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Azar mogadoriano en India

“No, yo amo lo que escribe y me identifico, soy sonámbula, pero yo estoy en la portada de su Quinteto de Mogador”
Alberto Ruy Sánchez. El autor es poeta, narrador y ensayista. “Quinteto de Mogador”, Alfaguara, 2015. (FOTO: Cortesía Alberto Ruy )

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Alberto Ruy Sánchez
| domingo, 14 de febrero de 2016 | 00:10

Pocos pueblos tan dedicados a embellecer cada instante, cada espacio, cada acción. Pocos también en los que la belleza física en mujeres tanto como en hombres sea la norma y no la excepción. ¿Cómo no amar a la India? Además de que cada vez que uno se sienta a la mesa se abre a todos los sentidos un nuevo ámbito de exploración fascinante y de descubrimientos radicales. Uno puede viajar semanas y semanas en India sin comer mal y sin repetir un plato. Y si alguno te gustó tanto que quisieras probarlo de nuevo, seguramente será distinto, incluso muy distinto, y corres sin duda con altas probabilidades el riesgo de que esta nueva versión te guste aún más. El azar suele ser favorable en este continente de culturas tan diversas que siempre vale la pena seguir descubriendo.

¿Cómo no indignarse también ante la brutal violencia contra las mujeres, legalizada en tantos casos? ¿Cómo no lamentar el amor ciego al concreto que destruye sin otra consideración la belleza de sus ciudades siguiendo el modelo de segundos pisos y autopistas intra urbanas que no solucionan el tráfico tremendo sino por el tiempo de un suspiro y si enriquecen a sus promotores y constructores? ¿Cómo no reír y llorar ante el auto endio9samiento de los funcionarios de todo nivel y su publicidad desaforada ensuciando las calles sin piedad? ¿Y ante la desigualdad aguda y creciente al aumentar el crecimiento del país? La India es una feroz demostración carnal de las hipótesis de Thomas Piketty sobre los economistas creyentes en un crecimiento macroeconómico que socialmente se convierte en abismo social y hasta en crueldad. En el Festival Literario de Jaipur sostuvo una intensa polémica con un funcionario del gobierno Indio, el cual sistemáticamente oculta los datos de esa desigualdad porque “no quiere distracciones del crecimiento” que están teniendo. Asombrosa crueldad. 

Es tanto lo que la India ofrece a cualquier observador atento y comprometido con los dilemas del mundo que una parte importante de los jóvenes se educa en la indiferencia a esa desigualdad y otra en lo contrario. Una de las cosas que hace tan especial el Festival de Jaipur es la altísima calidad de los periodistas que lo cubren. Se otorgan 750 acreditaciones de más del triple pedidas. Y en la misma proporción son elegidos incluso los voluntarios. Una entrevista sólo es agendada cuando el periodista muestra que conoce la obra de quien va a entrevistar y tiene escritas sus preguntas. Me sorprendió mucho el alto nivel intelectual de los entrevistadores que me tocaron y todo lo que habían trabajado antes en mis libros.

La sorpresa mayor del Festival me vino de una de las periodistas que al terminar mi sesión principal me hizo preguntas tan meticulosas y sutiles como pocas veces me han hecho. Al terminar me dijo: “Tengo que confesarle que yo no lo sabía cuando comencé a investigar sobre su obra pero yo estoy en su último libro”. 

Le pregunte, ¿de qué manera? Imaginé una lectora identificada con un personaje o una idea del libro. O lista para convertirse en Mogadoriana tatuada como lo han hecho ya varias. Siempre me interesan las razones particulares que escapan totalmente a lo que yo como autor no podría ni lejanamente haber imaginado. Pero ella me aclaró inmediatamente: “No, yo amo lo que escribe y me identifico, soy sonámbula, pero yo estoy en la portada de su Quinteto de Mogador. Acabo de descubrirlo. El año pasado era estudiante de Antropología en Londres y un amigo egipcio, Nagib el-Desouky me pidió hacer unas fotos. Después la descubro en su portada. Le hablé a mi amigo y me pidió perdón por olvidar decirme que había vendido la foto a una editorial de Madrid”. Alfaguara diseñó la portada del Quinteto como para que yo fuera a la India a conocer a la Fatma o Jassiba sonámbula de Mogador que vive en Delhi, es inteligente y bella y se llama Shrya Ila Anasauya.