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Ana Serradilla sin preludios

Hay pocas actrices como ella en México: en dos años ha participado en cinco películas y dos obras de teatro. Además, lo mismo actúa en filmes artísticos y de poca exposición, que en cintas de alto presupuesto. Ahora tiene en cartelera 'Preludio' —un filme con sólo cinco copias— y también 'Espacio interior' —donde comparte créditos con Kuno Becker—. La actriz que de niña era timidísima entiende bien el negocio del espectáculo
Sabe escoger proyectos. La actriz lo mismo actúa en filmes artísticos y de poca exposición, que en cintas de alto presupuesto. Ahora tiene en cvartelera 'Preludio', una cinta experimental que produce y en la que actúa. (FOTO: Cortesía TALENT/CINETC )
Por Rogelio Segoviano. Fotos cortesía Talent/Cinetc, Clasos y EL UNIVERSAL
| domingo, 4 de agosto de 2013 | 00:10

"¡Quedó preciosa, la remodelación le vino de maravilla!", es lo primero que dice la actriz Ana Serradilla cuando nos encontramos para esta entrevista en uno de los jardines de la renovada Cineteca Nacional, en la Ciudad de México. El encuentro es previo a la proyección de la película Preludio, la cual no sólo protagoniza sino también produce.

"Me gusta mucho venir a la Cineteca, es uno de mis lugares favoritos, pero por diversas cuestiones no había tenido la oportunidad de regresar después de la 'manita de gato' que le dieron. Está padrísima, se sacaron un diez. Voy a venir tan seguido como me sea posible", dice Serradilla, mientras observa la construcción en todas direcciones.

Admiradora del cine francés, recuerda que a mediados de los 90 —cuando salía de sus clases de Diseño Gráfico en la Universidad Intercontinental— se iba a la Cineteca a ver las películas de Isabelle Huppert, quien a la postre se convertiría en una de las mayores influencias en sus deseos de convertirse en actriz. Filmes como Les Valseuses, Passion, Madame Bovary y La Pianiste, en donde Isabelle Huppert trabajaba con los maestros Blier, Godard, Chabrol y Haneke, le hicieron ver a la joven Serradilla las posibilidades del arte histriónico.

En menos de 15 años, la actriz mexicana ha logrado consolidar una carrera en cine, teatro y televisión, un logro que envidiarían muchos de sus colegas. Es también una de las figuras más reconocidas y queridas por la gente, pues además de haber participado en siete exitosas telenovelas, casi una veintena de películas y una decena de obras de teatro, ha sido la imagen publicitaria de importantes marcas.

Preludio, la película que la actriz nos invitó a ver con ella en la Cineteca Nacional, fue realizada en 2010 por el cineasta Eduardo Lucatero —con quien ya había trabajado antes en el filme Corazón marchito—, pero fue apenas hasta principios de este mes cuando se estrenó al público mexicano. Antes había estado en festivales. Sólo salió con cinco copias, que irán circulando por diferentes universidades y circuitos culturales pues se trata, dice, "de un experimento de cine alternativo que hicimos entre un grupo de cuates".

Coincidentemente, en estos días acaba de ser estrenada también la película Espacio interior, en donde Ana Serradilla trabaja al lado de Kuno Becker, bajo las órdenes del director debutante Kai Parlange. La cinta es una lección de vida que cuenta la historia de Lázaro, un hombre que es secuestrado durante ocho meses hasta que consigue escapar de sus captores. En ella Serradilla interpreta a María, la esposa de Lázaro.

"No es muy común que un actor mexicano tenga dos películas en cartelera en el mismo mes, como tampoco lo es que en los últimos dos años haya estrenado cinco películas: Pastorela, La otra familia, Luna escondida, Preludio y Espacio interior. No sé cuántos actores mexicanos podrían presumir que no paran de trabajar en el cine", dice Serradilla.

Agrega que Preludio es la primera cinta en donde participa que sale este año, y que fue una coincidencia que saliera casi al mismo tiempo que Espacio interior, pues se trata de dos producciones muy diferentes: "De hecho, Espacio interior se iba a estrenar por ahí de febrero-marzo, pero luego se retrasó el lanzamiento para finales de julio por razones de logística".

Para ella, es una recompensa a su dedicación el mantenerse vigente en el cine mexicano: "Casi en todos los años de mi carrera he tenido la fortuna de que se estrene una película en la que yo participo, no he parado de hacer cine. Para como está la industria, es un verdadero privilegio trabajar tanto". Además, agradece haber tenido la suerte de haber caído "en muy buenos proyectos, con excelentes directores y actores estupendos a los que les he podido aprender horrores. Son gente extraordinaria y muy generosa que me ha recibido con los brazos abiertos".

En este tiempo ha estado muy ocupada haciendo cine y teatro, y lo que dejó descansar fue la televisión: "Tengo ya como cuatro o cinco años sin hacer nada de televisión. Lo último que hice en la pantalla chica fue la serie Drenaje profundo. Ésa ha sido la clave del por qué he estado tan clavada en el cine y en el teatro. La televisión es muy absorbente y no te permite hacer otras cosas, porque durante seis meses tienes llamados de las 7 de la mañana a las 8 de la noche, y terminas agotada".

Serradilla dice que no ha sido circunstancial el que haya elegido el cine y el teatro en lugar de trabajar en la televisión: "Las cosas se han dado de esta manera porque así lo he elegido yo. Me ha dolido tener que decir no a varios proyectos en televisión, pero en esta etapa de mi carrera me interesaba enfocarme más en otras cosas".

"Por trabajar en una obra o en una película, en lugar de hacer una telenovela, los actores dejamos de ganar dinero y puede ser que hasta nuestra popularidad venga a la baja. Pero como artistas tenemos otras necesidades que van más allá de lo económico o de ser reconocidos en la calle", dice Serradilla. Agrega que para ella no representa un sacrificio el hacer cine o teatro, en lugar de televisión: "Cada medio tiene sus pros y sus contras, todo es cuestión de encontrar lo mejor de cada uno. Pero si quiero crecer en lo que hago, debo participar en los tres. A mí siempre me ha gustado ser coherente con mis objetivos y convicciones, y quiero seguir siendo fiel a eso. Claro que tengo ganas de hacer cosas en televisión, pero no por el hecho de recibir un buen salario voy a aceptar trabajar en cualquier cosa. Tiene que ser un reto que me seduzca, me haga vibrar y me quite el aliento desde que empiece a leer el libreto. Ésos son los proyectos a los que sí le entro".

OJO CUADRADO

Desde niña Ana Serradilla soñaba con ser actriz, pero era tan tímida que no le gustaba ni contestar el teléfono. Una vez, cuando le dijo a sus amigos y a su familia que algún día la verían actuar en una telenovela o en una película, todos comenzaron a reír y ella nunca más volvió a tocar el tema.

Pero en uno de esos extraños giros del destino, las musas tocaron a su ventana cuando tenía 14 años. Había ido con sus padres a comer tacos al restaurante El Charco de las Ranas, en Mixcoac, cuando se dieron cuenta de que un hombre desconocido no le quitaba a Ana la vista de encima.

Después de varios minutos, ya cuando la situación comenzaba a tornarse incómoda, el misterioso hombre se levantó de su mesa y se dirigió hasta donde estaba sentada la familia Serradilla. Volvió a mirar a la adolescente y dijo "soy 'Fulano de tal' y trabajo para una importante agencia de publicidad; estamos buscando a niños y jóvenes para participar en una campaña de comerciales de televisión para una marca de cereales. Ojalá puedan ir al casting que se realizará mañana". A partir de ese momento, la chica no dejó de trabajar en campañas y anuncios publicitarios, hasta que recibió una invitación para estudiar en el Centro de Formación Actoral de TV Azteca.

En 1998 protagonizó su primer estelar en la telenovela Chiquititas. Al año siguiente formó parte de La vida en el espejo, donde era novia del personaje interpretado por Diego Luna.

Su primer papel destacado en el cine lo consiguió en el 2000 con Un mundo raro, de Armando Casas, en donde dio vida a Dianita, la de la vueltecita, una edecán en un programa de televisión.

Al hablar de Preludio, uno de los dos filmes que estrena este mes, Serradilla comenta que el proyecto surgió en 2007 cuando trabajó con el cineasta Eduardo Lucatero en la película Corazón marchito. Hicieron una buena amistad y quedaron de volver a trabajar juntos. Como es tan difícil hacer cine en México, decidieron levantar un proyecto fácil de financiar entre ellos, pero que al mismo tiempo les representara un reto profesional.

"De esta forma surgió la idea de hacer Preludio, una película en una sola toma, sin cortes ni edición alguna. Todo es un plano-secuencia que se grabó en un día en la azotea de un edificio, así como si fuera una obra de teatro. Es algo que defino como un momento en tiempo real entre dos personas que se acaban de conocer y tienen una conversación de lo más cotidiano, mientras que el público chismosea en esa conversación", dice Serradilla, quien está involucrada en el proyecto desde la gestación de la idea, hasta la actuación y producción. "Llega un momento en que la única manera de poder levantar un proyecto fílmico en México es ponerte las pilas, juntarte con tus amigos, plantearles tu idea, convencerlos de que se sumen al proyecto, enriquecerlo entre todos y hacerlo realidad. No hay de otra".

Revela, además, que fueron muchos meses de ensayos: "Ya no recuerdo cuántos, pero fueron muchísimos. Pasó casi un año desde que se empezó a gestar la idea, los ensayos, la búsqueda del financiamiento y todo eso. Contactamos a Luis Arrieta, Tiaré Scanda y Elsy Reyes. Se trataba de hacer un equipo entre amigos, en donde pudiéramos trabajar en confianza, sin presiones y con poco dinero".

—¿Qué sabor de boca te queda cuando ves el resultado final en la pantalla?

—Es extraño porque la idea de Lucatero me llamó la atención como ejercicio. Preludio es cine experimental, 100% alternativo. Esa era la tirada y eso fue lo que se logró.

—No es normal que se hagan películas de una sola toma…

—Son poco frecuentes este tipo de películas. Nosotros no salimos de una azotea y trabajamos en un espacio reducido, pero hay algunas películas de una sola toma que son complicadísimas: suben, bajan, se trepan a una moto, se avientan de un puente… Te dejan con el ojo cuadrado y dices "Dios mío, cómo lo hicieron". Hay una película que se llama Arca rusa, muy en ese estilo, y está loquísima. No puedes creer que no hayan hecho ni un corte. En la nuestra te la crees más porque es un ambiente muy controlado, en un espacio pequeño, y son muy poquitos personajes, lo que también facilita los movimientos de la cámara. Eso no le quita la complejidad de contar la historia, ni del reto que representó para los actores trabajar sin apoyos ni tomas de protección. Fallas una vez y todo se echa a perder.

—¿Cuántas veces tuvieron que repetir la filmación de la película?

—La hicimos tres veces. Atrás de esta filmación hubo meses de ensayos para que quedara impecable, porque el director no quería que fuera improvisado ningún diálogo. Había que seguir el guión al pie de la letra, pero al mismo tiempo no tenía que sentirse tan rígido como el teatro: debía ser una conversación muy natural entre los personajes, que fluyera y no se sintiera nada forzado.

—¿Crees que este sea el personaje más complicado que has realizado hasta ahora?

—No. Cada personaje que he interpretado tiene su grado de complejidad, hasta los que podrían parecer pequeños tienen sus detalles y matices que debes explotar para darles vida y hacerlos creíbles. Por ejemplo, en Espacio interior, el protagonista es Kuno Becker y los demás actores somos parte de un engranaje que lo acompañamos. Kuno sale de principio a fin, y el resto somos como una especie de recuerdos que va teniendo a lo largo de la historia. Podría parecer que fue muy sencillo, pero tuve que aprender a montar a caballo. Tomé clases de equitación durante dos meses y al final se decidió que mis tomas a caballo no iban a salir.

—¿Consideras que al ser la figura más conocida en Preludio te echas la película a los hombros?

—No, de ninguna manera. La película no se trata de estrellas o no estrellas: Preludio es un proyecto independiente y alternativo, hay que ubicarlo y ver el corte que tiene. Es distinto al de Espacio interior, que es cine comercial. Es lo padre de trabajar en el cine, que haces equipo y nadie es más ni menos que los demás: lo poco o mucho que logré en la película no habría sido posible sin el apoyo de todos los que ahí estuvieron. Hasta que no estás involucrado en un proyecto así te das cuenta de que no siempre tiene la responsabilidad el que tiene el nombre más famoso. Somos un equipo, y sin equipo no hay proyecto, no hay engranaje, no hay nada.

AIRE FRESCO

"Yo llegué a Espacio interior por invitación de Kai, el director, quien me contó la historia y me dejó fascinada. Está basada en hechos reales, y hasta tuve oportunidad de conocer a las personas que vivieron eso. Fui yo quien dijo 'quiero formar parte de esta historia, quiero ayudar a contar todo esto'. Vivimos tiempos difíciles, de inseguridad, violencia y miedo, por eso resulta bien importante ver una gran lección de vida como ésta en la pantalla: la odisea de un hombre que vivió una situación límite y se las arregló, quién sabe cómo, para curarse el alma y salir adelante, luego de permanecer ocho meses secuestrado", dice Serradilla.

En el proyecto interpreta a María, la esposa de Lázaro (Kuno Becker), el arquitecto al que secuestran. "A mí la historia me desgarró el alma. Me pongo a pensar en lo que haría yo en esa situación. ¡Qué fortaleza! Hay que tener muy bien plantados los pies sobre la tierra, y bien forjada tu espiritualidad, para poder vivir algo así y superarlo", agrega. Dice que para preparar a su personaje "tuve la oportunidad de conocer y platicar largo rato con la María original, me fascinó saber que existe, que estaba ahí. Ensayamos juntos, porque es una gran familia. En la historia tengo cuatro hijos —dos de ellos gemelitos— e interactué mucho con todos ellos, aunque en la película mi participación es breve".

Dice la actriz que espera que a Espacio interior el público le dé el beneficio de la duda y vaya a verla a las salas porque vale mucho la pena: "Desafortunadamente, la gente oye la palabra secuestro y se frikea, porque estamos asqueados de ver ese tipo de cine. Por eso vale aclarar que se van a sorprender gratamente, porque no tiene nada que ver con las cosas desagradables que nos vienen a la mente al hacer referencia a esos temas. Es justo lo contrario. Se van a quedar con la boca abierta cuando la vean".

Dice que quien ha visto la cinta "experimenta cambios positivos, hace que te empiecen a 'caer veintes' días después. Casi sin darte cuenta, te transforma en otra persona. Eso lo digo porque yo misma fui testigo de esa transformación cuando la proyectaron en el Festival de Cine de Guadalajara. Algo pasa con quienes ya la han visto, lo aseguro. No por nada ganó el Premio del Público en Guadalajara: los movió durísimo. No al jurado ni a los críticos, sino a la gente, que es a quien realmente va dirigida una película. Y en este festival Kuno Becker se llevó también el premio como Mejor Actor".

—¿El cine ayuda a transformar a la gente?

—No necesariamente. Por fortuna hay cine de todo tipo: el que te hace reír, o evadir, o soñar,  o pensar. También el que te hace enojar, llorar, brincar, abrir los ojos a la realidad, viajar a otros planetas… Pero no todas las películas te van a dejar una moraleja, un mensaje o una reflexión. Eso es cierto. Lo padre del cine es que hay muchos géneros y estilos para todos los gustos: hoy puedes ir a ver Transformers 3 a cualquier cine y mañana lanzarte a la cineteca a ver la última película de Carlos Reygadas. Todo es cine, y en esa variedad está su riqueza.

—Muchas veces el cine mexicano no conecta con el público mexicano.

—La gente dejó de acercarse al cine mexicano por esa falta de diversidad en los géneros. Durante una época todo se concentró en ofrecer películas deprimentes y oscuras, se abusó de los filmes "realistas" que intentaban presentar, con toda la crudeza posible, la miseria, la corrupción y la falta de oportunidades. Pero para la mayoría de las personas esa es la triste película que ellos y sus familias viven día con día. Así que al momento de ir a un cine y elegir entre una película de ese tipo y el abanico de géneros que le ofrece Hollywood, creo que no tienen que pensarlo mucho.

—¿No nos gusta vernos reflejados en la pantalla?

—Mucha gente va al cine a desconectarse, a reír. No digo que no nos guste vernos reflejados en la pantalla, sólo que de otra manera. Y como ejemplo tenemos la comedia Nosotros los Nobles, que ya impuso un récord de taquilla para el cine mexicano y más de siete millones de personas la han visto. Con esa película vemos reflejadas las diferentes clases sociales que hay en México y nos reímos de nosotros mismos. Pero si en vez de una comedia ligera hubiera sido un drama bien intenso y sórdido, seguramente el resultado habría sido otro muy distinto. Me parece que el cine oscuro y realista ya no le es tan atractivo al público mexicano, aunque esté muy bien hecho y esté ganando premios y premios en festivales internacionales. El público necesita un poco de aire fresco en el rostro y eso lo consigues con variedad de géneros.

—¿Crees que has alcanzado la cima como actriz?

—Nunca. Nunca voy a alcanzar la cima. En el momento en el que dices "ya llegué", en ese momento te vas de hocico y te estrellas contra el piso. Ni aunque esté viejita y por ahí me vean dando guerra aún en el teatro y el cine, podré decir que ya la hice. La actuación es evolución y la evolución no tiene una meta de llegada.

—¿Quieres ser actriz por el resto de tu vida?

—Ser actriz es un estilo de vida, una necesidad. Aunque yo no trabajara como tal, en mi vida diaria sería actriz. Lo llevo tatuado en el corazón.

PING-PONG

Cuatro preguntas a Ana:

-¿Un libro?:
"Las desventuras del joven Werther", de Goethe.

-¿Última cena?:
¡Me atascaría! Un buen plato de angulas, percebes y una hamburguesa con tocino y queso. De postre, fondue de chocolate con fresas, y un licor de avellana.

-¿Un disco?:
Cualquiera de Pixies.

-¿Una obra?:
"Las relaciones peligrosas", la primera en la que actué, con el papel de Cecilia Volanges. También fue el primer papel de Uma Thurman en cine.

 

ROGELIO SEGOVIANO es reportero y editor de espectáculos, fundador de las revistas 'Cine Premier' y 'Cinefilia'. Su película favorita en una sola toma (aunque se trata de un engaño) es 'La soga', de Alfred Hitchcock. Los videos que más le gustan en esta misma técnica son los que hizo Michel Gondri para las canciones 'Mad World', de Gary Jules, y 'Knives Out', de Radiohead.