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Las mujeres matan mejor

Entre toda esa variedad de nombres-anzuelo, están los que apelan a una suerte de sexismo a ultranza
Ana Clavel. La autora es narradora. Las ninfas a veces sonríen, publicado por Alfaguara, es su libro más reciente (FOTO: )

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ANA CLAVEL
| domingo, 15 de diciembre de 2013 | 00:10

Frente a la sugerencia de títulos como El pabellón de las bellas durmientes y La montaña mágica, o la concisión de Ulises o Pedro Páramo, las últimas décadas han registrado un tipo de títulos que son auténticas carnadas para llamar nuestra atención. Entre toda esa variedad de nombres-anzuelo, están los que apelan a una suerte de sexismo a ultranza. Sin duda, llamativos porque de entrada emiten un juicio radical, y después, porque aluden a la tradicional lucha entre los géneros: un campo de batalla minado que esconde prejuicios e ideologías con una visión esencialista y estrecha. Los hombres son de Marte, las mujeres de Venus sugiere el acto de regocijarse en presuntas diferencias atávicas y biológicas. Continuación del discurso sofisticado pero al fin tribal de Los caballeros las prefieren rubias, novela de Anita Loos llevada al cine, en la que una Marilyn en todo su esplendor canta un juicio lapidario: Los diamantes son los mejores amigos de una mujer —una variante consonante que no se les ocurrió a los de la producción en español: Los diamantes son los mejores amantes—. O muy recientemente, Por qué los hombres aman a las cabronas, manual de autoayuda para mujeres que se pasan de buenas y penitentes.

Se trata de títulos comerciales, diseñados para atraer esa madeja de concepciones, reacciones, aprendizajes en torno a las asignaciones convencionales de los sexos y, por supuesto, para vender. No quiere decir que forzosamente el contenido sea desechable. Ahí está por ejemplo la hermosa selección de fotografías y pinturas de Las mujeres que leen son peligrosas —que, sin embargo, pareciera responder a una fantasía erótica masculina, como si las mujeres ensimismadas en un libro, tentadoramente cerradas sobre sí mismas como en un sueño propio, se convirtieran en presa digna de ataque o sometimiento.

Por más críptico, sugerente o explícito, un título siempre es una promesa, la primera invitación para adentrarnos en esa cueva de Montesinos en la que don Quijote descubre no tanto la realidad de un precipicio de piedra enclavado en Castilla-La Mancha, sino la imagen del mundo a través de su propio deseo —que es lo que está detrás de toda tentativa libresca—. Así se trate de literatura seria, o de best-sellers y literatura light, un título es un anzuelo, una señal, un puente hacia el lector.

Los editores de Los hombres que no amaban a las mujeres, exitoso thriller de resonancias nazis en plena era ciberespacial, se cuidaron de traducir al español el verdadero título del libro: Män som hatar kvinnor (2005), literalmente “Hombres que odian a las mujeres”, tal vez por considerarlo demasiado agresivo. Ahí, la protagonista Lisbeth Salander es todo menos una mujer pasiva. Muy bien aprendidas las lecciones del libro de autoayuda Las mujeres que aman demasiado (1993), en el que las víctimas de abusos y adicciones amorosas encuentran apoyo en grupos terapéuticos. Muy lejos el estereotipo de la Bella Durmiente, especialmente en los territorios minados de esta realidad cotidiana donde los roles de violencia entre hombres y mujeres se modifican cada vez más.

Es el caso de la novela finalista en el Premio Letras Nuevas 2012, cuyo título resulta un guiño provocador: Las mujeres matan mejor de Omar Nieto, publicada por Joaquín Mortiz. Con un ritmo vertiginoso y despiadado se narra la historia de una sicaria, Celeste Ramírez, quien emprende una venganza brutal contra los que la traicionaron, que es asimismo una lección de supervivencia más allá de todo juicio moral. Las mujeres matan mejor, un título por demás irónico que no hace sino incidir en la gravedad del horror que nos circunda.

Máxime cuando la protagonista reconoce, más allá de espejismos y apariencias, luces y sombras, "que en México nadie escoge su destino".