» Border Girl «

Fronteras domésticas

Un vientecillo se cuela hasta mi estudio. Clic, clic. Esto es una foto conceptual: Desmoronamiento por humedad. Lázaro dice que si Uribe tuviera palancas ya habría derribado el edificio
Magali Tercero La autora es cronista urbana y cultural. Su libro más reciente es “Cuando llegaron los bárbaros… vida cotidiana y narcotráfico” (FOTO: )

Más notas

Magali Tercero
| domingo, 16 de septiembre de 2012 | 00:10

Al día siguiente del aguacero, el muro norte de mi casa amaneció tapizado de burbujas pequeñas y medianas. Pasé el dedo por encima de una de las más grandes y se desinfló. Toqué una segunda burbuja y también se deshizo. La pared estaba empapada. Cundo me alejé unos pasos una Magali poética vio muy bonita la nueva decoración, casi una obra de arte. En seguida otra Magali se impacientó. De dónde salía la humedad lo supimos hasta que descubrimos, desde la azotea, las últimas actividades del dueño del edificio colindante. Mientras escribo esta columna quincenal, un albañil raspa silenciosamente la pintura averiada de mi muro. El agua la está pudriendo y huele muy mal. El culpable, según averiguamos al día siguiente del chaparrón veraniego, fue Javier Uribe, dueño del predio ubicado en Cholula 45. El señor mandó derribar un muro de su azotea. Hasta ahí todo bien, pero sus trabajadores destruyeron los entremuros con todo y chaflán, pieza que por ley debe ponerse entre edificios fronterizos para proteger y evitar la penetración del agua. Paciencia, pues, hasta que se seque el área.

MUROS INVISIBLES. ¿Ayudará si uso la pistola de aire para el cabello? Lázaro, el maestro de obra, da la bienvenida a la idea. Ya me veo, con el trabajo que tengo, escribiendo con la mano derecha y sosteniendo con la izquierda la potente pistola accionada en high y hot. Mejor sujeto el artefacto a algún mueble. Mejor… Mejor ya no pienso porque un piquito de angustia comienza a oprimir mi esternón. Pienso en la amiga mía tan positiva que desdeña la tristeza de mi esposo por la muerte reciente de su madre. Pero este tipo de fronteras, las barreras invisibles que se levantan en toda amistad, no es el tema de hoy.

INVASIÓN. La frontera de mi país personal, mi hermosa casita, ha sido invadida por la nación vecina. Esta mañana soleada vocablos como "irresponsabilidad", no son de quita y pon. Son esferas con peso específico. No he visto al dueño del edificio colindante. Hace dos años, los vecinos nos acostumbramos a saludar a los cuatro uniformados que hacían guardia frente a su construcción. Un cartel decía que no estaba en venta, que no nos dejáramos engañar. Ahora sólo quedan uno o dos arrendatarios. Al día siguiente del chaparrón una viejita temerosa se asomó para la ventana y nos dijo que el dueño era muy malo.

CIMIENTOS DE CRISTAL. Continuaría si Lázaro no me necesitara. Corro para poder contarles en tiempo real el suceso. Por el boquete que acaba de abrirse veo una viga de madera y una malla adosada a un patio con vegetación exuberante. Un vientecillo se cuela hasta mi estudio. Clic, clic. Esto es una foto conceptual: "Desmoronamiento por humedad". Lázaro dice que si Uribe tuviera palancas ya habría derribado el edificio. En la Condesa, donde vivo desde 1989, se cotizan los condominios pretenciosos de acabados chafas. Hace un año un deslizamiento de tierra colapsó los cimientos de un edificio en construcción en la misma Condesa. Vi el desastre al pasar. Créanme que el inmenso agujero afectó a multitud de vecinos pues tuvieron que dejar sus casas —otra vez hablamos de fronteras— por seguridad. Un anciano alto me dijo que ni en el 57 se sintió tan vulnerable. ¿Qué ley obligará al vecino de Cholula 45 a resarcirme los daños en nuestra frontera compartida? Cuando era adolescente escribía poemas sobre ciudades frágiles con cimientos de cristal.