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Digan lo que digan... yo soy aquel

Con más de cinco décadas de trayectoria, Raphael asegura que ahora, con la experiencia que tiene, canta mejor que hace 40 años, cuando era un jovencito, sobre todo porque la letra de las canciones le quedaban grandes; hoy vuelve a grabar sus viejos éxitos y nos ofrece el álbum De amor y desamor
NI HABLAR DEL RETIRO Cuando a Raphael se le cuestiona si ya piensa en el retiro luego de 55 años de carrera, el artista español arquea la ceja y deja escapar una sonrisa socarrona: “Cómo le preguntas eso a un cantante que agota localidades en cualquier escenario" (FOTO: Luz Montero )
Por ROGELIO SEGOVIANO Fotos LUZ MONTERO
| domingo, 26 de octubre de 2014 | 00:10

Cuenta Raphael, que antes de que él decidiera seguir la carrera artística, a los cantantes se les llamaba crooners, y cantaban en clubes nocturnos para que la gente bailara. “Era muy simple, la orquesta tocaba, el crooner cantaba y la gente se enlazaba para bailar. Así funcionaba. Y lo hacían con Tony Bennett, Frank Sinatra, Dean Martin o el que fuera. Pero cuando yo salí, lo primero que les dije fue: ‘Momento señores, conmigo nadie baila. Hagan el favor de sentarse a escucharme’. No me entraba en la cabeza que la gente bailara mientras yo interpretaba Cuando tu no estás. Y ahora que lo pienso, no sé cómo conseguí que me hicieran caso y se sentaran. Es un misterio”.

El intérprete español hace una pausa en su relato, da un sorbo de agua y prosigue: “La primera vez que estuve en un escenario para cantar, ya con paga de por medio, lo hice allá en Zaragoza. Antes de mí se había presentado un crooner y la gente bailaba, pero cuando yo subí a cantar y vi la pista llena, me les quedé mirando por varios segundos. Yo trataba de decirles: ‘Anden, vayan a sentarse’. Y ellos como que me decían: ‘Vamos, empieza ya, queremos seguir bailando’. Fue algo muy curioso, porque no hubo ni siquiera un chistosito que gritara: ‘A ver a qué hora inicias’. Nadie dijo nada. Entendieron que el baile había terminado y ahora comenzaba otro tipo de espectáculo. Todo fue muy natural. Desde entonces toda la gente se sienta para escuchar a Raphael..., y a todos los demás, porque ahí fue que inventé los conciertos”.

Raphael bebé un poco más de agua, se acomoda en el sillón donde se realiza la entrevista y dice en tono desafiante: “No esperabas que contara eso, verdad... Yo inventé los conciertos tal y como los conocemos ahora. Porque antes decías que ibas a dar un concierto, y todos pensaban que ibas a cantar ópera. No era lógico que un intérprete de música popular se subiera a un escenario por más de dos horas y el público se sentara a escucharlo, hasta que lo hice yo”.

EL HIJO PRÓDIGO. En Linares, España, hay un museo dedicado a Raphael, el artista, donde puede encontrarse información de cada uno de sus discos, sus premios, carteles y demás memorabilia; el recinto dispone de un servicio que, conectado a un iPod, expone los detalles de su historia, lo cual es accesible para personas ciegas

Con más de 55 años de trayectoria en los escenarios, Raphael, mejor conocido como El Divo de Linares, acaba de lanzar el álbum De amor y desamor, en que ha vuelto a grabar muchas de las canciones que lo lanzaron a la fama en el inicio de su carrera. “De lo que se trata es de volver a grabar mi historia para hacerla todavía mejor, porque utilizo los adelantos tecnológicos que hay hoy en día. Y es que, por fortuna, mi voz la mantengo y puedo volver a hacerlo... Aunque no lo digan, el sueño de cualquier artista es volver a hacer lo que ya se hizo, pero corregido y mejorado. Y eso es lo que hice. Son mis viejas canciones, pero con nuevos arreglos musicales, nuevos trajes a la medida”.

Explica que lo que hizo fue “La prueba del algodón”, que consiste en repetir algo que ya funcionó, pero dándole un valor agregado, ya que no se trata de hacer sólo una nueva versión. “Es muy fuerte esto que digo, porque lo más seguro es que resulte algo muy malo, un fracaso, pero conmigo fue todo lo contrario. Funcionó el experimento”.

—¿Raphael, había necesidad de realizar este “experimento”?

—Lo hice para que la gente joven pudiera conocer mis canciones, para que las conozcan quienes no saben de mí... Porque no todos crecieron en una familia en la que sabían quién era Raphael... Seguro hay millones de chicos muy jóvenes que no conocen mis canciones.

—¿De verdad crees que haya gente que no conozca cuando menos una canción de Raphael?

—Hay muchas personas que no saben quién soy o que jamás me han escuchado cantar. Tal vez las han oído por ahí, de lejos y no las tienen presentes en su vida. Esa es la razón de este disco, que todos ellos tengan la oportunidad de conocer y acercarse a mis canciones, que ya son históricas. Quiero que vibren con Yo soy aquel y En carne viva, por ejemplo. Pero tampoco se trata de que escuchen una canción antigua, en un disco antiguo, que suena antiguo. Es difícil que un artista tenga la oportunidad de hacer nuevamente lo que ya hizo antes, y con los adelantos de hoy en día, porque quienes tienen una trayectoria de varias décadas y un pasado glorioso, cuando lo quieren volver a hacer ya su voz no existe, ya se gastó... Pero en mi caso no es así, es todo lo contrario. Ahora canto mejor que hace 40 años, cuando era un jovencito.

—¿Dónde queda la magia y el espíritu romántico de esas canciones antiguas de discos antiguos que suenan antiguas?

—Esa magia y ese espíritu se conservan ahí. Ahí están para quien quiera escucharlas... Pero también quiero decir que esa magia y espíritu romántico del que hablas se acrecenta ahora que las vuelvo a cantar, porque lo hago mucho mejor que antes. Antes eran unos textos que, debo admitirlo, me quedaban grandes. Tenía 18 años y decía: "...que sabe nadie". Son palabras que a un chaval le vienen muy grandes. Pero ahora soy una persona adulta que ha vivido sus cosas, que tiene un peso importante en el escenario y sabe muy bien el significado de cada letra de las palabras: “amor” y “desamor”. Un concierto mío de hoy en día no tiene nada que ver con los conciertos que ofrecía hace 40 años, cuando era un chiquillo que hacía todo de prisa y corriendo, todo de prisa y corriendo. Es como el trabajo de un actor, que resulta mucho mejor cuando tiene 50 años que cuando tienen 20.

—¿Y en dónde dejas a ese chaval que hacía “todo de prisa y corriendo” que le gustaba a la gente?

—No, no, no... No hables por toda la gente. Te gustaba a tí o a tus padres, pero no a toda la gente. Las personas a las que está dirigido mi nuevo disco ni siquiera existían en ese momento, no habían nacido. Hay gente que no me conoce.

—No hablo de que tus canciones le gusten a toda la gente, hablo de que Raphael es un clásico dentro del cancionero popular iberoamericano, un artista con temas que han trascendido generaciones...

—En eso tienes razón, soy un clásico del cancionero popular, pero hay muchos que sólo tienen referencia de mí por lo que les han platicado. Les han llenado la cabeza hablándoles de Raphael, diciéndoles que es El Divo de Linares y no sé cuantas historias más, pero jamás han escuchado mis canciones ni me han visto en un escenario. De que yo inicié a la fecha he pasado por cinco generaciones y la mayoría sabe quién soy, pero vamos, ya con la sexta generación me está costando algo de trabajo porque son chicos que reciben un bombardeo de información de todas partes y en todo momento. Ya no es como antes que prendías la radio y escuchabas programas dedicados a un determinado artista o los domingos veías en la televisión un programa de variedades musicales con la familia. Ahora tienes un iPod o un teléfono inteligente en el que guardas diez millones de canciones y otros diez millones de videos. Es natural que los jóvenes quieran conocer los sonidos jóvenes, no los antiguos... Por eso volví a grabar mis canciones, para que sean sonidos jóvenes.

—¿Qué opinas de los nuevos artistas que hacen 'covers' de tus canciones más famosas?

—Sólo les digo que vean el original... De eso se trata. Que vean de dónde han bebido todos ellos...

—¿Vas a regrabar más canciones?

—De momento no lo sé, porque repertorio tengo de sobra, pero no me gustaría pasarme lo que me quede de carrera regrabando mis propias canciones, prefiero buscar otros proyectos. Tal vez podría combinar, es decir, grabar un par de discos con temas inéditos y de autores jóvenes, y uno de rescate de temas que ya hice en el pasado, pero todavía no lo sé. El problema de un artista como yo, con tantos éxitos de un par de compositores, como son Manuel Alejandro y José Luis Perales, es que los demás compositores me traen imitaciones de canciones de Manuel Alejandro y José Luis Perales. Ahora busco temas escritos por chicos de entre 20 y 24 años, temas que vengan a enriquecer mi universo, pero que al mismo tiempo se adapten a mí, a mi estilo. Eso es savia nueva.

—¿Es diferente cantarle al amor y al desamor, según la época?

—No necesariamente. Las imágenes poéticas que transmites, aunque en el fondo estés diciendo lo mismo: “te amo” o “ya no te quiero”, deben ser presentadas en la forma correcta para cada generación.

—¿Una canción es una pequeña historia...?

—Una buena canción es una gran historia en apenas unas cuantas palabras. Ahí radica su fuerza, magia y energía. En dos o tres minutos capturan años y años de sentimientos, de sufrimientos y de alegrías. Canciones tontas e intrascendentes hay muchas, canciones que están destinadas a convertirse en clásicas son muy pocas. Por eso, antes de entrar al estudio de grabación procuro hacer una rigurosa selección de temas, porque yo no estoy para salir a cantar tonterías.

—Debe haber alguna canción que interprete algún colega tuyo y hayas dicho: “¡Qué coraje, cómo no la grabé yo antes...!”.

—Mira, yo no soy de los que se lamentan y dicen: “¡Qué coraje...!”. Cuando una canción me gusta y la quiero cantar, la canto. A mí no me duele en prendas que la haya cantado otro, si me gusta la canto y punto. Mira, la canción My Way, cuando la escuché por primera vez allá en España hace mil 500 siglos, dije: “Yo la quiero. Hagan la traducción al español, porque la voy a cantar”. Mi versión, que se llamó A mi manera, y la versión de Frank Sinatra, en inglés, salieron casi al mismo tiempo. Es más, si me apuras un poco, hasta podría ser que él la hubiera grabado antes que yo, pero en la disquera se tardaron en lanzarla, así que creo que la mía comenzó a escucharse antes en la radio. A lo que voy, no me detengo para cantar algo que me gusta, aunque sea de otros. Digo, tampoco es algo que haga todo el tiempo, si acaso unas 14, 16 o 18 veces...

—Hace un momento hacías una analogía diciendo que un actor de 50 años es mejor que uno de 20… ¿De verdad crees que eso pasa con los cantantes?

—No, no, no… He dicho que eso pasa conmigo. Con los otros no lo sé, pero por lo que veo no es así. Yo soy un caso atípico, soy esa excepción a la regla, esa situación extraña, porque lo normal es que una voz se vaya gastando con el tiempo y se deteriore, pero de verdad que yo cada día lo hago mucho mejor. Y lo atribuyo a las circunstancias médicas de todos conocidas que he pasado en mi vida. Yo tengo un motor nuevo dentro de mí que ha venido a rejuvenecer no sólo mi estado de ánimo, sino muchos otros órganos de mi cuerpo, incluyendo mi voz. Por ejemplo, conservo los mismos agudos que antes tenía, pero los he enriquecido con unos graves y unos medios tonos, que ni por casualidad existían en mi garganta.

—Te escucho hablar y suenas como un jovencito que está debutando y se quiere devorar al mundo; como alguien que quiere participar y ganar el concurso de televisión La voz...

—No, yo ya no estoy para concursos de cantantes. Eso no…

—No lo digo por eso, lo digo por el ímpetu y el entusiasmo con el que hablas.

—Eso siempre. Soy un apasionado de mi profesión. Cantar me gusta con locura. Además, me gusta que se note que me gusta. La gente desganada o que hace las cosas en automático no tiene futuro. Yo soy un verdadero fanático de mi profesión y me encanta hacerlo cada vez mejor, pero también soy un crítico feroz de mi mismo, y eso siempre es bueno.

—¿Te gusta verte en la televisión cuando cantas?

—No. Cuando me veo en la televisión sólo me puedo ver defectos, las virtudes pasan muy rápido. Mi vista va a lo malo que hago, a las cosas que puedo corregir porque soy muy duro conmigo mismo, soy un perfeccionista. Esa situación me mortifica, pero también entiendo que eso es bueno y me ayuda a mejorar.

—A lo largo de tu carrera te has caracterizado por ser un artista que conecta muy bien con el público.

—Yo no soy un artista de espejo, es decir, no me miro en el espejo para cantar. Cuando empecé no existían esas escuelas de canto que hay hoy en día que están llenas de espejos en donde los chicos  se miran todo el tiempo. Yo no puedo mirarme de esa forma. Pero sí, es verdad que cuando yo hago algo en el escenario, ya sea una gesticulación, un movimiento o un ademán, y veo que el público reacciona, inconscientemente lo repito. Es un guiño con la gente, un momento de conexión, y eso me gusta.

—¿Qué piensas de los concursos por televisión para encontrar nuevos cantantes?

—Pues tienen su mérito, y si es algo que le agrada a las nuevas generaciones, adelante. No tengo nada en contra. Es más, yo inicié en los concursos de radio organizados por la Cadena Ser, cuando tenías que llamar a la estación y cantar por teléfono. Cada semana hablaba, sólo que con un nombre diferente, para que no se dieran cuenta, y siempre ganaba. Al final, la gente del radio sabía que era yo, pero ya no decían nada, hasta les gustaba que lo hiciera y me ayudaban a encontrar nuevos nombres. Creo que así gané más de 20 concursos.

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—Cuando volteas para atrás a mirar el camino andado luego de más de cinco décadas de carrera, ¿qué te llama más la atención?

—Yo no soy nostálgico y por eso no miro nunca hacia atrás…; salvo cuando alguien, un tanto impertinente, me pregunta cosas de mi pasado y tengo que mirar hacia atrás para responder. Pero yo no soy nostálgico, lo cual podría parecer absurdo, porque tengo una carrera de muchos años y es impresionantemente buena, así como para sentirme orgulloso y decir: Miren todo lo que he logrado, miren hasta donde he llegado. Pero no es así, porque siempre estoy pensando en el mañana. Lo que hice ya lo hice, y si fue bueno o malo, pues ya está hecho y no se gana nada con aplaudir o lamentarse. Por eso mi perfeccionismo está enfocado en lo que debo mejorar para el día de mañana.

—¿Podríamos decir que eres como un vampiro que tiene necesidad de sangre nueva todo el tiempo?

—Pues me parece fuera de lugar la comparación, pero… creo entender tu punto y en ese sentido tienes razón, porque yo necesito hacer cosas nuevas y salir triunfante siempre.

—¿Te gusta la tecnología? ¿Experimentas con nuevos sonidos y aparatos musicales?

—A mí los aparatos esos no me van, no me gustan. Mira, si me has visto cantar, sabrás que me muevo mucho en el escenario. Todo el tiempo voy de un lado a otro, de allá para acá. Y eso viene de cuando era jovencillo y empezaba a cantar y me ponían esos aparatos tan espantosos que había. Sonaban a perros muertos. Entonces, intuitivamente, me alejaba de los micrófonos y empezaba a cantar, y lo hacía para poder oírme yo, para escuchar mejor mi voz, porque el sonido que salía por esos cacharros era espantoso. De ahí viene el estilo mío de pasearme tanto por el escenario y de cantar a capela. Por eso te digo que no soy mucho de aparatos ni busco sonidos excepcionales. Yo a lo mío y para lo otro hay técnicos que lo hacen muy bien. Me gusta sentir lo que emito, no lo que me devuelven los altavoces. No entiendo a esos artistas que están en el escenario con los micrófonos casi metidos en la boca. Eso no es lo mío.

—¿No te llama la atención producir a otros artistas?

—No, en absoluto. Eso no es para mí. Un buen productor es aquel que no busca ser protagonista. Si me pongo a producir a otros les voy a meter en la sesera que sean como yo, y eso no está bien.

—¿No está bien porque crees que Raphael es único?

—Raphael no es único… Raphael es uno de tantos.

—Pensé que dirías algo distinto, algo muy “Raphael”...

—¿Muy “Raphael”? ¿Hombre, y cómo es eso?

—Imaginé que dirías algo como: “Raphael es único e irrepetible”.

—Pues te has equivocado. Y me doy cuenta de que tienes una idea muy errónea de mí. Seguramente tus padres..., no, tus padres no..., tu madre, y te lo digo con todo respeto, tu madre seguramente es una gran admiradora mía y desde que eras pequeño te cantaba mis canciones, por eso tú, de manera inconsciente, te has metido en la cabeza que todo el mundo me conoce y que soy único e irrepetible... Mira que México y los mexicanos nunca dejarán de sorprenderme.

—Raphael, yo no he dicho eso...

—Claro que lo has dicho, lo que pasa es que no te has dado cuenta... Pero vamos, no pasa nada, ya estoy acostumbrado a que me lo digan...

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2003 recibe un trasplante de hígado, luego de padecer Hepatitis B

ROGELIO SEGOVIANO es reportero de espectáculos y editor de este semanario; aunque no lo quiso reconocer en su entrevista con el artista español, Elena, su mamá, es una gran admiradora de Raphael y, desde niño, oye sus canciones; hasta su hermano menor se llama Rafael, en honor al “Divo de Linares”. En Twitter: @rogersegoviano