiento Alterado usan Ántrax.

Eleno define la estética: “Es algo que se ve en tu forma de vestir, en tu forma de hablar: ‘estamos al tirante’, ‘estamos como hueso’, son frases que usamos. Todo. Tu forma de hablar, de vestir, tus carros que usas, muchas veces hasta cómo caminas”. Incluye vincularse con ciertos licores, marcas de whiskey, de tequila y cerveza; se extiende a deportes, hobbies y marcas de ropa de diseñador como Dolce&Gabana y Ed Hardey.

“Abarca hasta el deporte, como el futbol, boxeadores, luchadores de vale todo; los carros que son muy famosos son el Chrysler 300, una Hummer, un BMW, que se vean  lujosos, hasta tener dos celulares es una señal de que te gusta esto pues”, explica Eleno, emocionado.

Los seguidores del Movimiento Alterado están en lugares donde históricamente se escucha banda y corrido y también entre la comunidad mexicoamericana en Estados Unidos. Para prueba basta ver la página del movimiento en Facebook, apenas una de las docenas de espacios web donde los aficionados  colocan sus fotos, portando  pistolas, usando pasamontañas o posando con vestidos pegados. Este sitio alcanza los 62 mil fans, entre ellos personas en Boston, Iowa, Nueva York y Toronto. Pero la página de El  Komander en esa red social tiene más de 674,428 “me gusta”.

Árabe, el gusto por lo prohibido

¿Por qué resulta atractiva esta moda para los migrantes en Estados Unidos o mexicoamericanos que no viven en el contexto violento?, le pregunto al investigador de la Universidad Estatal de San Diego, quien considera que en un entorno de marginación el narcocorrido adquiere un significado de empoderamiento ante la constante presión social y racial en la que viven.

“Una buena cantidad de estos muchachos están de manera indocumentada y es muy posible que no tengan licencia, viven con miedo de que los detenga un policía y esto significaría la deportación, en ese contexto es una fantasía de tres minutos”, opina Juan Carlos Ramírez.

Los clientes famosos de Eleno le hacen anuncios y le mandan saludos portando la ropa que diseña, luego Eleno sube los videos en su canal de YouTube y se diseminan por las redes sociales, de clic en clic.

Esta música y su moda surgen en oposición al discurso oficial, que es poco confiable y servirá para estudiar y completar el panorama de estos años de conflicto, añade el investigador.  “Los narcocorridistas lo que hacen es reflejar en buena medida lo que está sucediendo entonces, por eso tenemos un corrido hiperviolento en un contexto hiperviolento. Es una versión alternativa de esta guerra, una crónica de la guerra (contra el narcotráfico)”.

Ántrax tiene además del nombre de un potente veneno neurotóxico un logo de dos rifles M16, con tres calaveras. Eleno dice que prefirió M16 porque las AK47 son viejas, en cambio las M16 dan más la idea de urban warfare, la guerrilla urbana.

Su primer diseño de camiseta para venta masiva tiene una calavera con un tocado del Medio Oriente en la cabeza y una AK47, en el fondo, un texto en árabe. Incluir el árabe aumenta la sensación de portar “algo prohibido”, teoriza el diseñador. También tiene camisetas con hoyos simulando balazos y la camiseta llamada El Padrino, que muestra un alto contraste de un hombre de bigote y la leyenda: “De humilde ranchero a millonario”.

La imagen ha sido vinculada con El Mayo Zambada, uno de los narcotraficantes  más buscados por México y EU, el segundo en jerarquía en el cártel de Sinaloa después de El Chapo Guzmán. O  con Malverde, el santo de los narcotraficantes, y hasta con Miguel Ángel Félix Gallardo, el extinto Señor de los Cielos.

¿Pero qué dice el autor? “No es nadie, yo sólo diseñé un señor y es sólo eso”. Su verdadero éxito son las pecheras, que básicamente son chalecos tácticos estilo militar estilizados con aplicaciones de vinilo, piel, pedrería y estampados, los cuales oscilan entre los 500 y 800 dólares (6,700 a 10, 500 pesos mexicanos).

A petición de El Komander, Eleno Serna le diseñó una línea de ropa que incluye un chaleco táctico o pechera con aplicaciones de la famosa marca inglesa Burberry, siempre asociada al lujo y la elegancia. Eleno había planteado una línea de ropa sólo de hombres, pero está sorprendido por la demanda de estas pecheras y prendas de mujer.

Su fama crece y crece: cada dos semanas tiene al menos una entrevista, sabe que son buenas para las ventas. “KPBS, Telemundo, CNN… Pero ninguna como la nota de Al Rojo Vivo”,  dice convencido.  “Después de esa se duplicaron los pedidos, sobre todo de mi camiseta El Padrino. Ahí me llamaron “el gurú de la moda narco”, gurú ¿cuál gurú?… viera (así me habla, de usted) cómo se rieron en mi familia”.

Al igual que el gánster rap, el Movimiento Alterado plantea no sólo una música con letras  violentas y vinculadas al tráfico de drogas, sino también a una forma de vida. Manuel Márquez, un chico de 18 años, es un ejemplo de eso. Acaba de terminar la preparatoria en Chula Vista, California, recientemente ingresó al colegio comunitario y  lo aceptaron como cadete de policía. Antes Manuel  compraba ropa del diseñador Ed Hardey, hasta que llegó Ántrax.

“Me gustan las camisas de salir, me encantaron, sé que le hace la ropa al grupo que me gusta, Los Buchones de Culiacán, que le hace la ropa a El Komander… sigo mucho al Movimiento Alterado porque con la canción de Sanguinarios del M1...”, hace una pausa corta, como si no tuviera palabras para decir que se pone loco. Porque  entre los seguidores del Movimiento Alterado usan la palabra “loquear” como un verbo.

Buchanans con chocolate

Casi a las cinco de la madrugada El Volcán vibra hasta los cimientos. En el salón la mayoría del público está de pie o parado sobre las mesas, una docena de parejas se mueve entrepiernada al ritmo de la canción El Chapo, estrategia de escape.

El público hace ademanes orquestados y precisos: traer un rifle al costado, fajarse una escuadra en fornitura, fajarla a la cintura, marcar al celular de “los jefes”, disparar al suelo, al aire, cortar cabezas, amenazar a alguien con las manos en alto, como listos para pelar.

Mientras canta, El Komander le vacía una botella de whiskey en la boca a un hombre que está en el público, sigue manoseando a las mujeres que se le acercan y además asume con mucho gusto el papel de animador de kermesse.

“Felicidades a Lupita que ya me dijeron que cumple años”. “Las amigas de Julia Gutiérrez, que pasen al baño que se siente mal”. “Quien haya encontrado un celular con piedritas azules que lo lleve a un guardia, lo busca la dueña…”.

El concierto termina como empezó, con el público cantando a coro Fiesta en la playa mientras afuera del camerino ya están como en concurso de belleza una docena de chicas, alineadas para entrar a verlo.

Pero El Komander pasa veloz, empapado en sudor y con la ropa aún más pegada al cuerpo. Tras él van sus guaruras, cierra la puerta, decepcionándolas a todas.

La gente, agitada y alegre, va saliendo ordenada, sin prisa, tomando de las manos de los meseros el calendario con los próximos conciertos en El Volcán.

Muchos se amontonan alrededor del puesto que está en la entrada. Los seguidores de la música que exalta a la muerte ahora se vuelcan a otros escenarios: los puestos de  burritos de chicharrón, tostitos con salsa de chamoy y queso de nachos, conocidos en el norte del país como tostilocos, sopas instantáneas y las dulces bolitas de chocolate Ferrero Rocher. 

 

Para saber más del Movimiento Alterado:

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MARIANA MARTÍNEZ ESTÉNS  lleva una década de periodista binacional en Tijuana-San Diego. Es cazadora de historias y amante de los conejos. Le gusta cocinar en casa, acomoda sus crayolas en el orden de arcoiris y disfruta de su huerto de árboles frutales.