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Con Irene Azuela los genes no mienten

Esta actriz, como su bisabuelo Mariano, ha sabido crear una carrera exitosa y bien cuidada. Con la obra 'Salomé' —que se presenta en el Teatro Helénico— reafirma que lo mismo hace teatro, telenovelas o gana un premio Ariel. La actriz, quien aún puede salir a la calle sin ser acosada por los fans, dice que encontrar buenos papeles es complicado: Me encantaría hacer teatro dos veces al año y muchas películas, pero tampoco hay trabajos tan buenos
Versátil. Azuela tiene en puerta también el estreno de la película 'Tercera llamada', en la que comparte créditos con Karina Gidi y Cecilia Suárez. Se estrena en octubre. (FOTO: Felipe Luna )
Por Gabriela Gutiérrez M. Fotos Felipe Luna
| domingo, 28 de julio de 2013 | 00:10

Cuando Mariano Azuela escribió Los de abajo, esa icónica novela de la Revolución Mexicana en la que el insolente campesino Demetrio Macías se une al acaudalado Luis Cervantes para luchar contra los caciques, nunca imaginó que más de un siglo después el apellido Azuela sería tan preponderante para la vida mexicana.

Su nieto Arturo Azuela fue autor de la famosa novela La casa de las mil vírgenes, y ganó el premio Xavier Villaurrutia por El tamaño del infierno. También fue director de la Facultad de Letras en la UNAM. Su otro nieto es el Ministro en retiro Mariano Azuela Güitrón, quien se convirtió en Presidente de la Suprema Corte de Justicia en 2006. Y su bisnieta, Irene Azuela, es una de las actrices más importantes de México en la actualidad.

"Cuando leí Los de abajo en la secundaria me hice güey, nunca dije nada", dice Irene sobre su bisabuelo. La actriz se ríe, pero es consciente de lo que Mariano Azuela representa para la cultura mexicana: "Es una figura muy presente en la familia, pero cada quién tiene sus formas de relacionarse con él".

El bisabuelo no es el único referente de Irene, también se siente orgullosa de sus padres: "Gracias a mis papás soy todo. Eran de los que primero te llevaban al museo y después a patinar. Sin ellos quién sabe qué tipo de persona sería". O qué tipo de actriz…. Si ellos no le hubieran inculcado el amor por el arte y las letras, tal vez Irene tendría otro tipo de fama.

Su papá es investigador de la facultad de Sociología en la UNAM y su mamá es ilustradora. Ha desarrollado gran parte de su carrera en la literatura infantil. Se llama Maribel Suárez y entre sus trabajos están Sweet Dreams, de Pat Mora; Mamá Goose, de Alma Flor Ada e Isabel F. Campoy; y Puebla, de la A a la Z, entre muchos otros. "Es una linda profesión la que tiene", dice su hija.

La única actriz de la familia es Irene, quien a sus 33 años ya es una consagrada de la escena cinematográfica y teatral mexicana. Ha conseguido ese prestigio ella sola con talento y preparación, pero, sobre todo, con una buena elección de proyectos: la parte más difícil en ese medio.

"Es una combinación de todo", dice muy segura. Y lo sabe. No es rubia, alta, ni tiene medidas esculturales, pero el aura que la rodea llama la atención de cualquiera. Su personalidad es más poderosa que su belleza y su discurso personal es implacable. Habla con claridad, mira directamente: domina, impone, sorprende.

Garbanzo de a libra

Fue en 2007 cuando irrumpió en el mundo del cine con Quemar las Naves. De pronto, su nombre y rostro estaban en todos lados. La película, ópera prima de Francisco Franco, podría haber pasado sin pena ni gloria como la mayoría de las películas de los recién egresados de las escuelas de cine. Al final, no fue un éxito en taquilla, pero sí fue un éxito para Irene.

"Mucha gente me preguntaba de dónde había salido, pero ya tenía cuatro años trabajando en tele", recuerda. Reticente a la aseveración de que esa película la hizo estrella, Irene sólo le llama "un parteaguas" en su carrera, pero admite que poco a poco se fue dando cuenta que, "desde afuera, se vería distinto". La fama le llegó de golpe.

En Quemar las Naves interpretó a Helena, la hija mayor de una ex cantante en decadencia al que tiene que cuidar, al mismo tiempo que lidia con los problemas de su hermano adolescente y también los de ella. Después de esto, le llovieron proyectos: "Yo iba, trabajaba, y después me decían 'estás en muchos proyectos, eres muy famosa', y yo no lo notaba".

Y sigue sin saberlo: "Tengo una vida súper normal, jamás me pasa que me detengan en la calle". Su tiempo lo ocupa su mascota —una bóxer muy hiperactiva—, y los viajes con su familia, amigos, o pareja (cuando la tiene). Ama conocer ciudades "si tengo el suficiente dinero como para poder hacerlo".

Porque esa es otra cosa. El amor al arte, lo que se dice arte —proyectos bien escritos, dirigidos y actuados— no suceden todos los días: "Me encantaría hacer teatro dos veces al año y muchas películas, pero tampoco es que haya trabajos tan buenos cada año".

Una princesa en el escenario

Su más reciente proyecto es Salomé, la obra de teatro escrita por Oscar Wilde, basada en el pasaje bíblico de la hijastra del rey Herodes Antipas. Ella solicita a su padre que decapite al profeta Juan Bautista por no ceder a los deseos de la princesa, encaprichada con él y furiosa por no despertarle los mismos apetitos que provoca en todos los demás hombres.

"Salomé está harta de ser deseada y cuando encuentra la capacidad de desear, eso la transforma", dice Azuela. "Eso la hace capaz de hacer todo por conseguir lo que quiere". Pero no porque el papel le exija verse hermosa y deseable, Irene saldrá a vender cuerpo: "Es un personaje brutal, de un gran arrojo; su poder está en eso".

La obra es dirigida por Mauricio García Lozano —becario del FONCA en dos ocasiones y director de Touché (2007) y La pequeña habitación al final de la escalera (2011), entre otros—.  Acompañan a Azuela en el escenario los actores  José Sefami, Aída López y Leonardo Ortizgris.

La obra surgió en medio de una conversación entre ambos creadores: "Él quería hacer una ópera pero yo le propuse hacer la obra. La releímos y vimos que tenía una potencia teatral impresionante".

La inquietud de montarla llevó a Irene a producirla casi sin darse cuenta. Lo mejor de todo es que juntó "el poder artístico con las cualidades comerciales del teatro".

La obra tendrá 36 funciones del 26 de julio al 22 de septiembre en el Centro Cultural Helénico del DF, quizá el escenario comercial más cercano a la escena teatrera de México. "Tienen un público fiel, abierto, flexible. Además el lugar está muy bien ubicado, lo que le permite que llegue mucho público", dice Irene.

Londres no es mejor

El amor por los clásicos le viene desde la cuna, pero también por su trayectoria académica en Londres. Por cuestiones de la vida nació en aquélla ciudad inglesa, donde su mamá estudiaba. Recuerda que desde pequeña su plan era viajar allá a estudiar, pero no lo logró: "Me quería ir desde un principio a hacer la carrera allá, pero se me pasaron las inscripciones".

Así que a los 19 años aceptó la invitación del CEFAC (Centro de Formación de Actores para la Televisión), la escuela de TV Azteca. "Desde entonces trabajaba en televisión y hacía cosas pequeñitas en teatro".

Aunque las escuelas televisivas son desdeñadas por los actores del ENAT (Escuela Nacional de Arte Teatral, de Conaculta), el CUT (Centro Universitario Teatral, de la UNAM) o la Casa Azul (de Argos), Irene defiende que en CEFAC "había muy buenos maestros". Dice que una de ellas es la actriz de teatro Dora Cordero; otro, el fallecido director vanguardista Héctor Mendoza; Ana Celia Urquidi, directora en Argos; y el famoso director de actores Raúl Quintanilla.

Tras estudiar ahí, decidió irse al Reino Unido: "Sabía que si no me iba en ese momento no me iba a ir nunca". Se matriculó en la Academia de Música y Arte Dramático de Londres y después en el Desmond Jones School of Mime and Physical Theatre.

Irene habla sinceramente de que no fue tan maravilloso como pensaba: "En México tendemos a creer que en Europa todo es mejor y más grande, y no siempre es así".

Agradecida por el entrenamiento que aprendió en Inglaterra se topó, sin embargo, con la decepción de que muchos de sus compañeros no eran actores, "sino escritores o gente que había estudiado Letras Inglesas".

Eso sí, se quedó con dos cosas fundamentales: el conocimiento del teatro clásico inglés y, sobre todo, "la formalidad actoral, la disciplina y el rigor". Esas cualidades la han hecho una reputada actriz y no una "estrella", a pesar de haber hecho telenovelas.

Sin arrepentimiento

Entre sus proyectos en melodramas televisivos estuvieron Todo por amor (2000), todavía bajo la producción de Argos; Amores… querer con alevosía (2001), con Bárbara Mori en el protagónico; La otra mitad del Sol (2005), con Demián Bichir; y series como Lo que callamos las mujeres.

El sueño de todas las actrices de telenovela es que las tomen en serio. Irene Azuela nunca sufrió por eso. Su categoría actoral nunca ha sido cuestionada a causa de sus pininos. Posiblemente haya sido porque nunca fue la estrella protagónica. Quién sabe. Pero la "proyección masiva", de la que tanto hablan los actores de televisión, no le funcionó a Irene.

Eso no significa que niegue o se avergüence de estos trabajos: "La tele tiene lecciones muy grandes, como el esfuerzo físico de grabar diario, que te deja mucho aprendizaje". Y otra cosa muy importante: deja oficio. "Porque se hace tan rápido que tienes que resolver en todo momento, así que haces músculo actoral".

Prueba de eso, sus siguientes apariciones en programas prestigiados como Capadocia (HBO), Gritos de muerte y libertad (Televisa) y Paramédicos (Canal Once). En este último programa fue la actriz con más nombre en el elenco: "Me gustó porque ofrecía una temática distinta, y me parecía muy interesante adentrarme en el mundo de la Cruz Roja".

Pero la verdad, dice, lo que más le gusta es hacer teatro. Incluso por encima del cine, su otra pasión: "El teatro es mi primer amor". Las razones son muchas y, entre ellas, el dejarse llevar por los personajes, "salir distinta a como entré". El teatro es "un espacio generoso, un instante de vida".

Una de las obras más notorias donde ha participado fue El buen canario, en 2008, dirigida por John Malkovich, producida y estelarizada por Diego Luna, Bruno Bichir y Daniel Giménez Cacho. "He tenido oportunidades muy buenas", dice.

Lo increíble de todo es que nunca pensó que estar en las tablas sería su profesión: "No tenía ni idea de que quería hacer en la vida". Ni siquiera cuando a los 15 años su abuelo la llevó a Nueva York a ver una obra off-Broadway (fuera del circuito comercial) que se trataba nada menos que del clásico Casa de muñecas, de Henrik Ibsen. "Te juro que no salí diciendo 'quiero ser actriz'".

De hecho, a esa edad le gustaba cantar y bailar en la escuela —"tomé clases de canto muchos años"—. Lo curioso es que nunca lo ha intentado en lo profesional, "ni me gustaría hacer una carrera en eso". Lo que sí le llama la atención es interpretar a un personaje que sea cantante.

Comedias

Por lo pronto, le espera Salomé, y apenas termine temporada estará en las pantallas de cine con Tercera llamada, de Francisco Franco, que se estrenará el 4 de octubre. La cinta obtuvo el premio del público en el pasado Festival Internacional de Cine de Guadalajara. Comparte créditos con Karina Gidi, Cecilia Suárez y Silvia Pinal.

"Una compañía mexicana ensaya Calígula de Albert Camus para un festival internacional… Una obra sobre un emperador romano, escrita por un existencialista francés y dirigida por una neurótica mexicana, necesita de esa fe para llegar a buen fin", se lee en la sinopsis oficial de la cinta.

Se trata de una comedia fársica —al más puro estilo de Ensayo de una Orquesta, de Federico Fellini— sobre todos los vericuetos y traspiés que viven los productores, actores y directores al querer levantar una puesta en escena en México. "No tienes que ser una persona que guste del teatro para disfrutarla; no hace falta saber nada, simplemente te va a encantar", dice entusiasmada.

Pero aunque se trata de una comedia, Irene encarna a un personaje dramático. Se trata de la asistente de la directora de la obra, interpretada por Gidi. "La seriedad de esos dos personajes soporta toda la comedia que hay detrás de la historia".

En 2014 estrenará Las oscuras primaveras, el segundo largometraje de ficción de Ernesto Contreras que ya cuenta en su carrera con Párpados azules (2007) y el documental Seguir siendo (2010). En ella participa con Cecilia Suárez y Chema Yazpik.

En medio de tantos títulos importantes entre cine, teatro y tele, Irene sabe que como actriz debe salir de su zona de comfort y desafiarse a sí misma. Por eso, no siempre ha sido la protagonista.

Contrario a muchas de sus colegas, Azuela cumple con aquel mantra que reza "me interesa el proyecto". Ella sí lo hace. Igual sale en un papel secundario que en un principal. ¿La razón? No le gusta estar en todos lados. Prefiere esperar y darse su lugar.

Otro de sus planes es incursionar más en la comedia: "El reto para el próximo año es experimentar en ese terreno". Un paso importante, no sólo por cómo ha llevado su carrera, sino por su propio carácter: "Soy muy intensa, para qué digo que no…".

Los de abajo

Esa pasión por su trabajo, dice, está presente en casi todas las facetas de su vida: "Es mi carácter, no sé, siempre he sido así, desde niña". Sin embargo, es serena cuando habla, y es modesta. No trata de seducir a nadie con comentarios pretenciosos ni con falsas sonrisas.

Tampoco se tarda horas arreglándose. Es más, para la sesión de fotos salió con sus botas Dr. Martens de estampado floral y una camiseta de Nirvana. "Soy medio rockera", dice. Se puede afirmar, sin miedo, que Irene Azuela es una actriz versátil y auténtica, sin alardes.

Tal vez eso sea lo que tiene en común con Mariano Azuela, quien tuvo éxito con su novela diez años después de publicarla y que, poco a poco, se ganó el prestigio, el respeto y el sitio que tiene en la historia como uno de los grandes escritores del país. A paso lento, pero seguro: talento puro. Los genes no engañan.

 

GABRIELLA MORALES-CASAS es una periodista con 20 años de experiencia. Ha cubierto desde deportes hasta sociales y colabora para diversos medios mexicanos y extranjeros. También es guionista y experta en tequilas...