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Algunas corazonadas

¿Cómo no va a encantarme que te encantes, si a veces, eres tú también, corazón errático, carta de amor con faltas de lenguaje?
ANA CLAVEL. La autora es narradora. Su libro Las ninfas a veces sonríen obtuvo el Premio Iberoamericano de Novela Elena Poniatowska. (FOTO: Especial. )

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ANA CLAVEL
| domingo, 6 de octubre de 2013 | 00:10

Se pueden decir tantas cosas del corazón. Por ejemplo: Corazón, rosa que palpita sus historias. A veces, se deshoja.

Algunos han buscado los misterios en el firmamento y en las entrañas de las aves… Muy pocos han sabido que se trata más bien de la propia sombra y ese lugar secreto donde yace el corazón.

Podría afirmarse que el primer dibujante fue Dios. Antes que cualquier otra cosa, dibujó un corazón. Todo un follaje de sombras, una enramada, surgió de ahí después… De hecho, no hubo necesidad de dibujar más nada.

Lo sabía Pascal, aunque lo dijo de otro modo: La razón tiene sinrazones que el corazón padece.

También podría pensarse en una historia fantástica: Se llevó una mano al corazón para percibir si latía. Sólo escuchó el silencio. Supo entonces que estaba muerto. Su vida de fantasma había comenzado.

Al mirar el cuadro de "Las dos Fridas" podría suponerse que una le dice a la otra: “De corazón a corazón, el tuyo es más atormentado pero el mío sangra más”.

O esta corrección hipotética a "Alicia en el País de las Maravillas": Por fin habían recapturado a la pequeña Alicia. La Reina de Corazones se frotaba las manos con delectación. A su lado, el rey, buscando complacerla, ordenó: “Que le corten la cabeza”. “No”, objetó la reina, “esta vez haré honor a mi nombre: que me traigan su corazón”.

Podría imaginarse que hay un lugar donde la gente se quita el corazón para dormir. Al despertar, le da cuerda y vuelve a ponérselo.

Más acorde con nuestros días sangrientos, esta versión de "La noche boca arriba": Creyó que era un sol rojo que goteaba cuando el sicario sacó algo de su pecho y lo elevó a las alturas.

O este asunto del destino: Al que nace con corazón de martirio, del cielo le caen las espinas.

Para los entripados del corazón: El corazón hace sus escándalos. Se emberrincha, cabriolea, relincha, bufa, espumea. ¿Será también el mar?

Y si habláramos de corazones artificiales: A la muñeca inflable le concedieron un corazón hidráulico que se hinchaba y se desinflaba por motivos irracionales. Dijo entonces: “Ahora entiendo a los hombres”.

De los amantes memorables: Casanova tenía un gran corazón… entre las piernas.

Una vuelta de tuerca a los cuentos de hadas: Y cuando despertó, descubrió con el corazón emocionado que la princesa tenía un látigo y lo agitaba como una promesa.

O esta postal metropolitana: Metro Insurgentes, el corazón tu-ru-rú del Sistema Arterial Colectivo de la Ciudad de México.

A manera de declaración de amor: Desde mi corazón adicto a las palabras, adoro a veces tu mala ortografía. Como cuando escribes “me encanto” para decir que algo te gustó sobre manera, y descubro entonces ese tu narcisismo involuntario. ¿Cómo no va a encantarme que te encantes, si a veces, eres tú también, corazón errático, carta de amor con faltas de lenguaje?

Una velardiana para recordar el “El son del corazón”: Sin ton ni son, el descarriado corazón.

Un anuncio clasificado en un semanario cualquiera: Costura y zurcidos invisibles. Cosemos y reparamos cualquier tipo de descosido o desgarradura, excepto corazones rotos.

O esta lección de sastrería elemental: Nunca falta un corazón roto para un pecho mal zurcido.

Y sólo por no dejar, recordando el famoso cuento de Monterroso que dice: “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba ahí”, esta variante que bien podría titularse “Corazón de dinosaurio”: Tanto hablaban de él, inventándole quién sabe cuántas colas, que cuando despertaron, descubrieron que por fin se había marchado. Pues qué esperaban… El dinosaurio también tenía su corazoncito.