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Chicas súper tecnológicas

Son menos del 10 por ciento... Pero ya están aquí, y pisan fuerte
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ELIZABETH PALACIOS
| sábado, 26 de marzo de 2016 | 21:05

Los números indican que la primera brecha digital podría resolverse pronto en México, sin embargo existe una segunda, la de contar o no con las habilidades necesarias para acceder a los beneficios de la tecnología. Es ahí donde hombres y mujeres no estamos en un piso parejo... ¿Qué está pasando conlas mujeres que han decidido convertirse en pioneras de la industria informática en México?

Vive en una casa donde 10 personas comparten comida, tiempo y espacio. Trabaja en una empresa donde el fundador y director de operaciones, gana igual que todos. Su oficina está en la misma casa donde todos los miembros de la empresa viven juntos.

Ella se llama Erika Luna y no, no se quedó atrapada en los 60 en una comuna hippie. Se trata de una joven de 27 años que estudió Administración en el ITAM y decidió cambiar de rumbo profesional para romper todos los estereotipos y convertirse —de manera autodidacta— en desarrolladora web.

Cruzó el umbral e ingresó al mundo de las startups, una revolucionaria forma de emprender nuevos negocios vinculados a la tecnología que deben ser creados a velocidades antes impensables y que están cambiando la perspectiva económica y empresarial de todo el mundo. Las startups son una tendencia sin fronteras. Proyectos emprendedores creados para sobrevivir en el mercado global teniendo como principal plataforma: internet, para crear soluciones que facilitan la vida de las personas.

Puede decirse que es feliz con su trabajo. Pero no todo ha sido miel sobre hojuelas pues es una de las pocas mujeres que hay en este mundo geek, lleno de genios masculinos expertos en algoritmos, ecuaciones y códigos de programación. Es también una de las pocas mexicanas (aún) con valor para romper con las barreras culturales e ideológicas de su familia y amistades —así como prejuicios propios y autolimitaciones—, para irrumpir en un mundo dominado por la testosterona. Y con ello darle un golpe certero a las estadísticas que son implacables: 70 por ciento de los creadores de tecnología son hombres.

¿Brecha cuantitativa?
Cuando en los inicios del siglo XXI se hablaba de la brecha digital, se hacía referencia sólo a que no todas las personas tenían acceso a una computadora ni a internet. Han pasado 15 años de este nuevo siglo y esa brecha cuantitativa parece haberse superado.

Actualmente en México el 50.1 por ciento de las personas que tienen acceso a una computadora, son mujeres, y en cuanto al acceso a Internet, la cifra es equitativa: 50-50 para ambos géneros, según revela la última Encuesta en Hogares sobre Disponibilidad y Uso de las Tecnologías de la Información (ENDUTIH) realizada por el Instituto Nacional de Geografía y Estadística (INEGI) 2013.

La encuesta indica que en 2001 la desigualdad entre hombres y mujeres que accedían a una computadora era de un 8 por ciento, es decir que, un 54 por ciento de usuarios eran hombres, y un 46 por ciento mujeres.

Pero la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) ha enfatizado en recientes informes sobre equidad de género, que existen dos tipos de brecha digital. La primera es la que ya describimos, la segunda se relaciona con las habilidades digitales individuales, y es ahí donde las mujeres, al tener un histórico rezago educativo, nos quedamos atrás.

Sí, las mujeres ahora tenemos acceso similar al de ellos a las herramientas, dispositivos y conectividad, pero ¿qué hacemos con ellas?, ¿qué preparación tenemos para aprovechar al máximo sus beneficios?, ¿estamos todos y todas en igualdad de condiciones?

“La tecnología me cambió la vida”
Hace un año que Erika empezó a husmear en el mundo del diseño web. La curiosidad y los algoritmos de Facebook hicieron que a su muro llegara un anuncio que le preguntaba “¿quieres aprender a crear páginas web?” y por primera vez tuvo una respuesta a la pregunta que ni siquiera se había planteado. Sí, ella quería aprender.

Así navegó hasta TreeHouse —junto con Udacity, una de las plataformas más populares entre geeks autodidactas—, un espacio amigable en la red como para que los no informáticos puedan aprender lenguajes usados por los programadores. Erika empezó a tomar todos los cursos posibles.

Pasaban los meses y ella aprendía cada vez de programación, pero en su trabajo las cosas iban de mal en peor. Un año antes se había graduado de la carrera de Administración y seguían tratándola como una becaria. El ascenso y consiguiente aumento salarial parecían utópicos.

“Ya vivía sola, tenía mis propios gastos y me había endeudado con una tarjeta de crédito que no podía pagar. Fue entonces que decidí mostrarle mis avances de clase al dueño de una startup, quien dijo: “¡Ah pues sí sabes! Te contrato como web developer (desarrollador web). Renuncié a mi empleo y la tecnología me cambió la vida”.

No sólo renunció a su trabajo para ingresar a la startup Novelistik como desarrolladora, también se mudó a una startup house, un concepto innovador en el que para sacar adelante lo más pronto posible un proyecto de desarrollo tecnológico, los miembros del equipo se mudan juntos a una casa donde trabajan, viven y conviven las 24 horas, lo que les permite estar en un proceso creativo 24/7.

Este cambio radical que comenzó a hacerla feliz, pues había encontrado “una pasión” y se sentía en la etapa más creativa de sus 25 años, a la vez que le generó un rechazo en su círculo inmediato. Su mejor amiga no entendía sus nuevas decisiones y su madre, simplemente le dejó de hablar durante casi un año, como muestra de desaprobación por un estilo de vida que no comprende.

La incomprensión de la presencia de Erika en el mundo geek no sólo vino de su familia, también de muchos hombres que no están acostumbrados a que en su círculo tecnológico se incluyan mujeres, así que ella tuvo que aprender no sólo a programar, también a lidiar con el ambiente competitivo y extremadamente masculino del mundo digital, donde siempre sentía que por el hecho de ser mujer, le exigían que demostrara el doble de capacidades que a un hombre.

“Aunque en Novelistik jamás me sentí discriminada, el ambiente era demasiado masculino. Había muchos egos en disputa. Al principio yo era la única mujer en el equipo. Con el tiempo, comencé a involucrarme en esto desde una perspectiva de género, los fui convenciendo de lo importante y benéfico que era el equilibrio. Actualmente, de las 10 personas que integramos el equipo, la mitad somos mujeres y eso es un gran avance en muy poco tiempo, aunque entre los desarrolladores sigo siendo la única mujer”.

Es ahí, en espacios cerrados como los de programación, desarrollo o lenguajes informáticos, donde las mujeres no han logrado penetrar.

Desde la mirada masculina
José David Aroesti, socio fundador de Novelistik, se dice preocupado por la ausencia de mujeres en la industria del desarrollo tecnológico, fenómeno que desde su punto de vista puede explicarse desde diversos ángulos. El primero es el entorno familiar en el que las niñas nacen y son educadas a partir de estereotipos de género. El segundo, las presiones sociales que pueden orillarlas a estudiar carreras que socialmente están estereotipadas como “más femeninas”. Como muestra, una anécdota de David como botón:

“En la Facultad de Ingeniería de la UNAM da clases un profesor que por principio se niega a darle la palabra a las mujeres del salón. Cuando hace una pregunta, las mujeres levantan la mano, y él pregunta de regreso: ¿nadie sabe la respuesta...?

“Para que una mujer sea exitosa en un entorno de esta naturaleza, tiene que enfrentarse a los desafíos de estudiar matemáticas avanzadas y técnicas sofisticadas de escritura de software —difíciles en sí mismos—, además de enfrentarse a la humillación pública y constante en un salón de clases. Ante este tipo de historias, no es difícil saber por qué tantas niñas dejan truncos sus estudios. Estoy convencido que para convertirse en un miembro productivo de cualquier industria se necesitan años de práctica, y las niñas simplemente no están recibiendo esta capacitación, aún si deciden estudiar una ingeniería.

Tenemos que ser honestos y abiertos en este tema, porque vivimos en un país que no trata a los hombres y a las mujeres de igual manera”.


Epic Queen: empoderar el presente


Un mes después de su cambio de vida, Erika continuaba con su capacitación autodidacta, trabajaba en Novelistik y además se encontró con dos chicas que también revolucionaron su postura ante el cambio de época. Ellas la llevaron hacia una nueva misión: ayudar a reducir la brecha digital de género.
Ana Karen Ramírez y Daniela González son las fundadoras de Epic Queen. Con apenas 26 años de edad, han creado un proyecto educativo que ofrece a precio accesible capacitación para niñas y mujeres que desean integrarse al mundo del desarrollo tecnológico como creadoras y abandonar el pasivo mundo del exclusivo consumo en línea.

Ambas descubrieron que existen tres grandes factores en el problema de la brecha digital de género. El primero es la ausencia de mujeres líderes en el emprendimiento de fundar empresas creadoras de tecnología; el segundo es la falta de mujeres en la matrícula de las carreras vinculadas a la tecnología y la ciencia, donde siguen pesando los estereotipos de género y sobre todo, la falta de acceso e igualdad de oportunidades en materia de educación para las niñas y jóvenes.

El tercero, pero no menos importante, es la falta de adopción por parte de las mujeres de herramientas tecnológicas y digitales.

Los números no mienten. El 98 por ciento de empresas de tecnología en el mundo son lideradas por hombres, y sí, menos de uno por cada cinco puestos dentro de la industria informática son ocupados por mujeres. Cuando le pregunto a Daniela ¿Por qué es importante que las mujeres comencemos a empoderarnos como creadoras de tecnología? su respuesta es tajante: “Para 2020 existirán 1.4 millones de empleos para especialistas en Tecnologías de la Información (TI) por lo que seguir aisladas significa una desventaja mayor para las mujeres, quienes representamos la mitad de la fuerza laboral en el mundo”.

Cuando Erika acudió por primera vez a un evento de capacitación de Epic Queen, lo que más la impresionó fue que ya no estaba sola en un mundo masculino. Descubrió que la tecnología no tiene por qué estar pensada sólo para los hombres pues existen muchas mujeres interesadas en aprender y desarrollarse profesionalmente en esta industria. En pocas palabras, ella no estaba loca como le habían dicho.

Tomando el caso de Erika como ejemplo, Daniela explica: “Si dejamos que todo se quede como está, los productos que se desarrollan, las aplicaciones y la tecnología que dicta como vivimos, trabajamos o consumimos posiblemente no se adaptarán a las necesidades de la mitad de la población, es decir, de nosotras las mujeres”.

Por ello la apuesta de Epic Queen es al balance. Ana Karen y Daniela están convencidas de que las mujeres por naturaleza tenemos mucho por aportar al mundo del desarrollo tecnológico pues somos observadoras y detallistas, nuestra visión puede mejorar la experiencia del usuario y potenciar un producto en muchos sentidos.

Epic Queen ha sido creada para abrir la posibilidad de todas las personas tengamos las mismas oportunidades para elegir nuestro camino profesional y para hacer lo que más nos gusta. Este proyecto emprendedor tiene apenas 15 meses de actividades y ya cuenta con tres programas de capacitación de alto impacto en 13 ciudades mexicanas y dos países. Ha beneficiado a 30 mil mujeres y 600 niñas de entre 6 y 12 años; ha logrado importantes alianzas como la reciente con Google Developers, que les ha permitido consolidar un proyecto educativo con un modelo de negocio sostenible.

Programar la igualdad


En México, una de las condiciones más graves para estar colocado en posibilidad de discriminación es ser una mujer en situación de pobreza. El tema empeora si se es indígena o se vive en un contexto rural donde las necesidades básicas están desatendidas y la supervivencia se vuelve la única meta en la vida. Para atender a ese sector y acercar a las mujeres más vulnerables a las herramientas del desarrollo tecnológico nació Laboratoria México, un emprendimiento social con presencia también en Perú y Chile, dedicado a identificar mujeres con talento en zonas de escasas oportunidades, capacitarlas en desarrollo web e insertarlas en el mercado laboral.

Gabriela Rocha, Macha Bertrand y Raphaelle Simunek son las fundadoras de esta startup social que selecciona a sus alumnas a través de un riguroso proceso en el que identifica su razonamiento lógico, sus habilidades interpersonales y su compromiso con el programa educativo. No es cualquier cosa, las mujeres seleccionadas ingresan a un programa intensivo de 5 meses en el que aprenden desarrollo web front-end a través de conocimientos en HTML5, CSS3 y Javascript entre otros lenguajes de programación, con el fin de desarrollar las habilidades necesarias para crear productos y soluciones web.

La formación presencial e integral, incorpora además un componente de desarrollo de habilidades de crecimiento personal: liderazgo, empoderamiento, trabajo en equipo, autoestima y clases de inglés básico.

Al final del curso, a través de una red de empresas aliadas, Laboratoria coloca a sus egresadas en empleos dentro de la industria digital y tecnológica, brindándole diversidad e innovación a este sector en crecimiento.

La importancia de la labor de su emprendimiento es que la demanda de programadores web tiene un crecimiento acelerado y, al menos en América Latina, todavía supera a la oferta de programadores en 35 por ciento. Es una buena opción para las mujeres que no han tenido oportunidades educativas formales, lo que se busca en el sector es personas autodidactas que aprendan constantemente nuevos lenguajes y estén actualizadas.

Tal como si tomaran una clase de cocina, tejido, bordado o decoración, estas mujeres se capacitan para desarrollar soluciones tecnológicas y conseguir un trabajo de calidad y competitivo que les permita mejorar condiciones de vida.

Reinas tecnológicas ¿para qué?


Las fundadoras de Laboratoria México coinciden con las de Epic Queen en que aprender a desarrollar y programar puede empoderar a las mujeres, pero ¿en qué beneficia eso a las sociedades de economías emergentes como las de Latinoamérica?

Raphaelle explica que reduce el talento desperdiciado porque en Latinoamérica son más de 20 millones de jóvenes los que no trabajan ni estudian, de ellos el 75 por ciento son mujeres.

Por otro lado, garantiza que productos desarrollados por el sector funcionen y atiendan a las necesidades de toda la población y no solamente de la mitad compuesta por hombres.

“Cuando 50 por ciento de tus consumidores son mujeres pero menos del 10 por ciento de los programadores lo son, se abre la posibilidad a errores en el diseño de los productos, y en un sin fin de oportunidades desperdiciadas que no consideran el comportamiento y las necesidades particulares de las mujeres”, enfatiza Gabriela.

José David Aroesti, de Novelistik, se siente orgulloso de que en su startuptenga un equipo mixto y equilibrado, aunque confiesa que no se lo propuso originalmente.

“Jamás planeamos en nuestra startup una cuota de género. Nuestra política siempre ha sido contar con las mejores cabezas, y ha resultado que muchas son mujeres. El trabajo de reclutamiento de talento tecnológico es una tarea difícil, porque las habilidades necesarias para construir productos de software que puedan competir en mercados internacionales es casi inexistente en el país, tanto en hombres, como en mujeres. El principal aprendizaje de tener un equipo mixto es la desmitificación de muchas ideas en torno al género. Lo que yo veo en nuestra empresa, no son hombres o mujeres, sino un equipo cohesionado. Y creo que ese es el punto de una startup exitosa: no existen estrellas individuales en la empresa, sino una equipo coordinado y motivado que sabe ejecutar”.

Brindar oportunidades de desarrollo a las mujeres tiene un impacto positivo comprobado por diversos estudios del Banco Mundial que demuestran que los recursos manejados por ellas son utilizados en áreas que benéficas para niños y niñas, por ejemplo la educación. Y un año extra que cursa una niña en nivel secundaria aumenta sus ingresos futuros hasta en un 20 por ciento. Todo esto contribuye a la reducción de la pobreza y al crecimiento económico de los países.

Tal como ha señalado Amartya Sen, premio Nobel de Economía: “Países que expandieron oportunidades para mujeres y niñas en educación y trabajo en décadas recientes han obtenido mayores niveles de prosperidad, reducción en el crecimiento poblacional, reducción en niveles de mortandad infantil, y aumento en el desarrollo social”.

Brindar oportunidades de inclusión y educación a las mujeres y las niñas para reducir la brecha digital de género no es un asunto filantrópico, sino también económico pues con políticas de inclusión educativa y de igualdad de oportunidades, el PIB del país crecería 20 por ciento al menos.

Lo ha dicho Bill Gates: “Cualquier país donde a la mitad de su población no se le permite alcanzar su máximo potencial no será un país competitivo”. Si México, un país con 51 por ciento de mujeres tiene sólo a 38 por ciento de ellas en el mercado productivo, y a un porcentaje menor al 5 por ciento en la industria de la tecnología, quizá el desarrollo se le escape como agua entre las manos.