Desde que, por iniciativa de mi editora francesa Emmanuelle Collas, Francis Cransac me invitó a participar en los famosos “Encuentros de Aubrac”, que él dirige desde hace 17 años, me puse a leer todo lo que podía sobre esa anómala región de Francia. En la entrega anterior de esta columna describí esa región excepcional con su ramillete de microclimas y sus volcanes antiquísimos.
La tradición francesa del “Encuentro” es una fórmula más reflexiva e intelectual que los festivales literarios y menos cerrada que los simposios universitarios. Los Encuentros de Aubrac son reconocidos por el alto nivel de pensamiento que se intercambia en ellos pero también por la red de lúcidos y sinceros afectos que ahí se tejen. Y son muy especialmente reconocidos por la región de Aubrac donde suceden. Su ingrediente fundamental. Uno de mis escritores franceses favoritos, Julien Gracq, menciona el “vértigo horizontal” que lo ataca cuando mira ese paisaje de pastizales de Aubrac que se extienden hasta el horizonte. Cae con fascinación en ellos como se cae en un abismo, sin remedio, sin sentido. Gracq era además un joven y brillante geógrafo. Su manera de hablar del mundo es distinta. Parte de la tierra y sabe leer en cada paisaje historias fascinantes.
El último día que estuve ahí visité el jardín botánico y un doble vértigo horizontal y floral, de lejos y de cerca, se apoderó de mí. Al despedirme, Francis Cransac me regaló un libro indispensable para los Aubrac-ófilos: una guía de Flores y Paisajes de Aubrac, escrita por Francis Nouyrigat. No he dejado de gozarla y festejo en ella la suma de sabiduría de botanista tanto como de historiadora y narradora de leyendas. Les enseño algunos de mis subrayados mostrando cómo, así tal cual, forman un verdadero poema sobre la Flora y la Fantasía. De las quinientas flores que describe elijo dos decenas. Y en cada flor es muy poco lo que intervengo:
Reloj de sombra: flor para que los corazones voraces vayan más lentos. "Digitalina Púrpura"
Espumosa: flor para perfumar la cerveza y que da miel tan espesa que no escurre.
Labios de bruja: flor que cura, según Nerón, más de 50 enfermedades.
Afilada: flor que corta la leche y tiñe el queso de amarillo dándole un sabor muy perfumado de tierra mojada.
Mariposa Muerte: sólo se reproduce por mariposas del color malva de sus pétalos. Plinio la llamó “arsenico vegetal”.
Acogedora: el día de reproducirse se tira al piso y las hormigas entran en su largo seno floral. Al salir el sol, se levanta.
Flecha Nieve o Azafrán primaveral: la primera flor en la nieve blanda y se confunde con ella hasta que muestra sus pistilos.
Flor Volcán: milagrosa contra mal de ojo y plagas si se corta la noche de San Juan junto con la Flor Centauro.
Azafrán Otoñal: extrañamente parecida a la venenosa "Tentadora", sólo los pistilos son distintos y deliciosos.
Tentadora: gran belleza; dos flores matan a un niño, tres a un adulto. Casi idéntica al delicioso Azafrán Otoñal.
Despeinada: para reproducirse necesita vientos fuertes que abran su cabellera de pétalos delgados.
Impaciencia Acero: arroja su semilla al ser tocada. Se cierra de noche y sirve para limpiar metales.
Malva tigre: rayada y que ataca la garganta. Espectorante poderoso.
Narciso de los poetas: flor cuyo olor hace dormir y cuyo sabor hace vomitar. Es plaga en primavera. Contiene un fuerte barbitúrico: la narcisina.
Flor Abeja: orquídea con texturas velludas y olores que enloquecen sexualmente a las verdaderas abejas.
La brújula: flor diminuta en forma de girasol, hojas larga y grandes, extrañamente verticales, paralelas al tallo alto y siempre mirando al norte.
La chupa pinos: flor sin clorofila, muy blanca, que crece al pié de los pinos cuando las hojas viejas ya se pudren. Se alimenta de la descomposición de otros seres y es un raro ejemplo de un vegetal complejo parásitado por uno sencillo.
Estelar: flor diminuta que brota en las extremidades de una planta de tallos muy delgados, largos y asimétricos, casi invisibles en la noche. Lo que hace pensar en un mapa estelar del universo.
Cardo Salvaje o Piernas largas: es una flor esférica llena de agujas y dos hojas largas como piernas y abombadas como caderas entre las cuales se alberga el agua de lluvia que gozarán los pájaros. Se van cayendo los pétalos en círculos radiantes y el cardo se vuelve el corazón del universo para cientos de aves. Esa agua se usaba en la edad media para curar los ojos.
Geranio de los Bosques: se encuentra a la orilla del mar o al lado de las cisternas medievales. Su nombre viene del griego geranos, que significa grulla, por la forma de pico de ave que tienen sus frutos. Flor altamente migratoria que crece en suelos muy distintos y por eso se encuentra en todos los rincones del Aubrac. La expresión “ser como geranio” equivale a “poder ser feliz en todas partes”.