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Viajar es ensayarse

¨Que su viaje se note en lo que cuente y no en sus gestos ni en su ropa. Que nunca parezca que cambió las maneras de su país¨
Viajar es ensayarse El autor es poeta, narrador y ensayista. Acaba de publicar “Una introducción a Octavio Paz”, edición corregida y aumentada, FCE, 2013. (FOTO: NINA SUBIN )

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Alberto Ruy Sánchez
| miércoles, 25 de febrero de 2015 | 00:10

A finales del siglo XVI, ese viajero a caballo que era el inventor del término “ensayo” tal como lo utilizamos ahora, Michel de Montaigne, sostenía que viajar y aprender a vivir en este mundo son casi sinónimos. Hay que ensayarse en el mundo. Quienes educan sin viajar es como quien pretende  “enseñar a montar a caballo o tocar un laud sin haberlos nunca tenido en las manos. Como quienes quieren enseñarnos a hablar y a juzgar sin habernos nunca permitido el ejercicio real de haber hablado o juzgado.

Los viajes mejoran a los humanos y quienes no aman viajar o no se animan a hacerlo bajo cualquier pretexto, según Montaigne, “se parecen a aquellos que a punto de cruzar un río se paran en una orilla esperando que el río termine de pasar.” Viajar es cruzar el río de la vida que nos separa del mundo pero sobre todo de lo mejor en nosotros mismos. Eso que sólo gracias al viaje seremos capaces de descubrir.

Es interesante comparar los Ensayos del osado Montaigne con los del libro del mismo título del inglés Francis Bacon, escritos 17 años después de los del francés en una cultura opuesta: constreñida, inductiva más que deductiva, introvertida. Bacon dedica su breve ensayo número 18 al viaje. Se ve inmediatamente que leyó la nota de Montaige y, sin mencionarlo, casi dialoga con él. Concede que viajar es educativo. Pero dice que lo es para los más jóvenes mientras que para los viejos es una experiencia más. Es decir que para Bacon la formación se detiene con la edad.

Oponiéndose a Montaigne, desaconseja que los niños viajen a otros países antes de haber aprendido su propia lengua y haber ido a la escuela en su país. Dice que los jóvenes deben viajar sólo acompañados de un tutor que los oriente y vigile. Enumera las cosas que según él merecen ser vistas y da consejos a los tutores sobre “las buenas compañías, los pleitos que deben ser evitados, la brevedad que deben tener las visitas a cualquier ciudad y la necesidad de mudarse con frecuencia dentro de una misma ciudad.” Para nunca hacer contacto a fondo con los vecinos. Ya de regreso en su país “debe mantener correspondencia con las personas que conoció pero cuando valgan la pena.” “Y es mejor que su viaje se note en lo que cuente y no en sus gestos ni en su ropa. Que nunca parezca que cambió las maneras de su país por las de los lugares extraños sino que adqurió allá unas cuantas flores para sembrarlas en el jardín de sus propias costumbres.”

Francis Bacon, filósofo premonitor del capitalismo, de la Revolución Industrial y de la ciencia empírica lo es aquí también de algunos principios clave del turismo moderno a la manera anglosajona, por no decir claramente estadounidense: asepsia, seguridad, homogeneidad, utilidad.

Según Bacon el viajero no debe contaminarse de la otra cultura. Incluso no debe conocerla si es un niño y no ha sido vacunado contra lo ajeno en la escuela. Debe ser guiado práctica y moralmente: no debe aventurarse sino contenerse y visitar tan sólo lo previsto y lo que le deje provecho. A diferencia del viaje formador de Montaigne su idea de la educación es una digresión prescindible y a lo sumo una adquisición.

El viajero de Bacon ve a Montaigne como un viajero promiscuo. El de Montaigne ve a Bacon como un paranoico hipercontrolador. En términos amorosos el viajero de Bacon sólo puede ser seducido por otra cultura con previa cita, bajo vigilancia, con un implícito o explícito plan de negocios o de conveniencias. Sus notas deben ser observaciones provechosas. Pero sobre todo debe viajar sin que su propia cultura sea sustancialmente conmovida. El viajero de Montaigne sabe que aún no sabe nada. Y lo que escribe tendrá la forma libre que resulatará de ensayarse en el mundo: poema, imagen, relato, crónica, porque el ensayo no sólo es prosa sino resultado químico de la combinación de la sustancia del viajero con la sustancia del mundo. El viajero sin riesgo de Bacon adquiere, el de Montaigne se transforma cada vez.